Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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20.. Las cicatrices del dragón
El Palacio Negro volvió a la calma.
Pero esa tranquilidad no duró demasiado.
Porque, mientras Arion y Alisa fortalecían su relación, alguien movía las piezas desde las sombras.
Y esa persona había comenzado por atacar a la familia Beaumont.
En una taberna alejada de la capital...
Dos hombres encapuchados intercambiaban una bolsa llena de monedas.
—El barco del barón Beaumont jamás debió regresar.
Uno de ellos sonrió con frialdad.
—Las mercancías se perdieron... tal como ordenó nuestro cliente.
—¿Y el capitán?
—Nunca descubrirá quién rompió el timón ni quién pagó a los piratas para desviar la ruta.
El segundo hombre guardó silencio.
—¿Quién era realmente nuestro cliente?
El primero negó lentamente.
—Ni siquiera nosotros conocemos su rostro.
Solo sabemos una cosa...
Quiere destruir todo lo relacionado con esa muchacha.
A la mañana siguiente...
Toda la capital amaneció hablando de una nueva edición del periódico imperial.
Los vendedores recorrían las calles gritando la noticia.
—¡Edición especial!
—¡La antigua profecía del Dragón y la Dama podría cumplirse!
—¡El Imperio podría enfrentarse nuevamente a una tragedia!
Dentro del Palacio Negro, uno de los sirvientes dejó un ejemplar sobre la mesa del desayuno.
Alisa comenzó a leer.
Mientras avanzaba entre las líneas, su expresión fue cambiando.
"Diversas fuentes aseguran que la mujer marcada por el Dragón traerá desgracias al Imperio."
"Algunos nobles piden romper inmediatamente el compromiso del Archiduque."
Las manos de Alisa comenzaron a temblar.
No por miedo.
Sino por la injusticia.
En ese mismo instante sintió un calor recorrer la marca de su clavícula.
Era una emoción que no le pertenecía.
Furia.
Una ira intensa.
—Arion...
Sin perder un segundo, salió corriendo de la habitación.
Atravesó varios pasillos hasta llegar al estudio.
Abrió la puerta sin llamar.
Encontró a Arion de pie frente a su escritorio.
Varios periódicos estaban arrugados en el suelo.
Su consejero intentaba mantener la calma.
—Mi señor, si destruye todos los ejemplares...
—¡Esas noticias son una mentira!
La voz de Arion hizo vibrar las ventanas.
—¡Nadie volverá a escribir que Alisa traerá desgracias!
Los sirvientes permanecían completamente inmóviles.
Jamás lo habían visto perder el control de aquella manera.
El consejero habló con cautela.
—¿Qué ordena?
Arion respiró profundamente.
—Compren todos los ejemplares que encuentren.
Retírenlos de circulación.
Y descubran quién autorizó publicar semejante basura.
Su mirada se volvió aún más fría.
—No descansaré hasta encontrar al responsable.
Alisa caminó lentamente hasta él.
Sin decir una palabra tomó una de sus manos.
El contacto bastó para disminuir la intensidad de la ira.
—No vale la pena que te consumas por esto.
Arion la miró.
—Hablan de ti.
Eso jamás me dará igual.
Ella sonrió con dulzura.
—Entonces ayúdame a demostrarles que están equivocados.
No a destruir periódicos.
Aquellas palabras consiguieron calmarlo por completo.
Mientras tanto...
En un elegante despacho del Palacio Imperial...
Una figura observaba otro ejemplar del mismo periódico.
Una sonrisa apareció lentamente en sus labios.
—Funcionó...
Los rumores comenzaban a extenderse.
Y el primer paso para separar al dragón de su compañera ya estaba dado.
Pero su identidad seguía siendo un misterio.
Aquella noche...
Alisa notó que Arion seguía preocupado.
Decidió acercarse.
—Has tenido un día difícil.
Él asintió.
—Lo siento.
Ella sonrió.
—No tienes que disculparte.
Entonces, con un tono mucho más alegre, tomó una de sus manos.
—Ven.
Él arqueó una ceja.
—¿A dónde?
—Un baño caliente le hace bien hasta al dragón más gruñón.
Arion soltó una breve risa.
—¿Eso es una orden de mi futura esposa?
Alisa levantó orgullosamente el mentón.
—Exactamente.
—Entonces no tengo derecho a negarme.
Más tarde...
Después de que el ambiente finalmente recuperara la tranquilidad, ambos permanecían sentados frente a la chimenea.
Arion llevaba una camisa ligera.
El calor del fuego dejaba ver varias cicatrices antiguas que cruzaban su espalda y parte de su pecho.
Alisa las observó con atención.
Había tantas...
Que resultaba imposible contarlas.
Con infinita delicadeza pasó la yema de sus dedos sobre una de ellas.
—¿Te duele?
Arion negó.
—Ya no.
Ella levantó la vista.
—¿Cómo te las hiciste?
Durante varios segundos él permaneció en silencio.
Después habló.
—La primera apareció cuando tenía dieciséis años.
Mi padre me llevó al frente de batalla.
Alisa escuchaba atentamente.
—Pensé que sería un héroe.
Que todos los soldados lucharían conmigo.
Pero cuando comenzó el combate...
Vi morir a cientos de hombres en cuestión de minutos.
Su mirada se perdió entre las llamas.
—Un niño apenas mayor que yo intentó protegerme de una lanza.
Murió en mis brazos.
Después otro.
Y otro.
Cada cicatriz que ves...
Me recuerda a alguien que no volvió a casa.
Alisa sintió un nudo en la garganta.
Arion continuó con voz serena.
—La más profunda...
La recibió el día que protegí a mi hermano de un dragón descontrolado.
Los médicos dijeron que jamás volvería a levantar una espada.
Sonrió con ironía.
—Al parecer se equivocaron.
Alisa no respondió.
Simplemente se acercó a él.
Lo abrazó con fuerza.
Como si quisiera borrar años enteros de dolor.
Arion cerró lentamente los ojos.
Nunca antes había contado aquella historia completa.
Nunca había permitido que alguien viera sus heridas...
No solo las de su cuerpo.
También las de su corazón.
Y comprendió que, desde que Alisa había llegado a su vida...
Por primera vez...
Las cicatrices comenzaban, poco a poco, a dejar de doler.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/