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El Heredero Del Abismo

El Heredero Del Abismo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Viaje a un mundo de fantasía / Apocalipsis
Popularitas:262
Nilai: 5
nombre de autor: El Grillo

¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?

NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NO TENÍAN QUE VERLA

El Diamante no era como La Esmeralda.

La Esmeralda era fea, toda llena de matas y con olor a hospital. El Diamante era limpio. Frío. Como si nadie hubiera entrado en 15 años pero la luz siguiera prendida sola.

Jonás llegó primero, todo agitado, con la camisa rota. Detrás venían Mateo, que ya tenía la capucha llena de sangre de la nariz porque la marca negra le estaba quemando por dentro, y detrás de ellos dos, lejos, se escuchaban los pasos lentos de los 23 sin rostro que venían caminando desde La 21. No corrían, pero no se cansaban nunca.

—Abre la puerta le dijo Mateo a Jonás. Usted sabe la clave.

Jonás puso la mano en el lector. No necesitó clave. La puerta reconoció la marca blanca y se abrió sola con un sonido feo, como de nevera vieja.

Se metieron los dos y cerraron.

Adentro hacía un frío el hijueputa. Había 12 incubadoras en fila, todas vacías, con los vidrios empañados. Y al fondo, 12 tronos de piedra. Dos prendidos, con luz blanca y negra bajita. Los otros diez apagados.

Mateo se sentó en el piso, agitado.

—Marica, yo no puedo más. Me duele hasta el alma.

Jonás no le contestó. Estaba mirando una cuna en la mitad. Una cuna sola, distinta a las incubadoras. Era de madera, de esas de casa.

—Esa cuna... dijo Jonás bajito. Yo la soñé.

En ese momento se escuchó un carro afuera. Era la camioneta de Héctor y Zero. Llegaron.

Héctor se bajó corriendo, con pistola en mano. Zero atrás, calmado, con una linterna.

—¿Dónde están? —gritó Héctor.

Mateo le contestó desde adentro:

—¡Pa, no entre! ¡Está peligroso!

Pero Héctor ya iba a entrar cuando Valeria aleja apareció corriendo detrás de ellos. Nadie la había llamado. Se vino en bus desde Ibagué porque tuvo un presentimiento. Desde anoche le dolía la cabeza horrible, como si le estuvieran taladrando.

—Héctor, no lo deje entrar solo —dijo ella, agitada.

Zero los miró a los tres. A Héctor, a Valeria y a la puerta abierta de El Diamante.

—Vea pues, la familia completa —dijo Zero—. Qué bonito. Entren todos.

Se metieron los cinco. Y por primera vez en 20 años, la familia Rivas y Jonás estaban todos dentro de El Diamante.

Valeria entró de última y en cuanto pisó el laboratorio, se agarró la cabeza.

—¡Ay! —gritó.

—¿Qué pasó? —le dijo Héctor.

—Me duele... dijo ella. Me duele mucho aquí. Yo... yo he estado acá antes.

Héctor la cogió del brazo.

—No, usted nunca ha venido acá.

—Sí... sí he venido. Valeria miró la cuna de madera y se puso a llorar de la nada—. Yo a ese niño lo bañé. Yo lo bañé acá.

Todos se quedaron callados.

Jonás se le quedó mirando.

—¿A mí?

Aleja lo miró a Jonás, a ese muchacho flaco, sin mamá, con la marca blanca hasta la oreja, y sintió algo rarísimo, como cuando una mamá ve a su hijo después de muchos años.

—Usted... usted era un bebé muy bonito pero no lloraba. Nunca lloraba. Yo le decía a Elías que lo dejara llorar pero él decía que si lloraba se dañaba el experimento. Yo le ponía una cobijita azul...

Jonás empezó a temblar. Nadie nunca le había contado eso.

—Usted... ¿usted me cuidó?

Héctor también estaba pálido. Él también estaba empezando a acordarse. Miró las incubadoras y dijo:

—Esmeralda no fue la principal... El Diamante sí... Y nosotros no éramos policías... nosotros éramos doctores...

Zero prendió la linterna y apuntó a una pared llena de cintas VHS viejas. Decía: PROYECTO UMBRAL - COPIAS DE SEGURIDAD - NO BORRAR.

—Pongan una —dijo Zero.

Mateo agarró una que decía 2005 - INTENTO 6 Y 7 - NACIMIENTO.

La metieron en una grabadora vieja que había ahí. La pantalla prendió con lluvia y luego se vio clarito.

En el video se veía a Elías joven, con pelo. Al lado había una mujer joven, con bata blanca, embarazada. Era Valeria. Muy joven, de unos 22 años. Y al lado un man joven, también con bata, era Héctor, sin bigote.

Valeria del video estaba llorando.

En la mesa había dos cosas: una incubadora con un bebé adentro. Jonás. y en brazos de valeria un bebé recién nacido con una manchita negra chiquita en el brazo. Mateo.

—Elías, yo no quiero. Decía Valeria del video—. Yo no quiero que mi hijo sea un juez. Es mi hijo.

Y Héctor del video, frío, le decía:

—Aleja, es por el bien del proyecto. Ya firmamos. Si no lo hacemos, Elías nos saca. Mateo va a ser el 7. Es perfecto. Hijo de dos doctores del proyecto, va a conocer la ley y la va a odiar. Es lo que necesitamos.

—Pero es mi hijo, Héctor. lloraba Valeria. Yo no quiero tatuarlo.

Elías se acercaba con una jeringa grande, con tinta negra.

—Valeriaa, usted misma tiene que ponerle la marca. Si no la pone usted, no sirve. Tiene que ser la madre.

En el video, Valeria temblando, le cogía el bracito a Mateo bebé y le ponía la marquita negra. Mateo bebé lloraba durísimo.

Y luego Elías cogía a Jonás de la incubadora y decía:

—Y este es el 6. Pura probeta. Sin madre. Sin nadie. Este va a ser el blanco. Va a borrar. Va a envidiar al 7 toda la vida porque el 7 sí tuvo madre.

Héctor del presente se cayó al piso.

Valeria gritaba, con las manos en la cabeza:

—¡Yo lo hice! ¡Yo le puse la marca a mi propio hijo! ¡Yo fui!

Mateo se quedó mirando el video de él mismo de bebé llorando porque su propia mamá lo estaba marcando. No dijo nada. Se le salieron las lágrimas pero no por la marca, sino por ver a la mamá joven llorando.

Jonás estaba al lado de la cuna de madera, tocándola.

—Entonces... yo no tengo mamá porque ustedes no quisieron ponerme una dijo bajito, pero con rabia. A él lo hicieron con mamá y a mí me hicieron en un frasco. Con razón siempre me sentí solo.

Zero apagó el video. Ya había visto suficiente.

—Ahora sí entiende, Rivas. le dijo a Héctor que estaba en el piso. Por eso en La Esmeralda su hijo no aparece como experimento 7. Aparece como "hijo de los doctores Rivas". Lo escondieron. Le hicieron un borrado a ustedes dos y los mandaron a vivir como familia normal a Ibagué para que el experimento creciera sin saber que era experimento. Hasta que la consola lo llamara. Por eso usted no se acordaba que era doctor. Por eso su esposa no se acordaba que bañó a Jonás.

Afuera se escuchó un golpe duro en la puerta de El Diamante. Los 23 sin rostro habían llegado. Estaban golpeando la puerta, despacio, pero todos al tiempo. PUM. PUM. PUM.

Y de lejos, por la carretera que baja de Cajamarca, se veían luces. Muchas motos. Era La Roja. Bajando de Medellín con sus 40 sin rostro.

Zero miró a todos.

CONTINUARA...

—Bueno, familia. Se les acabó el teatro. Ahora tienen dos opciones. O dejan que esos 23 de afuera entren y les quiten la cara a todos, o se sientan en esos dos tronos que están prendidos y me ayudan a cerrar esta mierda antes de que llegue la de Medellín y se arme la grande.

Mateo miró a Jonás. Jonás miró a Mateo. Por primera vez no se veían como blanco y negro. Se veían como hermanos. Uno hecho con amor y culpa, y otro hecho en un frasco y envidia.

—Pa —dijo Mateo a Héctor, que seguía en el piso llorando—. Párese. Usted no es tombo. Usted es mi papá. Y necesito que se acuerde cómo se apaga esto, porque usted lo prendió.

Héctor levantó la cabeza, con los ojos rojos, empezando a acordarse de todo de golpe.

—Yo... yo sí sé cómo se apaga. Pero hay que sacrificar a uno de los dos tronos. Uno se tiene que quedar en 100 para siempre.

Todos se miraron.

Afuera los golpes eran más fuertes. Y las motos de La Roja ya se escuchaban cerquita.

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