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La esposa sustituta del comandante

La esposa sustituta del comandante

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:12.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Ayu Lestari

Alma Montenegro aceptó casarse con el comandante Damián Arce por una razón simple: proteger a su familia. Lo que debía ser un acuerdo frío se convierte en una vida compartida entre hospitales, misiones de frontera, secretos de sangre y un niño que no debería estar en medio de ninguna guerra.

Cuando una red criminal vuelve a reclamar lo que cree suyo, Alma y Damián tendrán que decidir si su matrimonio es solo una obligación... o la única casa capaz de resistirlo todo.

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Capítulo 09

Él me cargó en brazos

Jonás sobrevivió.

La noticia llegó a las nueve de la noche, después de que le administraran el antiveneno y su estado empezara a estabilizarse. Su esposa lloró a los pies de Alma hasta que la propia Alma entró en pánico.

—No haga eso, señora. Lo importante es que su esposo descanse.

—Gracias, doctora. Si usted no hubiera venido...

—Fue el equipo el que lo ayudó. No lo hice sola.

Damián estaba detrás de ella y oía esa respuesta por enésima vez.

Alma siempre era así.

Cuando algo salía bien, compartía el mérito.

Cuando todo se desmoronaba, era la primera en asumir la responsabilidad.

Debería haber parecido la mujer a la que él había acusado de buscar una posición. Pero cuanto más la observaba, más difícil le resultaba sostener aquella acusación.

Y eso le incomodaba.

El regreso desde el hospital público regional comenzó casi a las diez. Renata y Julián fueron en la ambulancia que volvía al puesto, mientras que Alma se vio obligada a subir al jeep de Damián.

Obligada, porque al principio se había negado.

—Puedo ir en la ambulancia.

—Está llena.

—Puedo sentarme atrás.

—Hace un rato casi se desmayó.

—Casi significa que no me desmayé.

Damián se limitó a abrir la puerta del copiloto.

—Suba.

Alma lo sostuvo con la mirada unos segundos y acabó obedeciendo, demasiado agotada para discutir.

Durante los primeros diez minutos, se mantuvo erguida.

Al décimo quinto, la cabeza empezó a vencérsele contra la ventanilla.

Al vigésimo, cerró los ojos.

Damián la observó de reojo.

La luz intermitente de los faroles de la carretera le cruzaba el rostro. Aún tenía tierra en la mejilla. Los labios se le veían pálidos. En la muñeca llevaba un rasguño pequeño, quizá hecho entre los matorrales durante la evacuación.

Damián redujo un poco la velocidad.

Alma murmuró:

—No vaya tan despacio.

No estaba completamente dormida.

—Duerma.

—El paciente...

—Está estable.

—Jonás...

—Está vivo.

Alma dejó escapar un leve suspiro. Después de eso, el cuerpo por fin se le aflojó por completo.

Damián volvió la atención al camino.

Las palabras que había pronunciado en el pasillo de urgencias regresaron para golpearlo.

Su esposo está dando las órdenes.

No sabía por qué lo había dicho.

Tal vez porque verla a punto de desplomarse había despertado algo dentro de él antes de que pudiera intervenir el sentido común. Tal vez porque, desde que aquella mujer había llegado, cada vez le resultaba más difícil ocupar el lugar del hombre que la detestaba.

O quizá porque nunca había estado realmente preparado para verla como a una extraña.

El jeep llegó al complejo casi a medianoche.

Damián estacionó frente a la vivienda asignada a Alma.

—Alma.

No obtuvo respuesta.

—Doctora Alma.

Nada.

Bajó del vehículo, rodeó el jeep y abrió la puerta del copiloto. Alma dormía rendida. Una mano aún aferraba la correa de su maletín médico.

Damián permaneció inmóvil unos segundos.

Podía llamar a Renata.

Podía pedir que viniera una soldado.

Podía despertarla con voz firme.

Pero era demasiado tarde. Las casas alrededor estaban a oscuras, y Alma tenía el aspecto de alguien que, si la despertaban en ese momento, aun así insistiría en que se encontraba bien.

Damián exhaló despacio.

Le quitó el maletín de la mano con cuidado; luego deslizó un brazo bajo su espalda y el otro bajo sus rodillas.

Alma se movió apenas.

—No...

—Quieta. Ya llegamos.

Tal vez porque estaba medio consciente, no se resistió.

Damián la cargó en brazos y la sacó del jeep.

Alma pesaba menos de lo que había imaginado.

Demasiado menos.

En el porche, buscó las llaves en el bolso pequeño de Alma. Cuando abrió la puerta, entró en la casa que él mismo había procurado que fuera la peor del complejo. Ahora estaba ordenada. Había un tapete de oración doblado en una esquina, cuadernos médicos sobre la mesa, un vaso de té sin lavar y varias gasas secándose junto a la ventana.

Ya no parecía un castigo.

Alma la había convertido en un hogar.

Damián la recostó sobre el colchón de la habitación. Cuando iba a cubrirla, Alma entreabrió los ojos.

Sus miradas se encontraron.

Durante un instante, ella pareció no saber dónde estaba.

Entonces volvió en sí.

Alma intentó incorporarse de inmediato.

—Puedo sola.

Damián le sujetó los hombros.

—Duerma.

—¿Usted me cargó?

—Te quedaste dormida como si te hubieras desmayado.

—Eso no responde mi pregunta.

—Es una respuesta suficiente.

El rostro de Alma se encendió, no sabía si de vergüenza o de rabia.

—No tenía que hacer eso.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué lo hizo?

Damián la observó. Debería haber sido fácil responder.

Porque estaba agotada.

Porque no quería despertarla.

Porque verla a punto de caer me hizo entrar en pánico.

No dijo ninguna de esas cosas.

—Porque si te caes en el porche, mañana todo el complejo me culpará.

Alma soltó una risa tenue.

Fue breve y amarga.

—Claro. Hay que proteger la reputación del comandante.

Damián apretó la mandíbula.

Detestaba que, una vez dichas, todas sus frases sonaran peor de lo que pretendía.

Alma se cubrió sola con la manta.

—Gracias por traerme.

Era una forma evidente de echarlo.

Damián se puso de pie.

—Mañana descansará.

—No puedo. Hay pacientes en observación.

—Renata puede ocuparse.

—Iré después del amanecer.

—Alma.

Ella lo contempló desde el colchón.

—No soy tan frágil.

—No dije que lo fuera.

—Pero me trata como si fuera a romperme.

Damián contuvo el aliento.

—Te trato como a alguien que hoy obligó a su cuerpo a ir más allá del límite.

Alma guardó silencio.

Aquello no era un insulto.

Por eso no supo qué contestar.

Damián caminó hacia la puerta.

Antes de salir, añadió:

—Cierre con llave.

—Sí.

—Y coma algo cuando despierte.

—Mayor.

Él se detuvo.

—Si sigue dándome ese tipo de órdenes pequeñas, podría malinterpretarlo.

Damián se volvió.

Alma lo miraba con cansancio en el rostro, pero con una ligera curva en los labios. No era una sonrisa dulce; era más bien un escudo.

—Usted mismo me dijo que no malinterpretara las cosas —prosiguió.

Damián la sostuvo con la mirada un largo momento.

—Entonces no lo hagas.

La puerta se cerró.

Alma volvió a acostarse y se quedó viendo el techo.

El corazón le latía demasiado rápido para alguien que casi se había desmayado.

Se tocó el hombro donde había descansado el brazo de Damián mientras él la cargaba. El recuerdo le encendió la cara.

—Qué tonta —se susurró.

Ese hombre solo la había cargado por practicidad. Porque era el comandante. Porque no quería problemas.

No porque le importara.

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Ana Veronica Pineda Gonzalez
Dios mío ya póngale un alto a esa Sabrina me está haciendo arre....
Ana Veronica Pineda Gonzalez
que orror soy de Venezuela y hace mes y medio ocurrió lo mismo y fue muy triste y doloroso ver cómo temblaba la tierra y caían los edificios 😥
Ana Veronica Pineda Gonzalez
que fuerte es ser medico y tener esa responsabilidad y más en esos pueblos de bajo recursos
Brenda Angulo
Cada vez más entrada en la historia 🥰
Ana Veronica Pineda Gonzalez
bellos mis protagonistas
Ana Veronica Pineda Gonzalez
hay mi Damián pensaste mal de mi Alma y ahora te das cuenta de quién es en realidad
Brenda Angulo
Mendigo Ramiro canijo, Ramiro te tenías que llamar 🤭
Ana Veronica Pineda Gonzalez
así es Alma pon Carácter y no te dejes y enséñales quien manda
Ana Veronica Pineda Gonzalez
empecé a leer se ve interesante
Kayra Villavicencio
Dos tornados enfrentados.
Jeniffer Rodriguez Valencia
Me llegan a hablar asi, ese mismo día se queda sin descendencia 🥰
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