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Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:364
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: Nueva Misión Parte (2)

Orven llevaba varias noches revisando los archivos del gremio cuando finalmente encontró algo que algo iso que se detenga

Había aprendido que, cuando una historia había sido manipulada, intentar encontrar una explicación demasiado pronto podía llevarlo por el camino equivocado.

Por eso había decidido reconstruir los hechos desde el principio y comprobar cada dato antes de sacar conclusiones.

Sobre su escritorio había varios informes relacionados con la destrucción de Valdoria. Algunos eran documentos oficiales, otros que habían sido escritos por aventureros que llegaron después del ataque.

La mayoría coincidía en lo esencial: la ciudad había sido destruida, numerosos civiles habían muerto y varios niños habían desaparecido durante el caos.

Sin embargo, uno de los documentos era diferente.

Era un registro de evacuación que llevaba años guardado en una carpeta sin revisar, Orven leyó la primera parte y volvió al principio.

Casa de las Luciérnagas, el nombre le resultaba familiar y más abajo aparecía una lista de menores, y junto a ellos el nombre de la persona que había quedado a cargo de su evacuación.

Mara Sol.

Orven se quedó mirando aquellas dos palabras durante unos segundos, había escuchado suficiente sobre Mara para saber que aquello no podía ser una coincidencia.

Continuó leyendo, el documento indicaba que varios niños habían sido encontrados bajo su protección durante los primeros momentos del ataque y que ella había intentado llevarlos hacia una de las rutas de evacuación.

No había una descripción detallada de lo ocurrido después, solo aparecía una anotación al final:

"Grupo separado durante la evacuación. Destino no confirmado."

Orven dejó el papel sobre la mesa.

Aquella frase, por sí sola, no demostraba nada. En medio de una tragedia como la de Valdoria, perder el rastro de un grupo podía ocurrir con facilidad.

Lo extraño era que, en los informes posteriores, aquella anotación prácticamente había desaparecido.

Abrió otro documento y está ves la Casa de las Luciérnagas no aparecía, buscó el nombre de Mara pero tampoco estaba.

Los niños figuraban de manera general como desaparecidos o evacuados, pero ya no se mencionaba quién había estado a cargo de ellos.

La diferencia era pequeña, casi insignificante para alguien que no conociera la historia. Para Orven, sin embargo, era suficiente para saber que necesitaba seguir investigando.

La puerta se abrió y Elira entró con dos tazas.

—Sigues aquí.

Orven levantó la vista.

—Eso parece.

Elira dejó una taza junto a él y miró los documentos.

—¿Encontraste algo que valiera la pena?

Orven deslizó el registro hacia ella.

—Esto.

Elira lo leyó en silencio y cuando llegó al nombre de Mara, su expresión cambió ligeramente.

—Así que realmente estaba a cargo de ellos.

—Al menos durante una parte de la evacuación.

—¿Y después?

Orven señaló la última línea.

—Eso es lo que no aparece.

Elira volvió a leerla.

—¿Cuántos eran?

—Once.

—¿Y sabemos qué ocurrió con ellos?

—Se de unos cuantos.

Elira dejó el documento sobre la mesa.

—Entonces alguien perdió el rastro de esos niños.

—O alguien decidió no continuar registrándolo.

—Eso es muy sospechoso.

Orven no respondió, tomó la taza y bebió un poco antes de hablar.

—Es demasiado pronto para afirmarlo, pero tampoco quiero descartarlo.

Elira se sentó frente a él.

—¿Crees que tiene relación con lo que ocurrió en el bosque?

Orven negó lentamente con la cabeza.

—No lo sé. Hay demasiadas cosas que todavía no entiendo.

—Pero estás sospechando.

—Sería extraño que no lo hiciera.

Elira sonrió.

—Eso sí suena a ti.

Orven la miró de reojo.

—¿Y eso qué significa?

—Que cuando algo no encaja, es por algo.

—Alguien tiene que hacerlo.

—Podrías dormir alguna vez.

—También podrías dejar de aceptar misiones peligrosas.

Elira soltó una pequeña risa.

—Eso no tiene nada que ver con esto.

—Para mí sí.

La sonrisa de Elira desapareció poco a poco, aunque no por tristeza.

—Tienes razón en una cosa. Lo de Valdoria no parece tan sencillo como nos hicieron creer.

Orven volvió a mirar el registro.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

Durante unos instantes permanecieron en silencio, pero esta vez ninguno necesitó hablar, ambos entendían que todavía no tenían lo suficiente, Elira tomó nuevamente el documento.

—¿Qué vas a hacer?

—Buscar los nombres que aparecen aquí y comprobar si existe algún documento.

—Yo revisaré los informes de los aventureros que llegaron después del ataque.

Orven levantó la mirada.

—No tienes que hacerlo.

—Ya sé.

—Entonces, ¿por qué lo harás?

Elira se encogió de hombros.

—Porque llevas varios días haciendo esto solo y por lo que veo, no llegaras muy lejos.

Orven soltó una breve risa.

—Esa fue una manera bastante elegante de decirme que estoy volviéndome viejo.

—Intenté ser amable.

—Lo agradezco.

Elira tomó su taza y se dirigió hacia la puerta.

—No te quedes hasta el amanecer.

—No prometo nada.

—Entonces mañana te mandaré a dormir por la fuerza.

Orven la miró con una expresión incrédula.

—Quiero verte intentarlo.

—Eso podría ser divertido.

Elira salió y Orven volvió a quedarse solo, aunque esta vez continuó revisando documentos lo uso más tranquilo.

Separó los informes relacionados con la evacuación, colocó aparte los nombres de los once niños y guardó el registro de Mara en una carpeta nueva.

Después tomó el informe que debía enviar a la capital.

La mayor parte ya estaba preparada, describiría el ataque en el bosque, las criaturas encontradas, los enemigos encapuchados, los daños y los aventureros heridos.

También debía dejar constancia de que durante el enfrentamiento había aparecido un individuo de mayor poder, identificado como Karesh, que posteriormente había conseguido escapar.

Orven se detuvo un instante antes de escribir ese nombre.

No porque quisiera ocultarlo, sino porque todavía no comprendía qué lugar ocupaba aquel hombre en todo aquello.

Sus palabras habían dejado demasiadas preguntas abiertas, pero ninguna de ellas podía hacerse que tan reales eran.

Por eso el informe sería sencillo, Karesh había aparecido, había intervenido, demostrado un nivel de poder considerable y había escapado.

Nada más.

Lo ocurrido después de aquella aparición quedaría fuera del documento hasta que Orven pudiera entenderlo mejor.

Terminó de escribir, selló el informe y lo dejó preparado para enviarlo a la capital al día siguiente.

Solo entonces volvió a mirar la carpeta de Valdoria, no podía ignorar lo que acababa de encontrar.

Había once niños en aquel registro y, después de la evacuación, el rastro de varios de ellos simplemente desapareció.

No sabía todavía si aquello tenía relación con la destrucción de la ciudad, con los enemigos del bosque o con algo completamente distinto, pero sí sabía que alguien tendría que haber estado tras lo ocurrido y si esos registros todavía existían, pensaba encontrarlos.

Cerró la carpeta y apagó la lámpara, a la mañana siguiente tendría que ocuparse del informe, de la investigación y de todo lo que el gremio necesitara después del desastre del bosque.

Por ahora, sin embargo, era suficiente con haber encontrado una primera pieza que merecía ser seguida.

Mientras Orven abandonaba el archivo, una campana comenzó a sonar en la parte principal del gremio.

No era una alarma, era la señal que anunciaba que acababa de llegar una solicitud de misión.

Orven se detuvo en el pasillo y miró hacia la sala principal, después de todo lo ocurrido, la ciudad no podía darse el lujo de quedarse quieta.

Y Elia tampoco, al otro lado del edificio, Hessa ya estaba poniendo un nuevo documento sobre el mostrador.

Todavía no sabía quién lo agarraría, pero una cosa estaba clara, después de varias semanas de recuperación y entrenamiento, el próximo trabajo de Elia estaba a punto de comenzar.

La campana del gremio volvió a sonar unos minutos después.

Elia, que estaba sentada junto a Nima en una de las mesas del salón principal, levantó la cabeza.

Había pasado parte de la mañana allí porque Madre Liria necesitaba hacer algunas compras cerca del mercado y había preferido llevar a varios niños con ella. Mientras esperaban, Elia había terminado ayudando a Hessa a ordenar unos documentos sencillos.

—¿Qué significa esa campana?

Preguntó Tomás.

Hessa dejó de ordenar papeles.

—Que ha llegado una solicitud nueva.

Los ojos de Elia se iluminaron.

—¿Una misión?

—Probablemente.

Tomás se acercó al mostrador.

—¿Elia puede hacerla?

Hessa lo miró.

—Eso tendrá que decidirlo Orven.

—Pero ya está entrenando otra vez.

Insistió Vera desde una silla cercana.

—La vi esta mañana.

Elia la miró.

—No estabas viendo mi entrenamiento.

—Te vi salir con Bram.

—Eso no cuenta.

—Claro que cuenta.

Nico apareció junto a ellas con uno de los gatos del barrio siguiéndolo.

—Yo también vi a Elia.

—Tú estabas persiguiendo al gato.

Dijo Lía.

—Puedo hacer dos cosas al mismo tiempo.

—No muy bien.

Nico se quedó pensando unos segundos.

—Eso es discutible.

Hessa soltó una risa, Elia sonrió, pero su atención volvió a la campana.

Después de varias semanas de recuperación y entrenamiento, aquella noticia despertaba algo en ella.

No era simplemente el deseo de volver a salir, necesitaba aplicar lo que había aprendido fuera del patio de entrenamiento.

Sobre todo después de lo ocurrido en el bosque, ya no quería volver a perder el control de esa manera.

Quería demostrar que podía luchar sin dejarse arrastrar por la ira, la puerta del despacho se abrió y Orven salió con una carpeta en la mano.

—Elia.

Ella se levantó.

—¿Sí?

Orven miró primero a Hessa y después al resto de los niños.

—Tenemos una solicitud nueva.

Elia intentó mantener la calma.

—¿Puedo aceptarla?

Orven la miro unos segundos.

—Primero vas a escuchar de qué se trata.

—Está bien.

Hessa tomó el documento que acababa de llegar y se lo entregó a Orven.

—La solicitud viene de una pequeña comunidad al este de Ardentia. Se llama Ladera Gris.

Orven abrió la carpeta.

—Han enviado una petición porque varios comerciantes que utilizan el camino del este han dejado de llegar a la ciudad, Elia frunció el ceño.

—¿Los están atacando?

—No lo saben.

—Entonces tenemos que averiguarlo.

Orven asintió.

—Ese es el objetivo.

Elia esperó a que terminara de hablar.

—Si es posible no deben entrar en combate. Hay que revisar el camino, hablar con los habitantes de Ladera Gris y descubrir qué está ocurriendo. Si encuentran una amenaza, deberán informar y esperar refuerzos.

Elia recordó las palabras de Orven de semanas atrás, observar y actuar según las circunstancias.

Aquella misión parecía estar echa para comprobar si realmente había aprendido la lección.

—Quiero hacerla.

Orven cerró la carpeta.

—Lo suponía.

Bram apareció detrás de él.

—Yo también suponía que iba a decirlo.

Elia lo miró.

—¿Entonces puedo ir?

—Todavía no he decidido si estás preparada.

—Pero ya estoy recuperada.

Sira, que acababa de entrar en la sala, negó con la cabeza.

—Si estás mucho mejor. Pero no significa que puedas hacer lo que quieras.

Elia cruzó los brazos.

—Entonces, ¿qué tengo que hacer?

Orven apoyó la carpeta sobre el mostrador.

—La misión será de reconocimiento y no irás sola.

—¿Con quién?

—Todavía estoy formando el grupo.

Elia pareció un poco decepcionada.

—¿Puedo elegir a alguien?

Orven sonrió.

—No.

—¿Ni siquiera a uno?

—No.

—Eso no es justo.

Elia bajó la mirada y Bram soltó una pequeña risa.

—Tiene razón.

Elia lo miró.

—No te pongas de su lado.

—No estoy de ningún lado.

—Sí lo estás.

–No.

Elia terminó sonriendo.

—Está bien.

Orven volvió a revisar el documento.

—La misión comenzará pasado mañana.

—¿Pasado mañana?

—Necesito tiempo para preparar el grupo y revisar la ruta.

Elia asintió.

—Entonces entrenaré hasta ese día.

—No.

—¿Por qué?

—Porque mañana tendrás una sesión ligera.

Elia abrió la boca para protestar.

Orven levantó una mano.

—No voy a discutir esto contigo.

—Pero...

—Tu cuerpo todavía está recuperándose de una batalla que casi te deja fuera de combate durante varios días.

Elia suspiró.

—Una sesión ligera.

—Exactamente.

—¿Y después?

—Descansas.

—¿Y por la tarde?

—También.

Elia hizo una mueca.

—Eso no parece entrenamiento.

Sira se acercó.

—El descanso también forma parte del entrenamiento.

Elia la miró.

—No me gusta esa parte.

—A nadie le gusta cuando tiene cinco años y cree que puede entrenar todo el día.

Bram soltó una carcajada.

Elia lo señaló.

—No te rías.

—Lo intento.

No lo consiguió y entonces Elia terminó riéndose con el.

La conversación continuó unos minutos más mientras Orven explicaba las condiciones de la misión.

Sería una salida corta, probablemente de uno o dos días, dependiendo de lo que encontraran en el camino. Debían observar, revisar los puntos donde habían desaparecido los comerciantes.

Nada de separarse del grupo sin avisar y sobre todo, nada de enfrentarse a una amenaza desconocida simplemente para demostrar que podían hacerlo.

Elia escuchó cada regla con atención, no discutió y había comprendido algo durante las últimas semanas.

Ser fuerte no significaba tener una respuesta para todo, a veces significaba saber cuándo necesitabas ayuda.

Cuando Madre Liria regresó, encontró a los niños hablando sobre la nueva misión.

Tomás quería saber si habría monstruos, Vera quería saber si Elia llevaría espada, Lía preguntaba qué tipo de criaturas podían vivir cerca de Ladera Gris y Nico solo quería saber si había gatos.

—No creo que esa sea una pregunta importante.

Dijo Lía.

—Para mí sí.

Elia se levantó.

—No sé qué encontraremos.

Nima se acercó a ella con Pipa entre los brazos.

—¿Vas a volver?

Elia se agachó para quedar a su altura.

—Sí.

—¿Seguro?

—Seguro.

Nima le entregó la muñeca.

—Entonces llévala contigo.

Elia tomó a Pipa y la miró.

—¿Quieres que venga?

Nima asintió.

—Te protege.

Elia sonrió.

—Entonces será mi compañera.

Guardó a Pipa con cuidado dentro de su bolsa.

Tarin, que había estado escuchando desde la otra mesa, se acercó.

—¿Cuánto tiempo estarás fuera?

—Uno o dos días, pero todo depende la misión y que encontramos.

—Entonces no olvides regresar antes de que Nima decida organizar una expedición para buscarte.

Nima levantó la mano.

—¡Yo puedo hacerlo!

—Lo sé.

Respondió Tarin.

—Ese es precisamente el problema.

Elia se rio, por un momento, todo parecía normal, no pensaba en monstruos, ni enemigos.

No había secretos relacionados con Valdoria, solo una casa llena de niños, una misión nueva y la sensación de que la vida estaba avanzando.

Pero Elia sabía que las cosas habían cambiado, su mana aumento , su control había mejorado, su cuerpo era más fuerte y todavía le quedaban seis meses antes de su evaluación.

Quería aprovecharlos, no para convertirse en alguien invencible. Quería llegar a esa prueba sabiendo que podía confiar en sí misma.

Que podía usar su magia sin desperdiciarla, que podía usar la espada.

Que podía proteger a sus compañeros y sobre todo, que podía regresar a casa. Aquella noche, después de que los niños se durmieran, Elia preparó su bolsa para la misión.

Puso algo de comida, una cantimplora, vendas, su espada y algunos objetos básicos, finalmente tomó a Pipa y la observó durante unos segundos antes de guardarla.

—Vamos a volver rápido.

Se sentó en la cama, el cansancio todavía estaba allí, pero ya no era el mismo de antes. Su cuerpo había comenzado a adaptarse al entrenamiento y su control sobre el mana era cada vez mejoraba.

Cerró los ojos, por costumbre, intentó sentir el flujo de mana dentro de su cuerpo, estaba estable y era mucho más que antes.

Elia sonrió, respiró y dejó que el mana circulara con naturalidad, había aprendido que no todo tenía que hacerse de inmediato.

Afuera, Ardentia estaba tranquila, en el gremio, Orven terminaba de preparar el informe que partiría hacia la capital y en una carpeta cerrada sobre su escritorio permanecían los nombres de once niños de Valdoria, y en otra parte del edificio la nueva misión esperaba el amanecer.

Elia abrió los ojos.

—Pasado mañana.

Se recostó y cerró los ojos, esta vez no pensó en hacerse más fuerte durante toda la noche, pensó en la misión, sus compañeros y en regresar.

También pensó en demostrar que después de todo lo ocurrido en el bosque, todavía podía seguir avanzando sin perderse a sí misma.

El próximo viaje sería diferente y no sabía todavía cuánto iba a cambiarla.

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