Laura Whitmore llevaba tres años casada con Xander Blackwood, uno de los empresarios más influyentes del país. Desde el día de su boda, su matrimonio no había sido más que un acuerdo frío y distante. Aunque compartían la misma mansión y el mismo apellido, Xander jamás la había tratado como una verdadera esposa.
Todo cambia una noche cuando Xander regresa a casa completamente ebrio. Por primera vez desde que se casaron, derriba el muro que siempre los había separado y pasa la noche con ella. Para Laura, aquella noche significa mucho más que un simple encuentro; es la prueba de que aún existe una oportunidad para conquistar el corazón de su esposo.
Sin embargo, al amanecer, todo vuelve a ser como antes. Xander retoma su indiferencia y Laura se ve obligada a regresar a una vida vacía y solitaria. Lo que ninguno de los dos imagina es que aquella única noche dejó una huella imborrable.
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Capitulo 10
Aprovechando que Xander estaba fuera de viaje, Laura salió una mañana para visitar la casa que había alquilado. Al llegar a la zona, se detuvo un momento en un parque cercano para descansar, y fue entonces cuando escuchó una voz familiar que la llamaba por su nombre.
—¿Laura? ¿Eres tú?
Al levantar la vista, se encontró con Marcos, un viejo amigo de la universidad que no veía desde hacía años. Era un hombre amable, de mirada tranquila y siempre dispuesto a ayudar.
—¡Marcos! Qué sorpresa —respondió ella con una sonrisa sincera, de esas que hacía mucho no le salían de verdad.
—No podía creerlo —dijo él acercándose con respeto—. Me dijeron que te habías casado y te habías mudado a esta zona, pero nunca tuve la oportunidad de buscarte. ¿Cómo estás?
Laura sintió una mezcla de alegría y ganas de desahogarse. Sin pensarlo demasiado, aceptó su invitación para sentarse en un banco a conversar. Con el paso de los minutos, la confianza volvió a aparecer, y poco a poco ella le contó la verdad sobre su matrimonio, la frialdad de Xander y la decisión que estaba tomando.
Marcos la escuchó en silencio, con atención y sin juzgarla. Cuando ella terminó, le habló con mucha suavidad:
—Laura, lo que cuentas es muy doloroso, pero me alegra ver que no te rindes. Nadie merece vivir mendigando cariño, y mucho menos llevar una vida donde el único calor viene de uno mismo.
—A veces tengo miedo —admitió ella con voz baja, acariciando su vientre—. Irme así, empezar de cero… pero no quiero que mi hijo crezca creyendo que la indiferencia es normal.
—Y haces muy bien —afirmó él con firmeza y bondad—. Un niño necesita sentir que es deseado, que es amado y que tiene un hogar donde la presencia vale más que cualquier lujo. Si su padre biológico no quiere cumplir con eso, no significa que no pueda tener a alguien que sí lo haga con todo el corazón.
Laura lo miró sorprendida por sus palabras, pero también reconfortada.
—¿Tú crees que es posible? Que mi hijo pueda tener una figura paterna que lo quiera de verdad, aunque no sea quien yo esperaba al principio…
—Claro que sí —respondió Marcos con una sonrisa sincera—. El amor no se lleva en la sangre solo, se demuestra con hechos, con tiempo y con cuidado. Y si necesitas ayuda en lo que sea: trámites, transporte, cualquier cosa para preparar tu nueva casa, cuenta conmigo sin dudarlo. No te pido nada a cambio, solo quiero que estés bien.
Ella sintió que, por primera vez en mucho tiempo, no estaba sola. Sus palabras sembraron en su alma una certeza que antes no tenía: su hijo no estaría condenado a la soledad, y ella merecía mucho más de lo que Xander jamás le había dado.
—Gracias, Marcos —le dijo con los ojos llenos de lágrimas de gratitud—. Tener a alguien que me escuche y me apoye me da las fuerzas que me faltaban.
—Estoy aquí para lo que necesites —le aseguró él—. Nunca lo olvides.
Laura se quedó en silencio unos instantes, sintiendo cómo la carga que llevaba en los hombros se hacía más ligera con sus palabras. Por primera vez en años, escuchaba una voz que no le hablaba de acuerdos, ni de obligaciones, ni de lujos, sino de lo que realmente valía la pena.
—A veces pienso que estoy cometiendo un error —confesó ella en voz baja—. Que quizás debería quedarme y esperar a que él cambie… pero cada día que pasa me doy cuenta de que ese cambio nunca va a llegar.
Marcos negó con suavidad y le miró con comprensión.
—Esperar algo que no va a llegar no es paciencia, Laura, es malgastar tu vida y la de tu hijo. Tú mereces que te quieran por quien eres, no por lo que representas. Y tu bebé merece crecer sintiéndose deseado, no tolerado.
Ella asintió con el corazón más tranquilo, acariciando su vientre con más confianza.
—Tienes razón. Ya no voy a mirar hacia atrás. Solo quiero avanzar.
Más tarde, mientras caminaba de regreso, Laura repasaba en su mente lo que le había dicho. Una idea nueva comenzó a tomar forma en su pensamiento: quizás el destino tenía preparado para su hijo algo mejor que el apellido y la riqueza sin afecto. Quizás, en el futuro, ese pequeño podría encontrar en alguien como Marcos el cariño y la protección que su propio padre nunca le daría.
Y por primera vez, la frase que rondaba su cabeza —mi hijo tendrá otro padre— dejó de sonar como una amenaza o una tristeza, para convertirse en una posibilidad de felicidad.