Lara creía que su loba interna jamás volvería a aullar. Tras ser rechazada por la codicia del Alfa Roderick, su espíritu quedó roto. Obligada a asistir al Baile de la Luna, la gran gala de segundas oportunidades, Lara viaja solo para esconderse en las sombras. Lo que no imagina es que el hilo del destino ya está escrito.En mitad de la gala, el aire se congela con la llegada del Rey Alfa, el soberano absoluto de todos los licántropos. Al clavar sus ojos en Lara, el lazo de segunda oportunidad estalla. Él la reclama como su Reina definitiva, pero Lara, indómita e independiente, se niega a ser la compañera sumisa que la corte espera, desatando una intensa tensión entre ambos.Mientras el Rey lucha por derribar los muros de su corazón, una amenaza avanza desde el norte. El hermano menor de Roderick, manipulado con mentiras sobre la muerte de su hermano, jura venganza eterna contra el Imperio y contra Lara. ¿Podrá el Rey Alfa proteger a su Reina, o la guerra devorará su imperio?
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CAPITULO 19. EL JUICIO DE LOS INFILTRADOS
El sol de la tarde comenzó a descender tras los desfiladeros nevados, tiñendo las paredes de mármol del ala norte con un tono cobrizo que alargaba las sombras en el gran corredor. La agitación en el palacio real se mantenía latente tras la escaramuza de la madrugada. Acompañé a Kaelen hacia la entrada del ala subterránea de la guardia real, donde los tres soldados del norte que habían sido capturados con vida permanecían bajo custodia severa. Mis pasos eran lentos pero firmes; el chispazo de energía que mi loba había dado por la mañana en el patio de armas me infundía una templanza renovada, permitiéndome encarar la tensión de la guerra sin que el gélido invierno de mi pecho me paralizara.
Kaelen caminaba a mi lado desprendiendo esa imponente energía protectora que siempre lograba blindarme del entorno.
Al cruzar el umbral de hierro de la sala de retención, las antorchas proyectaban un baile de luces tenues sobre las losas de piedra húmeda. Los tres prisioneros se encontraban encadenados a la pared, con los uniformes del norte cubiertos de fango y sangre carmesí, reflejando el cansancio agónico de la derrota. Al enfocar el rostro de Kaelen y notar la fijeza severa de sus ojos, los tres hombres encogieron los hombros por el miedo, agachando la cabeza en una sumisión absoluta que denotaba la debilidad de su posición.
Kaelen se plantó frente a ellos con su robusto físico de guerrero en total tensión, cruzándose de brazos mientras una frialdad gélida que helaba la sangre se instalaba en sus facciones.
—Vuestro asalto clandestino en nuestro primer puesto de control de la frontera secundaria fue un fracaso absoluto —les habló Kaelen con una voz profunda, ronca y cargada de una autoridad suprema que retumbó en las vigas del techo—. Siete de vuestros compañeros cayeron bajo el acero de mis guardias, y vuestra sangre ha manchado la línea divisoria del Imperio Unificado. Sin embargo, mis instintos de Alfa me advierten de que esta arremetida frontal no posee el orden ni la fijeza de vuestro nuevo líder. Jared mantiene a sus batallones en una estricta postura de contención en los límites del sur. Siento que este ataque no ha sido ideado por el muchacho de buen corazón que vuestro linaje describe; parece una farsa burda ejecutada en las sombras. Espero respuestas claras en este interrogatorio, y os aseguro que si intentáis sostener una mentira para proteger al verdadero traidor, vuestras vidas terminarán en esta penumbra antes del amanecer.
El prisionero de mayor rango, un soldado de mirada asustada que había estado presente en los almacenes del pueblo real, levantó la cabeza con los labios temblorosos, delatando el desgarro de su luto y la duda legítima que ya carcomía su lealtad.
—Su majestad tiene razón… —articuló el hombre con un hilo de voz trémula, mirando de soslayo hacia mis ojos fijos—. Jared no ordenó este derramamiento de sangre. Él nos mandó a mantener una línea de contención estricta en los pinares mientras investigaba en secreto la verdad sobre la muerte de Roderick. Fue el Beta de la manada del Norte quien nos obligó a cruzar la frontera secundaria a altas horas de la madrugada, amenazándonos con ejecutarnos si nos negábamos. Nos mintió diciendo que era una orden de nuestra estirpe para vengar el honor de nuestra sangre real, pero lo que querían era forzar el estallido de la guerra civil a espaldas de Jared para que la arremetida frontal fuera irreversible y poder cazar a Lara.
Giré la cabeza hacia Kaelen, sintiendo que el mapa de nuestras sospechas se confirmaba de forma milimétrica. Las mentiras que el Beta había inyectado en el norte estaban fracturándose ante la innegable firmeza de nuestra defensa.
—Jared está siendo engañado por la cobardía de su propio Beta, Kaelen —le hablé en un susurro firme directo a su mente, entrelazando mis dedos con los suyos para transmitirle la robusta devoción de nuestra conexión como pareja destinada—. El muchacho no quiere esta carnicería, y estoy segura que su lobo Fenrir le esta guiando en su búsqueda de respuestas. No podemos responder a este sabotaje clandestino con una ofensiva masiva; si enviamos a nuestros batallones a destruir su campamento, estaríamos cayendo directo en la trampa del traidor. Debemos mantener la tregua en la frontera secundaria y encontrar la forma de hacerle llegar este testimonio a Jared para que su sentido de la justicia real se encargue de purificar su propio territorio de origen.
Kaelen apretó mis dedos con una suavidad infinita que contrastaba con su imponente físico de guerrero, y una intensa oleada de su energía protectora barrió la sala subterránea, sellando el perímetro. El monarca se giró hacia el capitán de la guardia real, dándole una orden con un sutil ademán de la mano para que mantuviera a los prisioneros a salvo. El choque de voluntades contra las mentiras del norte empezaba a inclinarse a nuestro favor en mitad de la melancolía del exilio, consolidando un compás de espera donde nuestro amor se afianzaba paso a paso como la única muralla invencible capaz de blindar el mañana de la estirpe unificada.