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El Corazón del Villano

El Corazón del Villano

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:493
Nilai: 5
nombre de autor: sang senja

Amelia Geraldi fue la princesa de la mafia más temida de su país. Pero una noche, después de leer hasta el amanecer una novela sin remitente, se quedó dormida... y despertó en el cuerpo de la secundaria que muere en el primer acto.

Ahora es Amelia Sandoval, una chica de diecisiete años con cara de muñeca, una familia que ya no la reconoce y una protagonista de lágrimas fáciles que se las arregla para que todos la compadezcan. Peor aún: el hombre que mandó a matar a su nueva identidad sigue ahí. Adrián William, el villano de la historia, frío, brillante y obsesionado con proteger a la heroína, la tiene en su lista negra.

Lástima para él. Esta vez, la presa sabe disparar.

Entre pistolas, intrigas escolares y un tigre blanco que ya muerde, Amelia decide reescribir el final que odió. Lo que no esperaba era que el mismísimo villano empezara a mirarla a ella.

¿Quién cazará a quién cuando el corazón del villano esté en juego?

NovelToon tiene autorización de sang senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Amelia Marta Sandoval

Tras escuchar la explicación del doctor, a Amelia le estalló un dolor de cabeza espantoso.

Fue algo repentino, como si alguien le estuviera golpeando el cráneo con un objeto duro, una y otra vez.

—Duele...

Se agarró la cabeza, con una mueca de dolor.

Y el dolor empeoraba.

Al mismo tiempo, una marea de recuerdos extraños empezó a inundarle la mente. Uno tras otro. Fragmentos de una memoria que no era suya. Rostros que jamás había visto. Lugares a los que nunca había ido. Sucesos que nunca había vivido.

Todo daba vueltas dentro de su cabeza, y sentía que el cerebro iba a reventarle en cualquier momento.

—Ah...

Se encorvó un poco, con las manos hundidas en el pelo.

Al verla así, el doctor entró en pánico.

—¡Señorita Amelia!

Corrió a su lado.

—Tranquila, señorita. Respire despacio.

Pero Amelia apenas lo oía. Entraban demasiados recuerdos a la vez.

Hasta que, por fin...

todos esos recuerdos empezaron a ordenarse solos, hasta formar una vida nueva, completamente distinta de la de Amelia Marta Geraldi.

Unos minutos después, el dolor fue cediendo. Amelia seguía jadeando, pálida como el papel, con la frente cubierta de sudor frío. Levantó la cabeza despacio y miró al doctor, que la observaba con evidente preocupación.

—Perdone, doctor...

Su voz sonó débil, muy distinta de la actitud agresiva con la que había despertado.

—¿Podría dejarme sola un momento?

El doctor dudó.

—Todavía me duele bastante la cabeza.

Amelia tragó saliva antes de continuar.

—Los exámenes pueden esperar.

El doctor frunció el ceño.

—Pero, señorita, su estado parece bastante serio. Me temo que podría haber una alteración en su memoria. Lo mejor sería hacerle más pruebas cuanto antes.

Amelia negó con suavidad. Seguía pálida.

—Doctor...

—De verdad necesito estar sola ahora.

—Por favor.

Aquella mirada suplicante terminó por vencerlo. Soltó un largo suspiro.

—De acuerdo.

—Pero si pasa cualquier cosa, presione el botón de emergencia que hay junto a la cama.

Amelia asintió.

—Gracias, doctor.

El médico salió de la habitación junto con las enfermeras.

* * *

En cuanto se abrió la puerta, el matrimonio que llevaba rato esperando afuera corrió hacia él.

—¿Cómo está nuestra hija, doctor?

La voz de la mujer temblaba de ansiedad.

El doctor esbozó una sonrisa leve.

—Gracias a Dios, la señorita Amelia superó la etapa crítica y recuperó la conciencia.

Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas al oírlo, y su esposo dejó escapar un suspiro de alivio.

—Sin embargo...

La sonrisa del doctor se fue borrando.

—Es posible que haya un daño en su memoria. Todavía tenemos que hacerle más estudios.

La pareja volvió a ponerse tensa.

—¿Es grave, doctor? —preguntó el padre.

—Aún no podemos saberlo. Por ahora, la señorita Amelia ha pedido quedarse sola. Quizá todavía esté en shock por el accidente.

El doctor eligió las palabras con cuidado. Los padres solo pudieron asentir. Aunque agradecían que su hija hubiera despertado, la preocupación les seguía pesando en el alma.

Mientras tanto, dentro de la habitación, Amelia estaba sentada en la cama, inmóvil, con la vista perdida en la pared. Su mente seguía intentando digerir todo lo ocurrido.

Ahora lo entendía. Esos recuerdos ajenos que la habían inundado no eran ninguna alucinación. Eran los recuerdos auténticos del cuerpo que ahora ocupaba. El cuerpo de una chica llamada...

Amelia Marta Sandoval.

Y lo que le erizó la piel fue que todos esos recuerdos coincidían al detalle con la novela que había leído la noche anterior.

—O sea que...

—¿De verdad me metí en la novela?

Se llevó la mano a la frente. Costaba creerlo, pero todas las pruebas apuntaban a la misma conclusión. Había cruzado al mundo de una novela. Un mundo que hacía apenas unas horas había despedazado sin piedad.

Amelia Marta Sandoval. Segunda hija del matrimonio formado por Graciela y Baltasar Sandoval. Tenía un hermano mayor, Sebastián Brandon Sandoval. La familia Sandoval era una de las más respetadas e influyentes de la ciudad.

En los recuerdos de la Amelia original, su familia la adoraba.

Al menos hasta la llegada de cierta persona. La persona que era el centro de toda la historia.

Sofía Arcadia Mejía.

La protagonista.

—Ay, por Dios...

Se masajeó las sienes. Con solo recordar ese nombre ya se le revolvía el estómago.

En la novela, Sofía era la prima de Amelia, que llegaba a vivir con los Sandoval. Al principio, todo marchaba con normalidad. Pero poco a poco, la atención de la familia empezó a girar hacia ella. Su dulzura, su inocencia y la cadena de desgracias que le caían encima despertaban la compasión de todos.

Incluida la familia Sandoval.

Sin darse cuenta, la Amelia original se fue sintiendo desplazada. Ese sentimiento terminó convirtiéndose en odio, un odio que crecía con el paso del tiempo.

Amelia soltó un largo suspiro.

—Pensándolo bien...

—Una parte de la culpa sí fue de Amelia, la verdad.

Por mucho que le cayera mal el personaje de Sofía, Amelia Marta Geraldi tenía que admitir que Amelia Sandoval tampoco era ninguna santa. Le lanzaba comentarios hirientes a Sofía y, más de una vez, la humilló delante de todo el mundo.

Pero lo peor era que no actuaba sola. Tenía dos amigas que siempre estaban a su lado.

Aurora Isadora Valverde y Jennifer Odelia Echeverría.

Aurora era una chica alegre, un poco coqueta, chismosa y, a veces, de pensamiento lento. Pero su lealtad hacia sus amigas era incuestionable.

En cuanto a Jenny...

Amelia chasqueó la lengua.

Jenny era la villana de la novela. La prometida de Alexio Beraldik Santibáñez, el protagonista masculino. Como sentía amenazada su posición por la cercanía entre Alexio y Sofía, había empezado a acosar a la chica. Y Amelia y Aurora se habían metido en el asunto también.

—Un combo de mala gente.

Se frotó la cara. No era de extrañar que los lectores las odiaran a las tres.

Pero ese no era el mayor problema. Lo que de verdad le helaba la sangre era la existencia de alguien mucho más peligroso que Jenny. Más peligroso que todos los villanos de esta novela juntos.

Adrián Alfonso William.

El villano.

El amigo de la infancia de Sofía. Un psicópata obsesionado con protegerla.

A los ojos de Adrián, Sofía era la chica más buena del mundo. Pura. Dulce. Inocente. Por eso, cualquiera que le hiciera daño era un enemigo. Y Amelia Sandoval ocupaba el primer lugar en esa lista.

Incluido el accidente de auto. No había sido un accidente cualquiera, sino un intento de asesinato. Planeado con minuciosa frialdad por Adrián. Quería sacar a Amelia de la vida de Sofía.

Para siempre.

Y lo más aterrador...

era que el plan había funcionado. La verdadera Amelia Sandoval había muerto el día del accidente. Solo que ahora su cuerpo lo ocupaba el alma de Amelia Marta Geraldi.

—Hijo de puta...

Amelia clavó la vista en el techo de la habitación.

—Así que de eso se trata.

Ahora entendía una cosa. Ya no era Amelia Marta Geraldi. Era Amelia Marta Sandoval. Una personaje secundaria que debería estar muerta. Y, para colmo, había un psicópata peligroso que quizá estaba esperando una segunda oportunidad para matarla.

Al pensarlo, las comisuras de sus labios se curvaron poco a poco.

No de miedo.

De emoción.

—Qué lástima para ti, Adrián.

Su mirada se afiló.

—Puede que antes fuera fácil matar a Amelia Sandoval.

—Pero la que habita este cuerpo ahora es Amelia Marta Geraldi.

La hija de un mafioso, criada desde la cuna entre amenazas, armas y atentados.

—Si quieres jugar...

Su sonrisa se ensanchó.

—Yo te acompaño hasta que te hartes.

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