Esta historia comienza con Daniela y Marcos.
Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.
Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.
Pero la verdad es otra.
Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.
Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.
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Capítulo 6 — Mi amor, estoy aquí
Eran como las doce del mediodía y yo ya llevaba varias horas despierta. Normalmente, cuando mi tío se emborrachaba, se despertaba como a las diez de la mañana, se levantaba con dolor de cabeza y se iba a tomar algo para sentirse mejor.
Pero ese día era diferente.
No había salido de su habitación.
Me preocupé y decidí subir a verlo.
Toqué la puerta un par de veces.
—¿Tío?
No escuché respuesta.
Abrí despacito y entré.
Lo primero que vi fue que estaba completamente arropado, de pies a cabeza.
—Ay, no...
Me acerqué a la cama.
—Tío, ¿está despierto?
Nada.
Entonces agarré la cobija y se la quité.
—Tío, despierte.
Cuando descubrí su cuerpo, noté que estaba empapado en sudor.
Me acerqué y le toqué la frente.
—¡Ave María, pues!
Estaba hirviendo.
Además, estaba temblando.
—Tío...
Me asusté.
Yo estaba estudiando medicina y sabía que aquello podía ser un resfriado fuerte, posiblemente acompañado de fiebre. Pero igual me preocupaba verlo así.
—Despierte, tío.
Él movió un poco la cabeza y finalmente abrió los ojos.
Me miró confundido.
—¿Dani?
—Sí, soy yo.
—¿Qué hora es?
—Las doce del día.
Cerró los ojos otra vez.
—Me siento como una basura.
—Tiene fiebre.
—¿En serio?
—Sí. Está hirviendo.
Le puse una mano en la frente nuevamente.
—¿Por qué no me dijo que se sentía así?
—No sabía...
Su voz sonaba débil.
Yo respiré profundo.
—¿Le duele algo?
—La cabeza.
—¿La garganta?
—Un poquito.
—¿Tiene escalofríos?
Asintió.
—Sí.
—Bueno, tranquilo.
Me senté a su lado.
—Voy a buscarle algo para que se sienta mejor.
Él abrió los ojos nuevamente y me miró.
—Mi reina...
Me quedé quieta.
—¿Qué?
—Ven, quédate conmigo.
Me dio un poquito de pesar verlo así.
—Shhh... mi amor, estoy aquí —le dije para que se calmara.
Él cerró los ojos lentamente.
Yo le acomodé la almohada.
—Pero necesito ir a buscarle paracetamol para ayudar a bajar la fiebre, ¿sí?
Apenas escuchó eso, volvió a abrir los ojos.
—¿Vas a regresar?
Lo miré.
—Sí.
—¿Segura?
—Sí, tío. Voy y vuelvo.
Parecía preocupado de que me fuera.
—No se vaya.
—No me voy a ir.
Me levanté de la cama.
—Voy a buscar el medicamento y algo de agua. También voy a conseguirle algo para comer porque no puede quedarse así sin haber comido nada.
Él apenas asintió.
—Mi reina...
—¿Qué?
—Gracias.
Sonreí un poquito.
—De nada.
Salí de la habitación y bajé las escaleras.
Mientras caminaba, no podía dejar de pensar en lo extraño que se había comportado.
Tal vez todavía estaba afectado por la fiesta de la noche anterior.
Pero eso no explicaba la fiebre.
Entré a la cocina y preparé un vaso de agua. Después busqué el medicamento que normalmente usábamos en casa.
Como estaba estudiando medicina, sabía que no debía darle medicamentos a la ligera. Primero debía asegurarme de cuánto había tomado la noche anterior y revisar que no hubiera alguna contraindicación.
Volví a subir.
Cuando entré, él seguía acostado.
—Tío, ya volví.
Abrió los ojos lentamente.
—Sabía que ibas a regresar.
Me senté junto a él.
—Se lo dije.
Le pasé el vaso de agua.
—Tome despacio.
Él obedeció.
Después volvió a recostarse.
—Dani...
—¿Sí?
—Qué bueno que estás aquí.
Sentí algo raro en el pecho.
No sabía por qué esas palabras me afectaban tanto.
Tal vez porque, aunque todos lo llamaran mi tío, yo sabía que Marcos no era realmente mi tío.
Era el mejor amigo de mi mamá.
Era la persona que había estado presente durante toda mi vida.
Y ahora, verlo enfermo y vulnerable me hacía sentir que quería cuidarlo más de lo normal.
Le acomodé nuevamente la cobija.
—Duerma un rato, pues.
—¿Te vas a quedar?
—Sí.
—¿Toda la tarde?
Sonreí.
—Toda la tarde si hace falta.
Él cerró los ojos.
Yo me quedé sentada a su lado, vigilando que descansara.
Y por primera vez desde que había empezado a sentir cosas por él, no pensé en lo complicado que era todo.
Solo quería que se recuperara.
como para que no le hubiera dicho a Marcos que era padre de un niño, contarle cómo iba su vida y demás...
definitivamente, la narrativa está de no creerse...
lo dicho, abandonó a Marcos...
quiere decir que no hizo nada por él...
ese era el "amor" que sentía por él?
porqué Matías no conoce a su papá?
sigo leyendo pero decepcionada de la historia...
ojalá que pague la vieja loca de Lizbeth...
que Marcos, rehaga su vida pero que no vuelva con Daniela que no fue capaz de ir a verlo al juicio...
y otra cosa, al inicio dice que Lizbeth tuvo a Daniela a los 11 años...
o fué violada o se pasó de precoz...
sigue preso?
no me gusta que Daniela, diciendo que lo ama lo haya abandonado a su suerte...
no...
o está mal planteada la historia, o no sé...
no hay razón para que padre e hijo no se conozcan...
tanto la madre como la hija, pésimas...
estaba taaan ocupada que no se pudo hacer un "tiempito"???
a menos que su madre le haya mentido...
no hay delito que perseguir...
los dos son mayores de edad, entonces cuál es el problema???