Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
NovelToon tiene autorización de Lourdes Elizabeth Pasache Ortiz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 9
EL PLAN DE LA TRAICIÓN
La noche avanzaba lentamente.
En la habitación de la clínica, Elías permanecía despierto.
Las palabras de Tamara seguían resonando en su mente.
“Yo te admiraba.”
Aquellas simples palabras le habían causado más dolor que cualquier discusión.
Había perdido la confianza de Analia.
Araceli no quería verlo.
Alejandro lo enfrentaba con frialdad.
Y Tamara, su hija menor, ya no podía mirarlo de la misma manera.
Elías cerró los ojos.
Por primera vez comenzó a preguntarse si realmente había perdido todo.
Pero mientras él permanecía solo en aquella habitación, otras personas comenzaban a hacer planes.
Planes que podían destruir definitivamente a su familia.
Gissela estaba sentada en la sala de su casa.
Frente a ella se encontraba Isabel.
El ambiente era tenso.
—Todo se está saliendo de control —dijo Isabel.
Gissela la miró.
—Se salió de control hace mucho tiempo.
—Analia ya sabe demasiado.
—No lo sabe todo.
Isabel guardó silencio.
Gissela se inclinó hacia ella.
—Y mientras no lo sepa todo, todavía podemos hacer algo.
—¿Qué quieres hacer?
Gissela sonrió levemente.
—Quiero que Analia pierda la confianza de sus hijos.
Isabel la miró sorprendida.
—¿Para qué?
—Porque mientras Analia tenga a Alejandro, Araceli y Tamara de su lado, será difícil mover cualquier cosa.
—Son sus hijos.
—Precisamente.
Gissela se levantó.
—Elías siempre ha sido débil cuando se trata de su familia.
Isabel cruzó los brazos.
—No entiendo qué estás planeando.
Gissela caminó lentamente por la habitación.
—Analia cree que después de descubrir la verdad podrá quedarse con todo.
—¿Con todo?
—La familia.
—La empresa.
—El dinero.
Isabel frunció el ceño.
—¿Y qué quieres tú?
Gissela se detuvo.
—Lo que considero que le corresponde a Nayid.
El silencio volvió a llenar la habitación.
—Nayid no tiene acciones en la empresa —dijo Isabel.
—Todavía.
Horas más tarde, Raiza llegó a la casa de Isabel.
La madre de Elías había escuchado parte de lo que estaba ocurriendo.
—¿Qué están haciendo?
Gissela miró a Raiza.
—Protegiendo el futuro de Nayid.
Raiza soltó una pequeña risa.
—¿Y desde cuándo te importa proteger una familia?
Gissela la miró fijamente.
—Desde que comprendí que durante años protegieron solamente a Analia y a sus hijos.
Isabel intervino.
—Mamá, tenemos que tener cuidado.
—¿Con qué?
—Alejandro está investigando las empresas.
Raiza cambió de expresión.
—¿Cuánto sabe?
—No estamos seguras.
Gissela se acercó.
—Pero si sigue investigando, encontrará más de lo que debería.
Raiza permaneció en silencio.
Ella sabía exactamente a qué se refería.
Durante años había ayudado a Elías a ocultar situaciones que jamás debieron salir a la luz.
Y ahora Alejandro estaba demasiado cerca de descubrirlas.
—Tenemos que detenerlo —dijo finalmente.
Isabel miró a su madre.
—¿Cómo?
Gissela sonrió.
—Haciendo que se preocupe por algo más importante.
A la mañana siguiente, Alejandro llegó a la empresa.
Había pasado gran parte de la noche revisando documentos.
Cuando entró a su oficina encontró a Nayid sentado frente a su escritorio.
Alejandro se detuvo.
—¿Qué haces aquí?
Nayid sonrió.
—Tenemos que hablar.
—No tengo nada que hablar contigo.
Nayid se levantó.
—Creo que sí.
Alejandro dejó unos documentos sobre la mesa.
—Esta empresa no es un lugar para ti.
Nayid cambió inmediatamente de expresión.
—¿Por qué?
—Porque no trabajas aquí.
—Mi padre es dueño.
—Y yo también tengo acciones.
Nayid se acercó.
—Ese es el problema.
Alejandro lo miró fijamente.
—¿Qué problema?
—Que tú tienes la mayor parte.
Alejandro permaneció en silencio.
—Mi padre construyó esta empresa durante años.
—Y yo trabajé para que creciera.
Nayid soltó una risa.
—Claro. El hijo perfecto.
Alejandro sintió que la rabia comenzaba a crecer.
—No sabes nada sobre mi vida.
—Sé que tienes lo que yo nunca tuve.
—Eso no es culpa mía.
—No.
Nayid se acercó más.
—Pero puedes ayudarme a cambiarlo.
Alejandro lo miró con incredulidad.
—¿Qué quieres?
—Acciones.
—¿Qué?
—Quiero una parte de la empresa.
Alejandro soltó una pequeña risa.
—No puedes estar hablando en serio.
—Estoy hablando muy en serio.
—No tienes derecho a exigir acciones.
Nayid golpeó la mano contra el escritorio.
—¡Soy hijo de Elías!
—Y eso no significa que tengas derecho a lo que otros construyeron.
Las miradas de ambos se encontraron.
—Mi padre me debe una vida —dijo Nayid.
—Eso tendrás que resolverlo con él.
—Pero tú tienes la mayoría de las acciones.
Alejandro comprendió entonces lo que Nayid quería.
No era solamente dinero.
Quería poder.
—No voy a darte nada.
Nayid apretó los dientes.
—Entonces tendremos problemas.
Alejandro se acercó.
—No me amenazas.
—No es una amenaza.
Nayid sonrió.
—Es una advertencia.
Esa misma tarde, Gissela se reunió nuevamente con Isabel y Raiza.
—Nayid ya habló con Alejandro —dijo Gissela.
Isabel la miró con preocupación.
—¿Y?
—Alejandro se negó.
Raiza suspiró.
—Era evidente.
Gissela sonrió.
—Por eso tenemos otro plan.
Isabel sintió un escalofrío.
—¿Qué plan?
Gissela sacó un sobre de su bolso.
Lo dejó lentamente sobre la mesa.
Raiza lo miró.
—¿Qué es eso?
—Información.
—¿Sobre quién?
Gissela levantó la mirada.
—Sobre Analia.
Isabel abrió el sobre.
Comenzó a revisar los documentos.
—¿De dónde sacaste esto?
—Eso no importa.
Raiza tomó algunos papeles.
—Esto podría causar problemas.
—Exactamente.
Isabel miró a Gissela.
—¿Quieres que todos crean que Analia hizo algo?
—No necesito que crean algo que no existe.
Gissela hizo una pausa.
—Solo necesito que comiencen a dudar de ella.
Mientras tanto, Analia permanecía en casa junto a Tamara.
La niña estaba más callada que nunca.
—¿Quieres comer algo? —preguntó Analia.
Tamara negó.
—No tengo hambre.
Analia se sentó junto a ella.
—No puedes dejar de comer.
Tamara miraba una fotografía familiar.
—¿Por qué papá nos hizo esto?
Analia sintió un profundo dolor.
—No lo sé, hija.
—¿Tú lo vas a perdonar?
La pregunta tomó a Analia por sorpresa.
—No sé.
Tamara miró nuevamente la fotografía.
—Yo tampoco.
Analia abrazó a su hija.
Pero Tamara permaneció en silencio.
Su corazón todavía estaba lleno de dolor.
Y aunque quería creer que algún día podría perdonar a su padre, todavía no podía olvidar la mentira.
En otro lugar, Araceli recibió una llamada.
Era Isabel.
Araceli dudó antes de contestar.
—¿Sí?
—Sobrina, necesito hablar contigo.
—No tengo nada que hablar contigo.
—Se trata de tu madre.
Araceli guardó silencio.
—¿Qué pasa con mi mamá?
Isabel sonrió.
El primer paso del plan había comenzado.
—Hay cosas que deberías saber.
Araceli sintió un escalofrío.
—¿Qué cosas?
Isabel habló con una voz aparentemente preocupada.
—No quiero que pienses que quiero hacerte daño.
—Entonces dime de una vez.
—Solo quiero que tengas cuidado con Analia.
Araceli cambió de expresión.
—¿Qué estás diciendo?
—No puedo explicarte por teléfono.
—Entonces no me llames.
Pero antes de colgar, Isabel dijo:
—Solo recuerda una cosa, Araceli.
La joven permaneció en silencio.
—No todo es como tu madre te ha contado.
La llamada terminó.
Araceli quedó mirando el teléfono.
Por primera vez, una duda comenzó a entrar en su mente.
Y eso era exactamente lo que Isabel quería.
Esa noche, Alejandro recibió una llamada de su abogado.
—Tenemos un problema.
Alejandro se quedó inmóvil.
—¿Qué pasó?
—Alguien presentó una solicitud para revisar la distribución de las acciones de la empresa.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Quién?
El abogado hizo una pausa.
—Nayid.
Alejandro apretó el teléfono.
—¿Con qué derecho?
—Afirma que, como hijo de Elías, tiene derecho a reclamar una parte del patrimonio familiar.
Alejandro cerró los ojos.
La guerra acababa de comenzar.
Pero lo que Alejandro todavía no sabía era que Nayid no estaba actuando solo.
Gissela estaba detrás.
Isabel estaba moviendo sus contactos.
Y Raiza conocía secretos capaces de destruir a Analia.
Mientras tanto, en la oscuridad de la noche, Gissela abrió nuevamente el sobre con la información sobre Analia.
Miró los documentos.
Y sonrió.
—Ahora sí —susurró—.
Vamos a destruirla.
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.