"Él es el hombre más poderoso de la ciudad. Ellos tienen 8 años y acaban de hackear su vida."
Elara ha guardado un secreto durante cuatro años: es madre soltera de dos genios que el sistema escolar no puede controlar. Para su jefe, el implacable y frío millonario Killian Vane, ella es solo la asistente perfecta, la mujer que nunca falla y que parece no tener vida personal. Pero cuando el colegio de los gemelos exige una cuota impagable para niños superdotados y el padre biológico desaparece con las migajas de la manutención, Elara llega al límite.
Lo que Elara no sabe es que sus hijos, Evans y Edans, han tomado una decisión: Mamá necesita un respiro y ellos necesitan un papá que esté a su nivel.
Tras analizar a cientos de candidatos en la plaza local, los gemelos fijan su objetivo en el hombre que aparece en las noticias: Killian Vane. Es rico, es brillante y, según sus cálculos, es el único hombre con el ADN lo suficientemente fuerte para lidiar con ellos.
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Capítulo 7: El peso del mundo y una mirada de acero
La mañana en el departamento de Brooklyn comenzó con un golpe seco de realidad. Elara estaba terminando de preparar las viandas de los gemelos cuando el cartero deslizó un sobre por debajo de la puerta. Era el membrete azul marino del Colegio St. Jude.
Al abrirlo, sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
"Debido a la actualización de los protocolos de seguridad tras los recientes incidentes y la incorporación de nuevos laboratorios de robótica, la cuota mensual sufrirá un incremento del 25% a partir del próximo mes."
Elara se apoyó en la mesada, sintiendo un nudo ciego en la garganta. Ese 25% era el dinero de la cena de las últimas dos semanas del mes. Era el par de zapatillas nuevas que Evans necesitaba porque las suyas ya tenían un agujero en la suela. Era, simplemente, imposible.
Hizo cuentas mentales por décima vez. El alquiler de Nueva York no perdonaba, la comida subía cada semana y ella ya no sabía de dónde más recortar. No compraba ropa para ella desde hacía dos años; todo, absolutamente todo, iba para que esos dos genios tuvieran una oportunidad que ella nunca tuvo.
—¿Mamá? ¿Estás bien? —preguntó Edans, entrando en la cocina con su mochila al hombro. Notó la palidez de su madre de inmediato.
Elara arrugó el papel y lo escondió en el bolsillo de su saco. Forzó una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Sí, mi amor. Solo... un recordatorio de la administración. Vamos, que se nos hace tarde para el metro.
Torre Vane. 10:00 AM.
Elara estaba sentada en su escritorio, pero sus dedos no se movían con la velocidad de siempre sobre el teclado. Sus ojos estaban fijos en la pantalla, pero su mente estaba en una hoja de Excel mental, restando dólares que no existían.
¿Pedir un préstamo? No, los intereses la matarían. ¿Buscar un segundo trabajo? ¿Cuándo dormiría? ¿A qué hora vería a sus hijos?
Killian salió de su despacho con una carpeta en la mano. Se detuvo frente al escritorio de Elara y la observó en silencio. Llevaba puestos unos zapatos de tacón bajo, tal como él había ordenado, pero hoy no se veía aliviada. Se veía derrotada.
—Elara —dijo Killian. Ella no respondió. Estaba perdida en sus pensamientos—. ¡Elara!
Ella dio un salto en la silla, golpeándose la rodilla con el borde del escritorio.
—¡Señor! Lo siento, yo... estaba revisando el informe de...
—No estaba revisando nada —la cortó Killian, cerrando la carpeta con un golpe seco—. Lleva mirando esa pantalla en blanco cinco minutos. ¿Qué pasa?
—Nada, señor Vane. Un poco de cansancio, es todo.
Killian se inclinó sobre el escritorio, invadiendo su espacio personal. Sus ojos grises, antes fríos, ahora brillaban con una curiosidad que incomodaba a Elara. Él era un experto en leer a la gente, y la mujer frente a él estaba emitiendo señales de auxilio en cada poro de su piel.
—No me mienta. Sus hijos hackearon mi sistema ayer y me ahorraron una fortuna. Debería estar celebrando, no con esa cara de quien acaba de ver un fantasma. ¿Es por el dinero?
Elara apretó los labios. El orgullo era lo único que le quedaba y no pensaba soltarlo.
—Mi situación financiera no es asunto suyo, señor Vane. Mientras mi trabajo sea eficiente...
—Su trabajo está siendo mediocre hoy porque tiene la cabeza en otro lado —la interrumpió él con dureza—. Salga a almorzar conmigo. Ahora.
—Señor, tengo mucho que hacer y...
—Es una orden, Elara. Y traiga a sus hijos. Sé que los tiene escondidos en la sala de empleados con el pretexto de que "están estudiando".
Elara suspiró, sabiendo que discutir con Killian Vane cuando se le metía una idea en la cabeza era como intentar detener un tren con las manos.
Restaurante "L'Avenue". Manhattan.
El restaurante era demasiado lujoso para que dos niños de ocho años se sintieran cómodos, pero Evans y Edans se sentaron en la mesa de terciopelo como si fueran los dueños del lugar. Killian los miraba con una ceja levantada mientras los gemelos analizaban el menú con ojos críticos.
—Este lugar tiene una sobrecarga de precios del 200% solo por la vista al Central Park —murmuró Evans—. Es una ineficiencia económica, señor Vane.
—Cállate y pide algo rico, Evans —le susurró Elara, tratando de no mirar la cuenta que ya se imaginaba.
Killian pidió por todos, ignorando las quejas financieras de los niños. Durante el almuerzo, observó cómo Elara apenas tocaba su comida. Estaba tensa, vigilando cada movimiento de sus hijos, temerosa de que dijeran algo que la dejara en evidencia.
—Díganme —soltó Killian, dejando su copa de vino sobre la mesa—, ¿qué es lo que más necesita su madre ahora mismo? Además de que ustedes dejen de hackear escuelas.
Los gemelos se miraron. Edans tomó la palabra, bajando el tono de voz.
—Mamá necesita un respiro, señor Iceberg. Hoy recibió una carta del colegio. La cuota subió y ella cree que no nos damos cuenta, pero la oímos hacer cuentas anoche con la calculadora del celular hasta las dos de la mañana.
—¡Edans! —chistó Elara, poniéndose roja de vergüenza—. No es momento para esto.
—¿Por qué no? —replicó Evans—. El señor Vane es rico. Podría comprarnos el colegio y despedir a la directora Smith. Sería un movimiento estratégico brillante.
Killian miró a Elara. Ella bajó la vista hacia su plato, con los hombros hundidos. La imagen de la secretaria perfecta, de la "máquina" que nunca fallaba, se había roto por completo. Frente a él había una mujer que estaba cargando el peso de un mundo entero sobre sus hombros, sola, sin pedir ayuda, aguantando sus desplantes diarios solo para que esos dos niños tuvieran un futuro.
Sintió una presión extraña en el pecho. No era lástima. Era una admiración profunda que lo quemaba por dentro.
—Elara, mírame —ordenó Killian. Su voz ya no era la del jefe tirano, era algo más profundo, más oscuro.
Ella levantó la vista, con los ojos empañados pero llenos de desafío.
—No quiero su caridad, señor Vane. Si me va a ofrecer un aumento, que sea por mi trabajo, no por mi situación —dijo ella con la voz temblorosa.
Killian soltó una risa corta, una de esas que Elara empezaba a reconocer como algo humano.
—Usted no entiende nada, ¿verdad? No le voy a regalar nada. Pero he decidido que la Torre Vane necesita un "Departamento de Innovación Juvenil". Y creo que tengo a los dos candidatos perfectos para el puesto. El sueldo de esos puestos cubrirá cualquier aumento de cuota... y mucho más.
Los gemelos abrieron los ojos como platos. Elara se quedó sin palabras.
—¿Nos va a contratar? —preguntó Evans con una sonrisa de oreja a oreja.
—Bajo mi supervisión directa —dijo Killian, mirando fijamente a Elara—. Y bajo la condición de que su madre deje de preocuparse por los números y empiece a preocuparse por... otras cosas.
—¿Como qué cosas? —preguntó Edans con malicia.
Killian se inclinó hacia Elara, ignorando a los niños por un segundo.
—Como por qué todavía no me ha aceptado una cena que no sea de negocios, Elara.
Elara sintió que el corazón le daba un vuelco. Los gemelos chocaron los cinco por debajo de la mesa, sabiendo que su plan estaba funcionando mejor de lo que habían calculado. El Iceberg no solo se estaba derritiendo; estaba empezando a hervir.
—Paso cinco: dependencia emocional iniciada —susurró Evans.
Elara solo pudo asentir, sintiendo por primera vez en años que el peso sobre sus hombros era un poco más ligero, y que la mirada de Killian Vane ya no era un castigo, sino un refugio que no sabía que necesitaba.
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No sé olviden de dejar sus me gusta y si quieren y pueden sus regalos. Eso me ayudaría mucho.
debe ser alguien del pasado
o alguien a quien afectaron los gemelos en el pasado 💣
es un viaje de emociones ...
magnífico ,comienzo de esta historia..
Son unos diablillos adorables 👏👏