Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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19.. El. Dragón más celoso del imperio
El gran salón del Palacio Negro quedó completamente en silencio.
El príncipe heredero permaneció inmóvil durante unos segundos, observando la mano de Alisa entrelazada con la de Arion.
Ya no había nada que pudiera decir.
No después de haber escuchado, una vez más, el rechazo de la propia joven.
Bajó lentamente la mirada.
—Perdón por haber insistido tanto.
Nadie respondió.
El príncipe realizó una breve reverencia hacia Alisa.
Después miró a Arion.
—No volveré a cruzar esa puerta sin ser invitado.
Arion no contestó.
Solo sostuvo su mirada con la misma firmeza de siempre.
Finalmente, el heredero dio media vuelta y abandonó el Palacio Negro.
El sonido de las puertas cerrándose marcó el final de una disputa... o al menos eso parecía.
Durante los días siguientes...
Los sirvientes comenzaron a notar un extraño comportamiento en el Archiduque.
—¿Dónde está Lady Alisa?
—En la biblioteca, mi señor.
Cinco minutos después...
—¿Y ahora?
—En el invernadero.
Diez minutos más tarde...
—¿Y ahora?
—Está tomando el té con la señora Beatrice.
Los sirvientes empezaron a intercambiar miradas divertidas.
Era evidente.
Arion no se despegaba de Alisa ni un solo instante.
Si ella iba al jardín...
Él también.
Si leía un libro...
Él terminaba sentado a su lado, fingiendo leer otro.
Si caminaba por los pasillos...
Él aparecía misteriosamente unos pasos detrás.
Alisa terminó por suspirar.
—Arion...
Él levantó la vista del libro que claramente no estaba leyendo.
—¿Sí?
—¿Me estás siguiendo?
—No.
—Llevas tres horas detrás de mí.
—Coincidencia.
Ella lo miró con los ojos entrecerrados.
—Una coincidencia muy persistente.
Aquella mañana, aprovechando que Arion se encontraba reunido con varios consejeros, Alisa decidió escapar unos minutos.
Caminó por un corredor que rara vez utilizaba.
Al final encontró una enorme explanada.
Era el campo de entrenamiento de los caballeros del Palacio Negro.
Decenas de soldados practicaban con espadas de madera.
Otros entrenaban a caballo.
El capitán de los caballeros se acercó respetuosamente.
—Lady Alisa.
¿Desea observar el entrenamiento?
Ella sonrió.
—Si no es una molestia.
—Será un honor.
Los caballeros continuaron con sus ejercicios.
Alisa observaba fascinada la disciplina con la que todos entrenaban.
Uno de los jóvenes caballeros, de cabello castaño, se acercó con una sonrisa.
—Mi lady...
¿Le gustaría intentar sostener una espada?
Alisa soltó una pequeña risa.
—No prometo hacerlo bien.
El muchacho le entregó una espada de práctica.
Ella apenas logró levantarla.
—¡Pesa muchísimo!
Los caballeros comenzaron a reír con amabilidad.
El ambiente era relajado.
Hasta que una sombra cubrió el patio.
Todos levantaron la vista.
Arion acababa de llegar.
Sus ojos recorrieron el lugar.
Primero la espada en las manos de Alisa.
Después al joven caballero que estaba demasiado cerca de ella.
Y, finalmente...
La sonrisa de ambos.
El capitán tragó saliva.
—Uh...
Ya llegó.
El joven caballero sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Arion caminó lentamente hasta quedar frente a ellos.
—¿Interrumpo algo?
—¡N-no, mi señor! —respondió el caballero, dando tres pasos hacia atrás.
Alisa cruzó los brazos.
—Solo estaba aprendiendo.
Arion tomó la espada de entrenamiento.
La dejó nuevamente sobre el soporte.
Después miró al muchacho.
—Buen trabajo.
El caballero sonrió con alivio.
Hasta que Arion añadió:
—Ahora da cien vueltas al campo.
Con armadura completa.
—¿Cien?
—¿Prefieres doscientas?
—¡No, mi señor!
El pobre joven salió corriendo mientras los demás intentaban contener la risa.
Alisa no pudo evitar mirarlo.
—¿Acabas de castigarlo por hablar conmigo?
Arion respondió con total tranquilidad.
—Necesitaba más entrenamiento.
Ella arqueó una ceja.
—Qué casualidad.
Esa misma tarde, el Palacio Imperial celebró una reunión con los principales aristócratas del Imperio.
Arion asistió acompañado por Alisa.
Durante toda la ceremonia ocurrió exactamente lo que todos esperaban.
El Archiduque no se separó de ella ni un instante.
Si alguien se acercaba demasiado...
Él daba un pequeño paso al frente.
Si algún noble intentaba prolongar demasiado una conversación...
Arion aparecía misteriosamente a su lado.
Los murmullos no tardaron en extenderse.
—Está completamente enamorado.
—Jamás había visto al Archiduque actuar así.
—Parece un dragón vigilando su tesoro.
Entre los invitados se encontraba Elena.
La joven recién llegada observaba la escena desde la distancia.
No conocía a ninguno de los dos.
Pero algo llamó profundamente su atención.
La forma en que Arion miraba a Alisa.
No era posesión.
Era devoción.
Y Alisa respondía con una sonrisa que parecía iluminar todo el salón.
Elena sintió una extraña punzada en el pecho.
Como si estuviera contemplando una historia que ya había comenzado sin ella.
Mientras tanto...
El príncipe heredero permanecía solo junto a uno de los balcones.
Su expresión era sombría.
No apartaba la mirada de la pareja.
Elena respiró hondo y decidió acercarse.
—Su Alteza.
El príncipe volvió apenas la cabeza.
—¿Sí?
—Soy Elena.
El Sumo Sacerdote me pidió presentarme ante usted.
Él realizó un saludo educado.
Pero volvió inmediatamente la vista hacia el salón.
Elena siguió la dirección de su mirada.
Y comprendió al instante.
No era odio.
Era tristeza.
Porque el corazón del príncipe seguía atrapado en alguien que jamás le correspondería.
Cuando la reunión terminó, Arion y Alisa regresaron juntos al carruaje.
Apenas las puertas se cerraron, la joven soltó un largo suspiro.
Arion la miró preocupado.
—¿Ocurre algo?
Ella permaneció unos segundos en silencio.
Después tomó suavemente una de sus manos.
—Quiero pedirte algo.
—Lo que sea.
Alisa sonrió con ternura.
—Deja de intentar protegerme de todo.
Él frunció ligeramente el ceño.
—No entiendo.
—No puedes espantar a cada hombre que me habla.
Ni seguirme a todas partes.
Ni mirarlos como si fueras a convertirlos en cenizas.
Arion desvió la mirada.
Ella reprimió una risa.
—Eres increíblemente celoso.
Él guardó silencio unos instantes.
Finalmente suspiró.
—Lo intento...
Pero cuando alguien se acerca demasiado a ti...
Mi dragón empieza a enfadarse antes que yo.
Alisa llevó ambas manos a su rostro.
—Entonces tendré que educar a ese dragón.
Arion sonrió por primera vez en todo el día.
—Buena suerte.
Porque ni yo consigo hacerlo.
Los dos terminaron riendo.
Sin embargo, oculto entre las sombras del gran salón imperial, alguien observaba aquella escena con una sonrisa apenas perceptible.
Y aquella persona ya había comenzado a planear el primer movimiento para romper el vínculo entre el dragón... y la mujer que había conquistado su corazón.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/