Cuando no te puedes enfrentar a la realidad, cuando solamente esperas qué otros decidan por ti….eso era lo que querían lograr con Vivian Ward, desde que su progenitor les abandonó a su madre y hermano gemelo, su madre enfermó de Cáncer, y su hermano siendo un completo inútil tenía muchas veces que arreglar sus desastres, hasta que llegó el día que le dio un ultimátum, pero su decisión le causó una maldita pesadilla.
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Deudas
Lizeth salió en contra de su voluntad pataleando frustrada. Pero al ver a la hermosa chica entrar a la oficina acompañada por el asistente de Elliott, se llenó de rabia, con los celos a flor de piel.
En la oficina, Elliott la esperaba con una sonrisa de suficiencia.
Señor Elliott soy Vivían Ward y vengo a exigirle que deje en paz a mi familia. No se que pretende con decir que pagará la deuda del hospital. No voy acceder a sus caprichos.
La respuesta de la chica, lo hizo romper en carcajadas.
— Lo siento señorita Ward creo que no me ha entendido. No es un tema que esté en discusión, digamos que estoy siendo colaborador con ustedes y usted solamente se casará conmigo.
Vivían se paró junto a él con los ojos irradiando fuego.
— ¡Es un maldito demente! - pronunció tan fuerte que todos debieron haber escuchado.
Elliott ni siquiera se inmutó, siguió haciendo malabares con el plumón que tenía entre sus dedos. Fijó la mirada en la bella mujer riendo sarcásticamente antes de decir lo que dejaría a la chica sin palabras.
— ¡Nunca me casaría con usted! - escupió sin pestañear.
Elliott sintió rabia por su desprecio.
— Su madrecita no tardará en morir sin la atención que le estoy brindando, - agregó sin mirarla, aparte, tu hermanito gemelo me debe más de un millón de dólares, que cobraré inmediatamente, si no lo hace en una semana, - pensó un segundo como si pensara, tendrás que recogerlo en silla de ruedas porque le cortaré las malditas piernas, es una promesa. - le sonrió mirando su reacción.
Vivían se estremeció de solo imaginarlo.
— Es un monstruo. - lo miró por un segundo. Iba a seguir insultándolo, pero él le quitó la palabra de los labios.
— Si no te casas conmigo, te dejaré sola en la miseria porque haré que nadie te contrate en ninguna plaza. Y si no me crees…puedes comprobarlo. - le dijo sonriendo cínicamente.
Vivían tomó aire inhalando despacio, pero ver que llevaban arrastrando a su hermano golpeado sangrando completamente del rostro se le fue el aliento.
Volvió el rostro hacia él.
— Está bien, acepto, pero deja a mi familia en paz.
— Lleven al chico a que lo atiendan, - ordenó a los tipos que lo llevaban. Te mandaré lo necesario para nuestra boda, en una semana irán mis hombres por ti para llevarte a la capilla. - le dijo recibiendo a la chica que acababa de salir echársela en las piernas.
Vivían lo miró antes de salir con repudio, y a la chica con una sonrisa moviendo la cabeza, negando.
Vivían no sabía que estaba pagando en la vida, llegó a su departamento sin recordar como lo hizo no tenía nada sentido, solamente quería saber bien a su familia, ya que su vida estaba a punto de colapsar y sumergirse en un vacío.
Se secó las lágrimas, llamó al médico que atendía a su madre enterándose que habían recibido el dinero para poder atenderla, era todo lo que le importaba en esos momentos, lo que a ella le pasara era secundario.
Se metió en la cama, lloró como nunca lo había hecho en todo lo que recordaba en toda su vida, tanto que no supo a qué tiempo se había quedado dormido. Siendo otro día el timbre de la puerta lo que la hizo levantarse para saber quién era tan temprano, pero no era así ya pasaban de las ocho de la mañana y tenía que trabajar.
Al abrir la puerta, tres hombres cargando cajas, frente a su puerta.
— Traemos esto para la señorita. - miró la tarjeta y el número de la puerta. ¿Ward?
— Soy yo, - contestó sin interés, déjelas en el suelo.
El hombre dudó por unos segundos, pero ellos solo iban a entregarlas. Así que hicieron lo que ella ordenó.
CINCO DÍAS DESPUÉS.
Elliott llegó al departamento de Vivían, ella intentó evitar que entraran era el colmo.
— ¿Qué necesidad tiene en venir? si ya le dije que estaré lista el día pactado.
El hombre vio las cajas intactas sin abrirse siquiera.
Agarró la primera y la abrió, sacando un hermoso vestido blanco era el vestido que debía usar para la boda, se lo arrojó cayendo en el pecho de la chica quien no le tomó ningún interés, haciendo que el hombre se enfureciera.
La tomó fuertemente de un brazo haciendo que la chica se quejara debido al dolor que le produjo la fuerza que empleó con el arrebato.
— No me des problemas. - le advirtió, todo lo que ahí hay cuesta más de lo que imaginas.
— ¡Me estás lastimando idiota! - ¡suéltame! - le dijo la chica, con una mirada retadora.
El sonrió besándola ferozmente a la fuerza. Ella escupió con sangre debido a la mordida que le había dado.
— Malnacido aprovechado. Ojalá te retuerzas en el infierno.
Elliott, se había empecinado con la chica desde que la había visto en la feria de la ciudad donde acudía cada año, pues era el dueño de los terrenos donde se instalaban los juegos. Pero la chica nunca le había puesto ninguna atención.
La investigó haciendo que primero cayera su hermano, pero aún así ella era renuente jamás lo miró siquiera, eso lo hizo desearla más, hasta que vio un espacio donde ella no era inmune…su madre.
— Más te vale portarte bien querida, le levantó la barbilla con brusquedad. - le advirtió, tienes mucho que perder mi amor. - sonrió saliendo con sus hombres atrás de él.
Lo odiaba definitivamente. Se sobó el brazo viendo qué había dejado marcas igual en el cuello cuando intentó besarlo y ella apartarse fuertemente.
EN UNA BASE
— Jefe bienvenido de nuevo, aquí están los reportes de los deudores, como ve todos han saldado la deuda, solamente falta uno que no entendió se hizo el desentendido.
— Elliott Foster. - pronunció Dominic Blackwood. El don de la mafia Alemana.
— Vamos a ir hacerle una visita. - agregó con una sonrisa, vamos a ver qué excusa tiene.
— Se va a casar nos enteramos cuando fuimos a buscarlo. - le informó Greyson su asesor.
— Entonces vamos a felicitarlo, y a llevarle un regalito. - sonrió, a él nadie le quedaba a deber, y Elliott Foster no sería la excepción.
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