Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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1- lo que empezó a romperse
El Hospital Santa Emilia nunca dormía.
A las seis y media de la mañana, los pasillos ya estaban llenos de enfermeras, residentes, médicos y pacientes que caminaban de un lado a otro siguiendo un ritmo perfectamente coordinado.
—Buenos días, doctora.
—Buenos días.
Valentina de Alcázar respondió con una sonrisa mientras terminaba de revisar una historia clínica.
Tenía veintisiete años.
Era una de las cirujanas más jóvenes del hospital y, aunque muchos dudaron de ella al principio por su edad, bastó un año para que incluso los médicos más veteranos reconocieran su talento.
Era exigente, disciplinada y profundamente humana con sus pacientes.
Quizá demasiado.
—¿Lista para la colecistectomía?
Preguntó el anestesiólogo al entrar al quirófano.
—Siempre.
Respondió ella mientras terminaba de colocarse los guantes.
A pocos metros de allí, una joven residente respiraba con evidente nerviosismo.
Lucía.
Acababa de comenzar su residencia hacía apenas dos meses.
Valentina había insistido personalmente en que la asignaran a su equipo.
—Todos necesitamos que alguien nos enseñe.
Había dicho cuando algunos médicos consideraban que la residente todavía no estaba preparada.
Desde entonces intentaba enseñarle todo lo que sabía.
Con paciencia.
Con disciplina.
Y con la misma exigencia con la que años atrás habían formado a ella.
—Tranquila.
Le dijo mientras ingresaban al quirófano.
—Respira, Nadie nace sabiendo
Lucía sonrió con timidez.
—Gracias, doctora.
Del otro lado del vidrio de observación, Daniel Álvarez contemplaba la escena.
También era médico internista del hospital.
Y desde hacía cinco años...
Era el novio de Valentina.
Camila apareció junto a él con dos vasos de café.
—¿Qué haces aquí?
—Esperándola.
Respondió Daniel.
Camila le entregó uno de los vasos.
—Cinco años juntos y todavía la esperas salir de cirugía.
Daniel sonrió.
—Vale la pena.
Camila soltó una pequeña risa.
—Más te vale.
Porque mi mejor amiga no consigue otro como tú.
Daniel levantó el vaso a modo de brindis.
—Ni yo otra como ella.
Ninguno de los dos imaginó que, detrás de la puerta del quirófano...
Alguien escuchaba aquella conversación.
Y una pequeña sonrisa apareció en sus labios antes de colocarse nuevamente la mascarilla.
Tres horas después...
La operación llegaba a su parte más delicada.
—Pinza.
Pidió Valentina.
Lucía se apresuró a tomar el instrumento.
Pero los nervios le jugaron una mala pasada.
La pinza resbaló de sus manos.
El metal golpeó el suelo.
El sonido resonó por todo el quirófano.
Durante un segundo...
Nadie habló.
Valentina levantó la vista.
No había enojo en su expresión.
Solo firmeza.
—Doctora Lucía.
La residente bajó inmediatamente la cabeza.
—Lo siento...
—Salga un momento del quirófano.
Lucía sintió un nudo en la garganta.
Asintió en silencio.
Y abandonó la sala.
La cirugía continuó como si nada hubiera ocurrido.
Cuarenta minutos después...
La operación terminó con éxito.
Mientras el paciente era trasladado a recuperación, Valentina salió a buscar a Lucía.
La encontró sentada sola en una banca del pasillo.
Con los ojos llorosos.
Se sentó a su lado.
—Mírame.
Lucía obedeció lentamente.
—¿Sabes por qué te pedí que salieras?
Ella negó con la cabeza.
—Porque cometí un error.
—No.
Porque estabas nerviosa.
Y cuando un médico está nervioso...
Puede poner en riesgo una vida.
Lucía permaneció en silencio.
Valentina continuó hablando con serenidad.
—No estoy decepcionada de ti.
Todos nos equivocamos.
Yo también dejé caer instrumentos cuando era residente.
Lo importante es aprender.
A partir de mañana quiero que permanezcas unos días en consulta externa.
Repasa nuevamente los protocolos.
Cuando recuperes la confianza...
Volverás a entrar conmigo al quirófano.
Lucía sintió que las lágrimas amenazaban con salir.
—¿No está enojada conmigo?
Valentina sonrió con dulzura.
—Si estuviera enojada, no perdería el tiempo enseñándote.
Estoy invirtiendo tiempo en ti porque creo que puedes convertirte en una gran médica.
Pero debes creerlo tú también.
Lucía asintió
—Gracias, doctora.
Valentina se puso de pie.
—Nos vemos mañana.
Y se alejó por el pasillo.
Esperando haber ayudado a recuperar la confianza de una residente que apenas comenzaba su carrera.
No vio cómo la expresión de Lucía cambiaba en cuanto desapareció de su vista.
Las lágrimas cesaron.
Su rostro recuperó la calma.
Y una sonrisa apenas perceptible apareció en sus labios.
Tomó su teléfono.
Buscó un contacto.
Daniel
Y escribió un único mensaje.
¿Tienes un momento? Necesito hablar contigo...
Luego bloqueó la pantalla.
Y esperó.
Con una paciencia inquietante.
Daniel recibió el mensaje justo cuando terminaba de revisar a uno de sus pacientes.
Frunció ligeramente el ceño.
Lucía casi nunca le escribía.
Menos con ese tono.
Respondió de inmediato.
Claro. ¿Dónde estás?
La respuesta llegó enseguida.
En la cafetería.
Cinco minutos después...
Lucía sostenía una taza de café entre las manos.
Cuando vio llegar a Daniel, intentó sonreír.
No lo consiguió.
—¿Qué pasó?
Preguntó él, sentándose frente a ella.
Lucía bajó la mirada.
—Perdón por molestarte.
—No me molestas.
¿Qué ocurrió?
Ella guardó silencio unos segundos.
Como si estuviera debatiéndose entre hablar o no.
—La doctora Valentina ya no me quiere en su equipo.
Daniel frunció el ceño.
—¿Cómo que no?
Lucía suspiró.
—Hoy... durante la cirugía...
Dejé caer una pinza.
Fue un accidente.
Lo sé. Pero delante de todos me dijo que saliera del quirófano.
Daniel permaneció en silencio.
Lucía continuó.
—Después me dijo que era un estorbo.
Que todavía no servía para estar en una cirugía.
Que era mejor dedicarme a otras cosas.
Las palabras fueron dichas con la voz entrecortada.
Los ojos llenos de lágrimas.
Daniel sintió un incómodo nudo en el estómago.
Conocía a Valentina.
Sabía que era exigente.
Pero... ¿Había llegado tan lejos?
—Vale no suele hablar así.
Dijo finalmente.
Lucía sonrió con tristeza.
—Lo sé.
Contigo siempre habla diferente.
Pero en el hospital...
A veces cambia mucho.
Daniel no respondió.
Porque, aunque le costaba creerlo...
Tampoco había estado allí para verlo.
Esa misma tarde...
Valentina terminó su consulta casi a las seis.
Buscó a Daniel por todo el servicio de Medicina Interna.
No estaba.
Sacó el teléfono.
*Dani*
¿Ya saliste?
La respuesta tardó varios minutos.
Estoy ocupado. Luego hablamos.
Valentina sonrió para sí.
Seguramente algún paciente complicado.
Guardó el teléfono y siguió trabajando.
Al otro lado de la ciudad...
El último piso del edificio de Asterion Technologies permanecía tan activo como siempre.
Decenas de empleados caminaban de un lado a otro.
Reuniones.
Llamadas.
Presentaciones.
Y, al fondo del pasillo principal, una enorme oficina de vidrio.
—La videoconferencia con Singapur comienza en diez minutos, señor Moretti.
Informó la asistente.
—Perfecto.
Respondió Alessandro sin apartar la vista de la pantalla.
Vestía un traje gris oscuro impecable.
Frente a él había varios planos de desarrollo tecnológico.
Nada en aquella oficina recordaba el apellido que llevaba.
Todo lo que había allí...
Lo había construido él.
Con trabajo.
Con noches enteras sin dormir.
Con decisiones acertadas.
Y también con muchos errores.
La puerta volvió a abrirse.
Matteo entró sin tocar.
—¿Tienes cinco minutos?
—Depende.
—Deja de responder siempre lo mismo.
Alessandro sonrió apenas.
—¿Qué pasó?
Matteo dejó una carpeta sobre el escritorio.
—Tu tío.
Alessandro levantó la vista.
—¿Qué hizo ahora?
—Dice que esta noche cenarán juntos.
Alessandro soltó un suspiro.
—No puedo.
—Eso mismo le dije.
Pero insistió.
Dice que es importante.
Alessandro cerró lentamente el portátil.
Conocía demasiado bien ese tono.
Cuando Don Vittorio decía que algo era importante... Rara vez era una buena noticia.
—Cancelaré la videollamada de las ocho.
—¿Tan grave lo ves?
Alessandro se puso de pie.
—Cuando mi tío utiliza esa palabra...
Normalmente significa problemas.
Matteo sonrió de lado.
—¿Otra candidata?
Alessandro tomó el saco del respaldo de la silla.
—Espero que no.
—Yo sí.
Así, cuando aparezca la próxima, al menos ya tendrás práctica para salir corriendo.
Alessandro negó divertido.
—No pienso perder el tiempo con citas arregladas.
—Algún día vas a terminar con una novia falsa.
Alessandro soltó una risa.
—Esa sigue siendo la idea más absurda que has dicho en tu vida.
Matteo levantó ambas manos.
—Está bien.
No vuelvo a mencionarlo.
Aunque... No sé por qué siento que algún día voy a reírme muchísimo de esa frase.
Alessandro abrió la puerta de la oficina.
—Ese día no llegará.
—Ya veremos.
Los dos salieron del despacho caminando por el largo pasillo de cristal.
Sin saber que, en extremos completamente distintos de la ciudad...
Dos decisiones acababan de comenzar a cambiar el rumbo de sus vidas.
Y que ninguno de los dos tenía la menor idea de cuánto iba a costarles defender el corazón cuando finalmente llegara el momento de hacerlo.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.