Ella reencarna en un mundo mágico. Una familia militar, pero ella solo quiere verse linda y leer.. y sobre todo ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Los Müller 2
Faltaba apenas un día para la fiesta de mayoría de edad de Ellie Viceroy.
La mansión Viceroy se encontraba sumida en una actividad frenética. Los sirvientes iban de un lado a otro con telas, cajas y adornos.. los encargados de la cocina discutían sobre el menú del banquete, y su padre había recibido tantos documentos relacionados con los invitados que Ellie sospechaba que, si alguien le entregaba uno más, terminaría utilizándolo como arma.
Su hermano Eric estaba ocupado supervisando algunos asuntos militares antes de la celebración, mientras Emma ayudaba a coordinar los últimos detalles.
Y Ellie...
Ellie tenía una misión mucho más importante.
¡Recoger su poción!
Después de varios días de sesiones con el mago Stefan Müller, finalmente había llegado el momento de recibir el preparado que le había encargado para complementar los cuidados de su rostro.
La joven estaba emocionada.
No porque creyera que necesitaba cambiar completamente su apariencia. Al contrario, estaba muy satisfecha con los resultados que había obtenido gracias a la magia de Stefan.
Pero si existía la posibilidad de mejorar un poco más, ¿por qué no aprovecharla?
[¡Mañana cumpliré la mayoría de edad y quiero estar preciosa! Aunque, siendo sincera, ya soy preciosa. Simplemente voy a estar todavía más preciosa].
Se miró en el pequeño espejo que llevaba en su bolso.
Su piel se veía más uniforme que unos días atrás y el cabello negro le caía sobre los hombros con un brillo que la tenía encantada.
Sonrió satisfecha.
[¡Qué maravilla es tener dinero para cuidar de una misma! En mi vida anterior tenía que calcular si podía comprar una crema o un libro. Ahora puedo comprar libros, cuidar mi piel y todavía me sobra dinero para comer pasteles].
Aquello era la verdadera felicidad.
O, al menos, una de sus formas más importantes.
Cuando el carruaje se detuvo cerca de la posada de Gemma, Ellie bajó con una pequeña cesta vacía que había llevado por si su nueva amiga tenía alguna delicia que quisiera regalarle.
No era que esperara recibir comida cada vez que visitaba el lugar.
Por supuesto que no.
[Simplemente, una debe estar preparada para cualquier eventualidad].
Caminó por el sendero que conducía a la casa donde vivían los Müller, situada cerca de la posada. Ya conocía el camino y había estado allí varias veces, por lo que avanzó sin necesidad de preguntar por la entrada.
Sin embargo, apenas se acercó, escuchó unas risas infantiles y un grito que la hizo detenerse.
—¡Scott, no se lo tires a tu hermana!
Era la voz de Gemma.
Después escuchó otra carcajada.
Y, finalmente, la voz desesperada de Stefan..
—¡Scarlet, por favor! ¡La tierra no se come!
Ellie parpadeó.
¿Qué estaba sucediendo allí?
Se acercó un poco más.
Y entonces lo vio.
Los pequeños Scarlet y Scott estaban cubiertos de lodo.
No tenían simplemente unas manchas en las rodillas o un poco de tierra en las manos.
¡Estaban cubiertos de lodo de pies a cabeza!
Sus ropas, que probablemente habían estado limpias esa misma mañana, tenían manchas marrones por todas partes. Sus mejillas estaban salpicadas de tierra, sus pequeños zapatos parecían haber desaparecido bajo una capa de barro y ambos sostenían juguetes nuevos que agitaban con entusiasmo.
Por lo visto, el hermano de Gemma había ido a visitarlos y les había llevado regalos.
Y los niños habían decidido celebrar aquella generosidad convirtiendo el patio en un campo de batalla.
Scott sostenía un pequeño caballo de madera y corría alrededor de un montón de tierra, mientras Scarlet, mucho más interesada en explorar el suelo que en sus juguetes, intentaba agacharse para recoger un puñado de barro.
Stefan estaba inclinado junto a su hija, intentando levantarla.
—Vamos, pequeña. Papá te va a cargar.
Scarlet lo miró.
Sonrió.
Y, en cuanto él la levantó, estiró ambos brazos hacia el suelo.
¡Quería volver a la tierra!
—No, no, no...
murmuró Stefan, sujetándola con cuidado
—Ya has jugado suficiente.
La pequeña respondió con un sonido de protesta y comenzó a retorcerse entre sus brazos.
Ellie tuvo que taparse la boca para contener la risa.
[¡Dios mío! ¡Parecen dos pequeños soldados que acaban de regresar de una batalla!].
En ese momento, Gemma levantó la cabeza y la vio.
—¡Ellie!
La joven sonrió.
—¡Buenos días!
Gemma la saludó con una mano, aunque parecía tener todas las energías concentradas en impedir que Scott arrojara su juguete dentro de un charco.
—¡Perdona que no te haya recibido antes! ¡Mira cómo están estos dos!
Ellie observó a los niños.
Scott acababa de intentar mostrarle su caballo de madera a su padre, pero había terminado dejando una huella de barro en la manga de Stefan.
El mago miró la mancha.
Cerró los ojos.
Respiró profundamente.
—Voy a necesitar mucha paciencia
Ellie ya no pudo contener la risa.
Gemma también se rio, aunque enseguida tuvo que intervenir cuando Scarlet intentó deslizarse de los brazos de su padre.
—¡Scarlet, cariño, no puedes volver a tirarte al barro!
La pequeña no parecía compartir aquella opinión.
De hecho, parecía convencida de que su madre estaba intentando privarla de una de las experiencias más maravillosas de su corta existencia.
Ellie se acercó a Gemma.
—¿Qué ha pasado aquí?
Gemma suspiró dramáticamente.
—Mi hermano vino a visitarnos y les trajo juguetes nuevos. Al principio estaban encantados. Después decidieron que los juguetes necesitaban una aventura en el jardín.
Miró el patio.
—Y ahora parece que los juguetes han sobrevivido mejor que los niños.
Ellie soltó una carcajada.
[¡Esto es mejor que una comedia!].
Gemma señaló a Scott, que en aquel preciso instante intentaba esconderse detrás de una maceta.
—Llevamos casi media hora intentando convencerlos de que deben bañarse.
—¡No baño!
protestó el pequeño, aunque sus palabras salieron bastante atropelladas.
—¡Sí, baño!
respondió Gemma con firmeza.
Scott abrazó su caballo de madera.
Scarlet aprovechó la distracción para intentar alcanzar el suelo una vez más.
Stefan la sostuvo con cuidado y miró a su esposa.
—Creo que voy a necesitar que me ayudes.
—¡Estoy intentando que tu hijo no convierta el patio en un pantano!
Ellie se llevó una mano al pecho.
[¡No puedo! ¡No puedo con esta familia!].
La escena le resultaba tan divertida que, por unos instantes, olvidó por completo el motivo de su visita.
Hasta que Stefan reparó en ella.
—¡Señorita Viceroy! Disculpe, casi había olvidado que vendría hoy.
Ellie hizo una pequeña reverencia.
—No se preocupe. Puedo esperar.
—La poción ya está lista. La he guardado en un cofre negro, dentro de una bolsa verde. Está en la casa, en el lugar donde le indiqué.
Los ojos de Ellie se iluminaron.
¡La poción!
¡Su maravillosa poción!
[¡Por fin!].
—Muchas gracias, señor Müller.
—No hay de qué. Solo recuerde seguir las indicaciones que le daré cuando la recoja. No debe utilizarla de una manera distinta a la que hemos acordado.
Ellie asintió con seriedad.
—Por supuesto.
Gemma, que seguía sujetando a Scott por los hombros para impedir que escapara, intervino..
—El cofre está dentro de la casa. Mi hermano está en el salón, así que puede pasar a buscarlo.
Después miró a su esposo y a los pequeños.
—Y, por favor, disculpa que no te acompañe. Necesito llevar a estos dos al baño antes de que decidan jugar también con el agua de la cocina.
Ellie sonrió.
—No te preocupes, Gemma. Ya conozco la casa. Iré a buscar la poción y luego podemos conversar.
—Perfecto. Siéntete como en casa.
Gemma le dedicó una sonrisa agradecida antes de volverse hacia sus hijos.
—¡Scott! ¡Deja de esconderte!
El pequeño salió corriendo.
Gemma fue tras él.
Stefan, mientras tanto, intentaba sostener a Scarlet, que había decidido que su padre era un obstáculo entre ella y el barro.
Ellie contempló la escena una última vez.
[¡Qué familia tan adorable! Aunque creo que hoy necesitarán más magia para limpiar a los niños que para preparar pociones].
Con una sonrisa, se dirigió hacia la entrada.
ni cuando era virgen me sonrojaba tanto😅😅😅🤣🤣🤣sinlo se soy cruel😎🤣🤣🤣🤣
me encanta
Espero equivocarme🥲