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Contrato secreto con mi jefe posesivo

Contrato secreto con mi jefe posesivo

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

Graciela Navarro llegó a Italia con dos maletas y una sola oportunidad de cambiar su vida. De día, lucha por convertir sus prácticas en una prestigiosa escudería de Fórmula 1 en el trabajo de sus sueños. De noche, entrega el control a C, un desconocido detrás de la pantalla que conoce sus límites, calma sus miedos y despierta deseos que nunca se atrevió a nombrar.
Román Cattaneo, el nuevo director del equipo, es frío, exigente e imposible de complacer. Grace debería mantener la distancia. El problema es que su voz, sus órdenes y la seguridad que le inspira se parecen demasiado a las de C.
Cuando la identidad detrás de aquella inicial salga a la luz, Grace tendrá que decidir si puede amar al hombre real con la misma intensidad con la que aprendió a confiar en su secreto. Entre circuitos, escándalos familiares y una pasión capaz de cruzar todas sus fronteras, ambos descubrirán que llegar a la meta no sirve de nada si no tienen el valor de hacerlo juntos.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3

Las chicas buenas no mienten

Cuando todavía era estudiante, Grace solía quedarse paralizada durante las noches de estudio.

Cuanta más presión sentía, peor era.

Sabía que tenía una lista interminable de pendientes, pero ni siquiera conseguía abrir un documento. La ansiedad se volvía tan intensa que su cuerpo dejaba de responder.

Por eso deseaba que alguien pudiera sacarla de aquel estado.

Cattaneo le había dicho:

—Good job.

Pero en la mente de Grace las palabras se transformaron en good girl.

Quería ser la buena chica de alguien.

Quería que la reconocieran. Que la felicitaran.

Usó el baño como pretexto para escapar unos minutos de la sala.

Frente al espejo, su cabello negro caía en ondas largas sobre la espalda. El suéter ligero y ajustado marcaba su cintura delgada.

¿Podría tener con Cattaneo la clase de relación que deseaba?

¿Se opondría él a las relaciones entre compañeros de trabajo?

No.

Tal vez ni siquiera la consideraba lo bastante atractiva.

Nunca se fijaría en ella.

Los pensamientos negativos cayeron sobre Grace de golpe. La fuerza abandonó su cuerpo y sintió deseos de acostarse en el suelo.

Sara ya le había sugerido buscar ayuda psicológica.

—Lo voy a considerar —le había prometido Grace.

Al salir del baño, el teléfono vibró en su mano.

Era la alarma que había programado.

Las ocho.

James estaba respondiendo correos en su computadora. Cattaneo seguía ocupado con el teléfono.

Hasta que el avión aterrizara en Mónaco, probablemente no necesitarían nada más de ella.

Grace volvió a su asiento y se aseguró de mantener a James y a Cattaneo dentro de su campo de visión.

El teléfono vibró otra vez.

Esta vez era C.

C: ¿Puedes hablar ahora?

Grace miró de reojo a Cattaneo, que continuaba concentrado en su celular, y se sintió un poco más tranquila.

Grace: Sí.

C: Quiero confirmarlo una vez más. Entiendes que tendrás que obedecerme, ¿verdad?

Grace: Sí.

C: ¿Puedo saber por qué quieres hacerlo?

Grace se detuvo.

Para ella, la respuesta era muy sencilla.

Sin darse cuenta, volvió la mirada hacia Cattaneo.

Necesitaba a alguien que, cuando ella olvidara respirar, le ordenara:

Breathe, Grace.

Grace: Quiero tener a alguien con quien hablar.

C: Esa no es la respuesta a mi pregunta.

Grace: Quiero que alguien me diga…

Escribió la palabra Breathe, pero la borró enseguida.

Grace: Quiero sentir que hago las cosas bien.

Después de enviar el mensaje, la pantalla permaneció en silencio durante unos segundos.

Grace apretó los labios.

Por fin llegó la respuesta.

C: Estás bajo mucha presión, ¿verdad?

La pregunta la tomó por sorpresa. Consiguió contener la reacción y respondió con otra pregunta.

Grace: ¿Por qué dice eso?

C: Es la segunda vez que no respondes lo que te pregunto.

Grace casi podía escuchar el tono de su voz.

No quería evadirlo, pero apenas estaban empezando a conocerse. Mostrarse por completo no le resultaba fácil.

Protegerse era un reflejo.

Grace: Lo siento. Sí, estoy bajo mucha presión.

C: No te disculpes. Solo estamos averiguando si esto puede funcionar. Si no somos compatibles, no es culpa tuya.

Grace: ¿Cree que no somos compatibles?

C: Creo que desconfías demasiado de mí.

Grace lo admitía. Había tenido malas experiencias con relaciones en línea y por eso mantenía cierta distancia.

Pero Sara se lo había recomendado.

Grace: ¿Se supone que no debo protegerme?

C: Mientras la conversación no incluya información privada, cuentas bancarias, fotos reales ni videos, puedes bajar un poco la guardia.

Grace inclinó la cabeza y una sonrisa silenciosa apareció en sus labios.

Grace: Estoy bajo mucha presión. Por eso quiero hablar con alguien.

C: Entiendo. Buscas a una persona que cargue con una parte de esa presión y te diga qué hacer.

Grace: Sí.

C: ¿Qué esperas de esa persona?

Grace: Que sea más fuerte que yo.

Solo escribió esas seis palabras.

C tardó un poco en responder.

C: Puedes hacerme todas las preguntas que quieras.

El corazón de Grace se aceleró.

No sabía si aquello significaba que él se consideraba capaz de cumplir sus expectativas.

Pensó durante unos momentos y luego escribió varias líneas.

Grace: ¿Tiene pareja? Yo no hablo de esta manera con alguien que ya está en una relación. Si algún día fuéramos a conocernos, querría ver un examen médico completo; por supuesto, yo también entregaría el mío. Y necesitaría que me mostrara una constancia de antecedentes no penales.

Las palmas le sudaban.

Solo después de enviar el mensaje se dio cuenta de que había empezado a tratarlo de usted.

Mientras esperaba, levantó la mirada hacia Cattaneo.

Él escribía algo en su teléfono.

La respuesta de C llegó enseguida.

C: 1. No tengo pareja. 2. No me reúno en persona. 3. Te enviaré una constancia de antecedentes no penales. 4. Me gusta que me hables de usted.

Al leer la última frase, un sonido débil escapó de la nariz de Grace.

Una descarga le recorrió el cuerpo.

Eran unas cuantas palabras en una pantalla y, aun así, provocaban en ella una reacción física desproporcionada.

Pero él había dicho que no aceptaba encuentros en persona.

Grace sintió una ligera decepción. También pensó que quizá la distancia era lo único que permitía conservar aquella imagen ideal.

No todos los hombres se parecían a Cattaneo.

Si algún día conocía a C y descubría que no le atraía en absoluto, no podía prometer que no saldría corriendo.

Sus ojos buscaron otra vez a Cattaneo.

C: Ahora voy a hacerte algunas preguntas.

Grace: Está bien.

C: 1. ¿Tienes pareja? 2. ¿Eres mayor de edad? 3. ¿Estudias o trabajas? 4. ¿Vives sola o compartes vivienda?

Grace imitó su formato.

Grace: 1. No tengo pareja. 2. Soy mayor de edad. 3. Trabajo. 4. Comparto departamento.

C: Bien. ¿Aceptas llamadas y videollamadas?

Grace: Sí.

La expectativa empezó a crecer dentro de ella.

Entonces llegó el siguiente mensaje.

C: Por hoy es suficiente. La próxima vez quiero que me hables de lo que te está presionando. Tú eliges la hora.

Fue como si le hubieran cortado el placer justo antes del clímax.

Grace revisó la hora.

Los quince minutos prometidos todavía no terminaban.

Grace: Usted dijo quince minutos. Todavía quedan tres.

Envió el mensaje.

C no respondió de inmediato.

Grace sintió que se convertía en agua helada, sin fuerza ni forma. Tal vez él se molestaría porque ella estuviera contando cada minuto.

Ya había escrito “lo siento” cuando apareció la respuesta.

C: Disculpa. Fue un error mío. En ese caso, aprovecharé los minutos restantes para explicarte algunas reglas que necesitaremos después.

Grace borró de inmediato su disculpa.

Grace: Dígame.

C: Cuando me envíes una foto o un video, nunca muestres el rostro. Usa como fondo una pared blanca sin rasgos identificables y no lleves ropa con detalles fáciles de reconocer.

Grace: ¿Por qué?

C: Debes responder “sí”, no preguntar “por qué”.

Grace: Lo siento. Sí.

C: ¿Cuál es la principal causa de tu presión? Respuesta breve.

Un escalofrío recorrió a Grace.

Tuvo un mal presentimiento.

Pero no se atrevió a mentir.

Grace: Mi nuevo jefe.

C: ¿Tu jefe está contigo ahora?

Grace miró la hora.

Ya eran las ocho y cuarto. Técnicamente, su jornada había terminado.

Grace: Ya salí del trabajo.

C no estaba frente a ella.

Ni siquiera sabía quién era.

Aun así, mentirle a través de la pantalla le cubrió la espalda de sudor.

Grace sostuvo el teléfono con ambas manos.

La respuesta llegó pronto.

Una vibración mínima bastó para erizarle toda la piel.

C: Una buena chica no miente, Grace.

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