Una apuesta. Un engaño. Un precio imposible de olvidar.
Porque hay decisiones que cambian la vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14 Una llamada desde el pasado
Habían pasado casi tres meses desde que cruzamos la frontera y por fin empezaba a dormir un poco mejor por las noches.
Ya no me despertaba sobresaltada buscando su cara entre las sombras, y cada día me sentía un poquito más fuerte, más dueña de mí misma.
Pero una tarde, mientras descansaba en la habitación, sonó el teléfono y al ver el nombre en la pantalla el corazón se me detuvo:
Era Sofía.
Dudé unos instantes antes de contestar, tenía miedo de que cualquier noticia viniera de allí para traer de vuelta todo el dolor que tanto me costaba dejar atrás, pero al final deslicé el dedo y puse el aparato al oído.
Su voz sonó muy baja, temblorosa y cargada de tristeza, como si hubiera estado llorando mucho tiempo antes de llamarme.
—Valentina… sé que no debería molestarte, sé que te fuiste para olvidar todo esto, pero no sabía a quién más decírselo.
—¿Qué pasa, Sofía? —pregunté con calma, aunque sentía cómo se me formaba un nudo en la garganta.
Hizo una pausa larga antes de responder:
—Leonardo ya no es el mismo.
Desde ese día que supimos que… que te fuiste para siempre, se derrumbó por completo.
Dejó de ir al colegio, no sale de su habitación, apenas come ni habla con nadie.
Cayó en una depresión tan fuerte que sus padres no saben qué hacer.
Pasan los días y cada vez está peor; dice que es culpa suya, que él te mató, que nunca debió haberte conocido.
Se está consumiendo de a poquito, Valentina, y nadie logra sacarlo de ahí.
Me quedé en silencio, mirando mis manos que descansaban sobre mi vientre.
Por un segundo sentí una punzada de pena, esa vieja costumbre mía de querer cuidar a quien me lastimó.
Pero luego recordé claramente sus palabras, la risa de sus amigos, lo poco que valió mi amor para él, y esa pena se fue apagando despacio hasta quedar solo una gran tristeza por lo que pudo haber sido y no fue.
—Sofía —le dije suave, pero con voz firme—, yo no morí.
Me fui porque no podía soportar vivir sabiendo que todo fue una mentira.
Él está sufriendo porque por fin está pagando el precio de lo que hizo.
Yo no puedo volver, no puedo ayudarle.
Ahora tengo que cuidar de mí y de este bebé que viene en camino.
Él eligió su camino, y yo ya elegí el mío.
Colgué despacio y dejé el teléfono a un lado.
No sentí alegría por su dolor, jamás le habría deseado nada malo a nadie, pero tampoco sentí ganas de regresar.
Su sufrimiento era el único recordatorio de que lo que tuvimos fue real para mí, aunque para él solo fuera un juego.
Y aunque su alma se estuviera rompiendo en mil pedazos al otro lado del mundo, yo sabía que mi corazón ya no podía soportar ni una herida más.
Seguí adelante, por mi pequeña familia, y dejé que el tiempo hiciera su trabajo con él, tal como yo estaba intentando hacer conmigo misma.