BL!!
¿Castigar a tu lobo por llamar destinado al vampiro que se casará con tu hermana?
¿Negar el instinto , los celos y la decepción de un lobo?
Para Nyx que su lobo llame destinado a Lazarus es un error, solo es un chupasangre engreído que se casara con su hermana por el bien de ambos reinos , ¿porque importarle?
Lo mejor sería negarlo y solo proteger su reino de la amenaza externa que advierte que le quitarán su alma……
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El heredero de los lobos
El amanecer llegó cubierto de niebla.
Desde lo alto de las montañas, el reino de los lobos parecía dormir bajo una manta gris. Los bosques se extendían hasta donde alcanzaba la vista y, entre los árboles, podían distinguirse las enormes murallas de piedra que protegían el territorio de la Gran Realeza Hestrongord.
Dentro del castillo, sin embargo, nadie dormía.
Un rugido hizo temblar los ventanales.
Nyx abrió los ojos de golpe.
Respiró profundamente y se incorporó en la cama.
Otra vez.
Había vuelto a soñar con aquella voz.
Se pasó una mano por el cabello oscuro y miró hacia la ventana. La luna ya había desaparecido, pero algo dentro de él seguía sintiéndose inquieto.
—Cálmate —murmuró.
Su lobo no respondió.
Eso era extraño.
Normalmente, su presencia era constante. Un pensamiento detrás de otro. Una segunda voz que reaccionaba ante los olores, los peligros, las personas…
Pero desde hacía semanas estaba más silencioso de lo normal.
Nyx frunció el ceño.
—No empieces.
Una sensación desagradable recorrió su pecho.
Antes de que pudiera concentrarse en ella, escuchó tres golpes en la puerta.
—Nyx.
La voz de Isolde.
—Estoy despierto.
La puerta se abrió.
Su hermana entró todavía con el cabello ligeramente despeinado y una expresión que dejaba claro que no estaba allí para tener una conversación agradable.
—Padre te está esperando.
Nyx soltó un suspiro.
—¿A esta hora?
—Lleva esperándote veinte minutos.
—Entonces todavía puede esperar otros veinte.
Isolde lo miró fijamente.
—Nyx.
—¿Qué?
—Es una reunión de la Gran Realeza.
Él hizo una mueca.
—Eso no mejora las cosas.
Isolde se cruzó de brazos.
—También están los consejeros.
Nyx se levantó de la cama.
—Ahora sí empeoró.
Su hermana sonrió apenas.
—Sabía que funcionaría.
Nyx tomó una camisa negra y comenzó a ponérsela.
—¿Sabes por qué me llamó?
La expresión de Isolde cambió.
—Hubo un ataque.
Nyx dejó de abotonarse.
—¿Dónde?
—Al norte.
—¿Lobos?
Isolde negó lentamente.
—No.
Aquella respuesta consiguió toda su atención.
—¿Humanos?
—Tampoco.
Nyx sintió que su lobo despertaba dentro de él.
Por primera vez en semanas.
Peligro.
La palabra apareció en su cabeza con tanta claridad que casi pudo escucharla.
—¿Qué encontraron?
Isolde dudó.
—Un cuerpo.
Nyx terminó de abotonarse la camisa.
—¿De qué especie?
Su hermana sostuvo su mirada.
—Un licántropo.
El silencio que siguió fue pesado.
Nyx salió de la habitación sin decir una palabra.
Isolde lo siguió.
—Nyx.
—¿Qué?
—No sabemos quién lo hizo.
—Entonces averigüémoslo.
—Eso es precisamente lo que padre quiere evitar.
Nyx se detuvo en medio del pasillo.
—¿Evitar?
—No quiere que vayas.
Una sonrisa incrédula apareció en el rostro de Nyx.
—Soy el heredero.
—Precisamente.
—Y también soy un guerrero.
—Precisamente.
Nyx la miró.
Isolde suspiró.
—Si alguien está atacando a los nuestros, no puedes lanzarte directamente hacia el peligro.
—Puedo.
—Ese es el problema.
Nyx continuó caminando.
—Voy a ir.
—Sabía que dirías eso.
—Entonces no sé por qué intentaste detenerme.
—Porque soy tu hermana. Es mi obligación intentar evitar que hagas estupideces.
Nyx sonrió.
—Y aun así siempre terminas acompañándome.
—Porque si te dejo solo, probablemente incendies medio bosque.
—Nunca he incendiado medio bosque.
Isolde arqueó una ceja.
—Una cuarta parte.
—Fue un accidente.
—Claro.
El salón de la Gran Realeza estaba lleno cuando llegaron.
Los enormes ventanales dejaban entrar la luz gris de la mañana. En el centro de la habitación se encontraba el rey Hestrongord, sentado frente a una larga mesa cubierta de mapas.
Nyx se acercó.
—Padre.
El rey levantó la mirada.
—Llegas tarde.
—Isolde me entretuvo.
—¡¿Yo?!
Nyx tomó asiento antes de que su hermana pudiera responder.
Algunos consejeros intentaron esconder una sonrisa.
El rey, en cambio, permaneció serio.
—Encontraron otro cuerpo esta madrugada.
Nyx dejó de sonreír.
—¿Otro?
—Sí.
El rey deslizó un mapa sobre la mesa.
Había dos marcas rojas.
Una en el norte.
Otra mucho más cerca de la frontera.
—Esto ya no parece un ataque aislado —continuó—. Alguien está entrando en nuestro territorio.
Nyx observó las marcas.
—¿Qué encontraron en los cuerpos?
Uno de los consejeros respondió:
—Nada.
—¿Nada?
—Ninguna mordida. Ninguna herida causada por otro licántropo. Ningún rastro de vampiro.
Nyx frunció el ceño.
—Entonces ¿cómo murieron?
El consejero tragó saliva.
—Les quitaron el lobo.
Nyx se quedó inmóvil.
Su lobo gruñó dentro de él.
No.
Aquello no era una muerte normal.
Todos los lobos conocían las historias.
Todos sabían que existía una forma de separar al licántropo de su lobo interno.
Pero también sabían que nadie debía hacerlo.
—¿Quién podría hacer algo así? —preguntó Isolde.
Nadie respondió.
Hasta que el rey habló.
—Alguien que nos conoce.
Nyx levantó la mirada.
—¿Un licántropo?
—No lo sabemos.
—¿Vampiros?
La habitación quedó en silencio.
Aquella palabra siempre cambiaba el ambiente.
Durante siglos, los vampiros habían sido sus enemigos más antiguos.
No estaban en guerra.
Pero tampoco eran aliados.
El rey negó con la cabeza.
—No hay pruebas.
Nyx apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Entonces déjame ir.
—No.
—Padre.
—He dicho que no.
—Están matando lobos.
—Y por eso mismo no voy a enviar al heredero de la corona directamente hacia quien lo está haciendo.
Nyx apretó la mandíbula.
—Entonces enviarás soldados.
—Ya están allí.
—Quiero ir con ellos.
—No.
Nyx estaba a punto de responder cuando una sensación extraña atravesó su pecho.
Un tirón.
Breve.
Doloroso.
Su lobo se estremeció.
Nyx llevó una mano al pecho.
Isolde lo observó inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
Pero no era verdad.
Por alguna razón, había sentido que alguien lo llamaba.
No desde el bosque.
No desde el territorio de los lobos.
Desde muy lejos.
Y durante apenas un segundo, Nyx percibió un aroma que no pertenecía a ningún licántropo.
Frío.
Oscuro.
Metálico.
Sangre.
Y una voz desconocida susurró dentro de su mente:
Por fin.
Nyx levantó la cabeza.
Sus ojos se encontraron con los de Isolde.
Ella sabía que algo había ocurrido.
—Nyx…
Él no respondió.
Porque su lobo había vuelto a hablar.
Esta vez con una certeza que jamás había sentido antes.
Vampiro.
Y en algún lugar, al otro lado de la frontera, alguien acababa de sonreír.