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Plantada En El Altar

Plantada En El Altar

Status: En proceso
Genre:Romance / Triángulo amoroso / Venganza de la Esposa
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Autor lucia

El vestido de novia caía perfecto sobre el cuerpo de Isabella Parker. La seda blanca abrazaba su figura con elegancia, y frente al espejo, sus ojos verdes brillaban llenos de ilusión.

—Hoy me caso… —susurró, sin poder creerlo.

Todo estaba listo. La iglesia, los invitados… Adrian Collins esperándola al final del altar. O al menos eso creía.

Muy lejos de ahí, Adrian no estaba en la iglesia.

Estaba en un estacionamiento, con el mismo traje de novio… pero con la decisión más fría en su mirada.

—No puedes hacer esto —le dijo Ethan, su mejor amigo.

Adrian no dudó.

—Ya no la amo.

El silencio fue brutal.

—Estoy enamorado de otra persona.

Ethan entendió todo sin necesidad de más palabras.

—La vas a destruir.

Adrian no respondió. Solo sacó un sobre.

—Entrégaselo.

Y se fue.

Se fue de su propia boda.

De la mujer que lo esperaba vestida de blanco.

De una vida que prometió… y que decidió romper.

Horas después, Isabella sostendría esa carta frente a todos.

Y ese día…

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Quiero recuperarla

Capítulo 16

Los ojos de Adrian no podían creer lo que estaban viendo. No era solo sorpresa… era un golpe directo al alma. Como si el pasado, ese que tanto intentó enterrar, hubiera regresado sin avisar y lo estuviera asfixiando. Tener a Isabella frente a él no era algo que pudiera procesar con facilidad. Su mente se quedó en blanco, pero su corazón… su corazón reaccionó con una violencia que lo desarmó por completo.

Isabella.

Su ex prometida.

La mujer que perdió.

Miles de emociones lo atravesaron al mismo tiempo: culpa, arrepentimiento, deseo, nostalgia… dolor. Un dolor real, pesado, que le apretaba el pecho. Sus ojos recorrieron cada detalle de ella, como si quisiera memorizarla otra vez. Vestía un vestido corto negro con un saco blanco, elegante, firme… distante. Se veía diferente. Más fuerte. Más fría. Más… inalcanzable.

Y aun así, seguía siendo ella.

Hermosa.

Demasiado hermosa para alguien como él.

El cargo de conciencia lo golpeó sin piedad. Recordó todo en segundos: sus promesas, sus errores, su cobardía. Sintió ganas de acercarse, de abrazarla, de pedirle perdón de rodillas si era necesario… incluso de besarla, como antes, como si el tiempo no hubiera pasado.

Pero no podía.

No tenía derecho.

Y eso… era lo que más dolía.

—Llegaste en el momento exacto —dijo el señor Whitman, completamente ajeno a la tormenta que acababa de desatar—. Señorita Parker, él es mi mano derecha, Adrian Collins, y en pocas palabras…

Hizo una pausa, sonriendo con orgullo.

—Mi yerno… y futuro dueño de mi empresa.

El mundo de Isabella se quebró en silencio.

No hubo ruido. No hubo grito. Solo un vacío que se abrió dentro de ella.

Sintió como si el aire desapareciera, como si el suelo dejara de sostenerla por un segundo. Pero no se cayó. No frente a ellos. No frente a él.

Las lágrimas se acumularon en sus ojos, pero las contuvo con una fuerza casi dolorosa.

Se obligó a sonreír.

—Mucho gusto… —dijo, con una voz que no le pertenecía.

Adrian sintió que esas palabras eran una puñalada.

—El gusto es mío —respondió, pero su voz estaba rota, más baja, más débil.

—¿No le parece un hombre correcto? —añadió el señor Whitman.

Isabella sintió cómo su sonrisa empezaba a quebrarse. Su mandíbula se tensó, sus dedos apretaron la libreta con fuerza.

—Creo que eso no me toca decirlo a mí… —respondió con dificultad—. ¿Le parece si continuamos con la entrevista?

Y así lo hizo.

Continuó.

Pero cada segundo fue una tortura.

Las palabras salían de su boca, pero su mente no estaba ahí. Sentía la mirada de Adrian clavada en ella, constante, pesada… como si la estuviera desnudando emocionalmente. Le costaba respirar, le costaba pensar.

Quería levantarse.

Quería gritarle.

Quería abofetearlo otra vez, mil veces más.

Quería preguntarle por qué.

Pero se contuvo.

Porque si no lo hacía… se rompería.

Cuando el teléfono del señor Whitman sonó, fue como una salida momentánea.

—Un momento, por favor.

Y se fue.

El silencio que quedó… fue insoportable.

Isabella se levantó de inmediato. No podía quedarse ahí un segundo más. Sentía que si lo hacía, todo lo que había contenido explotaría.

Pero no llegó lejos.

Una mano la sujetó del brazo.

Firme.

Familiar.

Dolorosa.

Su cuerpo se tensó por completo.

—Lo lamento… —dijo Adrian, con la voz quebrada, cargada de culpa—. No sabes cuánto lo siento…

Ella cerró los ojos un segundo. Su pecho subía y bajaba con dificultad.

—Jamás quise que las cosas se dieran de esa manera, yo solo—

No lo dejó terminar.

La bofetada resonó en la sala.

Fuerte.

Llena de rabia contenida.

—No vuelvas a dirigirme la palabra, imbécil. ¿Me entiendes?

Su voz estaba cargada de odio… pero también de dolor.

Adrian no respondió. Bajó la mirada, aceptando el golpe como si fuera poco.

—Me lo merezco… lo sé.

—Claro que te lo mereces —respondió ella, temblando—. Y te faltan muchas más.

El silencio ardía.

—Fui un idiota todo este tiempo… —continuó él—. Quizás no lo sabes, pero para mí también fue difícil dejarte ir… más aún cuando yo en verdad estaba enamorado de ti.

Isabella soltó una risa amarga, rota.

—¿Enamorado? —repitió—. No tienes vergüenza… hablas como si la víctima fueras tú.

—No… —negó él desesperado—. Pero entiéndeme… yo solo quería ser alguien. No quería hacerte infeliz. No tenía nada… era un pobre diablo… ¿qué podía ofrecerte?

Eso fue demasiado.

—¿Sigues sin entenderlo? —dijo ella, con los ojos brillosos—. ¡Nunca me importó eso! El dinero no era nada para mí… pero tú sí.

Su voz se quebró.

—Tú eras todo.

Adrian sintió cómo las lágrimas caían sin control.

—Sé que me odias… y lo entiendo. Yo te hice daño… mucho daño…

Pero Isabella ya no podía contenerse.

—¿Sabes de qué me arrepiento? —dijo, con una frialdad que dolía—. De haberte conocido… de haberte amado… de haberte puesto por encima de todo…

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—De amarte más que a mi propia vida.

El aire se volvió pesado.

—Di todo por nuestro amor… ¡todo! —su voz se elevó—. ¡Y tú lo destruiste como si nada!

Cada palabra salía cargada de años de dolor.

—Te fuiste con la primera que se te cruzó. Ni siquiera tuviste el valor de decírmelo en la cara.

Adrian no podía sostener su mirada.

—Perdón… —susurró—. De verdad quiero que me perdones…

—Me dejaste como basura —respondió ella, con la voz rota—. Como si no valiera nada…

Sus lágrimas comenzaron a caer.

—¿Tan poca cosa era para ti?

—¡No! —respondió él con desesperación—. Tú eras todo… todo para mí. Y si no volví… fue porque sabía que me odiarías. Pensé que así… me olvidarías.

Isabella negó con rabia.

—Y lo lograste. No sabes cuánto te detesto.

Adrian intentó tomar su mano.

Ella lo apartó con fuerza.

—No me toques.

—Perdóname… en serio…

—¿Crees que eso arregla algo? —dijo ella—. ¿Que todo el dolor que pasé se borra con un “perdón”?

—Todavía te amo… —dijo él, acercándose, desesperado.

Isabella lo empujó.

—Yo no…

Respiró con dificultad, con el pecho subiendo y bajando.

—No soy tan estúpida para volver a creer en ti. Aquella que dejaste… ya no existe.

—No digas eso… yo sé que aún me quieres…

Pero Adrian ya no pensaba.

Se acercó.

Demasiado.

Buscó sus labios, impulsado por todo lo que sentía, por la necesidad de recuperar algo que ya no le pertenecía.

Pero Isabella reaccionó al instante.

Giró el rostro.

Y ese gesto… lo destrozó más que cualquier golpe.

—Lo que sentía por ti… murió hace mucho tiempo.

Sus palabras fueron frías. Definitivas. Sin regreso.

Isabella se soltó de él y salió de la oficina con pasos firmes, aunque por dentro se estaba rompiendo otra vez.

—¡Isabella! —la llamó Adrian, saliendo tras ella.

Pero no llegó lejos.

Chocó con el señor Whitman.

—Te estaba buscando. Tenemos otra reunión —dijo con normalidad.

Adrian ni siquiera respondió de inmediato.

Su mirada seguía fija en el pasillo… en el lugar donde ella desapareció.

Sintiendo, por primera vez en mucho tiempo…

Que la había perdido de verdad.

Y esta vez…

No había forma de recuperarla.

^^^Continuará...^^^

1
Limaesfra🍾🥂🌟
y Gabriel🤔 este sujeto 🤔🤔🤔 tem cuidado Isa eres ingenua😎
Yolanda Plazola Arroyo
yá lo dejé esun 🪳🪳🤭
Yolanda Plazola Arroyo
probecita desgrciado🪳
Maria Garcia
pobre duele pero no merece su amor es un idiota que le gusta el dinero tiene que ser fuerte y seguír adelante ya encontrará algo mejor
Limaesfra🍾🥂🌟
ds un idiota rata de 2 patas.
excelente capitulo gracias, vamos x mas
Limaesfra🍾🥂🌟
ooohhhh
Limaesfra🍾🥂🌟
eres.un cucaracho🤬
Limaesfra🍾🥂🌟
duelee😢😭😡🤬🤬🤬
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