NovelToon NovelToon
Renací para amar al hombre que destruí

Renací para amar al hombre que destruí

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ángela Sarmiento murió después de descubrir la verdad más cruel: su hermana adoptiva y el hombre en quien más confiaba habían destruido a su familia. Y Gael Montenegro, el poderoso y temido prometido del que siempre quiso escapar, era el único que la había amado de verdad… y también el hombre que murió por culpa de ella.
Cuando Ángela abre los ojos, ha regresado al momento en que todo comenzó.
Esta vez no piensa huir de Gael. Recuperará lo que le pertenece, hará pagar a quienes la traicionaron y conquistará de nuevo al hombre que sacrificó todo por ella.
Pero Gael todavía recuerda su rechazo. No confía en sus caricias, sospecha de cada palabra dulce y está convencido de que Ángela solo prepara otra forma de abandonarlo.
Entre venganzas familiares, secretos, drogas, hipnosis y una atracción que ninguno de los dos puede contener, Ángela tendrá que demostrar que su amor es real.
Porque en esta segunda vida no permitirá que Gael vuelva a morir.
Y tampoco piensa dejarlo escapar de su cama.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Capítulo 1

El hombre que la había amado más que a su propia vida estaba muerto.

Y había muerto por culpa de un plan diseñado por ella.

Ángela Sarmiento contempló el cuerpo irreconocible de Gael Montenegro bajo el árbol y no sintió el alivio que había imaginado durante tanto tiempo.

No sintió libertad.

Solo un vacío frío y pesado.

Entonces Selene Sarmiento apareció acompañada por dos guardaespaldas. Al ver la escena, fingió sorpresa, aunque una sonrisa casi imperceptible le curvó los labios.

—Hermana, jamás pensé que de verdad serías capaz de matarlo. Qué corazón tan frío tienes.

Ángela no respondió.

Selene avanzó unos pasos y miró el cuerpo con cruel satisfacción.

—Qué lástima. Seguramente Gael murió sin imaginar que la mujer a la que amaba con locura sería quien le daría el golpe final. ¿Crees que se habrá arrepentido de enamorarse de alguien como tú?

Ángela levantó la vista.

—¿Qué quieres decir?

Selene bajó los ojos hacia la pernera izquierda, vacía, del pantalón de Ángela. El desprecio apareció sin disimulo en su rostro.

—Quiero hacerte un último favor y contarte la verdad.

Se inclinó un poco, disfrutando cada palabra.

—Gael nunca te hizo daño. Te amaba más que a su propia vida. ¿De verdad creíste que sería capaz de lastimarte?

Ángela sintió que algo se tensaba dentro de su pecho.

—El accidente que sufriste cuando intentabas escapar de la residencia Montenegro lo organicé yo —continuó Selene—. Tus heridas ni siquiera requerían una amputación. Fabián compró al médico para que te cortaran la pierna. La única persona que de verdad intentó salvarte fue Gael.

El mundo se volvió de hielo.

Ángela recordó aquel accidente. Recordó el hospital, el diagnóstico y el momento en que le dijeron que perdería la pierna.

Desde entonces había vivido convencida de que Gael había ordenado atropellarla para impedir que escapara de él.

Por eso había preparado su venganza.

Había fingido un secuestro para obligarlo a acudir solo. También había saboteado su auto. Los frenos fallaron y Gael terminó estrellándose contra aquel árbol.

Todo había sido idea de ella.

Sin embargo, la hermana a la que había protegido y el hombre al que creía amar eran quienes le habían quitado una pierna.

Y el hombre al que había odiado había intentado salvarla.

La ironía resultaba insoportable.

Un dolor fino y persistente le atravesó el corazón. Ángela sintió que algo tiraba de él hasta desgarrarlo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Por qué? —preguntó, tratando de contener el temblor de su voz—. Ustedes eran las personas más importantes de mi vida.

Selene la miró desde arriba. El odio que llevaba tantos años ocultando terminó por deformarle el rostro.

—Porque siempre te he envidiado. Todos te trataban como a un tesoro. Te protegían, te consentían, te daban lo mejor. Incluso un hombre tan poderoso e inalcanzable como Gael Montenegro estaba dispuesto a morir por ti.

De pronto, Selene pateó la silla de ruedas.

Ángela cayó al suelo.

Antes de que pudiera reaccionar, Selene la sujetó del cabello y tiró de su cabeza hacia atrás.

—¿Y yo qué era? Nada más que el juguete que adoptaste para sentirte buena persona. ¿Alguna vez me consideraste una verdadera hermana?

Ángela apretó los dientes para soportar el dolor.

—Si tanto me querías, ¿por qué acaparabas a Gael mientras seguías obsesionada con Fabián? —escupió Selene—. ¿De verdad creíste que Fabián amaba a una lisiada? Lo único que le interesaba era tu posición como heredera de los Sarmiento. La mujer a la que ama soy yo.

Ángela observó aquel rostro trastornado y sintió que estaba frente a una desconocida.

La Selene que recordaba siempre había sido dulce y considerada. La seguía a todas partes y la llamaba «hermana» con una voz cariñosa.

Ángela nunca imaginó cuánto rencor escondía.

Ella sí la había querido como a una hermana.

Desde niñas, cada vez que recibía algo, se aseguraba de que Selene tuviera lo mismo. A veces incluso encargaba para ella cosas más delicadas y costosas, temiendo que se sintiera desplazada.

También se había equivocado con Fabián.

Habían crecido juntos. Aunque nunca formalizaron una relación, Ángela creyó que ambos entendían lo que sentían. Incluso después de que Gael la llevara a vivir con él, su corazón había seguido aferrado a Fabián.

Todo aquel supuesto amor había sido una mentira.

Fabián era uno de los responsables de que hubiera perdido la pierna.

Ángela recordaba con absoluta claridad el día de la amputación. Fabián la había abrazado y jurado que permanecería siempre a su lado.

Quizá, mientras pronunciaba esas palabras, se reía en secreto de lo ingenua que era.

Gael, en cambio, había intentado detener la cirugía como un hombre desesperado. Incluso envió a todo su equipo de seguridad privada a rodear el hospital.

Tal vez ya había descubierto la conspiración.

Pero Ángela no quiso escucharlo.

Confió ciegamente en las dos personas que la habían traicionado y convirtió en enemigo al único hombre que luchaba por salvarla.

Volvió la cabeza hacia el cuerpo inmóvil bajo el árbol.

—Perdóname —susurró.

Selene acercó los labios a su oído.

—Todavía tengo otra buena noticia.

Su voz era suave. Demasiado suave.

—Detuvieron al abuelo y a tu hermano por fraude fiscal. Grupo Sarmiento y Grupo Montenegro están ahora bajo mi control. Tú ya no tienes familia, casa ni dinero. No eres más que una pobre inválida abandonada.

Ángela dejó de sentir el dolor del cuero cabelludo.

—Ah, y seguramente tampoco sabías esto —añadió Selene, cada vez más celosa—. Para convencer a tu abuelo de que te dejara a su cuidado, Gael pasó toda una noche arrodillado en el despacho. Además, puso todos sus bienes a tu nombre.

Ángela sintió que el corazón se le apagaba.

Le costaba imaginar a un hombre tan orgulloso y poderoso de rodillas por ella.

Tampoco entendía por qué Gael la había amado de aquella manera.

Durante todo un año había sido atento, paciente y cuidadoso. Le bastaba una mirada de Ángela para hacer cualquier cosa por ella. Habría cruzado fuego sin una sola queja si ella se lo hubiera pedido.

Y Ángela nunca supo leer el amor profundo y casi obsesivo que había en sus ojos.

De pronto extrañó sus brazos.

Recordó lo cálido que era su abrazo.

La verdad terminó de destruirla. Sus ojos se enrojecieron y el dolor transformó su expresión hasta volverla feroz.

Reuniendo la poca fuerza que le quedaba, Ángela se lanzó contra la pierna de Selene y le clavó los dientes.

—¡Ah! ¡Ángela, maldita perra! ¡Suéltame!

Selene la golpeó con ambos brazos. Los guardaespaldas también se acercaron para patearla.

Los golpes se hicieron cada vez más fuertes, pero Ángela no abrió la boca.

Mordió hasta arrancar un pedazo de carne.

Después lo escupió con asco.

Con los labios cubiertos de sangre, miró a Selene y comenzó a reír. Su carcajada resonó de manera escalofriante en aquel lugar solitario, junto al precipicio.

—Selene Sarmiento, si existe otra vida, te haré pagar esto mil veces.

Selene apretó la herida de su pierna y la miró con burla.

—¿Tú? Aunque volvieras a nacer diez veces, seguirías siendo la misma estúpida.

Luego hizo una seña a los guardaespaldas.

—Arrójenla.

Los hombres vacilaron.

—¡Háganlo de una vez! —ordenó Selene—. Yo me ocuparé de cualquier problema.

Con aquella garantía, los dos levantaron a Ángela sin dificultad y la llevaron hasta el borde.

La lanzaron al vacío.

Durante el instante en que su cuerpo quedó suspendido en el aire, Ángela solo pudo pensar en Gael, muerto y abandonado bajo aquel árbol.

Se arrepentía.

Se arrepentía de no haberlo amado.

De haberlo empujado paso a paso hacia la muerte.

Gael, espérame.

Voy a pagar mi deuda contigo.

Te fallé en esta vida. Si existe otra, te amaré como debí amarte desde el principio.

Dolor.

Un dolor capaz de partirle el alma.

De pronto percibió un aroma frío y familiar.

Era el aroma de Gael.

—Ángela, por favor, despierta.

Su voz grave llegó hasta ella. Al mismo tiempo, una caricia ligera le rozó la muñeca.

Ángela abrió los ojos de golpe.

Frente a ella estaban los ojos oscuros de Gael Montenegro, y en el fondo de aquella mirada se escondía un amor que antes nunca había sabido ver.

***

El rostro severo de Gael ocupó todo su campo de visión.

En cuanto Ángela despertó, él retiró rápidamente la mano con la que le acariciaba la muñeca.

¿Gael?

¿Estaba vivo?

Ella lo había visto morir bajo aquel árbol.

¿Todo había sido una pesadilla?

Ángela se pellizcó el antebrazo con tanta fuerza que soltó un gemido. El dolor le hizo fruncir el ceño y las lágrimas comenzaron a caer.

Dolía.

Gael estaba vivo.

Y ella no estaba soñando.

Entonces...

¿Había vuelto a nacer?

Apartó las cobijas de golpe y miró sus piernas. Las tocó con manos temblorosas.

Estaban ahí.

Tibias.

Completas.

El destino le había concedido otra oportunidad.

Ángela rio entre lágrimas.

Esta vez cobraría cada deuda.

Protegería a su familia.

Y dedicaría el resto de su vida a corresponder el amor que Gael le había entregado en la anterior.

Él no podía saber lo que pasaba por su mente.

Permanecía al lado de la cama con una expresión deliberadamente fría. Ángela llevaba una bata de hospital a rayas azules y blancas. Seguía pálida, pero ni siquiera aquel aspecto frágil podía ocultar su belleza.

Gael la observó en silencio.

¿Cómo podía tener un corazón tan cruel?

Se había lastimado por otro hombre.

Tal vez nada de lo que él hiciera conseguiría ablandarla.

Ángela notó la oscuridad de su expresión. Cada segundo de silencio golpeaba contra su pecho.

Si ella había renacido, ¿Gael también podía haber regresado?

¿Recordaría que Ángela lo mató?

¿La odiaría?

Gael interpretó su culpa de otra manera. La rabia que llevaba conteniendo terminó por encenderse. Apretó los labios y tensó la mandíbula, luchando por dominarse.

Sus ojos, siempre llenos de ternura al mirarla, se volvieron helados.

—Ángela Sarmiento, ¿tanto lo amas? —preguntó entre dientes—. ¿Fuiste capaz de cortarte las venas para obligarme a dejarte ir con él?

Cada palabra le dolió.

Jamás imaginó que ella llegaría tan lejos por Fabián.

Cuando le avisaron que Ángela se había cortado las muñecas, el mundo se volvió negro. Durante un instante incluso pensó en quitarse la vida y seguirla.

Ángela vio el dolor en su rostro.

Todo lo que había reprimido despertó al mismo tiempo. El remordimiento de la vida anterior y la alegría de reencontrarlo abrieron una grieta dentro de ella.

Comenzó a llorar y a reír a la vez.

Negó rápidamente con la cabeza.

—No. Yo no lo amo.

Levantó los brazos hacia Gael.

—Abrázame, por favor.

Después de recordar todo lo ocurrido entre ellos, lo único que deseaba era sentirlo vivo entre sus brazos.

Una luz de sorpresa cruzó la mirada de Gael, pero desapareció de inmediato.

Ángela detestaba que él la tocara. Por eso había retirado la mano en cuanto ella abrió los ojos.

¿Qué significaba aquello?

¿Era otra estrategia para engañarlo?

Gael no respondió ni se acercó.

Sin embargo, sabía que ya estaba cediendo.

Siempre ocurría lo mismo. Ángela lo hería y después le ofrecía un gesto mínimo de dulzura. Él aceptaba las dos cosas y retrocedía un poco más en sus propios límites.

Sacó del bolsillo del saco un pequeño tubo de crema y lo dejó sobre la mesa de noche.

—Úsala en la herida. No quiero que te quede cicatriz.

Ángela recordó que en la vida anterior él le había llevado la misma medicina.

Ella la arrojó a la basura frente a sus ojos.

Después le dijo que la herida de su muñeca era la prueba de cuánto amaba a Fabián.

¿Cuánto debió dolerle?

Ángela deseó poder regresar a aquel momento solo para abofetear a la mujer estúpida que había sido.

Como Gael seguía sin abrazarla, extendió una mano y sujetó suavemente la orilla de su saco.

Tiró de ella con un gesto cariñoso.

—Gael, voy a portarme bien. Llévame a casa, ¿sí?

No quería permanecer en el hospital. Aquel lugar le recordaba demasiado la amputación y todo el sufrimiento que vino después.

Gael miró primero los dedos aferrados a su ropa y luego el rostro de Ángela.

Estaba perdido.

Completamente perdido por aquella mujer.

Le bastaba verla ceder un poco para estar dispuesto a bajar las estrellas del cielo y colocarlas en sus manos.

—De acuerdo. El médico te revisará primero. Si todo está bien, Raúl te llevará.

Gael dirigió una mirada a Raúl Vega, quien asintió de inmediato.

Ángela frunció los labios.

—¿Tú no vienes conmigo?

—Tengo asuntos pendientes en la empresa.

En ese momento ella parecía una gatita herida, suave y necesitada de cariño.

Pero Gael estaba convencido de que se trataba de otra maniobra. Ángela solo quería permanecer cerca de él para conseguir beneficios para Fabián.

Aun sabiéndolo, no podía resistirse.

Por eso tenía que marcharse.

Si se quedaba un minuto más, terminaría abrazándola. Y entonces ella volvería a rechazarlo con asco.

Cuando Gael salió de la habitación, Ángela se recostó y acarició el vendaje de su muñeca.

No descansó.

Utilizó sus recuerdos para calcular en qué momento había regresado y cómo podía reparar la relación entre ambos.

Llevaba un mes viviendo en la residencia Montenegro.

Durante esas semanas había buscado un pretexto distinto cada día para pelear con Gael. En realidad, las discusiones eran ataques unilaterales: él jamás le respondía y siempre terminaba intentando tranquilizarla.

Finalmente, Ángela incluso lo había echado de su propia casa.

«En esta residencia cabemos tú o yo».

El intento de suicidio había provocado la primera verdadera explosión de Gael. Después de eso, se negó a permitir que ella permaneciera sola, incluso dentro de la residencia, y asignó a una guardaespaldas para acompañarla.

Ángela también le había dicho algo imperdonable:

Si moría, Gael sería el único culpable.

Al recordarlo, sintió una punzada en el pecho.

Quería volver a casa.

A la casa que compartían.

Sin embargo, después de avanzar un buen tramo en el auto, reconoció el camino.

Raúl no la llevaba a Lomas de Chapultepec.

La llevaba a la residencia de los Sarmiento.

—¡Raúl, llévame a casa de Gael! —exigió—. Si no das la vuelta, me bajaré y regresaré corriendo.

Ángela hizo ademán de abrir la puerta.

Raúl frenó de inmediato y estacionó junto a la banqueta, temiendo que ella cumpliera la amenaza.

Ángela miró con sentimientos encontrados al hombre en el asiento del conductor.

Raúl era inteligente, pero obedecía cada orden de Gael al pie de la letra. Nunca habría decidido por su cuenta llevarla con los Sarmiento.

Eso significaba que Gael había ordenado alejarla.

Una tristeza inesperada le apretó el pecho.

¿Ya no la quería a su lado?

Ángela negó con la cabeza.

No importaba.

Aunque Gael quisiera renunciar a ella, esta vez Ángela no lo soltaría.

Le devolvería todo el amor que le debía.

Él le había salvado la vida.

Ella pensaba pagar aquella deuda entregándole la suya.

Sacó el celular y llamó a Gael.

Cuando él contestó, Ángela habló con voz herida:

—Gael Montenegro, ¿qué clase de mujer crees que soy? ¿Una a la que puedes llamar cuando quieras y echar cuando te estorbe? ¡Quiero volver a nuestra casa!

—Ángela, ¿qué tonterías estás diciendo? —La voz fría de Gael atravesó el teléfono—. ¿Cuándo te he tratado como a una mujer así?

Sentado en su oficina, Gael irradiaba una hostilidad capaz de congelar la habitación.

¿Cómo podía hablar de sí misma de aquella manera?

Ángela era la mujer a la que guardaba en lo más profundo del corazón.

Nadie tenía derecho a despreciarla.

Ni siquiera ella.

Poco después, Raúl recibió nuevas instrucciones.

Ángela regresó a la residencia Montenegro.

Al llegar, sorprendió a todo el personal saludando con educación. Luego subió corriendo a la recámara principal, entró y cerró con llave.

Sentada sobre la enorme cama, recordó lo que acababa de hacer y se felicitó en silencio.

Sabía que Gael no podría negarse.

Sin embargo, pocos minutos después soltó un suspiro.

Había conseguido volver, pero solo estaba aplazando el problema.

Quedarse o marcharse dependía todavía de una sola palabra de Gael.

Antes de que él intentara enviarla lejos otra vez, Ángela tenía que dejarle claros sus verdaderos sentimientos.

Encendió el celular y escribió en el buscador:

«¿Cómo conquistar a un hombre?»

1
maria fernanda ortega ruiz
maravillosa historia 🥰
Alix Sarmiento
Angela es cautelosa porque crío un cuervo y le saco los ojos
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
que familias tan complicadas
veritoo❤️
falta saber q paso con Nicolás y Leonardo a ver si x fin deja la soltería ..muy bna exelente novela
Alix Sarmiento
👏
Alix Sarmiento
muy buena, pero no sé puede dejar manipular
Flor R
super woooo me super encanta bendiciones autora 🍷
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play