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Vendida Al Rey De La Mafia

Vendida Al Rey De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Matrimonio arreglado
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: roxana ruiz

Entregada a un implacable líder de la mafia para saldar las deudas de su padre, elena debe firmar un matrimonio por contrato de un año sin imaginar que el peligro real será enamorarse de su comprador.

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Capítulo 23: El eco del silencio

Las secuelas del baño de sangre provocado por Alexander no tardaron en sacudir las cimientos del bajo mundo. Las muertes casi simultáneas de Marcus, su mano derecha, y de Viktor Volkov, uno de los oligarcas más influyentes del crimen organizado, generaron un vacío de poder y una ola de paranoia en la élite de la mafia. Las familias rivales y los socios comerciales exigían explicaciones inmediatas.

​Sin embargo, a Alexander no le importaba la política ni la guerra que amenazaba con desatarse fuera de sus dominios.

​Toda su atención estaba obsesivamente concentrada en la suite principal. Trajo a la mansión a los más prestigiados psiquiatras, neurólogos y terapeutas del continente. Uno a uno, los especialistas examinaron a Elena bajo la atenta y amenazante mirada del mafioso. La conclusión de todos fue la misma: el cerebro de la joven se había refugiado tras un muro impenetrable de mutismo selectivo y estado catatónico como mecanismo de defensa extremo contra el horror vivido. No había fármaco ni tratamiento directo que pudiera forzarla a regresar si su mente se negaba a hacerlo.

​Alexander se negó a aceptarlo.

​Día y noche, permanecía al lado de su cama. Había delegado el control operativo de sus negocios en sus capitanes más leales, dedicando las horas a observar el rostro inexpresivo de Elena. Le hablaba con una voz grave, baja y desprovista de la autoridad de antes; le leía, intentaba alimentarla él mismo con paciencia infinita y le tomaba las manos frías, buscando desesperadamente cualquier micro gesto, un parpadeo distinto, una lágrima o un atisbo de reconocimiento.

​Pero Elena seguía estando ausente. Su mirada pasaba a través de Alexander como si él fuera un fantasma.

​Una tarde, mientras la lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de la mansión, Alexander la ayudó a sentarse cerca de la ventana. Le colocó una manta sobre los hombros y se arrodilló a su lado, apoyando la frente sobre sus rodillas.

​—Sé que estás ahí dentro —susurró Alexander, con la voz rota por el cansancio y el remordimiento—. Sé que me escuchas, Elena... Ódiame. Ódiame con todas tus fuerzas, grita, intenta matarme si quieres... pero no te quedes en la oscuridad. Regresa.

​Elena permaneció inmóvil, observando las gotas de agua resbalar por el cristal. Sin embargo, cuando la mano de Alexander rozó suavemente su mejilla para acomodarle un mechón de cabello, un temblor casi imperceptible recorrió los hombros de la joven. Sus pupilas se dilataron un milímetro y una sola lágrima, silenciosa y helada, brotó de su ojo izquierdo y resbaló por su piel.

​No pronunció palabra, pero por primera vez en dos meses , el muro de piedra entre ambos pareció mostrar la primera y más diminuta de las grietas.

La lágrima de Elena cayó sobre el dorso de la mano de Alexander con la fuerza de un impacto. El mafioso se congeló al sentir la calidez de esa gota rompiéndose sobre su piel. Levantó la vista de inmediato y fijó los ojos en el rostro de la joven; sus hombros aún temblaban levemente y la mirada de Elena, aunque desgastada y lejana, ya no parecía atravesarlo como a un fantasma. Estaba ahí, atrapada en el fondo de su propio dolor, escuchándolo.

—Elena... —murmuró Alexander, apretando la mano alrededor de la suya con una mezcla de devoción y miedo a que volviera a desvanecerse.

Antes de que pudiera pronunciar otra palabra, la luz de la suite parpadeó dos veces y la alarma de intrusión perimetral de la mansión retumbó en las paredes con un zumbido sordo y grave.

Segundos después, la puerta se abrió con violencia. El doctor Ramírez entró apresurado, escoltado por el nuevo capitán de la guardia.

—Señor Vance —informó el capitán con la voz agitada—. Los leales a Viktor Volkov y la facción rusa acaban de romper el primer cordón de seguridad en la entrada sur. Vienen fuertemente armados y no están pidiendo negociaciones. Quieren su cabeza por la muerte de Volkov y vienen a tomar la mansión.

Alexander no mostró pánico. Se puso de pie lentamente, acarició por última vez la mejilla de Elena y acomodó la manta sobre sus hombros. La calidez del momento íntimo desapareció al instante, sustituida por el aura mortal del líder de la mafia.

—Protejan esta suite con el equipo de élite —ordenó Alexander, desenfundando su arma de la funda sobada—. Ramírez, te quedas con ella. Si un solo proyectil roza esta habitación, personalmente me encargaré de ti.

Alexander caminó hacia la salida, pero justo cuando su mano tocó el marco de la puerta, una voz débil, rota y raspada por semanas de silencio resonó a sus espaldas:

—... No... vuelvas... dijo Elena

Alexander se detuvo en seco. Se giró despacio y vio a Elena mirándolo directamente a los ojos por primera vez. No había perdón en su rostro, pero sí un destello agónico de reconocimiento. El mafioso apretó la mandíbula, sintiendo que la sangre le ardía en las venas, y le dedicó una última mirada cargada de una promesa implacable.

—Voy a terminar con esto —sentenció Alexander—. Y voy a volver a esta habitación.

Giró sobre sus talones y bajó las escaleras de la mansión hacia el infierno que se desataba en los jardines, dispuesto a masacrar a cualquiera que amenazara el único lugar donde descansaba la mujer que había jurado recuperar.

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Rosario Gallardo
muy buena pero con gusto a pocos autora super entretenida y dolorosa.💗👍
Rosario Gallardo
llore en este capitulo nunca vi tanta miseria humana😭😭😭😭
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