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El Pescador Y La Publicista

El Pescador Y La Publicista

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yajaira MG

Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.

NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15

Derek llevaba casi una hora intentando concentrarse en los informes que tenía sobre el escritorio.

No lo conseguía.

Cada vez que comenzaba a leer una página, su mente terminaba regresando al mismo lugar.

Jade.

Aquel beso.

La forma en que ella había respondido antes de apartarse.

Y, sobre todo, aquella sensación de querer volver a tenerla cerca.

Derek se reclinó en su silla y dejó escapar un suspiro.

Había intentado convencerse de que se trataba únicamente de deseo. Nada más.

Y seguía creyéndolo.

No quería complicaciones.

No quería sentimientos.

Solo quería disfrutar de aquella atracción que había surgido entre ellos y, después, continuar con su vida como siempre.

Pero Jade no era facil de convencer.

Sonrió de lado.

Precisamente por eso la deseaba todavía más.

Tomó el teléfono de su escritorio y marcó una extensión.

—Gabriel, ven a mi oficina.

Pocos minutos después, su asistente apareció en la puerta.

—¿Me llamó, señor Moncada?

—Sí. Necesito que hagas algo por mí.

Gabriel se acercó al escritorio.

—¿Qué necesita?

Derek tomó una tarjeta en blanco y la colocó sobre la mesa.

—Quiero que envíes un ramo de flores a nombre mío.

Gabriel levantó ligeramente las cejas.

—¿Flores?

Derek lo miró.

—Sí.

—¿A quién se las envío?

Derek ni siquiera tuvo que pensarlo.

—A Jade Castillo.

Gabriel intentó ocultar una sonrisa.

—Entendido.

—Y quiero que escribas algo en la tarjeta.

—¿Qué desea que diga?

Derek tomó la pluma.

Durante unos segundos permaneció pensativo.

Después escribió unas palabras y le entregó la tarjeta.

Gabriel la leyó.

«Tú eres la flor más hermosa.»

El asistente levantó la mirada.

—¿Algo más, señor?

—No.

Gabriel tomó la tarjeta y salió de la oficina.

Cuando la puerta se cerró, Derek permaneció unos segundos en silencio.

Después se levantó y caminó hacia el ventanal.

Miró la ciudad desde las alturas.

Una sonrisa lenta apareció en su rostro.

Podía imaginar perfectamente la expresión de Jade cuando recibiera las flores.

Probablemente se molestaría.

Quizá pensaría que estaba intentando provocarla.

Y tendría razón.

Derek sabía exactamente lo que estaba haciendo.

Quería recordarle aquel beso.

Quería entrar nuevamente en sus pensamientos.

Quería descubrir cuánto podía resistirse ella antes de volver a acercarse.

Porque, aunque Jade hubiera decidido mantener las distancias, él no tenía ninguna intención de hacer lo mismo.

Derek bajó la mirada y soltó una pequeña risa.

—Planeo hacerte mía...

Pronunció aquellas palabras en voz baja.

Era deseo.

Una atracción que se había convertido en una necesidad difícil de ignorar.

—Y consigo lo que quiero, Jade Castillo.

Su sonrisa se hizo más evidente.

Derek estaba convencido de que conseguiría sorprenderla.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

En Essence, Jade se encontraba revisando unos documentos junto a Ivette cuando una de la recepcionista apareció en la puerta.

—Señorita Castillo, le enviaron esto.

Jade levantó la mirada.

—¿Para mí?

—Sí.

Ivette inmediatamente dejó lo que estaba haciendo.

—¿Flores?

Jade frunció el ceño.

—¿Quién las envía?

La recepcionista se acercó y le entregó el enorme ramo.

Jade observó las flores con cierta sorpresa.

Eran elegantes, cuidadosamente arregladas y acompañadas por una pequeña tarjeta.

Durante unos segundos no dijo nada.

Entonces la tomó.

Miró el sobre y leyó el mensaje.

«Tú eres la flor más hermosa.»

Jade reconoció inmediatamente la intención.

Derek Moncada.

—No puede ser... —murmuró.

Ivette se acercó para intentar leer la tarjeta.

—¿Qué dice?

Jade se la entregó.

Ivette leyó y sonrió.

—Bueno...

Jade la miró.

—¿Bueno qué?

—Es un lindo gesto.

—¿Lindo?

—Sí.

Jade volvió a mirar las flores.

Por un instante, una pequeña sonrisa amenazó con aparecer en sus labios.

El mensaje era sencillo.

Pero sabía perfectamente quién estaba detrás de él.

Y sabía también qué pretendía.

Recordarle el beso.

Provocarla.

Hacerla pensar en él.

Pues no iba a darle ese gusto.

Jade levantó la mirada hacia la recepcionista.

—Muchas gracias.

La mujer sonrió.

—¿Dónde las coloco?

Jade tomó nuevamente el ramo y se lo extendió.

—Puede llevárselas.

La recepcionista parpadeó.

—¿Señorita?

—Devuélvalas.

Ivette abrió los ojos.

—¿Qué?

—Que las devuelva.

—Pero...

—No las quiero.

La recepcionista miró a Ivette, confundida.

Jade señaló la puerta.

—Por favor, entrégueselas nuevamente al repartidor y dígale que puede llevarlas de regreso.

—De acuerdo.

La mujer tomó el ramo y salió.

Ivette se quedó mirando a su amiga.

—¿Por qué las devuelves?

Jade se cruzó de brazos.

—Porque no necesito flores de ese hombre.

—Es un lindo gesto.

Jade la miró con incredulidad.

—¿De qué lado estás?

Ivette levantó las manos.

—Del lado de las flores.

Jade la miró con desdén.

Ivette soltó una carcajada.

—De tu lado, gruñona.

Jade volvió a sentarse.

—Ese hombre cree que puede hacer lo que quiera.

—¿Y las flores son parte de su plan?

—Por supuesto.

—¿Y cuál es el problema?

Jade la miró fijamente.

—Que quiere provocarme.

Ivette sonrió.

—¿Y lo consiguió?

—No.

La respuesta fue demasiado rápida.

Ivette levantó una ceja.

—Jade...

—No lo consiguió.

—Entonces, ¿por qué estás roja?

Jade llevó una mano a su rostro.

—Hace calor.

Ivette soltó una carcajada.

—Claro.

—Y deja de mirarme así.

—Solo digo que quizá podrías aceptar un detalle bonito de vez en cuando.

Jade negó con la cabeza.

—No quiero que se confunda.

—¿Él o tú?

Jade se quedó callada.

Aquella pregunta le incomodó.

Porque sabía exactamente a qué se refería Ivette.

—No quiero que piense que puede comprar mi atención con detalles.

Ivette asintió.

—Eso sí lo entiendo.

Jade tomó nuevamente los documentos.

—Además, no pienso olvidar lo que ocurrió en ese barco.

—¿El beso?

Jade levantó la mirada.

—Ivette.

—Está bien, está bien.

Sonrió.

—No dije nada.

Jade volvió a sus documentos, intentando concentrarse.

Pero, por mucho que quisiera ignorarlo, la tarjeta seguía en su mente.

Tú eres la flor más hermosa.

—Idiota —murmuró.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Media hora después, Gabriel entró en la oficina de Derek.

—Señor Moncada.

Derek levantó la mirada.

—¿Qué ocurrió?

Gabriel permaneció de pie frente al escritorio.

—Tengo que informarle algo.

Derek dejó la pluma sobre la mesa.

—Dime.

Gabriel respiró profundamente.

—El ramo fue devuelto.

El silencio que siguió fue inmediato.

Derek lo observó.

—¿Devuelto?

—Sí, señor.

—¿Por qué?

—La señorita Castillo pidió que se lo llevaran de regreso.

La mandíbula de Derek se tensó.

Durante unos segundos no dijo absolutamente nada.

....

1
Yadira Alvarez
dios que manera de sufrir 🤭
Mercedes Espinoza
publiquencapitulo38 no seanmalos🤭🤭
Mercedes Espinoza
sigamos la historia
Mercedes Espinoza: no puedo creer que termine ahi. falta mucho por saber.
total 1 replies
Yadira Alvarez
ya empezamos con la enganchada 🤦
KNAL 🤠
Está súper buena
KNAL 🤠
Hola Autora. más capítulos Please 🙏
Morenaza
Está entretenida la novela felicitaciones 👏
Yadira Alvarez
uffff interesante historia 👌bueno como todo lo que escribes 🥰
Yadira Alvarez
ya empezamos loma abajo y sin freno 🤦
Yadira Alvarez: si esta buena la verdad jajajjajajaja
total 6 replies
Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias
Yadira Alvarez
ya empezamos dura 💪como siempre 💣
Elba Roldan
autora, me encanta la trama de la hist
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos
Yajaira: Por supuesto, desde que termine "Amor Escrito en Líneas", desarrollo está. ☺️
total 1 replies
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