A solo tres semanas de pronunciar el «sí, quiero» ante el altar, la vida de Valery Lezcano vuela en pedazos. Su prometido, Adrián, se ha esfumado la noche anterior, escapando con quien solía ser su mejor amiga. Expuesta al escarnio público y con el orgullo roto frente a cientos de invitados, Valery se prepara para el peor colapso de su vida. Pero el desastre toma un giro inesperado cuando Marcos Sánchez da un paso al frente.
Marcos, el implacable, gélido y peligrosamente atractivo hermano mayor de Adrián, no está dispuesto a permitir que el apellido familiar se hunda en el fango. Con una mirada calculadora y una propuesta audaz, le ofrece un trato salvaje: casarse con él en ese mismo instante, unir sus fuerzas y orquestar una fría e implacable venganza contra los traidores.
El plan roza la perfección absoluta. Adrián se verá obligado a ver a su ex prometida del brazo del único hombre al que siempre ha temido y envidiado.
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Final de temporada
La brisa del atlántico soplaba con una suavidad templada, arrastrando el aroma a sal, azahar y libertad. El murmullo rítmico de las olas rompiendo contra la arena blanca se convertía en la banda sonora perfecta para la tarde. Había pasado exactamente un año desde que las firmas en un frío papel de contrato iniciaran una guerra que terminó transformándose en el incendio más devorador y real de sus vidas.
Esta vez no había catedrales frías, ni prensa acechando con flashes venenosos, ni una junta directiva evaluando cada movimiento. No hacían falta.
A la orilla del mar, en una exclusiva playa privada blindada del resto del mundo, una estructura sencilla de madera flotante adornada con linos blancos y flores silvestres se erguía ante el océano. Los pocos y verdaderos seres queridos de la pareja estaban allí. Camila, con los ojos empañados de felicidad absoluta, sostenía un pequeño ramo de orquídeas, mientras que Thiago, impecable y luciendo su habitual sonrisa de suficiencia relajada, aguardaba a un lado como el testigo de una victoria que él mismo había ayudado a blindar en los tribunales. Incluso Estela de Sánchez observaba desde la primera fila con una compostura serena, su mirada gélida sustituida por un respeto profundo hacia la mujer que había salvado a su hijo mayor de la oscuridad familiar.
Valery avanzaba sobre la arena descalza, caminando con esa elegancia felina, recta y sofisticada que la caracterizaba. El vestido de novia que lucía era una obra de arte de satén color marfil, de un estilo juvenil y peligrosamente sensual; se ceñía a sus curvas fluidas como una segunda piel, con un escote halter que dejaba su espalda completamente descubierta hasta el inicio de la cadera. El sol del atardecer arrancaba destellos dorados de su piel canela y hacía brillar el dije de corazón de oro blanco en su cuello, la única joya del pasado que conservaba.
Al final del camino de linos la esperaba Marcos.
Verlo allí, despojado de los rígidos trajes de tres piezas de la constructora, le cortó el aliento a Valery. Vestía un pantalón de lino blanco y una camisa del mismo tejido sutilmente abierta, revelando la dureza de su pecho firme y musculoso y el bronceado que aún conservaba del Caribe. Sus ojos oscuros, inyectados de esa fijeza analítica, protectora y hambrienta, se clavaron en ella desde que dio el primer paso. Para Marcos, el resto del mundo simplemente se desvaneció. La farsa se había evaporado hacía meses, pero verla caminar hacia él para unirse bajo sus propias reglas era el triunfo definitivo del alfa que había quemado su propio imperio por protegerla.
Cuando Valery llegó a su lado, Marcos no esperó el protocolo. Tomó sus manos largas y delgadas, sintiendo el sutil temblor de la expectación en sus dedos.
—Estás irreal, muñeca —murmuró él, su voz de barítono sonando profunda, rasposa y cargada de una devoción que le erizó la piel.
—Tú no te quedas atrás, esposo —respondió ella en un susurro cómplice, con sus ojos almendrados brillando con una mezcla de ternura y fuego.
La ceremonia fue breve, íntima y carente de las rigideces del pasado. No hicieron falta votos ensayados. Se miraron a los ojos y, ante el testigo inmenso del océano, intercambiaron las alianzas de platino de verdad, las que llevaban la palabra *Forever* grabada en el reverso del metal precioso. Cuando el juez los declaró unidos por su propia ley, Marcos la tomó por la cintura con una presión demandante y posesiva, pegando su cuerpo firme contra el de ella, y la atrapó en un beso largo, húmedo y profundamente abrasador que desató los aplausos de Camila y Thiago. El sabor de la sal y el dulzor carmín de sus labios sellaron un pacto indestructible.
Horas más tarde, la celebración íntima dio paso a la complicidad de la noche profunda. Los invitados se habían retirado y la playa quedó sumida en un silencio místico, roto solo por el vaivén del mar y el crujir de una pequeña fogata que Marcos había encendido cerca de la orilla.
El cielo se había transformado en un manto denso de terciopelo negro salpicado por millones de estrellas que se reflejaban en el agua. A unos metros de la fogata, una inmensa cama balinesa con doseles de gasa blanca se convertía en su refugio privado bajo la noche estrellada.
Valery estaba de pie a la orilla del agua, dejando que las olas frías lamieran sus pies descalzos. Se había soltado el cabello, que ahora caía en cascadas oscuras sobre su espalda descubierta. Marcos se aproximó por detrás con pasos pausados y silenciosos. Antes de que ella pudiera girarse, sintió el calor magnético y abrumador de su torso chocando suavemente contra su espalda. Los brazos pesados y fuertes de Marcos la rodearon por la cintura, manteniéndola anclada a su anatomía dominante.
Un escalofrío inmediato recorrió la columna de Valery cuando Marcos hundió el rostro en su cuello, aspirando el aroma floral de su piel mezclado con la brisa marina. Sus labios rozaron la tersura de su nuca, provocando que su respiración se agitara al instante.
—Pensé que te habías dormido, Sr. Sánchez —murmuró ella, echando la cabeza hacia atrás para apoyarla en el hombro firme de su esposo.
—No podría dormir teniéndote aquí así, Sra. Sánchez —replicó él con una voz ronca por el letargo del deseo—. Llevo todo el día conteniéndome frente a los demás. Ya esperé un año para tener esta boda real, no voy a esperar un segundo más para tener a mi esposa.
Con un movimiento fluido y cargado de un erotismo de alta intensidad, Marcos la giró entre sus brazos para que quedara de frente a él. La luz dorada de la fogata y el brillo plateado de las estrellas esculpían las facciones de ambos. La mano larga de Marcos subió por el costado de su vestido de satén, acariciando la curva fluida de su cadera y subiendo hacia el lazo que sostenía el escote halter en su nuca. Con una lentitud deliberada que torturó los sentidos de Valery, tiró del nudo.
El satén marfil resbaló por su torso como agua, cayendo a sus pies sobre la arena en un susurro olvidado. Valery quedó expuesta ante la mirada ardiente de su esposo, vistiendo únicamente la lencería más fina y el brillo de su propia piel. Marcos contuvo el aliento, con los ojos ensombrecidos por una urgencia salvaje. La cargó en vilo, obligándola a enredar sus piernas alrededor de su cintura con una provocación instintiva, y la guió hacia la suavidad de la cama balinesa.
El encuentro bajo las estrellas estuvo desprovisto de cualquier prisa; fue una entrega absoluta, húmeda y profundamente sensual. Marcos se posicionó sobre ella, atrapándola bajo todo el peso de su cuerpo firme, y la devoró en un beso salvaje que expandió el calor líquido por el vientre de Valery. Cada roce de sus manos largas por sus muslos y cada gemido ahogado que ella soltaba contra su boca eran la confirmación de que sus muros se habían derrumbado para siempre. Rodeados por la inmensidad del océano y el testigo de las estrellas, sellaron su amor duradero en el plano más íntimo, quemándose en el mismo fuego en el que habían aprendido a renacer juntos.
**SPOILER - SEGUNDA TEMPORADA**
Tres meses después de la boda en la playa, la paz de la nueva residencia Sánchez en las colinas del norte parecía inquebrantable. La constructora alcanzaba niveles de éxito históricos bajo la dirección unificada de Marcos y Valery. Sin embargo, una mañana gris de otoño, un sobre de cuero negro sin remitente llegó directamente al escritorio privado de Marcos.
En el interior no había amenazas legales ni auditorías de Thiago. Solo una fotografía impresa en alta resolución de Valery saliendo de una clínica médica esa misma semana, acompañada de una nota escrita con una caligrafía impecable y escalofriante:
> *"Felicidades por el heredero, hermano mayor. Pero recuerda que todo lo que tú construyes... a mí me encanta destruirlo desde las sombras. El juego apenas comienza y esta vez no estoy solo."*
> — A.S.
>
Al mismo tiempo, en un muelle clandestino a las afueras de la ciudad, una silueta imponente descendía de un jet privado. No era Adrián, sino alguien mucho más peligroso: el verdadero patriarca y fundador oculto de la firma rival de los Sánchez, el hombre que manejaba los hilos del pasado de Valery y que venía dispuesto a cobrar una deuda de sangre que Marcos pensó haber enterrado para siempre.