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Un Destino Escrito En Silencio

Un Destino Escrito En Silencio

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Julieth Moreno

SINOPSIS ~


Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente

Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz

Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería

Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar

Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos

NovelToon tiene autorización de Julieth Moreno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

VOCES QUE NO SE ESCUCHAN

La mañana llegó sin prisas.

El fuego de la noche anterior se había convertido en un montón de cenizas y el aire todavía conservaba el olor a madera quemada. Amaris fue la primera en levantarse.

Se acomodó la venda negra sobre los ojos y comenzó a recoger las cosas del campamento.

—¿Ya estás despierta? —preguntó Arnold desde el suelo.

Amaris lo miró.

—No. Estoy recogiendo nuestras cosas dormida.

Arnold soltó una risa.

—Qué carácter tienes por las mañanas.

—Y todavía no he desayunado.

—Eso explica muchas cosas.

Kael, que seguía recostado contra un árbol, abrió lentamente los ojos.

—¿Siempre discuten así temprano?

—Sí —respondió Amaris y Arnold al mismo tiempo.

Kael sonrió.

—Entonces definitivamente ya parecen una familia.

Amaris se quedó quieta durante un segundo.

No respondió.

Simplemente tomó una de las bolsas y se la lanzó a Arnold.

—Carga esto.

—¡Oye!

—El dijo que éramos una familia.

Kael soltó una pequeña carcajada.

—Creo que acabas de meterte en problemas, Arnold.

—¿Por qué siempre termino yo pagando las consecuencias?

Nox levantó la cabeza desde donde estaba acostado y los observó durante unos segundos.

Luego se puso de pie.

—Míralo —dijo Arnold—. Hasta Nox está de acuerdo conmigo.

Kael negó con la cabeza.

—No creo que Nox esté de acuerdo contigo.

—¿Y tú cómo sabes?

—Porque me conoce.

Amaris siguió caminando.

—Quizá Nox solo piensa que los dos son idiotas.

Arnold abrió la boca, ofendido.

—¡Amaris!

Ella sonrió.

El camino ya no se siente como una sucesión interminable de peligros.

Podían bromear.

Podían discutir.

Podían caminar durante horas sin sentir la necesidad de estar constantemente vigilándose las espaldas.

Y quizá por eso ninguno de los tres notó inmediatamente que varios animales los observaban desde los árboles.

Un pequeño grupo de pájaros saltaba de rama en rama.

Un zorro permanecía oculto entre los arbustos.

Incluso algunos conejos se asomaban desde la distancia.

Amaris fue la primera en darse cuenta.

Se detuvo.

—¿Qué pasa? —preguntó Kael.

Amaris inclinó ligeramente la cabeza.

—Nada.

—Te detuviste.

—Hay animales.

Arnold miró alrededor.

—¿Dónde?

—Por todas partes.

Kael observó los árboles.

—Yo no veo ninguno.

Amaris señaló hacia un arbusto.

—Ahí hay un zorro.

Kael miró.

Después de unos segundos, finalmente distinguió dos ojos pequeños entre las hojas.

—¿Cómo supiste que estaba ahí?

Amaris se encogió de hombros.

—No lo sé.

El zorro no huyó.

Eso era extraño.

Normalmente, los animales salvajes se alejaban de los humanos.

Pero aquel permaneció quieto.

Amaris dio un paso hacia él.

El animal retrocedió.

Ella se detuvo inmediatamente.

No quería asustarlo.

Entonces sintió algo.

Una sensación leve.

Curiosidad.

Precaución.

Y hambre.

Amaris frunció el ceño.

—Tiene hambre.

Arnold la miró.

—¿Cómo sabes eso?

—No lo sé.

Kael cruzó los brazos.

—Creo que ya más o menos entiendo lo que está pasando contigo.

Amaris giró hacia él.

—¿Qué?

Kael señaló al zorro.

—Tu magia. Creo que poco a poco podrás comunicarte con los animales.

Arnold sonrió.

—Entonces serás una especie de domadora.

Kael negó con la cabeza.

—No. Intérprete.

Amaris frunció el ceño.

—¿Intérprete?

—Sí —respondió Arnold—. Tú nos dices qué quieren decir.

Kael señaló al zorro.

—Por ejemplo, podrías preguntarle qué quiere.

Amaris se quedó en silencio.

Miró al animal.

No sabía cómo hacerlo.

No sabía siquiera si podía hacerlo.

Pero volvió a sentir aquella pequeña impresión.

Hambre.

Amaris sacó un poco de comida de la bolsa.

—Tiene hambre.

Arnold sonrió.

—Ya tenemos nuestra primera traducción.

Kael soltó una risa.

—Parece que tendremos que empezar a pagarte por tus servicios.

—¿Y cuánto me van a pagar?

—Una manzana al día —respondió Arnold.

—Eso es muy poco.

—Una y media.

Amaris lo miró.

—¿Cómo vas a darme media manzana?

—La corto.

Kael comenzó a reír.

—Son los peores negociadores que he visto.

Amaris terminó entregándole un pequeño trozo de comida al zorro.

El animal se acercó lentamente.

Lo tomó.

Y se alejó.

Amaris sonrió.

—Funcionó.

Nox observaba la escena en silencio.

Sus ojos verdes permanecieron sobre Amaris durante unos segundos más.

Había algo en ella que estaba despertando.

Algo antiguo.

Algo que él conocía demasiado bien.

Pero no dijo nada.

Todavía no.

Continuaron caminando hasta que el bosque comenzó a abrirse.

Al otro lado apareció un pequeño pueblo.

No era grande.

Unas cuantas casas de madera, una plaza pequeña y varios puestos improvisados donde los habitantes vendían alimentos, telas y herramientas.

El lugar parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Arnold se estiró.

—Por fin un pueblo.

—Necesitamos comida —dijo Amaris.

—Y un lugar donde dormir —añadió Kael.

—Y yo necesito algo dulce —dijo Arnold.

Amaris lo miró.

— por que necesitas algo dulce.

—Porque la vida es demasiado amarga.

Kael negó con la cabeza.

—Eso sonó profundo.

—Lo sé.

Los tres entraron al pueblo.

Durante los primeros minutos todo pareció normal.

Hasta que Amaris comenzó a notar las miradas.

Algunas personas observaban a Kael.

Otras a Arnold.

Pero varias se quedaban mirando su venda negra.

Amaris no les prestó atención.

Ya estaba acostumbrada.

Se separó un momento de los otros dos para comprar algunas provisiones.

Solo serían unos minutos.

Eso pensó.

Caminó hacia uno de los puestos y comenzó a revisar los alimentos.

—¿Buscas algo, bonita?

Amaris levantó ligeramente la cabeza.

Seis hombres estaban cerca.

No parecían viajeros.

Vestían bien.

Demasiado bien para ser simples campesinos.

Uno de ellos sonrió.

—No tienes por qué asustarte.

—No estoy asustada.

—Entonces ven con nosotros la pasaremos bien.

Amaris lo ignoró.

Tomó una bolsa de comida y dejó algunas monedas sobre la mesa.

Se dio la vuelta.

Uno de los hombres se movió para bloquearle el paso.

Amaris suspiró.

—Apártate.

—¿Y si no?

Amaris levantó una mano.

—Entonces será más incómodo para ti.

El hombre soltó una carcajada.

Los otros lo imitaron.

—¿Escucharon eso?

Amaris no respondió.

Simplemente intentó pasar.

Uno de ellos la sujetó del brazo.

Amaris reaccionó inmediatamente.

Giró sobre sí misma y clavó el codo contra su pecho.

El hombre cayó hacia atrás.

—¡Maldita...!

Otro intentó atraparla.

Amaris sacó una de sus dagas.

El hombre retrocedió.

—No me toques.

Su voz era fría.

Pero eran demasiados.

Uno atacó por la derecha.

Amaris lo esquivó.

Otro intentó sujetarla por detrás.

Ella se agachó y lo golpeó en la pierna.

El hombre cayó.

Dos menos.

Pero los otros cuatro avanzaron al mismo tiempo.

Amaris retrocedió.

Uno consiguió sujetarle la muñeca.

Ella lo golpeó.

Otro intentó quitarle la daga.

Amaris se resistió con todas sus fuerzas.

—¡Suéltame!

El hombre apretó más fuerte.

—Deja de resistirte.

Algo dentro de Amaris se estremeció.

No era miedo.

Era rabia.

Amaris levantó la rodilla y golpeó al hombre.

Pero otro consiguió sujetarla.

Por primera vez, no pudo liberarse inmediatamente.

Y entonces escuchó una voz.

—Suéltala.

El tono era tranquilo, tan tranquilo que daba miedo.

Todos se quedaron inmóviles.

Kael estaba a unos metros.

Su expresión había cambiado por completo.

No quedaba rastro de la sonrisa que había tenido unos minutos antes.

Sus ojos verdes parecían mucho más oscuros.

Arnold estaba detrás de él.

Y su rostro mostraba una furia que Amaris rara vez había visto.

—¡ALÉJENSE DE ELLA!

Los hombres soltaron a Amaris.

Uno de ellos intentó sacar un arma.

No llegó a hacerlo.

Kael desapareció de su campo de visión.

Un segundo después, el arma cayó al suelo.

Kael estaba detrás del hombre.

—Te dije que la soltaras.

Su voz seguía siendo tranquila.

Eso fue lo que hizo que el hombre palideciera.

Kael no gritaba.

No necesitaba hacerlo.

Se movía con una precisión aterradora.

Uno de los hombres intentó atacarlo.

Kael esquivó el golpe y lo derribó.

Arnold se lanzó contra otro.

—¡¿Qué demonios les pasa?!

Una ráfaga de viento golpeó al hombre y lo hizo retroceder.

—¡No vuelvan a acercarse a ella!

El resto intentó huir.

Nox apareció frente a ellos.

El enorme Fenrir mostró los colmillos.

Los hombres se detuvieron inmediatamente.

—Yo... creo que deberíamos irnos —murmuró uno.

Nox dio un paso.

Los seis retrocedieron.

Y salieron corriendo.

Kael no los siguió.

Se giró inmediatamente hacia Amaris.

Toda aquella frialdad desapareció de su rostro.

—Amaris.

Ella seguía sosteniendo la daga.

—Estoy bien.

Kael se acercó un poco.

—¿Te lastimaron?

Amaris negó con la cabeza.

—No.

Kael observó su muñeca.

Había quedado una pequeña marca roja.

Su expresión volvió a endurecerse.

Pero no la tocó.

—¿Segura?

Amaris asintió.

—Sí.

Arnold llegó junto a ella.

La miró durante unos segundos.

Después la abrazó.

Amaris se quedó sorprendida.

—Arnold...

—No vuelvas a irte sola así.

—Solo fui por comida.

—No me importa.

Su voz temblaba ligeramente.

Amaris bajó la mirada.

Arnold la apretó un poco más.

—Me asustaste, hermanita.

Ella cerró los ojos.

Durante unos segundos no dijo nada.

Después levantó los brazos y correspondió al abrazo.

—Lo siento.

Kael permaneció frente a ellas.

No dijo nada.

Solo respiró profundamente.

Había llegado unos segundos después de escuchar el ruido.

Y esos segundos habían sido suficientes para imaginar lo peor.

Amaris levantó la cabeza.

—Gracias.

Kael la miró.

—No tienes que agradecerme.

—Aun así.

Él sonrió apenas.

—Entonces de nada.

Nox se acercó y apoyó suavemente el hocico contra la mano de Amaris.

Ella lo acarició.

Y, por primera vez, no sintió solamente curiosidad o hambre.

Sintió algo diferente.

Protección.

Preocupación.

Y una emoción que no parecía pertenecerle solamente a él.

Amaris miró al enorme Fenrir.

—¿Tú también estabas preocupado?

Nox cerró los ojos.

Amaris sintió una respuesta.

No fueron palabras.

Fue una imagen.

Ella.

Y Nox corriendo hacia ella.

Amaris se quedó inmóvil.

Kael la observó.

—¿Qué pasa?

Ella tardó unos segundos en responder.

—Creo...

Miró a Nox.

—Creo que cada vez entiendo un poco más lo que sienten.

Arnold sonrió.

—Entonces oficialmente eres una intérprete.

Kael levantó una mano.

—No. Domadora.

—Intérprete.

—Domadora.

Amaris soltó una pequeña risa.

—Son insoportables.

Arnold señaló a Nox.

—Pregúntale cuál de los dos tiene razón.

Amaris miró al Fenrir.

Nox simplemente se dio la vuelta y comenzó a caminar.

Kael soltó una carcajada.

—Creo que acaba de llamarnos idiotas sin decir una palabra.i

—Estoy de acuerdo con él —dijo Amaris.

Arnold abrió los brazos.

—¡Traición!

Los tres comenzaron a caminar nuevamente.

Esta vez, Amaris no se quedó atrás.

Kael caminó a su lado.

Arnold iba al otro.

Y Nox avanzaba unos pasos delante de ellos.

Pero algo había cambiado.

Amaris sabía que todavía existían personas capaces de hacerle daño.

Sabía que el mundo no se había vuelto más amable.

Sin embargo, ahora había algo que antes no tenía.

Personas que correrían hacia ella.

Personas que se preocuparían.

Personas que no la dejarían sola.

Y, aunque todavía le costaba aceptarlo...

Eso empezaba a sentirse como un hogar.

Muy lejos de allí, algo dentro de Amaris continuaba despertando.

Y los animales del bosque parecían ser los primeros en reconocerlo.

Antes incluso de que ella misma pudiera comprender qué era.

El camino continuaba.

Y con cada paso, Amaris se acercaba un poco más a la verdad que había pasado toda su vida intentando ocultar.

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