Sahara es una chica dulce y amable, que para salvar la vida de su hermana tuvo que entregarse a un mafioso; pero ella se equivocó, da todo por una familia egoísta y esa decisión cambia su vida, ahora ella tiene que empezar a vivir sola, a valerse por si sola, sus problemas empiezan con esa desicion.
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CAPITULO 29. A MI ME RESPETAS.
Sahara estaba tan avergonzada con su hijo, que no sabía cómo explicarle, como decirle a un niño, que estaba siendo acosada, por su padre, en ese momento escucha con Nil tranquilamente, dice.
• Lín, mi pequeño, haces muy bien en cuidar así de tu mamá y tienes toda la razón en lo que dice; pero nosotros no estábamos bañando juntos, lo que pasa es que tu mamá me pidió que él ayudara con un problema que tuvo con la regadera y sin querer terminamos mojados.
Lín miraba a su mamá y al ver como sus pómulos estaban enrojecidos, inquieto dice.
• Mamá, ¿Por qué estás tan roja de la cara?
Nil mira que Sahara estaba congelada, se podía ver lo nerviosa que estaba y eso se le hizo lindo, le gusto verla así; pero no podía dejar que su hijo la siguiera haciendo sentir incómoda, se acerca al pequeño y lo toma en sus brazos, algo que al pequeño no le gustó mucho, le puso mala cara, podía sentir su disgusto. Nil con su voz tranquila le dice.
• Lín, dejemos que tu mamá se cambie y despertemos a tu hermanita, para poder ir a desayunar, dime ¿A dónde te gustaría ir?
Sahara sintió alivio, que Nil lo distrajera y no siguiera preguntando, ella realmente no sabría qué decirle; ella regresó adentro del baño, se cambió y cuando salió, encontró a Nil sentado a su pequeña sentada en sus piernas, mientras que su pequeño estaba sentado en una silla, los tres hablaban como una verdadera familia.
Ver a sus hijos tan felices con él, que era su padre, la hizo sentir feliz, porque a pesar de todo lo que ella siempre hacía por sus hijos, nunca pudo hacerlos reír tanto y menos hacer que ellos tuvieran ese brillo en su mirada.
Sahara siempre tenía que estar en su trabajo y pensando en los gastos, las preocupaciones siempre las traía presentes, algo de lo que los pequeños se daban cuenta y eso hacía que sus pequeños cargaran con sus problemas siendo apenas unos niños; pero en ese momento que los pudo ver como dos niños hablando y divirtiéndose sin ningún problema encima.
Ella se llevó la mano a su boca tratando de apaciguar esa exclamación de tristeza, mientras que unas lágrimas salieron de sus ojos, en ese momento se da media vuelta rápida y regresa al baño, no quería que sus hijos la vieran así, no quería más preocupaciones para ellos, pero lo que menos quería era darle tristezas.
Nil se dio cuenta de lo que paso y no le gusto verla así de triste, trata de que sus pequeños no se den cuenta, les pide que busquen el celular de su mamá, que le marcaran a Mariela, para que le mandara el número de Carlos; Lín sin que se lo pidiera dos veces se levanta y va a la recámara a buscar el celular, pero con la pequeña fue diferente, ella no quería despegársele, estaba feliz estando con él.
Nil le costó algo de trabajo, pero termino convenciéndola, diciéndole que ella le hablara a Carlos y le dijera que él estaba ahí, que ocupaba que pasara a recogerlos, para ir a desayunar; la pequeña Lía al escuchar que los llevaría a desayunar se emociona y corrió a la recámara, para hacer lo que Nil había dicho.
Nil estaba feliz de ver a su pequeña tan emocionada y sobre todo por la aceptación, pero en ese momento tenía una preocupación, tenía que ver que le pasaba a su hermosa mujer; entra al baño, la mira tratando de limpiar las lágrimas que tercamente salían sin parar, se acercó a ella y la abrazo con una dulzura, cuidándola, haciéndola sentir segura.
Sahara aceptó su abrazo, su cabeza la recargo en su pecho desnudo, podía escuchar los latidos de su corazón, eran tranquilos y eso le gusto, después de tantos años de soledad, de sentirse solo, en ese momento no se sintió sola, se sintió que podía apoyarse en alguien; pero en ese momento que ella creía poder confían, se arruinó cuando Nil la beso en los labios.
Nil la tenía entre sus brazos, acariciando su cabellera, verla así de sensible, le molestaba y en ese momento pensó que tal vez un beso la haría sentirse mejor, la haría saber que estaba con ella; pero ese fue su error, cuando la beso, por un momento ella le contesta, logro tener un beso dulce de ella, aunque solo fue por un momento, porque lo siguiente que sintió fue un fuerte golpe en su rostro, ella terminó dándole una bofetada.
Sahara da dos pasos atrás, se limpiaba la boca y con su voz llena de ira le dice.
• No vuelvas hacerlo, no tienes ningún derecho de tomarte esos atrevimientos conmigo, respétame, no merezco ser tratada como una cualquiera; yo merezco respeto y esta es la última que te permito.
Nil se acariciaba la mejilla tratando de apaciguar el dolor, pero al verla tan molesta lo provocaba de seguir, quería molestarla más; pero en ese momento tenía que tranquilizarse, sus pequeños estaban afuera, no debía dejar que ellos los vieran discutiendo. Suspira profundamente y con su voz tranquila le dice.
• Sahara, después de llevar a los pequeños a desayunar, tú y yo vamos a hablar, las cosas van a cambiar; lo que debes tener claro es que tú y yo vamos a formar una familia, por el bien de nuestros hijos o prefieres verlos sufrir, tristes, porque sus padres están separados, prefieres que sigan viviendo así, en esta pobreza. Sahara, recuérdalo, tú viviste en buena familia, sabes muy bien a lo que me refiero y si eres una buena madre, harás un último sacrificio por tus hijos; ahora lávate la cara, vamos a mi hotel a que los pequeños se bañen y cambien, para llevarlos a desayunar.
Sahara lo miraba molesta, pero, aunque no le gustaba nada la idea, sus hijos estaban felices y sabía que en cuanto supieran que él era su padre iban a estar mucho más felices; pero realmente ella iba a soportar estar cerca de él, cuando le hacía sentir tanto miedo, tanta inseguridad y a la vez tantas emociones que iban de algo bueno a algo que odiaba.
Sahara se limpió las lágrimas, se acercó a la regadera, la abre, toma agua con sus manos y moja su rostro, después seda media vuelta camina a la puerta, antes de salir ella le dice.
• después del desayuno, vamos a hablar y lleguemos a un acuerdo, lo que, si podemos decirles a los niños que tú eres su papá, eso los va a poner felices, claro si tú lo quieres.
Nil pone una gran sonrisa, ya era una ventaja que le dijeran a los niños sobre él y después hablar; pero en ese momento él pensó “Sahara, mi hermosa mujer, claro que vamos a hablar, pero no va a ser lo que tú piensas, nosotros vamos a hablar de nuestra boda, te voy a dejar en claro que tú eres mía y sobre todo que nunca vas a poder alejarte de mí, vas a ser mi mujer toda esta vida, la única que tiene derecho de tener mis hijos, porque quiero muchos más; que ridículo me escucho, yo que decía que nunca me iba a casar, que nunca iba a tener hijo y mírame aquí, deseando tener más traviesos en mi enorme casa, queriendo a esta mujer a mi lado” al verla salir, sale detrás de ella.
Al salir del baño miran a la pequeña Lía hablando por el celular, estaba contándole a alguien todo lo que paso esa noche; los escucharon como la pequeña hablaba de su herida, de los hombres armados, el miedo que tuvo, de cómo lo cuido mientras sufría de calentura, termino diciendo que su mamá lo había estado cuidando toda la noche y que ella miró como su papá prestado después de que la dejo en la cama pensando que estaba dormida, se metía al baño con su mamá.
Sahara no podía creer lo que escuchaba, su pequeña se había dado cuenta de lo que paso y no suficiente con eso, ella acababa de decírselo a alguien; se puso colorada, estaba tan avergonzada, pensando a quien le estaba contando todo eso y su vergüenza empeoro cuando escucho decir a su pequeño.
• Lía, no eches mentiras, el señor no se metió a bañar con mamá, solo le estaba ayudando con un problema de la regadera.
Sahara sintió el rostro caliente, estaba avergonzada, mientras que Nil se sentía orgulloso de lo que sus pequeños decían, tenía una enorme sonrisa.