no estaba buscando amor cuando descargó una app de citas.
Solo quería escapar de la vida asfixiante que tenía en Londres.
Sin trabajo y desesperada por irse de casa de sus padres, acepta la extraña propuesta de , un hombre frío, reservado y marcado por un divorcio escandaloso.
Él le ofrece ayudarla.
A cambio, solo debe acompañarlo a Emiratos Árabes Unidos.
Sin sentimientos.
Sin preguntas.
Sin involucrarse demasiado.
Pero entre el lujo, los silencios y la distancia que Nael impone entre ambos, Liora descubre que algunas personas esconden más dolor del que dejan ver.
Y que enamorarse de alguien como Nael Al-Hadid nunca fue parte del plan.
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Capitulo 4
Nael
No entendía cómo una persona podía responder mensajes únicamente por las noches.
Tener internet en el teléfono era lo más normal del mundo. Sin embargo, jamás le pregunté a Liora por qué desaparecía durante horas.
Respetar el espacio del otro era fundamental.
Además, había algo en ella que me hacía pensar que insistir demasiado solo lograría que se alejara.
Y extrañamente… no quería eso.
Me encontraba en la cocina del apartamento viendo BBC News mientras tomaba café negro cuando apareció Evelyn otra vez.
La sección de entretenimiento ya parecía obsesionada con nuestro divorcio.
“Diez años sacrificados”, decía el titular.
Suspiré lentamente.
Evelyn hablaba frente a las cámaras sobre todo lo que había dejado por nuestro matrimonio, sobre lo difícil que había sido vivir conmigo y sobre el dolor que supuestamente le causó nuestra separación.
Ni una sola vez mencionó su infidelidad.
Ni una sola vez habló del hombre con el que me engañó.
Mi teléfono sonó.
—¿Estás viendo la BBC? —preguntó mi abogado apenas respondí.
—Sí.
—Deberíamos demandarla.
Cerré los ojos un momento.
—No.
—Nael, está dañando tu imagen pública.
—Hay peleas que no valen la pena.
Hubo un silencio breve.
Al final, fue ella quien pidió el divorcio.
Ella quien me engañó con alguien a quien llamaba amigo.
Y aun así… no quería convertir diez años de mi vida en una guerra pública.
—Piensa en ello —dijo mi abogado antes de colgar.
Tomé las llaves del automóvil y salí del apartamento.
Los periodistas ya estaban afuera.
Cámaras apuntándome incluso antes de bajar las escaleras.
Eso era lo que más detestaba de vivir en London.
La privacidad aquí era un lujo.
En Emiratos al menos existían límites más claros. Nadie podía seguirte con una cámara hasta la puerta de tu casa sin consecuencias.
Una parte de mí ya deseaba estar lejos de Londres.
Lejos del ruido.
Lejos de Evelyn.
Lejos de todo.
Mientras conducía, pensé en Liora.
Ella tampoco había pedido fotografías.
Ni siquiera parecía interesada en quién era realmente.
Eso resultaba… agradable.
Mi hermano Karim me llamó justo cuando me detenía en un semáforo.
—No olvides el collar.
—Sigo pensando que podrías haberlo conseguido en Abu Dabi.
—Créeme, no. Samira quiere específicamente ese.
Suspiré.
—¿Cuál era el nombre?
—El collar Celestial Mirage de [Boodles](https://www.boodles.com?utm\_source\=chatgpt.com). Ya está apartado a tu nombre.
Claro.
Un collar extremadamente costoso para una boda que ya parecía más un evento diplomático que una ceremonia familiar.
Conduje hasta Bond Street y entré a la joyería.
La dependienta cambió completamente su actitud apenas reconoció mi apellido.
—Señor Al-Hadid, es un placer recibirlo otra vez.
Asentí educadamente.
Minutos después colocó frente a mí una caja elegante con el collar de diamantes.
—Su prometida tiene muy buen gusto.
—No es para mí.
Ella sonrió demasiado.
—Aun así, debe ser agradable tener a alguien especial esperando un regalo así.
Ignoré el comentario.
Siempre ocurría lo mismo.
Interés disfrazado de amabilidad.
Pagué y entregué el paquete a mi chófer.
—Llévalo al apartamento. Que lo empacen en las maletas para Emiratos.
—Sí, señor.
Cuando finalmente regresé a casa, ya era de noche.
Después de rezar el Isha, me senté en la sala con el teléfono entre las manos.
Había pasado todo el día pensando en algo absurdo.
Liora.
No tenía lógica.
Apenas la conocía.
Sin embargo, sus mensajes se habían convertido en una parte extrañamente tranquila de mis noches.
Abrí nuestra conversación.
Ella estaba conectada.
“¿Tu día mejoró un poco?”
La respuesta llegó casi enseguida.
“No realmente, pero sobreviví.”
Leí la frase varias veces.
Siempre respondía como alguien acostumbrado a resistir cosas sola.
“Eso ya es bastante.”
Pasaron unos segundos.
“¿Y tú? ¿Cómo estuvo tu día millonario y elegante?”
Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro.
“No fue elegante. Solo largo.”
“Sigues siendo sospechosamente educado para alguien en una aplicación de citas.”
“Tal vez tú tienes estándares muy bajos.”
Ella tardó un poco antes de responder.
“Eso sonó como algo que diría un hombre de cuarenta años.”
Solté una risa baja.
No recordaba la última vez que alguien logró eso.
“Probablemente.”
La conversación siguió durante casi una hora.
Ella hablaba poco de sí misma, pero comenzaba a notar detalles:
evitaba mencionar a su familia,
nunca hablaba de amigos,
parecía agotada constantemente.
Y aun así… seguía siendo amable.
Miré la pantalla unos segundos antes de escribir lo que llevaba horas pensando.
“Tengo que hacerte una pregunta un poco extraña.”
“Eso suena preocupante.”
“Necesito viajar a Emiratos Árabes Unidos la próxima semana por asuntos familiares y de negocios.”
La notificación de “escribiendo…” apareció y desapareció varias veces.
“Eso definitivamente no es una pregunta.”
Apoyé la cabeza contra el sofá.
Directo.
Siempre había sido directo.
“No me gustan este tipo de aplicaciones, Liora. Tampoco las conversaciones vacías. Así que voy a ser honesto contigo.”
Silencio.
Luego:
“Ahora sí me preocupé.”
Respiré lentamente antes de escribir.
“Mi familia insiste en que vaya acompañado a la boda de mi hermano. Y pensé… que tal vez podrías venir conmigo.”
Pasaron varios segundos sin respuesta.
Demasiados.
Hasta que finalmente apareció un mensaje.
“¿Perdón?”