Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 23 — La melodía del pasado
"Hay recuerdos que no necesitan palabras para volver a doler. A veces basta una melodía para abrir una herida que nunca cerró."
Yokohama nunca había parecido tan silenciosa.
Las luces de la ciudad brillaban como siempre.
Los autos continuaban recorriendo las calles.
Las personas caminaban sin imaginar que, detrás de aquella noche tranquila, una vieja historia estaba a punto de despertar.
Entonces ocurrió.
Una melodía comenzó a sonar.
Al principio fue solo un sonido lejano.
Un piano suave acompañado por un saxofón melancólico que parecía venir de otra época.
Después apareció la guitarra acústica, creando una sensación extraña.
Como si aquella canción no perteneciera al presente.
Como si hubiera viajado durante años para encontrar a una persona específica.
En diferentes puntos de Yokohama, los altavoces comenzaron a reproducir la misma canción.
Una melodía llamada...
Golden Blue Love.
Una canción que hablaba de recuerdos, de un amor imposible y de aquello que permanece incluso cuando una persona ya no está.
La voz del cantante Elias Thorne llenó la ciudad con una tristeza elegante.
Para muchos solo era una canción antigua.
Una melodía hermosa que alguien decidió compartir.
Pero para Kento...
Era una amenaza.
En el momento en que escuchó las primeras notas, su expresión cambió.
Los demás lo notaron inmediatamente.
—¿Qué sucede? —preguntó Yuki.
Kento permaneció inmóvil.
Durante unos segundos parecía que había regresado a otra época.
A los años noventa.
A una época donde todavía era joven.
Donde Kaiser aún era su amigo.
Donde una mujer sonreía mientras escuchaba aquella misma melodía.
Una época antes de que todo se destruyera.
—Esa canción...
Su voz salió baja.
—¿La conoces? —preguntó Shuto.
Kento miró hacia la ventana.
La música seguía sonando por toda la ciudad.
—Era su canción favorita.
Todos entendieron inmediatamente a quién se refería.
Kaiser.
Aquella mujer había sido la razón por la que dos amigos terminaron convirtiéndose en enemigos.
Y ahora, después de más de veinte años, esa misma melodía estaba sonando nuevamente.
Pero esta vez no era un recuerdo.
Era un mensaje.
—Kaiser la está usando para hablar conmigo —dijo Kento.
Asher frunció el ceño.
—¿Una canción puede ser una amenaza?
Kento no apartó la mirada de la ciudad.
—Cuando conoces a alguien durante tanto tiempo... aprendes que sus silencios dicen más que sus palabras.
La música continuaba.
El saxofón parecía llorar una historia perdida.
El piano recordaba momentos que nunca volverían.
El violín que entraba lentamente en la melodía parecía representar una despedida que quedó incompleta.
Era hermosa.
Pero también era dolorosa.
Porque Kento sabía la verdad.
Kaiser no había elegido esa canción por casualidad.
No quería que todos la escucharan.
Quería que una sola persona la entendiera.
Él.
—Es una declaración de guerra —dijo finalmente.
El ambiente quedó completamente serio.
Yuki observó a Kento.
—¿Estás seguro?
Kento cerró los ojos.
Recordó a un joven Kaiser sonriendo.
Recordó las promesas que ambos hicieron.
Recordó la noche en que todo cambió.
—Sí.
Abrió los ojos.
—Kaiser acaba de decirme que sigue esperando cumplir su promesa.
Mientras tanto, en otro lugar de Yokohama, un hombre observaba la ciudad iluminada desde una ventana.
Kaiser Himura permanecía en silencio.
La misma melodía sonaba dentro de la habitación.
Sobre la mesa había una fotografía antigua.
Él.
Kento.
Y aquella época que nunca pudo olvidar.
Kaiser tomó la imagen entre sus manos.
Por un momento, su expresión mostró algo diferente.
No era odio.
Era nostalgia.
Pero aquel sentimiento desapareció rápidamente.
Porque el pasado también podía convertirse en una cadena.
—¿La escuchas, Kento?
Susurró mientras miraba las luces de la ciudad.
—Después de tantos años... finalmente estamos escuchando la misma canción otra vez.
Dejó la fotografía sobre la mesa.
La melodía llegó a su última nota.
Y cuando el sonido desapareció...
La guerra dejó de ser una amenaza.
Ahora era una realidad.
Porque algunas canciones nacen para recordar momentos felices.
Pero otras...
Nacen para anunciar el comienzo de una tragedia.