Es una cumbre empresarial internacional de alto nivel.
Él espera ver a otra ejecutiva manipulable o intimidada por su presencia.
Ella llega con su armadura de hierro, luciendo impecable, sin dejar que nadie pase por encima de ella.
La chispa: Cuando él intenta imponer su poder o coquetear de forma dominante, ella lo frena en seco y lo pone en su lugar frente a otros magnates. Nadie le ha hablado así jamás. Por primera vez, "El Demonio" encuentra a una mujer que no solo lo aguanta... sino que desafía su autoridad.
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TRAMPAS DE GUANTE BLANCO
De regreso en la capital, la atmósfera sofisticada y fría del viaje a Ginebra se evaporó en el instante en que Isabella cruzó la entrada privada de Aero-Logix Global. El edificio de setenta pisos, una mole de cristal pulido y acero construida por el imperio logístico de los Thorne y salvada del colapso por las manos de Isabella, operaba como un reloj suizo. Sin embargo, esta mañana los engranajes crujían bajo una presión invisible.
En la planta ejecutiva, el rumor del personal era un murmullo contenido. Los teléfonos no paraban de sonar y los monitores de la sala de analistas mostraban gráficos financieros con fluctuaciones inusuales.
Isabella avanzó por el pasillo central despojándose de su abrigo de lana, entregándoselo a su secretaria sin detener el paso. Lucía un impecable traje sastre de dos piezas en tono marfil que contrastaba con la firmeza implacable de sus facciones. A su lado, Gabriel Rivas Bermúdez, su hermano y CEO del Grupo Familiar Rivas, caminaba a paso acelerado sosteniendo una tableta cargada con informes de última hora.
—Es una emboscada de guante blanco, Bella —sentenció Gabriel al entrar a la enorme oficina de presidencia, cerrando la puerta doble de caoba para aislar el ruido exterior—. No es una simple maniobra bursátil. Kael Montero se movió en Europa mientras nosotros volábamos de regreso.
Isabella rodeó su escritorio y se sirvió un vaso de agua con absoluta parsimonia. No había prisa en sus movimientos, solo una concentración fría y analítica.
—Dame los detalles exactos, Gabriel. Sin adornos.
—Grupo Kronos Capital firmó anoche la compra de las patentes exclusivas y los derechos de distribución de los nuevos motores de baja emisión con los astilleros e industrias aeronáuticas más importantes de Alemania y Suecia —explicó Gabriel, deslizando los dedos por la pantalla para mostrarle los contratos escaneados—. Toda la tecnología que teníamos presupuestada para la modernización de nuestra flota de carga aérea y marítima de este trimestre quedó congelada. Montero compró a nuestros proveedores habituales y les aplicó cláusulas de exclusividad.
—Monopolizó la cadena de suministro —dedujo Isabella con la mirada fija en el ventanal que daba al perfil urbano de la ciudad—. Un movimiento agresivo, costoso y ridículamente personal.
Quiere ahogar la renovación de Aero-Logix antes de que termine el año fiscal.
La puerta de la oficina se abrió de golpe sin anunciar. Camila Cordero y Giselle Peralta entraron al recinto. Camila, con su elegancia implacable de abogada de alto nivel, traía una carpeta de cuero bajo el brazo; Giselle, con el cabello recogido y la tableta de finanzas en la mano, denotaba una mezcla de indignación y adrenalina.
—Se pone peor, Bella —anunció Camila, sentándose en una de las sillas de cuero frente al escritorio y cruzando las piernas—. Acabo de recibir una notificación del juzgado corporativo. Roberto y Silvia Thorne se reunieron ayer a puerta cerrada con el equipo legal de Kronos Capital. Tus ex-suegros están ofreciendo su diez por ciento de las acciones de Aero-Logix directamente a la firma de Montero.
—Esos viejos decrépitos no pierden el tiempo —escupió Giselle con rabia, apoyando las manos en el respaldo de la silla de Camila—. Tras la muerte de tu esposo, juraron que no pararían hasta verte fuera de la compañía. Como no pudieron quitarte la custodia de Bruno y Mía, ni pudieron doblegarte en los tribunales familiares, ahora se alían con el mismísimo demonio del mercado para meterlo en tu junta directiva.
Isabella tomó asiento en su sillón ejecutivo. El silencio de la sala era casi sepulcral. Gabriel miraba a su hermana esperando la reacción que cualquiera en su lugar tendría: rabia, angustia o incertidumbre. Pero la Viuda de Hierro solo entornó los ojos verdes con una calma calculadora.
—¿Cuáles son las consecuencias financieras si dejamos que la noticia trascienda a la prensa, Giselle? —preguntó Isabella.
—Si no cerramos el contrato de suministro de motores o no detenemos la venta de las acciones de los Thorne antes de fin de mes, el mercado interpretará que perdimos el control operativo —respondió Giselle, mostrando la gráfica de proyección—. El valor de nuestros títulos caería entre un diez y un doce por ciento en la bolsa de Zurich y Nueva York.
Los Thorne están usando esa amenaza como un cuchillo en la garganta: o les devuelves los asientos directivos que les revocaste por negligencia, o ejecutan la venta a Montero para que él entre con derecho a voto a la junta.
—Quieren desestabilizarme para obligarme a ir a la sede de Kronos Capital a pedir clemencia —analizó Isabella, apoyando los codos sobre el escritorio y entrelazando las manos—. Montero cree que la logística internacional se maneja como el mercado negro o sus fondos de inversión: con intimidación pura.
—Bella, ¿qué quieres hacer? —preguntó Gabriel, dando un paso al frente—. Sabes que puedo mover la liquidez del Grupo Rivas para hacer una contraoferta por esas acciones antes de que los Thorne firmen con Montero. Puedo blindar tu empresa con la nuestra.
Isabella miró a su hermano con un profundo afecto, pero negó suavemente con la cabeza.
—No, Gabriel. No voy a comprometer el patrimonio que nuestros padres construyeron en el Grupo Rivas para pagar el chantaje de mis ex-suegros. Esta no es una crisis operativa; es una provocación directa de Kael Montero. Quiere medirme.
Quiere ver si la 'Viuda de Hierro' se quiebra cuando le quitan las opciones.
Camila abrió la carpeta y sacó un documento formal grabado con el sello dorado del conglomerado Montero.
—Su asistente personal, Héctor Prado, acaba de enviar esto a mi despacho —dijo Camila con disgusto—. Una solicitud formal de reunión ejecutiva en un club privado. Sin prensa, sin comités de la junta directiva y sin asesores externos. Montero quiere verte a solas.
Giselle dejó escapar una risa amarga.
—Ese tipo tiene una reputación de depredador corporativo que asusta. Se dice que destruye a sus competidores por mero entretenimiento. Sin contar que en los círculos financieros más oscuros lo consideran invencible.
Isabella tomó la carta formal, le echó un vistazo rápido al trazo firme de la firma de Kael Montero y la dejó caer sobre la caoba.
—Diles a los abogados de Montero que acepto la reunión —ordenó Isabella, poniéndose de pie con la barbilla en alto—. Pero no será en su oficina corporativa ni bajo los términos de intimidación que acostumbra usar con otros CEOs. La cita será en terreno neutral, y seré yo quien marque la pauta.
—¿Estás segura, Bella? —inquirió Gabriel con preocupación evidente—. Montero es peligroso. Hay sombras alrededor de su imperio que nadie logra descifrar.
—Gabriel, sobreviví a la pérdida de mi esposo, a la codicia descarada de los Thorne y a una junta de ancianos machistas que intentó despojarme de todo lo que le pertenece a mis hijos —dijo Isabella, mirando fijamente a su hermano con la fuerza indestructible que la caracterizaba—. Kael Montero podrá ser el rey en su mundo de sombrío, pero en el mío... tendrá que aprender que la Viuda de Hierro no dobla la rodilla ante ningún hombre.