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Luna De Plata Y Sangre.

Luna De Plata Y Sangre.

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Hombre lobo / Amor-odio
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Rocha Mota

Hombres lobos y Vampiros se han odiado desde siempre. ¿Qué va a pasar luego de que el Alfa Andrew y la princesa de los vampiros Leonor compartan una noche de pasión?

NovelToon tiene autorización de Camila Rocha Mota para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Magnética tentación.

...Capítulo 2....

...Parte 1....

...El sabor de lo prohibido....

...╭══════ .✧. ══════╮...

Leonor.

Entrar en esa casa es como sumergirme en un mar de ruido, calor y olores humanos que me resultan familiares y aburridos a partes iguales. El aire huele a sudor, a perfume barato, a alcohol derramado y a ese olor característico de la sangre bombeando rápido por venas débiles. Para mí, que soy hija de la noche, princesa del Clan Veritas, todo esto no es más que un juego. Una forma de matar el tiempo, de burlarme de las reglas que mi padre me impone, de sentir que tengo el control de algo, aunque sea de una fiesta universitaria llena de gente que no sabe nada de lo que realmente se esconde en las sombras.

Me llamo Leonor Anderson, y la gente como yo no viene a estos sitios a buscar amigos. Vengo a divertirme, a tomar lo que quiero y a irme cuando me aburro. Mi padre, el Rey Juls, me tiene prohibido mezclarme demasiado con los humanos, y mucho menos con… ellos. Esos perros asquerosos que se creen dueños del mundo solo porque la Luna les dio un poco de fuerza. Los licántropos. Nuestros enemigos eternos, la escoria que se interpone entre nosotros y nuestro derecho natural a cazar y dominar todo el Valle. Los odio, o al menos, se supone que debo odiarlos. Es lo que me han enseñado desde que nací: que son salvajes, traicioneros, que huelen mal y que su sangre es repugnante.

Pero esta noche, todo eso está lejos de mi mente. Me he vestido para matar: minifalda de cuero negro, ajustada hasta donde da, top de lentejuelas que brilla con cada movimiento, tacones de aguja que me hacen ver más alta, más peligrosa. El cabello suelto, oscuro como la medianoche, y los labios pintados de borgoña, el color de lo prohibido. Mis ojos, esos ojos azules que dicen que son mi mayor tesoro, brillan en la penumbra, analizando todo, evaluando, buscando algo que valga la pena.

Me recargo en el marco de la puerta, con una copa de vino humano en la mano —débil, insípido, pero suficiente para el momento—, y dejo que la música me envuelva. Me siento invencible. Me siento diosa. Nada de lo que pasa aquí abajo me impresiona… hasta que mis ojos se cruzan con los suyos.

Y de golpe, todo cambia.

Ahí está él. Recostado en una columna, rodeado de amigos, con esa postura relajada pero que grita fuerza, como si fuera un león disfrazado de chico normal. Es alto, de hombros anchos, pelo oscuro y una mandíbula marcada que pide ser mordida. Sus ojos son dorados, ámbar, intensos, y cuando me miran, siento un impacto en el pecho tan fuerte que casi se me cae la copa de la mano.

No lo reconozco. Nunca lo he visto en mi vida. Sé cada cara importante de los clanes, de las manadas, de la ciudad, y él… él es un completo desconocido. Y aun así, en cuanto nuestros ojos se conectan, siento algo que jamás había sentido. Una atracción magnética, violenta, irracional, que me recorre desde la cabeza hasta los pies como una descarga eléctrica. No es solo que sea guapo —que lo es, y mucho—, es algo más. Es una energía salvaje que emana de él, algo caliente, vivo, primitivo, que choca contra mi propia oscuridad y la enciende.

Mi cuerpo reacciona solo. El corazón, que normalmente late lento y pausado, empieza a golpear rápido, desbocado. Un calor extraño me sube por el cuello, algo que no debería pasar en mí, una vampira acostumbrada al frío eterno. Y lo peor, o lo mejor, es la necesidad. Una urgencia ciega, animal, de que él me toque, de que me tome, de que me haga suya aquí mismo, delante de todos. Es como si mi sangre le gritara a la suya, como si dos fuerzas opuestas se reconocieran y quisieran fusionarse.

“¿Qué demonios me está pasando?”, pensé en un jadeo.

Intento racionalizarlo. Es el ambiente. Es la música. Es el hecho de que he bebido y probado esas sustancias que circulan por aquí, cosas que los humanos usan para volverse locos, y que a mí, por mi naturaleza, me afectan el doble, nublando mi mente y despertando mis instintos más bajos. Sí, eso es. No es él, es todo lo demás. Pero aunque me digo eso, no puedo apartar la mirada.

Y veo que él tampoco. Lo veo cómo me recorre con la mirada, desde los tacones hasta el pelo, devorándome con los ojos, perdiendo el control poco a poco. Veo cómo sus pupilas se dilatan, cómo se tensa todo su cuerpo. Sé que le gusto. Sé que lo estoy volviendo loco solo con estar ahí parada, mirándolo, desafiándolo. Y eso me encanta. Me hace sentir poderosa. Me hace sentir que puedo hacer con él lo que quiera.

Cuando empieza a caminar hacia mí, abriéndose paso entre la gente, pesado, decidido, siento un escalofrío de pura excitación. Se acerca, huele a lluvia, a bosque, a madera y a algo cálido, vivo… un olor que debería ser repelente para mí, pero que me hace querer enterrar el rostro en su cuello y respirarlo hasta ahogarme.

—Hola —me dice. Su voz es grave, ronca, profunda, y me recorre entera como una caricia.

Sonrío, esa media sonrisa de suficiencia que sé que me queda de muerte. Lo miro a los ojos, descarada, sin ocultar nada de lo que estoy pensando ni de lo que estoy deseando. Sé que lo tengo en la palma de la mano. Y sé exactamente lo que quiero hacer con él.

—Hola, guapo… ¿Vas a quedarte ahí parado mirándome toda la noche… o me vas a invitar a bailar?

Me doy la vuelta antes de que responda, moviendo las caderas con lentitud, marcando cada curva, sabiendo que sus ojos están clavados en mí. Camino hacia la pista, donde la música se ha vuelto más lenta, más pesada, más sensual, y siento que me sigue. Lo sé. No me dejaría ir ni aunque quisiera.

En cuanto llega a mí, sus manos grandes y calientes se posan en mi cintura, apretando con fuerza, posesivo, y yo me recargo contra su cuerpo, sintiendo su dureza, su altura, su calor. Bailamos pegados, tan juntos que no hay ni un milímetro de aire entre nosotros.

Sus manos recorren mi espalda, bajan hasta mis caderas, me levanta un poco, me acerca más, y yo muevo mi cuerpo contra el suyo en un ritmo que ya no es baile, es pura promesa, es seducción pura. Le echo los brazos al cuello, lo miro desde abajo, con esos ojos azules que sé que lo hipnotizan, y paso mis dedos por su pelo, por su nuca, sintiendo cómo tiembla solo con mi tacto.

Lo necesito. Necesito que me tome. Necesito que rompa esa barrera de control que él todavía intenta mantener. Y voy a conseguirlo.

...╰══════ .✧. ══════╯...

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