Luego de morir, reencarna en el cuerpo de la villana de un juego. Decidida a no morir, se va de vacaciones con su fortuna. Pero su paz es interrumpida con la llegada de un huevo de dragón.
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Capitulo 3.
Antes de que apareciera la primera grieta, Vivienne llegó a la conclusión de que cuidar un huevo era mucho más agotador de lo que cualquiera podía imaginar.
Jamás lo admitiría delante de Mara ni de los demás sirvientes, pero durante los últimos días había acomodado el cascarón sobre un grueso colchón, había comprado las mantas de mejor calidad del pueblo y hasta mandó traer una pequeña cuna de madera porque el suelo le parecía demasiado frío.
Naturalmente, cada vez que alguien preguntaba el motivo, respondía exactamente lo mismo.
—Lo cuido por responsabilidad. Nada más.
Mara levantó una ceja.
—Claro, mi lady.
—Es la pura verdad.
—No dije lo contrario.
Vivienne apartó la mirada con una ligera tos.
También utilizaba su magia varias veces al día para mantener una temperatura agradable alrededor del cascarón. Había descubierto que el calor del sol cambiaba demasiado entre el día, así que prefería asegurarse de que permaneciera estable.
Cuando Mara la encontró ajustando la intensidad de su hechizo por tercera vez aquella tarde, volvió a recibir la misma explicación.
—Solo intento que conserve una buena temperatura.
—Entiendo.
—Si se enfría, puede morir y-...
—Por supuesto.
Vivienne frunció el ceño.
—¿Por qué me responde con esa cara?
—Porque lleva dos días sin separarse más de diez minutos de ese huevo.
—Eso es una exageración.
—Ayer almorzó aquí mismo.
Vivienne guardó silencio.
—Y la siesta la hizo en el sofá para seguir vigilándolo.
Ella desvió la vista hacia la ventana.
—Fue una coincidencia.
Mara decidió no insistir.
Aquella misma noche, un pequeño sonido rompió el silencio de la habitación.
Crack.
Vivienne abrió los ojos de inmediato.
Se incorporó del sofá y caminó hasta la cuna.
El cascarón había comenzado a romperse.
—¿Ya...?
Otra grieta apareció sobre la superficie blanca.
Mara, alertada por el ruido, entró casi corriendo.
—¿Está naciendo?
Vivienne asintió sin apartar la vista.
Las grietas siguieron extendiéndose hasta que un pequeño trozo cayó al colchón.
Luego apareció una diminuta mano.
Vivienne parpadeó.
—¿Una mano?
El cascarón terminó de abrirse y el pequeño ocupante salió con torpeza, todavía medio dormido.
La habitación quedó completamente en silencio.
No había ningún reptil.
Tampoco una criatura gigantesca.
Era un bebé.
Tenía unos pequeños cuernos oscuros sobre la cabeza, una cola cubierta por finas escamas que se movía lentamente detrás de él y un cabello plateado atravesado por delicadas líneas rojas que parecían brillar bajo la luz de la chimenea.
El pequeño abrió los ojos, bostezó y comenzó a mirar alrededor con evidente curiosidad.
Después fijó la vista en Vivienne.
Extendió los brazos hacia ella.
—Aa...
Vivienne sintió que toda la firmeza con la que pensaba mantener la distancia desaparecía.
Lo tomó con cuidado antes de que intentara salir de la cuna.
El bebé soltó un pequeño sonido de satisfacción y, como si la conociera desde siempre, sujetó uno de sus dedos.
Mara llevó ambas manos a la boca.
—Es precioso...
Vivienne tardó varios segundos en responder.
—...Sí.
A la mañana siguiente la noticia recorrió todo el pueblo.
La extraña criatura encontrada en el bosque había resultado ser un bebé.
Los vecinos comenzaron a acercarse con cualquier excusa.
El pescador Owen fue el primero.
—Mi lady, traje el pescado de hoy... ¿es verdad que nació?
—Es verdad.
El hombre se acercó despacio.
El pequeño lo observó unos segundos antes de sonreír.
Owen dejó escapar una carcajada.
—Mire esa carita... ¿quién podría tenerle miedo?
Después llegó la panadera con una cesta de pan recién hecho.
Más tarde una anciana apareció con una manta tejida a mano.
Los niños del pueblo preguntaban si podían verlo desde la puerta.
Incluso algunos hombres que hablaban con temor de la guerra terminaban sonriendo apenas el pequeño agitaba su cola.
—Quizá sea hijo de algún viajero.
—O de una familia que no quería guerra.
—Pobrecito...
Nadie mencionó al Imperio de los Dragones mientras observaba al bebé.
Era demasiado pequeño para relacionarlo con el enemigo del que hablaban los mensajeros.
Vivienne permanecía en silencio, escuchando cada comentario.
Aquello le producía cierto alivio.
El miedo que había invadido el reino durante los últimos días desaparecía por unos minutos cada vez que alguien cargaba al pequeño.
Incluso los sirvientes discutían amistosamente sobre quién debía sostenerlo.
—Hoy me toca a mí.
—Ayer también dijiste eso.
—Porque ustedes lo cargan demasiado.
Vivienne observó la escena desde la puerta.
—Lo van a malcriar.
Mara sonrió.
—¿Quién dice eso? ¿La mujer que mandó hacer una almohada especial para su cuello?
Vivienne carraspeó.
—Era necesaria.
—También el pequeño gorro.
—Hace frío.
—Y el juguete de madera.
—Los bebés necesitan estímulos.
Mara terminó riéndose.
—Mi lady, puede admitir que le tiene cariño.
Vivienne negó enseguida.
—Solo soy responsable.
Aunque ni ella misma sonó demasiado convencida.
Aquella tarde, mientras el bebé dormía sobre su regazo, tomó una decisión.
—Necesita un nombre.
Mara dejó la bandeja sobre la mesa.
—¿Ya pensó en alguno?
Vivienne contempló el tranquilo rostro del pequeño.
—Ren.
Mara repitió el nombre en voz baja.
—Le queda muy bien.
Ren abrió ligeramente los ojos al escucharla y volvió a quedarse dormido.
Vivienne sonrió sin darse cuenta.
Sin embargo, esa tranquilidad no eliminó las preguntas que ocupaban su cabeza.
¿Quién era realmente aquel niño?
¿Quién había escondido un huevo de ese tamaño en medio del bosque?
¿Por qué apareció precisamente cuando el Imperio había iniciado una guerra que nadie comprendía?
Había demasiadas dudas.
Y hasta encontrar respuestas, no pensaba confiar en nadie.
Comenzó a enviar cartas discretas a comerciantes, viajeros y conocidos que aún conservaba fuera de la capital. Preguntaba por familias desaparecidas, caravanas atacadas y cualquier noticia relacionada con un niño perdido, siempre evitando mencionar las características de Ren.
Si alguien lo estaba buscando por razones equivocadas, no sería ella quien facilitara el trabajo.
Una cosa tenía completamente decidida.
Mientras no supiera quiénes eran sus verdaderos padres y por qué había aparecido solo en aquel arroyo, Ren permanecería bajo su protección.
Aunque eso significara que sus tranquilas vacaciones acababan de volverse mucho más complicadas.
Gracias por compartir tan maravillosa historia💕