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Renzo Vittorino, El Jefe De La Mafia Búlgara

Renzo Vittorino, El Jefe De La Mafia Búlgara

Status: Terminada
Genre:Acción / Mafia / Venderse para pagar una deuda / Romance oscuro / Completas
Popularitas:740
Nilai: 5
nombre de autor: Rosi araujo

Renzo Vittorino no es solo un líder; es la encarnación de la ley dentro de la mafia búlgara. Conocido por su frialdad quirúrgica y un código de honor inquebrantable, gobierna mediante el miedo y la eficiencia. Para Renzo, las mujeres siempre han sido accesorios temporales o herramientas políticas; nunca ha permitido que nadie interfiera en sus decisiones, manteniendo un control absoluto.
Al rastrear a un antiguo rival que le debe una suma astronómica, Renzo se enfrenta a una situación que desafía incluso su visión pragmática del mundo. Sin dinero ni bienes, el deudor ofrece su última “mercancía”: una joven mantenida cautiva en el sótano de una casa oscura.

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Capítulo 16

El sol aún no había nacido cuando Renzo despertó a Aurora con un toque suave en el hombro. El ático estaba sumergido en aquel silencio grisáceo que precede al amanecer.

Él la ayudó a vestir una ropa táctica ligera, tejidos tecnológicos que no limitaban sus movimientos, y le calzó botas de caña corta que sujetaban bien los tobillos.

Renzo— Quiero llevarte a entrenar

susurró él, la voz aún ronca de sueño.

Renzo— En un lugar donde solo vamos a estar tú y yo. Sin cámaras, sin seguridades a menos de un kilómetro de distancia. Solo la tierra y el mar.

Aurora, sentada en el borde de la cama, se frotó los ojos nublados.

Aurora— ¿No estás cansado, Renzo?

preguntó ella, la voz dulce y preocupada.

Aurora — Pasaste el día lidiando con el puerto, con la sede... apenas dormiste.

Renzo se detuvo por un instante, observando la silueta de ella. El cansancio de él era una herida abierta, pero la presencia de Aurora era el curativo.

Renzo— Estar contigo es mi descanso, pequeña loba. Pero mañana el tratamiento comienza. Y antes de que tu cuerpo enfrente aquella batalla química, quiero que sientas lo que es ser verdaderamente libre.

Viajaron en silencio por casi una hora hasta alcanzar una propiedad privada de Renzo en el litoral.

Era una ensenada aislada, cercada por peñascos de caliza que bloqueaban cualquier mirada curiosa.

Cuando Renzo abrió la puerta del coche, el sonido del mundo de Aurora cambió drásticamente.

El olor a sándalo fue sustituido por el salitre cortante y por el aroma de algas y arena mojada.

El sonido constante del tránsito de Sofía dio lugar al rugido rítmico y poderoso de las olas quebrando en la costa. Renzo la tomó de la mano y la guio fuera del asfalto. En el momento en que los pies de Aurora tocaron la arena, ella se detuvo, asustada.

Aurora— El suelo... se está escapando de mí

dijo ella, apretando la mano de él con fuerza.

Renzo— Es la arena, Aurora. Ella es inestable, como la vida. Si luchas contra ella, te hundirás. Si fluyes con ella, serás invencible.

Él la llevó hasta la orilla del agua, donde la arena era más firme y húmeda. El viento soplaba fuerte, azotando los cabellos rojizos de Aurora, que brillaban como cobre en la penumbra del pre-amanecer.

Renzo— Quítate las botas

Ordenó él. Ella obedeció, sintiendo el frío del agua salada lamer sus pies por primera vez en la vida. El choque térmico la hizo reír, un sonido cristalino que se perdió en el viento.

Renzo— Hoy el entrenamiento no es sobre contar pasos

dijo Renzo, posicionándose detrás de ella, las manos grandes sujetando la cintura fina.

Renzo— Es sobre equilibrio e instinto. En el sótano, tu mundo era estático. Aquí, todo se mueve. El agua, la arena, el viento. Yo quiero que luches conmigo aquí, donde el suelo te traiciona a cada segundo.

Renzo comenzó a moverla. Él no facilitaba. Él la empujaba levemente, forzándola a encontrar el centro de gravedad mientras la arena cedía bajo sus talones.

Renzo— Siente la ola viniendo

murmuró él en el oído de ella.

Renzo— Escucha el retroceso del agua antes de que quiebre. El sonido te dice el tamaño del impacto.

Aurora cerró los ojos, entregándose a los oídos. Ella oía el chirrido de la espuma y el estruendo sordo de la masa de agua.

Cuando la ola golpeaba en sus canillas, ella intentaba mantenerse firme, usando los músculos de las piernas que Renzo la había ayudado a construir.

Renzo— Ahora, revida

dijo él, soltándola. Él circuló alrededor de ella en la arena suave. Aurora intentaba localizarlo por el sonido de los pasos de él, pero el ruido del mar era un disfraz perfecto.

Aurora— ¡No consigo oírte, Renzo! ¡El mar es muy alto!

gritó ella, la frustración comenzando a surgir.

Renzo— No uses solo los oídos. ¡Usa la piel! ¡Siente el desplazamiento del aire!

la voz de él vino de atrás, y luego enseguida ella sintió el brazo de él envolver su cuello en una corbata suave.

Aurora reaccionó por puro instinto.

Ella se inclinó hacia adelante, usando el peso de él contra él mismo, exactamente como él le había enseñado en la academia. Pero en la arena, el movimiento era diferente.

Ellos cayeron juntos, rodando en la arena mojada mientras el agua fría los lavaba.

Renzo acabó por encima de ella, prendiendo los pulsos de Aurora contra la arena.

La respiración de ambos era corta y rápida. El agua del mar escurría por el rostro de Renzo, cayendo sobre el de Aurora.

Renzo— Me derribaste

dijo él, con un orgullo salvaje en la voz.

Renzo— En suelo inestable, fuiste más rápida que el predador.

Ellos se quedaron allí por un largo tiempo, echados en la arena mientras el cielo comenzaba a clarear en tonos de violeta y naranja. Renzo la jaló para su pecho, protegiéndola del viento frío con el propio cuerpo.

Renzo— Mañana el Dr. Aris va a comenzar la limpieza de tu sangre

comenzó Renzo, la voz quedando sombría.

Renzo— No voy a mentirte, Aurora. Va a ser un infierno. El veneno que Mikhail puso en ti va a luchar para quedarse. Vas a sentir dolores que nunca sentiste, tendrás fiebre y tal vez quieras desistir de ver.

Aurora buscó la mano de él en la oscuridad y la llevó al rostro.

Aurora— Yo sobreviví a doce años en un sótano comiendo sobras, Renzo. Yo sobreviví a la soledad absoluta. Si el dolor es el precio para que yo vea el rostro del hombre que me salvó, yo pagaría diez veces más.

Renzo sintió un apretón en el pecho que ninguna bala jamás le había causado. Él la abrazó con más fuerza, sintiendo el olor a mar en los cabellos de ella.

Renzo— Yo estaré allí. En cada minuto. Si necesitas gritar, grita en mí. Si necesitas quebrar algo, quiebra mis manos. Pero tú vas a atravesar eso.

Antes de volver para el coche, Renzo la llevó para una parte más profunda de la ensenada, donde el agua llegaba a la cintura.

Renzo— Sumérgete, Aurora

dijo él.

Renzo— Deja que la sal limpie el resto de aquel sótano. Considera eso un bautismo. La niña que Mikhail creó muere en este océano hoy. La mujer que yo creé es quien va a volver para la ciudad conmigo.

Aurora inspiró profundamente y se sumergió. En aquel silencio subacuático, donde el sonido del mundo era apagado, ella sintió una paz extraña.

El peso del cuerpo desapareció. Ella no era más la ciega, la rojiza, la mercancía. Ella era apenas un ser vivo, fluyendo en la inmensidad.

Cuando ella emergió, sus cabellos estaban pegados al rostro y ella temblaba de frío, pero sus ojos nublados parecían brillar con una nueva determinación.

Renzo la esperaba con una cobija térmica abierta. Él la envolvió y la cargó en los brazos hasta el coche, como si ella fuese la joya más preciosa y frágil de su colección, pero también la más letal.

Renzo— Se acabó la diversión

murmuró él mientras encendía el motor.

Renzo— Ahora, nosotros entramos en la guerra de verdad.

Aurora apoyó la cabeza en el asiento, oyendo el ronquido del motor. Ella sabía que la mañana siguiente traería agujas, luces dolorosas y el fantasma de Mikhail en cada gota de sudor de la desintoxicación.

Pero ella también sabía que, cuando abriese la boca para pedir ayuda, el sabor que encontraría sería la sal de aquella playa y la fuerza de las manos de Renzo.

Ella estaba lista para ver. Aunque la luz tuviese que quemar todo lo que ella había sido antes.

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