Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
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Capitulo 23
La lluvia caía sobre Denmet mientras permanecía inmóvil en medio de la calle.
Las últimas palabras de Murat seguían resonando en su mente.
Busca la verdad sobre la noche en que Cem murió.
No podía respirar con tranquilidad.
Todo lo que había descubierto durante las últimas horas era demasiado.
Primero había sabido que Cem Kivilcim era su padre.
Después descubrió que Güner era su tío.
Y ahora Murat aseguraba que Cem no había muerto en un accidente.
Alguien podía haberlo asesinado.
Denmet apretó los puños.
—No voy a seguir viviendo sin saber quién soy.
Se dio la vuelta.
Ya no quería huir.
Necesitaba respuestas.
Y solo había un lugar al que podía regresar.
La mansión Kivilcim.
Güner continuaba frente a una de las ventanas del gran salón.
La ausencia de Denmet lo tenía inquieto.
Miraba constantemente hacia la entrada.
Esperando verla aparecer.
—Deberías sentarte —dijo Kerem.
Güner ni siquiera se giró.
—No puedo.
—La encontrará.
—No es eso.
Kerem lo miró.
—¿Entonces qué?
Güner bajó lentamente la mirada.
—No sé cómo mirarla.
El silencio se hizo presente.
Kerem comprendió inmediatamente.
—Güner.
—Durante semanas...
Cerró los ojos.
—Durante semanas la dejé entrar en mi vida sin saber quién era.
—No hiciste nada malo.
Güner soltó una amarga risa.
—Casi la beso.
Kerem permaneció en silencio.
—La abracé.
Güner se giró.
—Sentí cosas que no debía sentir.
—No sabías.
—Ahora sí.
Kerem se acercó.
—No puedes castigarte por algo que desconocías.
Güner negó con la cabeza.
—No estoy preocupado por mí.
—Entonces, ¿por qué?
—Por ella.
La mirada de Güner se llenó de tristeza.
—¿Cómo se supone que Denmet va a regresar a esta casa después de descubrir que su vida entera fue una mentira?
Kerem no respondió.
Porque tampoco tenía una respuesta.
La puerta de la mansión se abrió.
Güner se giró inmediatamente.
Denmet entró.
Estaba completamente empapada.
Su cabello mojado caía sobre sus hombros.
Pero no parecía sentir frío.
Sus ojos estaban llenos de determinación.
—Necesito hablar contigo.
Güner dio un paso hacia ella.
—¿Dónde estabas?
—Eso no importa.
—Claro que importa.
—No ahora.
Denmet se acercó.
—Quiero que me digas cómo murió mi padre.
Güner se quedó inmóvil.
Kerem levantó lentamente la mirada.
—Denmet...
—No.
Ella levantó una mano.
—Esta vez nadie me va a interrumpir.
Güner la miró.
—¿Quién te dijo algo?
—Murat.
El nombre hizo que Güner se tensara.
—¿Lo viste?
—Sí.
—¿Dónde?
—Eso tampoco importa.
Güner se acercó.
—¡Claro que importa! ¡Puede hacerte daño!
Denmet lo miró con rabia.
—¿Y qué más puede hacerme?
Güner se quedó inmóvil.
La joven continuó.
—Ya perdí una vida entera de verdad.
—Denmet.
—¡Dime cómo murió Cem!
El silencio cayó sobre la mansión.
Güner bajó la mirada.
—Murió en un accidente.
Denmet soltó una amarga risa.
—Murat dijo que no.
—Murat quiere manipularte.
—¿Entonces está mintiendo?
Güner no respondió.
Denmet comprendió.
—Tú tampoco estás seguro.
Él levantó la mirada.
—No.
—¿Qué sabes?
Güner respiró profundamente.
—Cem murió cuando yo tenía diecisiete años.
Denmet permaneció en silencio.
—Él conducía de regreso a la ciudad.
—¿Solo?
—Sí.
—¿Qué ocurrió?
—Su automóvil cayó por un barranco.
Denmet frunció el ceño.
—¿Encontraron el cuerpo?
Güner bajó la mirada.
—Sí.
—¿Quién lo identificó?
—Mi padre.
La joven sintió un escalofrío.
—¿Tú no lo viste?
—No.
—¿Por qué?
Güner cerró los ojos.
—No me dejaron.
Denmet lo observó.
—¿No te dejaron?
—Mi padre dijo que era demasiado joven.
—Pero tenías diecisiete años.
—Sí.
Denmet comenzó a caminar lentamente por el salón.
Todo parecía extraño.
—¿Y la policía?
—Confirmó que fue un accidente.
—¿Hubo investigación?
—No que yo recuerde.
—¿Nadie sospechó nada?
Güner guardó silencio.
Denmet se giró.
—¿Qué no me estás diciendo?
Kerem dio un paso hacia ellos.
—Yo puedo responder.
Güner lo miró.
—Kerem.
—Ya es suficiente.
Denmet levantó la mirada.
Kerem se acercó lentamente.
—Hubo una investigación.
Güner frunció el ceño.
—¿Qué?
—No fue pública.
—¿Cómo lo sabes?
Kerem respiró profundamente.
—Porque encontré documentos.
Denmet se acercó.
—¿Qué documentos?
Kerem sacó una pequeña carpeta.
La había guardado durante años.
—Después de la muerte de Cem, tu padre ordenó destruir muchas cosas.
Güner palideció.
—¿Qué?
—Pero no todo desapareció.
Kerem abrió la carpeta.
Dentro había copias de antiguos informes.
Fotografías.
Y un documento policial.
Denmet tomó uno de ellos.
Leyó lentamente.
Su rostro cambió.
—¿Qué significa esto?
Kerem se acercó.
—El informe señala que los frenos del automóvil fueron manipulados.
Güner se quedó inmóvil.
—No.
Denmet levantó la mirada.
—¿Es verdad?
Kerem asintió.
—Alguien había cortado una parte del sistema de frenos.
El silencio fue absoluto.
Güner dio un paso hacia atrás.
—Mi hermano fue asesinado.
Nadie respondió.
Porque aquella era la única conclusión posible.
Denmet miró nuevamente el documento.
Sus manos comenzaron a temblar.
—¿Quién hizo esto?
Kerem negó con la cabeza.
—Nunca lo descubrieron.
—¿Nunca?
—El caso se cerró.
—¿Por qué?
Kerem miró a Güner.
—Tu padre ordenó que no se siguiera investigando.
Güner levantó la mirada.
—Eso es imposible.
—Lo sé.
—Mi padre jamás habría...
Se detuvo.
Los recuerdos regresaron.