La guerra entre Elarion y Drakhar ha durado años, pero, cuando el príncipe heredero de Drakhar se fija en la santa Sylvia, de Elarion, propone un tratado de paz, pero a cambio deben entregarle a la santa como concubina. Sylvia acepta esta condición para salvar a su nación, pero, no se imagina que, al entrar al palacio de Drakhar se encontrará con las amantes del príncipe heredero, pero, aunque ella no es fácil de intimidar, pronto descubre, que, en ese palacio, tiene un aliado más poderoso que el mismísimo emperador, el dragón rojo de la calamidad, que se ha liberado del control del príncipe heredero, y que, esta dispuesto a vengarse por usarlo como una maquina de guerra.
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Capitulo 19.
Balthazar mando llamar a Meredith cuando ella regreso al palacio, le ordenó que enviará mensajeros al campamento militar, quería saber como iban con los planes de infiltración, incluso escribió que estaría saliendo de Drakhar dentro de una semana, así que deben prepararse, porque llevará a la Santa y esta, será ejecutada ante el ejército de Elarion para que vean como su símbolo de protección desaparecía.
Este era su plan de respaldo, si los soldados de Elarion ven morir a la santa, seguramente se les bajará la moral y eso, les dará una ventaja a ellos.
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Por otro lado, Sylvia se ha estado moviendo por el palacio con cuidado, pero, hay algo que notó durante ese recorrido de reconocimiento, y es que, cuando el pelirrojo estaba cerca del emperador, el emperador parecía ponerse nervioso, y era como si el emperador fuera el subordinado del pelirrojo.
Tal vez el pelirrojo tenia algo importante en contra del emperador y por eso le temía. En otra ocasión, también escucho hablar al emperador con otros nobles, sobre el sello sagrado que de ha roto y que, tenían que encontrar una forma de eliminar a los dragones, en especial al dragón rojo, porque era el más peligroso.
—el príncipe teme que su papi sepa que el sello sagrado se rompió, pero, el emperador ya lo sabe, pero tampoco lo dice...— se cruza de brazos.— esto esta peor que esas novelas que la princesa lee, con tantos enredos y secretos absurdos...
—pero miren nada más, la ratoncita esta de espía.—
Sylvia se sobresalta al escuchar la voz del pelirrojo y resbala del balcón. Friedrich la agarra de la cintura y ella se sostiene de los brazos del pelirrojo.
—eso estuvo cerca...que descuidada.— se burla.
—¿yo?, casi me mató por su culpa.— se queja apretando las manos en los brazos del pelirrojo.
—o más bien, fue su excusa para lanzarse en mis brazos.—
Sylvia reacciona, viéndose demasiado pegada al cuerpo ajeno, así que, le aparta y se acomoda la ropa.
—degenerado...por eso me asusto...quería tocarme...— reclama la albina.
Friedrich aprovecha el poco espacio y apoya las manos en la pared encerrando entre su cuerpo a la albina.
—tal vez...— sonríe y se inclina para quedar más cerca de su rostro.— ¿como podría desaprovechar la oportunidad de acorralar a una ratoncita sexy?
Sylvia se encoge de hombros, sintiéndose un poco nerviosa por la cercanía del pelirrojo, y es que, verlo más de cerca solo resaltaba lo atractivo que era su rostro.
—lastima, aunque yo sea sexy, usted no me interesa...— desvía la mirada.
—¿no?, pero, si se le pasa mirándome el rostro...el otro día la vi mirarme abajo de la cintura...— se acerca a su oído.— si quieres te lo puedo mostrar...
Sylvia sintió el rostro arder y regreso su mirada hacia el pelirrojo quien le sonríe con burla. La albina se intenta escapar pero, Friedrich le sostiene de la cintura por detrás y apoya su barbilla en el hombro de la albina.
—buenas noches ratoncita.— le deja un beso en la mejilla y la suelta.
Sylvia solo lo fulmina con la mirada y salta del balcón perdiéndose en la oscuridad.
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Al día siguiente...
Sylvia estaba en aquel jardín interno, quejándose con el dragón del pelirrojo que la ha estado acosando esos días.
—no importa que tenga buen rostro y buen cuerpo, quémalo.— le pide.
[No estoy a su servicio, santa, no olvide que el trato era, ayudarla a ganar la guerra.]le responde el dragón.
Si supiera que esta hablando con la misma persona.
—¿y eso cuando será?, ha pasado tiempo, creo que ya es hora de volver a Elarion...— se pregunta si Gareth y los príncipes estarán bien. Comunicarse con ellos es imposible.
[Pronto, ya es hora de terminar el juego, debe prepararse, en pocos días partimos al campo de batalla.] Responde el dragón.
La albina asiente. Mientras que Friedrich, solo espera el regreso a los otros dragones para saber si han terminado el trabajo que les encomendo, es decir, eliminar a los descendientes de Igor.
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Sylvia caminaba por el pasillo del ala de las concubinas, cuando, se cruza con Meredith y un pequeño grupo de guardias. La pelinegra le sonríe con burla.
—te ves muy tranquila...parece que, aun no sabes...— mantiene su expresión burlona.
—si, ya sé, el príncipe ha perdido el sello sagrado...ya no puede controlar a los dragones...y esta asustado de lo que pueda pasar...— pero, al ver la cara de sorpresa de los guardias y el nerviosismo de Meredith, se cubre la boca con fingida sorpresa.— ¡oh! No era eso...¡upsi!
Uno de los guardias se acerca un poco más a Meredith.
—señorita Meredith...lo que ella dice es...
—calla, es mentira, solo quiere que duden.— interrumpe la pelinegra.
—así que es eso...que bueno que su alteza la ejecutara...— sonrió otro guardia.
Sylvia se señala así misma.—¿a mi?, que chistoso, hasta cree el príncipe que la diosa dejará que me ejecute...que lo intente...veamos como enfrenta la ira de la diosa.
Sonríe ladina y todos los presentes sienten un escalofrío cuando el aire sopla más frío. Meredith aprieta los puños, porque, por más que intenta provocarle miedo a la albina, esta siempre responde tranquila y sin perturbarse.
—la diosa no te salvará...veamos cuanto tiempo seguirás sonriendo.— amenaza.
La mujer ordena a los guardias seguir su camino.
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En la noche, en el palacio del príncipe, todo se veía muy animado, Balthazar había organizado una fiesta para celebrar su próxima victoria. Las concubinas bailaban en medio del salón, mientras los generales y nobles brindaban.
—su alteza sin duda volverá victorioso. Elarion caerá.— expresa un noble.
—por supuesto, todo reino ha caído ante el poder del príncipe, Elarion no será la excepción.— hablo otro.
—espero qué, cuando tome el palacio de Elarion, comparta el botín de guerra aquí con sus leales seguidores.— menciona otro.
—por supuesto, oro, joyas e incluso las mujeres que quieran, serán suyas.— asegura el príncipe.
—entonces su alteza...esta noche, ¿me podría prestar a esa jovencita que trajo de Elarion?, la he visto antes, es una belleza que deseo en mi cama.— le pide aquel noble.
Balthazar aprieta la mano en la copa. No podía decir que sí, porque, sabe que cuando ese hombre la intenta tocar, recibirá una descarga de magia, y si eso pasa, todos sabrán que ni él mismo ha podido tocar a esa joven.
—ella es mía por ahora, cuando me aburra se la podré prestar, por ahora, escoja a cualquiera de las damas.— señala a las concubinas que bailaban y servían los tragos.
—que pena, pero, estaré esperando...— levanta su copa para brindar.
—el príncipe si que es generoso, no le importa compartir a sus mujeres dejando el lado el riegos de contagiarse de una enfermedad.—
Friedrich entra al salón acompañado de Faramud.
El noble que pedía a la albina, golpea con el puño la mesa.
—¿que esta insinuando?, ¿quien es usted que se atreve a hablar así?— pregunta molesto.
—soy un invitado del emperador. Friedrich Von Alhen. ¿Y que tiene de malo decir la verdad?, no es raro que los hombres que frecuentan a las prostitutas, acaben enfermos de una enfermedad venérea.— se encoge de hombros.
—basta, que sea invitado de mi padre, no le da derecho a insultar a mis invitados.— interrumpe Balthazar.
—no se como su majestad permite la entrada a un nuevo rico maleducado.— expresa aquel noble ofendido.
Friedrich solo sonríe ladino, pero, aquel noble siente un escalofrío al mirar los ojos del pelirrojo.
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