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La Esposa Del Jefe ¿SOY YO?

La Esposa Del Jefe ¿SOY YO?

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Equilibrio De Poder / Reencuentro / Pérdida de memoria / Romance de oficina
Popularitas:38.6k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Adriánex Avila

Fabiana Camargo es una joven trabajadora, responsable y muy afectuosa, Aunque es un imán para meterle en problemas y meter la pata. Una accidente lo cambia todo, pone su ya frágil mundo patas arriba.

Lo peor de todo esto es que tiene enemigos terroríficos y resulta que la esposa, esa esposa es ella.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 7 Me duele todo

Lucian estaba más despierto. Ya no era la estatua pálida de los días anteriores. Estaba semi-incorporado, con unas almohadas apoyando su espalda. Su mirada, antes vidriosa, ahora era lúcida, aunque llevaba una nieve de confusión. Al verme, esa nieve se disipó por un instante, reemplazada por un destello de reconocimiento… y de algo tierno que me dejó sin aire.

—Fabi —dijo, y su voz, aunque ronca, ya no era un susurro áspero. Era una afirmación.

El médico me dio un leve empujón hacia adelante con la mirada. Actúa normal. No lo contradigas. Sé su ancla.

—Hola… —logré decir, con una sonrisa que debió parecer más un espasmo. Me acerqué a la cama, sintiéndome como un actor en el primer día de una obra que no había estudiado. —¿Cómo te sientes?

Ignoré completamente a los Borbón, que estaban de pie junto a la ventana, formando un cuadro de rigidez y desaprobación silenciosa. Jimena tenía los labios apretados en una línea finísima. Manuel observaba, como un halcón calculando el momento del ataque. Patricia respiraba por la nariz como un toro enfurecido.

—Me duele todo —respondió Lucian, con una franqueza que nunca le había conocido. Luego, hizo algo que me dejó paralizada: extendió su mano hacia mí, con la palma hacia arriba, sobre la sábana. Era un gesto simple, de una vulnerabilidad abrumadora. Un gesto que pedía conexión.

Todas las miradas en la habitación se clavaron en esa mano extendida y en mí. El aire se espesó. Podía oler el perfume caro de Patricia y la ira barata que emanaba de ella.

Tócala, me ordené. Es parte del tratamiento. Es para su bien.

Con una lentitud agonizante, deslicé mi mano sobre la suya. Su piel estaba caliente. Sus dedos, largos y fuertes, se cerraron suavemente alrededor de los míos con un apretón que no era de jefe a empleada, sino de alguien que busca consuelo. Un escalofrío me recorrió la espalda.

—No te vayas —murmuró él, mirando nuestras manos entrelazadas. —Antes no estabas. Me asusté.

¡Dios! ¡Su tono! ¡Era casi… suplicante! El Lucian Borbón que conocía era incapaz de pronunciar esas palabras. Era como si el coma hubiera derribado todos sus muros, dejando al descubierto a un niño asustado.

—Yo… yo solo fui a por unas cosas —mentí, sintiendo cómo el rubor subía por mi cuello. —Estoy aquí ahora.

Asintió, satisfecho, y cerró los ojos un momento, como si ese simple contacto le diera paz. Fue entonces cuando alzó la mirada y vio a su familia junto a la ventana. Su expresión se nubló ligeramente, con una perplejidad distante.

—¿Y ellos? —preguntó, con una neutralidad que demostraba que, aunque los reconocía, no le generaban el mismo calor.

Jimena dio un paso al frente, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—Hijo, somos tu familia. Estamos aquí por ti.

—Claro —dijo Lucian, pero su apretón en mi mano no se aflojó ni un milímetro. Su atención volvió a mí. —Fabi, ¿me traes agua?

Era una orden, pero dicha con la sencillez de una petición entre iguales. Entre pareja.

Asentí, liberando mi mano, con un movimiento lento, como si saliera de un imán. Al dar la vuelta para tomar la jarra, crucé miradas con Patricia. La furia en sus ojos era tan pura y venenosa que por un segundo temí que me saltara al cuello. En cambio, ella solo sonrió, una sonrisa fría y terrible que prometía: "Esto no te lo vas a quedar."

Mientras servía el agua con manos que apenas temblaban, una sola idea resonaba en mi cabeza, mezclando el pánico con un absurdo total:

"Dios mío. Estoy sirviéndole agua a mi jefe que cree que es mi marido, frente a su prometida real y sus padres, que me odian. Y lo peor es que… su mano era muy grande y cálida. Ay, Fabiana, estás perdida."

Fue entonces cuando Lucian habló, con una tranquilidad que era un cuchillo afilado para los oídos de su familia.

—Deben irse. Estoy cansado. Fabi me va a atender —dijo, como si fuera lo más natural del mundo. —Ustedes deben estar muy ocupados.

Jimena respiró por la nariz con un sonido sibilante, como un toro embravecido a punto de embestir.

—Lucian, cariño, Patricia ha venido a verte. Ella ha estado muy pendiente de ti —insistió, mirando a la rubia con una urgencia desesperada.

Patricia, aprovechando el momento, se acercó a la cama con una sonrisa dolorosamente forzada, inclinándose para que su perfume y su rostro fueran lo único que él viera.

—Hola, Lucian. Ha sido una espera tan larga… —dijo, con una voz que pretendía ser melosa.

Lucian la miró. No con frialdad, ni con reconocimiento. La miró con la misma curiosidad distante con la que se mira un cuadro en una pared.

—Oh, gracias —respondió, educado pero totalmente desapegado. —Pero nuestro compromiso terminó hace tres años. Fue lo mejor para ambos. Después, me casé con Fabi —añadió, como si estuviera repasando los hechos más básicos de su vida.

Hizo una pausa y, luego, remató con una dosis de "consideración marital" que fue el golpe de gracia:

—No es bueno que vengas a verme así. Mi esposa… —dijo, apretando la mano de Fabiana, que aún sostenía, —…podría malinterpretar tu presencia.

El efecto en la habitación fue nuclear.

Patricia se tambaleó literalmente hacia atrás, como si la hubieran golpeado en el pecho. Todo el color desapareció de su rostro, dejándolo de un blanco fantasmagórico. Parecía a punto de desmayarse.

Jimena emitió un sonido ahogado, llevándose la mano a la garganta. Se atragantó con su propia indignación, incapaz de articular palabra.

Manuel apretó el puño con tal fuerza que los nudillos quedaron blancos. Su rostro, normalmente impasible, se congestionó de una ira pura y peligrosa. Parecía a punto de sufrir un infarto allí mismo.

Y Fabiana… Fabiana se derritió por dentro. No de amor, sino de un cóctel explosivo de pánico, vergüenza ajena y una risa histérica que tuvo que tragarse junto con el nudo en la garganta.

¿Tres años? ¿Matrimonio? Su mente inventiva no solo la había colocado en el presente, ¡sino que le había dado un pasado conjunto! Era a la vez la mentira más aterradora y el chiste más elaborado del universo.

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Marcy Mireille Avendaño Bendezu
😁👍🏻
Leida Pacheco
me encanta
MAYVELIN CUICAS
linda está novela
Yenyfer Ospino
nueva adicción desbloqueada 🤭🤭 Dios siento que voy a llorar cuando Lucian recupere la memoria
Yenyfer Ospino
exacto doña Ana no hay que discutir solo disfrutar
Yenyfer Ospino
lucrecia es un amor 🤭🤭
Yenyfer Ospino
se llamaba Miguel 🤣🤣
Yenyfer Ospino
😥😥 tengo el corazón apretado por Fabiana que pasará cuando Lucian se recupere que actitud tomará con ella
Yenyfer Ospino
wow que bella
Yenyfer Ospino
🤤🤤 Lucian estás mi amor con te quiero vale
Yenyfer Ospino
lucrecia cuenta el chisme chica que nosotr@s también queremos saber 🤣🤣
Yenyfer Ospino
🤣🤣🤣🤣 que bueno se van a ganar un Óscar todos 🤭🤭
Yenyfer Ospino
nooo porque aguante señor Lino 🥺🥺
Yenyfer Ospino
🤣🤣 que mala pero es cierto ellos piensan que su hija está triunfando por lo alto 🤣🤣🤣🤣
Yenyfer Ospino
🤣🤣🤣🤣
Yenyfer Ospino
Fabiana te acabas de poner la soga al cuello tú solita y sin ayuda 🤣🤣
Yenyfer Ospino
lo dije aquí hay gato encerrado este pana sabe mucho para ser el ogro que Fabi conoce 🤭🤭
Yenyfer Ospino
😍😍😍😍 estoy amando a este loquito "desmemoriado" 🤣🤣
Patricia Vilchis
está increíble la historia, ojalá tengamos más capitulos pronto 🤭
Yenyfer Ospino
ay Fabiana creo que no será del todo como piensas si no lo contrario 🤭
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