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Me Enamore De Mi Sobrina

Me Enamore De Mi Sobrina

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Malentendidos
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con Daniela y Marcos.

Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.

Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.

Pero la verdad es otra.

Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.

Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6 — Mi amor, estoy aquí

Eran como las doce del mediodía y yo ya llevaba varias horas despierta. Normalmente, cuando mi tío se emborrachaba, se despertaba como a las diez de la mañana, se levantaba con dolor de cabeza y se iba a tomar algo para sentirse mejor.

Pero ese día era diferente.

No había salido de su habitación.

Me preocupé y decidí subir a verlo.

Toqué la puerta un par de veces.

—¿Tío?

No escuché respuesta.

Abrí despacito y entré.

Lo primero que vi fue que estaba completamente arropado, de pies a cabeza.

—Ay, no...

Me acerqué a la cama.

—Tío, ¿está despierto?

Nada.

Entonces agarré la cobija y se la quité.

—Tío, despierte.

Cuando descubrí su cuerpo, noté que estaba empapado en sudor.

Me acerqué y le toqué la frente.

—¡Ave María, pues!

Estaba hirviendo.

Además, estaba temblando.

—Tío...

Me asusté.

Yo estaba estudiando medicina y sabía que aquello podía ser un resfriado fuerte, posiblemente acompañado de fiebre. Pero igual me preocupaba verlo así.

—Despierte, tío.

Él movió un poco la cabeza y finalmente abrió los ojos.

Me miró confundido.

—¿Dani?

—Sí, soy yo.

—¿Qué hora es?

—Las doce del día.

Cerró los ojos otra vez.

—Me siento como una basura.

—Tiene fiebre.

—¿En serio?

—Sí. Está hirviendo.

Le puse una mano en la frente nuevamente.

—¿Por qué no me dijo que se sentía así?

—No sabía...

Su voz sonaba débil.

Yo respiré profundo.

—¿Le duele algo?

—La cabeza.

—¿La garganta?

—Un poquito.

—¿Tiene escalofríos?

Asintió.

—Sí.

—Bueno, tranquilo.

Me senté a su lado.

—Voy a buscarle algo para que se sienta mejor.

Él abrió los ojos nuevamente y me miró.

—Mi reina...

Me quedé quieta.

—¿Qué?

—Ven, quédate conmigo.

Me dio un poquito de pesar verlo así.

—Shhh... mi amor, estoy aquí —le dije para que se calmara.

Él cerró los ojos lentamente.

Yo le acomodé la almohada.

—Pero necesito ir a buscarle paracetamol para ayudar a bajar la fiebre, ¿sí?

Apenas escuchó eso, volvió a abrir los ojos.

—¿Vas a regresar?

Lo miré.

—Sí.

—¿Segura?

—Sí, tío. Voy y vuelvo.

Parecía preocupado de que me fuera.

—No se vaya.

—No me voy a ir.

Me levanté de la cama.

—Voy a buscar el medicamento y algo de agua. También voy a conseguirle algo para comer porque no puede quedarse así sin haber comido nada.

Él apenas asintió.

—Mi reina...

—¿Qué?

—Gracias.

Sonreí un poquito.

—De nada.

Salí de la habitación y bajé las escaleras.

Mientras caminaba, no podía dejar de pensar en lo extraño que se había comportado.

Tal vez todavía estaba afectado por la fiesta de la noche anterior.

Pero eso no explicaba la fiebre.

Entré a la cocina y preparé un vaso de agua. Después busqué el medicamento que normalmente usábamos en casa.

Como estaba estudiando medicina, sabía que no debía darle medicamentos a la ligera. Primero debía asegurarme de cuánto había tomado la noche anterior y revisar que no hubiera alguna contraindicación.

Volví a subir.

Cuando entré, él seguía acostado.

—Tío, ya volví.

Abrió los ojos lentamente.

—Sabía que ibas a regresar.

Me senté junto a él.

—Se lo dije.

Le pasé el vaso de agua.

—Tome despacio.

Él obedeció.

Después volvió a recostarse.

—Dani...

—¿Sí?

—Qué bueno que estás aquí.

Sentí algo raro en el pecho.

No sabía por qué esas palabras me afectaban tanto.

Tal vez porque, aunque todos lo llamaran mi tío, yo sabía que Marcos no era realmente mi tío.

Era el mejor amigo de mi mamá.

Era la persona que había estado presente durante toda mi vida.

Y ahora, verlo enfermo y vulnerable me hacía sentir que quería cuidarlo más de lo normal.

Le acomodé nuevamente la cobija.

—Duerma un rato, pues.

—¿Te vas a quedar?

—Sí.

—¿Toda la tarde?

Sonreí.

—Toda la tarde si hace falta.

Él cerró los ojos.

Yo me quedé sentada a su lado, vigilando que descansara.

Y por primera vez desde que había empezado a sentir cosas por él, no pensé en lo complicado que era todo.

Solo quería que se recuperara.

1
Deyda Ninorca Sanchez Batista
porque no lo visitaste
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