A veces hay momentos en nuestras vidas que se ven afectadas por conflictos, tragedias o perdidas personales y es totalmente natural sentir tristeza, enojo, pena o decepción pero con la persona correcta a tu lado la vida te puede dar un giro inesperado, bien sea para bien, para mal o incluso ambos.
Todo en la vida se trata de perseverancia y decisiones correctas que te llevan a lograr lo que más deseas en la vida sea lo que sea.
Todos como seres humanos podemos. cometer errores y a su vez tenemos todo el derecho de mejorar y aprender de ellos.
Ésta historia es para hacer reflexionar a muchas personas que quizas cree hacer lo correcto pero a veces suelen equivocarse.
Es una motivación a cambiar y mejorar lo que esté mal en sus vidas cotidianas y sobre todo en las relaciones de parejas, para llevar y convivir mejor con ese o esa persona que tanto amas, al igual también está inspirado para familiares y amigos.
Espero les guste mi historia y les sirva de mucha ayuda.
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22. ¿Y ese beso?
Unos minutos más tarde Belatriz llego a la entrada de su casa, y casualmente venía llegando Lucía.
*Gracias, señor
*Con gusto señorita, que le vaya bien
* ¿Belatriz?
*Mamá.
Belatriz responde exhausta, ya conocía perfectamente ese tono y sabía que, detrás de su nombre, probablemente venía algún comentario hiriente.
Lucía observo el vehículo con desconfianza.
* ¿Que haces bajando de ese taxi?
* Es que Sebastián me mandó el taxi al colegio porque me siento mal
Ella frunce el ceño
* ¿Y como pensarás pagarle? ¿Con tu cuerpo? Las mujeres solo sirven para eso, por eso es mejor tener varones
Sus palabras como siempre golpearon más fuerte que el cansancio, sentía que su rostro ardía. Quiso responder, pero las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta.
Esquivo sus palabras y entró en silencio. Belatriz solo quería un momento de tranquilidad y paz. Pero parece que ni eso podía.
*No creas que te irás a tu habitación así como si nada
Añadió Lucía.
*Mamá, me siento mal. Solo quiero acostarme
*Siempre tienes una excusa Belatriz, ya veo que ahora te está gustando mucho andar con Sebastián. Pero para llegar tarde a la casa y solo entrar a tu habitación, ahí si no te sientes mal
Belatriz apretó los labios. Caminó en dirección a su habitación, cerró la puerta tras ella para no seguirla escuchando más. Se sentía débil y agotada, se apoya contra la pared para no derrumbarse.
Comprendió que llegar a su casa no siempre significa estar bien.
Desde niña, Belatriz sintió que el cariño de su madre tenía un destinatario favorito; Freddy, a él le hablaba con dulzura, lo escuchaba con paciencia, lo consentía e incluso elogiaba sus logros. Con ella, en cambio, casi siempre había gritos, reproches, silencios y palabras hirientes.
Belatriz no entendía qué había hecho para merecer un trato tan distinto. Solo sabía que, cada vez que intentaba acercarse a su madre, terminaba sintiéndose invisible. Con el tiempo empezó a preguntarse si, ser su hija no era suficiente para que la quisieran.
Belatriz tomó los medicamentos y al rato empezó a sentirse mejor.
//Hola Sebas//
Al cabo de solo segundos recibió respuesta. Parecía que estaba esperando un mensaje suyo.
//Hola princesa. Como te sientes//
Belatriz se sonrojó con aquel comentario.
//Ya estoy bastante mejor. Gracias a ti//
//Todo que te haga bien te lo mereces//
//Ya es tarde. Deberías descansar//
//Estaba esperando para saber de tí. Y tú eres quien debes descansar, mañana tienes clases nuevamente//
//Sí. Solo medio día//
//Saldrás temprano mañana. Descansa, quiero que mejores pronto//
//Bien, hasta mañana//
//Que sueñes conmigo//
La noche parecía transcurrir rápido. Pero pará su mala suerte no pudo ver cómo era la noche, si la luna estaba bella igual que siempre o si seguían aquellas estrellas hermosas que iluminaban su vista.
No solo no tenía ganas de salir, sino que no quería verle la cara a su madre sin saber qué más le podría decir abriendo heridas en su corazón. No quería aceptar que su madre no tenía el cariño suficiente para darle.
Después de tanto rato de luchar para poder conciliar el sueño, por fin logro dormir.
Ding Ding... El sonido del teléfono la despertó, ya era casi la hora de levantarse
//Buenos días, como amaneciste//
//Buenos días, estoy bastante mejor. Pude dormir bien//
//Me alegra que descansaste, levántate dormilona que hoy tienes clases//
//Sí, ya me iré a duchar//
Belatriz salió a toda prisa y no le dio tiempo de desayunar.
[Compraré algo de comer antes de entrar]
Decía Belatriz mientras iba camino al colegio. Llegando a la puerta se quedó atónita.
* ¿Sebastián?
* ¿por qué te extrañas? ¿No puedo venir a traerle desayuno a la chica de mis sueños?
Belatriz sorprendida no podía ni moverse ni saber qué decir. Sebastián se acercó a ella y le entrego el desayuno.
*Espero que te guste, sé que te viniste y no desayunaste
* ¿Cómo sabes?
*No necesito preguntarte. Parece que te he conocido tan bien para saberlo, me voy para que no llegues tarde a clases
Sebastián se acercó un poco más a Belatriz, le sujetó el rostro con ambas manos, se inclinó un poco y le dio un fugaz beso en los labios. Rápidamente, se fue mientras Belatriz seguía sin moverse.
Fue un beso fugaz, pero, suave y delicado que aunque fue solo hace pocos segundos, Belatriz no lo sacaba de su memoria.
* ¿Ya son novios?
Pregunta Sofía al presenciar el espectáculo. Belatriz a pesar de haberla escuchado, seguía con la mirada ida y sumergida en su recuerdo. Sofía al no recibir respuesta le dio un chasquido de dedos frente a sus ojos.
* No, solo somos amigos
* ¿Y ese beso?
*Debió equivocarse
*No lo creo. Él quiere contigo y se nota mucho, después de todo aceptaste salir con él
Dice Abril con entusiasmo.
*Sí. Pues, aclaramos todos nuestros malentendidos y todo va bien
*Pronto tendremos boda
Dice Carla dándole unas pequeñas palmaditas en la espalda de Belatriz mientras entraban al aula.
*No es para tanto
El día transcurrió tranquilo. Ya no tenían clases, pasaron todas las pruebas; solo faltaba el proyecto final.
*Belatriz, ¿Vamos este fin a hacer el proyecto?
*Si, claro debemos hacer eso lo más rápido posible. Es lo último para por fin descansar
Aunque en realidad era una pequeña fachada. Lo menos que quería era tener tanto tiempo libre y tener que estar todo el día en casa haciendo los oficios mientras espera a Lucia y escuchar sus nuevos regaños. Con solo pensar se sentía frustrante y agotador.