💕 Descripción
Esta historia comienza con dos jóvenes que jamás imaginaron que llegarían a cambiar sus vidas. Ella es una chica de buen corazón, alegre y soñadora, pero sus compañeros constantemente se burlan de ella por su cuerpo y la hacen sentir insegura. Cada comentario termina afectando su autoestima, hasta que aparece él, un joven que comienza a enamorarse sinceramente de ella. Para él, su apariencia no define su valor. Siempre busca recordarle lo bonita, especial y valiosa que es, animándola a creer más en sí misma. Poco a poco, ella descubrirá que merece ser querida, respetada y feliz, mientras ambos construyen una hermosa historia de amor.
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Capítulo 5: Otro apodo
Pensé que después de haberle respondido a Adriana las cosas iban a cambiar.
Pero me equivoqué.
Al día siguiente llegué al instituto como siempre, con mi bolso al hombro y tratando de concentrarme en mis clases. Chiquis venía caminando a mi lado contándome una historia que me tenía aguantándome la risa.
—Te lo juro, Vale, ese pelao casi se cae delante de todo el mundo —dijo entre carcajadas.
—¡Ay, Chiquis! Tú sí eres tremenda.
—¡Pero si fue verdad, ombe!
Las dos nos reímos.
Por unos segundos olvidé completamente los problemas.
Hasta que escuché una voz detrás de nosotras.
—Miren quién llegó.
Reconocí aquella voz inmediatamente.
Era Adriana.
Me volteé lentamente.
Ella estaba acompañada por varias compañeras y tenía esa expresión de burla que ya conocía demasiado bien.
—¿Ahora qué? —preguntó Chiquis.
Adriana me miró de arriba abajo.
—Nada, solamente estaba pensando en que ya no deberíamos decirle "tanque de guerra".
Sentí que mi sonrisa desaparecía.
—¿Entonces qué? —preguntó una de sus amigas.
Adriana soltó una risita.
—Ahora le vamos a decir "vaca".
Sus amigas comenzaron a reír.
Yo me quedé paralizada.
Otra vez un apodo.
Otra vez las risas.
Otra vez aquella sensación horrible de querer desaparecer del lugar.
Chiquis dio un paso hacia adelante.
—¡Ya está bueno, Adriana! ¿Tú no tienes otra cosa que hacer?
—Ay, cálmate, Chiquis. Es solamente un apodo.
—¿Y a ti quién te dijo que ella quiere que la llames así?
Adriana se encogió de hombros.
Yo bajé la mirada.
No quería que Chiquis siguiera discutiendo por mí.
—Déjala —dije bajito.
—Pero, Vale...
—Vamos al salón.
Tomé su brazo y seguimos caminando.
Durante el camino no dije nada.
Chiquis tampoco.
Cuando entramos al salón, me senté y saqué mis cuadernos.
Intenté prestar atención a la clase, pero las palabras de Adriana seguían dando vueltas en mi cabeza.
"Vaca".
¿Por qué tenía que inventarme un apodo cada vez?
¿Por qué no podía simplemente dejarme tranquila?
Me quedé mirando mi cuaderno.
Chiquis se inclinó hacia mí.
—Vale.
—¿Sí?
—No eres lo que Adriana dice.
Tragué saliva.
—Ya sé.
—No, creo que todavía no lo sabes de verdad.
La miré.
—¿Por qué dices eso?
—Porque cada vez que ella habla, tú empiezas a creerle.
Me quedé en silencio.
Tenía razón.
A veces una persona puede repetir tanto una mentira que uno termina dudando de sí mismo.
Pero yo no quería vivir así.
No quería pasar mis días pensando en las palabras de Adriana.
Respiré profundamente.
—Voy a intentar que no me afecte.
Chiquis sonrió.
—Eso quería escuchar.
Durante el recreo, salimos al patio.
Yo intenté disfrutar el momento, pero algunas personas seguían utilizando el nuevo apodo.
Cada vez que lo escuchaba, sentía una punzada de tristeza.
Sin embargo, esta vez no me fui corriendo al baño.
Me quedé junto a Chiquis.
—¿Quieres comprar algo? —me preguntó.
—Sí.
Caminamos hacia la cafetería.
Mientras hacíamos la fila, escuché otra vez una risa a lo lejos.
Por un instante pensé que estaban hablando de mí.
Pero decidí no voltear.
No iba a perseguir cada comentario.
No iba a permitir que cada palabra controlara mi día.
Quizás todavía me dolía.
Muchísimo.
Pero estaba aprendiendo.
Aprendiendo a poner límites.
Aprendiendo a quererme.
Y, sobre todo, aprendiendo que mi valor no dependía de los apodos que otras personas decidieran ponerme.
Sin embargo, yo todavía no sabía que alguien más había observado aquella situación desde el otro lado del patio.
Un muchacho que hasta ese momento solamente había sido un rostro desconocido entre cientos de estudiantes.
Y, por alguna razón, no le había gustado nada la manera en que Adriana me trataba.