Con el alma rota y dos hijos que proteger, Catalina reconstruyó su vida desde cero… sin él.
Rubén lo dejó todo por una mentira. Pero cuando la ilusión se desvaneció, comprendió que lo que abandonó era lo único real. Regresa arrepentido, dispuesto a recuperar lo que perdió.
Sin embargo, Catalina ya no espera por nadie. Encontró la fuerza, la paz y la vida que él le negó.
¿Podrá su arrepentimiento borrar años de abandono? ¿O será demasiado tarde para volver a su lado?
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Capítulo 21 : La máscara de Valeria
Rubén
Durante los días siguientes intenté cumplir una promesa que no había hecho con palabras.
Estar presente.
No quería volver a decirle a Mateo que iría a verlo y después fallarle.
Por eso, aquella mañana llegué temprano a la escuela.
Esperé afuera.
Cuando Mateo salió y me vio, se quedó quieto durante unos segundos.
Después sonrió.
—¡Papá!
Sentí un alivio enorme.
Me agaché para abrazarlo.
—Hola, campeón.
—¿De verdad viniste?
—Te dije que vendría.
Mateo me miró seriamente.
—Pero esta vez sí viniste.
Aquella frase me dolió.
—Sí. Y voy a seguir viniendo.
No quería hacerle promesas imposibles.
Pero esta vez estaba decidido a demostrarlo con hechos.
Fuimos a tomar un helado.
Mateo me contó cosas del colegio.
Yo escuché.
Por primera vez en mucho tiempo no miré el teléfono.
No tenía prisa.
Quería recuperar cada minuto que había perdido.
Cuando regresé al apartamento, Valeria estaba esperándome.
—Llegaste tarde.
—Estaba con Mateo.
—Lo imaginé.
Dejó una taza sobre la mesa.
—Preparé comida.
—Gracias.
Me senté.
Valeria comenzó a hablar de nuestro día, de una cena a la que estábamos invitados y de unas fotografías que quería publicar.
Yo apenas respondía.
Finalmente me preguntó:
—¿Todavía la quieres?
La miré.
—¿A quién?
—A Catalina.
No respondí.
Valeria sonrió.
Pero no era una sonrisa amable.
Era una sonrisa que escondía algo.
—Sabía que algún día ibas a volver a mirarla.
—No estoy volviendo con ella.
—Todavía.
La palabra quedó flotando en el aire.
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Catalina
Mientras Rubén intentaba recuperar el tiempo con Mateo, yo estaba concentrada en mi trabajo.
Mi nueva responsabilidad exigía más de mí.
Había días agotadores.
Pero también había resultados.
Mi primer pago completo llegó a mi cuenta aquella semana.
Miré la cifra varias veces.
No era una fortuna.
Pero era dinero ganado con mi esfuerzo.
Me sentí orgullosa.
Llamé a mi madre.
—Mamá, ya recibí mi pago.
—¡Qué alegría!
—Quiero ahorrar una parte.
—Hazlo.
—También quiero comprarle algunas cosas a los niños.
Mi madre guardó silencio unos segundos.
—Estoy orgullosa de ti, Catalina.
Sonreí.
—Yo también estoy orgullosa de mí.
Decirlo en voz alta me sorprendió.
Antes me habría parecido extraño.
Ahora empezaba a creerlo.
No necesitaba que nadie me dijera que podía salir adelante.
Yo misma lo estaba comprobando.
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Rubén
Aquella noche Valeria organizó una cena.
Había invitados.
Amigos.
Personas que conocían nuestra historia.
Cuando llegaron, ella tomó mi mano y sonrió.
—Estamos muy felices —dijo.
Todos nos felicitaron.
—Se ven muy bien juntos.
—Qué bonita pareja.
—Se nota que están enamorados.
Valeria sonreía.
Yo también intentaba hacerlo.
Pero cada palabra me incomodaba.
Uno de los invitados preguntó:
—¿Y están pensando en casarse?
Valeria respondió rápidamente:
—Por supuesto.
La miré sorprendido.
—¿En serio? —preguntó alguien.
Valeria apoyó la cabeza sobre mi hombro.
—Rubén y yo estamos construyendo nuestro futuro.
Sonreí por compromiso.
Pero por dentro sentí una enorme presión.
No habíamos hablado de matrimonio.
Ni siquiera sabíamos si nuestra relación podía sobrevivir.
Cuando todos se fueron, cerré la puerta.
—¿Por qué dijiste eso?
Valeria me miró.
—Porque es lo normal.
—No, no lo es.
—¿Entonces qué quieres?
—No sé.
Su expresión se endureció.
—Ese es el problema, Rubén. Nunca sabes lo que quieres.
—No empieces.
—¿Por qué? ¿Porque tengo razón?
Me quedé callado.
Ella caminó hacia mí.
—Yo dejé muchas cosas por estar contigo.
—Nunca te pedí que hicieras eso.
Su rostro cambió.
—Pero tú me prometiste una vida.
—Y la estoy intentando construir.
—No.
Negó con la cabeza.
—Estás intentando escapar de las consecuencias de haber dejado a Catalina.
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Catalina
Al día siguiente recibí una llamada inesperada.
Era la hermana de Valeria.
—Hola, Catalina.
—Hola.
—Quería saber cómo estás.
—Bien.
Hubo un silencio.
—Necesito decirte algo.
—¿Qué ocurre?
—Ten cuidado con Valeria.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
—No quiero meterme en sus asuntos.
—Entonces, ¿por qué me llamas?
Ella respiró profundamente.
—Porque creo que ella no está siendo completamente sincera con Rubén.
Sentí cierta incomodidad.
—No quiero problemas.
—Lo sé.
—Mi vida ya no tiene nada que ver con ellos.
—Ojalá fuera así.
Guardé silencio.
—¿Qué quieres decir?
—Valeria está haciendo todo lo posible para que Rubén no se aleje.
—Eso no es asunto mío.
—Hay cosas que deberías saber.
—¿Qué cosas?
Pero antes de responder, la llamada se cortó.
Me quedé mirando el teléfono.
No quería volver a entrar en la vida de Rubén.
Había trabajado demasiado para recuperar mi paz.
Pero una parte de mí sintió curiosidad.
¿Qué estaba ocultando Valeria?
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Rubén
Esa noche encontré a Valeria revisando mi teléfono.
—¿Qué haces?
Ella se sobresaltó.
—Nada.
—Ese es mi teléfono.
—Solo estaba buscando una foto.
—Podías preguntarme.
Valeria dejó el teléfono sobre la mesa.
—¿Tienes algo que esconder?
—No.
—Entonces no entiendo por qué estás molesto.
—Porque revisaste mis cosas.
Ella se acercó.
—¿Es Catalina?
—No.
—¿Entonces quién?
—Nadie.
Valeria respiró profundamente.
—Rubén, yo sé que todavía piensas en ella.
—Ya te dije que no estoy con Catalina.
—Pero tampoco estás completamente conmigo.
La miré.
Por primera vez, no intenté negarlo.
—No sé qué siento.
Valeria dio un paso atrás.
—Entonces tendremos que resolverlo.
—¿Qué quieres decir?
Ella tomó su bolso.
—Quiero que mañana vengas conmigo.
—¿A dónde?
—A un lugar.
—¿Qué lugar?
Valeria sonrió.
Pero aquella sonrisa no me tranquilizó.
—Ya lo sabrás.
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Catalina
Esa noche estaba acostando a los niños cuando recibí otro mensaje.
Era de un número desconocido.
“Catalina, hay algo que debes saber sobre Valeria antes de que sea demasiado tarde.”
Miré la pantalla.
No respondí.
Un segundo mensaje llegó inmediatamente.
“No confíes en la imagen que ella muestra.”
Sentí un escalofrío.
Miré hacia la habitación de mis hijos.
No quería problemas.
No quería regresar al pasado.
Pero alguien estaba intentando advertirme.
Y mientras yo dejaba el teléfono sobre la mesa, sin saber qué hacer, Rubén estaba a punto de descubrir que la mujer que creía conocer podía estar ocultando mucho más de lo que imaginaba.
Porque algunas máscaras no caen cuando alguien las enfrenta.
Caen cuando ya no pueden sostenerse solas.
Y la máscara de Valeria estaba a punto de romperse.
🙊a hora cual será el misterio