NovelToon NovelToon
¡Auxilio! Mi profesor vive conmigo

¡Auxilio! Mi profesor vive conmigo

Status: Terminada
Genre:Romance / Maestro-estudiante / Amor platónico / Completas
Popularitas:15k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina Torres acaba de graduarse, tiene veintidós años y necesita encontrar dónde vivir antes de que termine el día. La última persona de quien espera recibir ayuda es Martín Herrera, su antiguo profesor de literatura… y el hombre del que lleva enamorada en secreto desde que entró a la universidad.
La solución parece sencilla: compartir temporalmente el departamento 302 y respetar cinco reglas pegadas en el refrigerador.
Nada de invadir el espacio del otro.
Nada de confundir la convivencia con algo más.
Y, sobre todo, nada de enamorarse.
El problema es que Martín recuerda cada uno de sus gustos, cocina para ella cuando está cansada y guarda silencios que dicen mucho más que sus palabras. Mientras Valentina intenta ocultar lo que siente, una caja de madera cerrada con llave demuestra que quizá ella no sea la única que lleva años esperando.
Entre rumores universitarios, cenas improvisadas, secretos familiares y sentimientos imposibles de contener, ambos descubrirán que compartir un hogar es fácil. Lo difícil será fingir que sus corazones no llegaron allí mucho antes que ellos.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

...Valentina...

Primer día de trabajo. Primer día de mi vida como adulta funcional. Primer día en el que necesitaba, urgentemente, pensar en algo que no fuera «el profesor vio mi comentario anónimo y ahora quiero mudarme a otro continente».

Me levanté a las seis. Me bañé, me vestí con lo más profesional que tenía —blusa blanca, pantalón negro, zapatos que me apretaban un poco pero que me hacían ver seria— y salí al pasillo oliendo a perfume nuevo y a ansiedad.

En la barra de la cocina, el desayuno estaba listo. Tostadas con mermelada, fruta cortada, café humeante. Y una nota adhesiva color amarillo pegada al refrigerador.

«Primer día. ¡Ánimo! — M.»

Despegué la nota con dedos temblorosos. La caligrafía inclinada, firme. La «M» al final, sin punto. Simple. Directa. Como él.

La guardé en el bolsillo de mi pantalón. Porque soy una persona con dignidad que no guarda notas adhesivas de su crush como si fueran reliquias sagradas.

Mentira. Exactamente eso soy.

Martín apareció en la cocina antes de que terminara mi café. Vestido de profesor: camisa gris oscuro, pantalón de vestir, los lentes de vuelta en su lugar. El contraste entre el Martín de ropa de casa y el Profesor Herrera era brutal. Como si fueran dos personas distintas habitando el mismo cuerpo perfecto.

—¿Lista? —preguntó, tomando las llaves del auto.

—¿Me… va a llevar? —parpadeé.

—La agencia queda de camino a la universidad. —Tomó su maletín de cuero—. Vamos, es tarde.

En el auto, traté de actuar normal. Normal significaba no mirarlo conducir, porque cuando Martín Herrera conducía —una mano en el volante, la otra en la palanca de cambios, los ojos fijos en el camino con esa concentración quirúrgica suya—, mi cerebro se convertía en estática.

Fracasé en los primeros treinta segundos.

—¿Nerviosa? —preguntó sin apartar la vista del tráfico.

—No —mentí. Mis manos sudaban tanto que podría haber llenado una piscina.

Él hizo algo inesperado: bajó la ventanilla de mi lado. El aire fresco de la mañana me golpeó la cara.

—Respira. Lo vas a hacer bien.

Cuatro palabras. Dichas sin entonación especial, sin mirarme, mientras cambiaba de carril. Pero me calmaron más que cualquier discurso motivacional.

La agencia creativa era un edificio moderno en el centro, con paredes de cristal y macetas gigantes en la recepción. Mi jefa de equipo, Lorena Castillo, me recibió con una sonrisa enérgica y un café que no necesitaba pero acepté.

—Valentina Torres, ¿verdad? Bienvenida. Te asignamos al proyecto de tradiciones culturales, nuestro buque insignia de este trimestre. —Me entregó una carpeta—. Tu primera tarea: apoyar la logística de una serie de conferencias con especialistas invitados.

Asentí, tratando de parecer competente y no como alguien que anoche quería fundirse con el colchón por vergüenza.

La mañana pasó entre documentos, presentaciones del equipo y la típica sensación de no entender la mitad de lo que dicen pero asentir con energía. Mi compañera de escritorio, Natalia, era divertida y hablaba sin parar, lo cual me vino perfecto para disimular mis nervios.

—Oye, por cierto —dijo Natalia mientras almorzábamos en la terraza—, ¿ya te dijeron quién es el conferencista invitado del proyecto?

Negué con la boca llena de empanada.

—Un profesor de la universidad. De Literatura. Dicen que es joven, guapo, y que todas las alumnas están enamoradas de él. —Natalia se abanicó con la mano—. Se llama Herrera, creo. Martín Herrera.

La empanada se me fue por el camino equivocado. Tosí durante treinta segundos mientras Natalia me daba palmadas en la espalda.

—¿Estás bien?

—Perfectamente —croé, con los ojos llorosos.

Martín Herrera. Mi profesor. Mi compañero de departamento. El hombre que vio mi comentario vergonzoso. Iba a ser el conferencista del proyecto en el que yo trabajaba.

El universo tenía un sentido del humor muy retorcido.

Esa tarde, cuando volví al departamento, lo encontré en la cocina. Se había cambiado: la camisa de profesor reemplazada por una camiseta negra que se le ajustaba demasiado bien.

—¿Cómo te fue? —preguntó, sacando verduras del refrigerador.

—Bien —dije, dejando mi bolsa en el sofá—. Por cierto, ¿usted sabía que va a dar conferencias en mi agencia?

Él no se giró. Pero su mano se detuvo medio segundo sobre un tomate.

—Me lo confirmaron la semana pasada.

—¿Y no me dijo nada?

—No quería que te pusieras nerviosa el primer día. —Ahora sí me miró, por encima del hombro—. ¿Me equivoqué?

Tenía razón, maldita sea. Si lo hubiera sabido antes, no habría dormido en una semana.

—No —admití, cruzándome de brazos—. Pero la próxima vez, avíseme.

—Anotado. —Volvió a sus verduras.

Me quedé mirándolo cocinar. Fue un error.

Porque cuando estiró el brazo para alcanzar un frasco en el estante más alto, la camiseta se le subió. Tres centímetros de piel. Abdomen plano. Una línea fina de músculos que desaparecía bajo la cintura del pantalón.

Me quedé congelada. Con la boca abierta. Mirando fijamente.

Él bajó el brazo. Se giró. Y me atrapó mirándolo.

Nuestros ojos se encontraron.

Silencio.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó, con la voz más baja que de costumbre. Un tono que nunca le había escuchado en clase.

Se acercó un paso. Yo retrocedí hasta que mi espalda chocó contra el fregadero.

—N-no estaba… Yo solo… ¡Estaba viendo el frasco! —mi voz salió aguda como una sirena de bomberos.

Él se detuvo a un palmo de mí. Podía oler su jabón, sentir el calor que irradiaba su cuerpo. Sus ojos me miraron con una intensidad que me paralizó las piernas.

Pausa.

Un segundo.

Dos.

—Pensé que estabas buscando alguna receta —dijo, y me pasó un frasco de especias como si nada.

Se giró y volvió a la estufa.

Yo me quedé agarrada al borde del fregadero, con las rodillas temblando y el corazón desbocado.

¿Qué… acaba de pasar?

El celular sonó. Videollamada de mamá. El peor momento posible.

—¡Hija! ¿Cómo está tu departamento nuevo? ¿Tu compañera de departamento es amable?

Compañera. Mamá creía que vivía con una mujer.

—¡Sí, mamá! ¡Es… muy amable! —dije, mientras le hacía señas frenéticas a Martín para que se escondiera.

Él me miró, entendió la situación en un segundo, y sin decir una palabra se agachó detrás de la barra de la cocina. Un hombre de un metro ochenta y cinco, profesor universitario, agachado detrás de un mueble como un fugitivo.

—¿Qué es ese ruido? —preguntó mamá.

—¡El gato de la vecina! —improvisé.

Martín, desde su escondite, me lanzó una mirada que decía claramente: «¿Un gato?»

Le hice un gesto de «cállese» con la mano. Él apretó los labios para no reírse.

Cuando colgué, Martín se incorporó despacio, sacudiéndose las rodillas con dignidad.

—La próxima vez que necesites que me esconda —dijo, volviendo a la estufa—, avisa con tiempo. Mis rodillas no son las de antes.

—¡Lo siento! ¡Mi mamá cree que vivo con una chica y si se entera de que…!

—Entiendo. —Me interrumpió. Y después, con una levedad que casi me pierdo—: La señorita Torres me debe una disculpa por lo del gato.

¿Me estaba… molestando?

Me quedé boquiabierta. El profesor Herrera, el hombre más serio del Departamento de Literatura, acababa de hacer una broma.

Esa noche, en mi cuarto, mientras repasaba el día, no podía sacarme de la cabeza su voz diciéndome «¿Te gusta lo que ves?»

Recordé sus palabras en clase, años atrás. Siempre tan medido. Tan correcto. Tan profesor.

Y esta noche, en la cocina, fue otra cosa. Algo diferente. Algo que me aceleraba el pulso.

Antes de apagar la luz, me llegó un mensaje.

«Buenas noches. Mañana en la agencia me toca la primera reunión con tu equipo. No tienes que llamarme "profesor" delante de tus colegas, si te incomoda.»

Y debajo:

«Pero tampoco me llames "el gato de la vecina".»

Me reí tan fuerte que tuve que taparme la boca con la almohada.

1
Cristina Gomez
Gracias porque muy pocas veces me sorprende darme cuenta que sonrío mientras leo y está vez me pasó.
Vanessa Soto Garcia
que hermosa novela ☺️
Cristina Gomez
que hermosa novela,este el tipo de amor que todas buscamos y muy pocas logramos encontrar.
Vanessa Soto Garcia
😂😂😂😂😂😂
Helizahira Cohen
Es bonita, diferente pero se me hizo muy larga, la voy a terminar porque esta muy bien narrada
Helizahira Cohen
Es bonita pero muy lenta y veo que es larga
Helizahira Cohen
pero ya que avance
Helizahira Cohen
ya pueden hablar, no son profesor y alumna, ambos lo quieren
Alesi Mendiola
Que tierno un hombre que recuerde asta el mas mínimo detalle
Flor Perez: en donde encuentro un profesor así 🤭🤭🤭
total 1 replies
Sofy Solis
🥰🥰🥰 Qué lindo que es él!!!
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela hermosa un poquito larga pero muy hermosa espero sigas escribiendo tan hermoso muchas bendiciones y muchos éxitos más
Tere Jimenez
hermoso final felicidades
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play