Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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5- dos mundos con la misma presión
El sábado llegó más rápido de lo que Valentina hubiera querido.
A las diez de la mañana ya estaba en la antigua residencia de los Visconti.
Una elegante propiedad rodeada de jardines, donde el lujo nunca resultaba ostentoso.
Era simplemente...
Hogar.
Apenas cruzó la puerta, una mujer de unos cincuenta años salió de la cocina con una enorme sonrisa.
—¡Mi niña!
—¡Rosa!
Valentina dejó el bolso sobre un sillón y abrazó con fuerza a la mujer.
Rosa llevaba más de veinte años trabajando con la familia.
Había visto crecer a Valentina y a Lorenzo.
Los quería como si fueran sus propios hijos.
—Estás más delgada.
Dijo mientras le acomodaba un mechón de cabello.
—Eso dice cada vez que vengo.
Respondió Valentina riendo.
—Porque cada vez trabajas más.
Y eso no me gusta.
—Estoy bien.
Lo prometo.
Rosa negó con la cabeza.
—Eso mismo decía tu madre.
Valentina sonrió con nostalgia.
Todavía le costaba escuchar aquella comparación.
—¡Enana!
Una voz masculina resonó desde el segundo piso.
Valentina levantó inmediatamente la vista.
—¡Lorenzo!
Su hermano bajó las escaleras de dos en dos.
Alto. Cabello oscuro.
La misma elegancia natural de su padre.
Pero con una sonrisa mucho más relajada.
La abrazó con fuerza.
—¿Cómo está mi doctora favorita?
—Cansada.
—¿Y Daniel?
Valentina sonrió.
—Trabajando.
No pudo venir.
Lorenzo hizo una pequeña mueca.
—Trabaja demasiado.
—Los dos trabajamos demasiado.
—Precisamente por eso deberías venir más seguido.
Valentina iba a responder cuando una voz grave los interrumpió.
—Porque aquí siempre tendrás una familia esperándote.
Giovanni Visconti descendía lentamente por la escalera.
Vestía un pantalón de lino y una camisa blanca.
Nada en él hacía pensar que era uno de los empresarios más importantes del país.
Para Valentina...
Simplemente era su padre.
Ella caminó hasta él y lo abrazó.
—Hola, papá.
Giovanni besó su frente.
—Qué felicidad verte.
Los tres pasaron al comedor.
El ambiente era cálido.
Las bromas iban y venían.
Lorenzo contaba anécdotas de la empresa.
Valentina hablaba del hospital.
Durante casi una hora... No hubo empresarios.
Ni doctores.
Solo una familia disfrutando del almuerzo.
Hasta que Giovanni carraspeó.
Valentina levantó la vista.
Conocía perfectamente ese carraspeo.
—Papá...
—Solo una pregunta.
Lorenzo soltó una risa.
—Ya empezó.
Giovanni ignoró el comentario.
—¿Cómo va Daniel?
—Bien.
Respondió Valentina.
—Mucho trabajo.
—¿Y la relación?
Ella sonrió.
—También bien.
Giovanni permaneció unos segundos en silencio.
—Me alegra, de verdad.
Pero..
Valentina dejó lentamente los cubiertos sobre el plato.
—¿Hay un "pero"?
—Siempre hay un "pero" cuando habla papá.
Intervino Lorenzo divertido.
Giovanni le lanzó una mirada.
—No ayudas.
Lorenzo levantó ambas manos.
—Continúa.
Giovanni volvió a mirar a su hija.
—Solo me preocupa que estés poniendo toda tu vida en pausa.
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Al hospital, a Daniel.
Y a nada más Hija...
Dentro de menos de un año cumplirás veintiocho.
Ya comenzamos a preparar el proceso para que asumas parte de tus responsabilidades en Visconti Group.
Valentina asintió.
—Lo sé.
—Y también me gustaría saber que no estás desperdiciando los mejores años de tu vida esperando algo que quizá nunca llegue.
La sonrisa de Valentina desapareció apenas un poco.
—Papá... Daniel y yo estamos bien.
Giovanni tomó la mano de su hija.
—Eso espero.
Porque si algún día deja de hacerte feliz...
No dudes ni un segundo en marcharte.
Valentina sostuvo su mirada.
—Lo tendré presente.
Aunque estaba convencida...
De que ese día jamás llegaría
A varios kilómetros de allí...
Don Vittorio observaba a Alessandro recorrer la bodega familiar.
—Mañana tendremos una reunión importante.
Dijo con tranquilidad.
—¿Con quién?
Preguntó Alessandro.
—Con los Ferrer.
Alessandro se detuvo en seco.
—No iré.
—No pregunté si irías.
Te estoy informando.
Alessandro cerró lentamente una carpeta.
—Tengo trabajo.
—El trabajo puede esperar. La familia no.
El silencio volvió a instalarse entre ambos
Cada conversación...
Terminaba exactamente igual.
Con dos hombres queriendo proteger aquello que consideraban correcto.
Y sin darse cuenta...
Alejándose cada vez más el uno del otro.
El ambiente en la bodega Moretti permaneció en silencio unos segundos.
Alessandro cerró lentamente la carpeta que sostenía entre las manos.
—Tío... Tengo una reunión con inversionistas el lunes a primera hora.
Necesito preparar la presentación.
Don Vittorio lo observó con paciencia.
—¿Cuántos empleados tiene ya Asterion?
—Más de mil doscientos.
—¿Y cuántos de ellos dependen de tus decisiones?
—Todos.
Vittorio asintió.
—Precisamente por eso eres el hombre que necesito.
Alessandro dejó escapar un suspiro.
—No volveremos a tener esta conversación.
—La tendremos las veces que haga falta.
Porque un día entenderás que hay responsabilidades de las que no puedes escapar.
Alessandro sostuvo su mirada.
—No estoy escapando.
Estoy eligiendo. Hay una diferencia.
Vittorio sonrió con una calma que a Alessandro siempre le resultaba inquietante.
—¿Crees que yo nunca quise elegir?
Aquella pregunta tomó a Alessandro por sorpresa.
Vittorio continuó caminando entre los enormes estantes de vino.
—Cuando tenía tu edad también soñaba con una vida distinta.
Pero alguien debía hacerse cargo.
Y me tocó a mí.
Ahora... Te toca a ti.
Alessandro negó lentamente.
—No. Le toca a Dante.
Los ojos de Vittorio se endurecieron apenas un instante.
—Dante heredó mi apellido.
Tú heredaste el carácter de tu padre.
Y eso pesa mucho más.
Sin añadir una palabra más, Vittorio abandonó la bodega.
Alessandro permaneció inmóvil.
Cada conversación con su tío terminaba dejándole la misma sensación.
Como si el futuro que tanto intentaba evitar estuviera esperándolo pacientemente.
Aquella noche...
Alessandro regresó a su apartamento.
Se quitó el saco. Aflojó la corbata.
Y se dejó caer sobre el sofá.
El silencio era absoluto.
Encendió el televisor. Lo apagó apenas unos segundos después.
No tenía ganas de ver nada.
Tomó el teléfono. Buscó un contacto.
Matteo.
—¿Qué haces?
—Estoy ganándome el sueldo.
Respondió Matteo al otro lado de la línea.
—¿Por?
—¿Quieres cenar?
Hubo un breve silencio.
—Eso significa que hablaste con Don Vittorio.
—Sí.
—Voy para allá.
Y no cocines.
Que la última vez casi incendias el apartamento.
Alessandro sonrió.
—Exagerado.
—Hermano...
Quemaste una olla hirviendo.
Eso tiene talento.
Una hora después...
Los dos comían comida china directamente de las cajas de cartón.
—Entonces... ¿Qué quería?
Preguntó Matteo.
—Lo mismo de siempre.
Que me haga cargo de la familia.
Matteo asintió.
Como si la respuesta fuera evidente.
—¿Y Dante?
—Dice que no está preparado.
Matteo dejó los palillos sobre la mesa.
—¿Sabes qué pienso?
—Sorpréndeme.
—Que Don Vittorio no busca al mejor heredero.
Busca al hombre que más se parece a tu padre.
Alessandro permaneció en silencio.
Nunca le había gustado esa comparación.
Matteo cambió de tema.
—Por cierto...
¿Cómo va la candidata número doce?
Alessandro lo miró con resignación.
—No vuelvas a llamarlas así.
—Está bien.
¿Cómo va la señorita Emilia?
—Espero que no vuelva nunca más.
Los dos soltaron una carcajada.
Mientras tanto...
En el Hospital Santa Emilia...
Lucía terminaba su turno.
Guardó algunos documentos dentro de su bolso.
Antes de salir, observó discretamente el consultorio de Valentina.
La puerta seguía abierta.
Valentina revisaba unos exámenes.
Daniel apareció pocos segundos después con dos cafés.
Lucía los observó desde la distancia.
Los vio reír. Hablar.
Compartir aquel pequeño momento.
Su expresión se volvió completamente seria.
Metió la mano en el bolsillo.
Sacó el teléfono.
Abrió la fotografía que había tomado el día anterior junto a Daniel.
La contempló durante unos segundos.
Después sonrió para sí.
—Todavía no...
Murmuró en voz baja.
—Pero falta muy poco.
Guardó nuevamente el teléfono.
Y salió del hospital.
Con una paciencia inquietante.
Porque había decidido algo.
No le bastaba con acercarse a Daniel.
Quería ocupar el lugar de Valentina.
Y estaba dispuesta a esperar el tiempo que fuera necesario para conseguirlo.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.