Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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23- nueva pieza
La noche había caído sobre la Mansión Greco.
Sophia permanecía sentada junto a la ventana de su habitación.
Todavía podía sentir el peso de las palabras de Marcus.
No quiero que vuelvas a acercarte a Dante.
Cerró los ojos.
Sabía que su hermano estaba preocupado.
Pero también sabía que no podía alejarse de Dante.
Un suave golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Sophia.
Ella reconoció inmediatamente la voz.
—Pasa, papá.
Samuel abrió la puerta.
Entró tranquilamente y cerró detrás de él.
No necesitaba preguntarle qué había ocurrido.
Lo sabía. Sabía de Dante.
Sabía de los encuentros secretos.
Sabía incluso de las veces que Sophia había salido de la residencia para verlo.
Durante semanas...
Había sido él quien había hecho posible que nadie sospechara.
Cuando Sophia necesitaba encontrarse con Dante...
Samuel se encargaba de que los hombres de seguridad no hicieran preguntas.
Cuando ella necesitaba salir...
Él encontraba una razón para permitirlo.
Nunca había cuestionado aquella relación.
Al contrario.
La había observado crecer en silencio.
Por eso aquella noche... No necesitaba explicaciones.
—Marcus está furioso.
Dijo finalmente.
Sophia bajó la mirada.
—Sí.
—Y te pidió que te alejaras de Dante.
Sophia asintió.
—Pero no voy a hacerlo.
Samuel la observó durante unos segundos.
—No esperaba que lo hicieras.
Sophia levantó la mirada, sorprendida.
—¿No estás enojado?
Samuel negó lentamente.
—¿Por qué habría de estarlo, cariño?
—Porque es un Moretti.
Samuel dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Eso no ha cambiado.
Sophia permaneció en silencio.
—Pero tampoco ha cambiado el hecho de que es el hombre que elegiste.
Ella sonrió ligeramente.
—Gracias.
Samuel caminó hasta la ventana.
Miró las luces de la ciudad.
—Solo quiero que tengas cuidado.
—Lo tendré.
Samuel asintió.
—Y si Marcus vuelve a intentar separarte de él...
Hizo una breve pausa.
—No tengas miedo, y ven a buscarme.
Sophia frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Samuel la miró.
—Nada.
Sonrió.
—Solo quiero que seas feliz.
Sophia se acercó y lo abrazó. Samuel correspondió al abrazo. Su rostro permaneció sereno.
Pero detrás de aquella expresión...
Había otra realidad.
Samuel no estaba protegiendo la relación de su hija por amor.
La estaba protegiendo porque sabía exactamente cuánto podía beneficiarle.
Cada encuentro entre Sophia y Dante.
Cada desaparición de Dante.
Cada minuto que el hombre pasaba lejos de sus responsabilidades...
Podía convertirse en una oportunidad.
Y Samuel pensaba aprovecharlas todas.
Porque si podía utilizar el amor de su hija...
No necesitaría disparar una sola bala para comenzar a destruir el tratado.
...****************...
La residencia estaba completamente en silencio.
Muy lejos de allí... En una antigua propiedad escondida de la ciudad, una puerta se abrió lentamente.
Samuel entró.
El hombre que lo esperaba frente a una enorme ventana sonrió al verlo.
—Debo felicitarte.
Samuel arqueó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque acabas de crear una grieta entre los Moretti y los Greco.
El hombre soltó una pequeña carcajada.
—Y quién sabe... Quizás dentro de unos años tenga que felicitarte por unos nietos Moretti.
Samuel endureció el rostro.
—Esa maldita relación jamás llegará tan lejos.
El hombre sonrió.
—¿Todavía te molesta?
Samuel apretó la mandíbula.
—He tenido que soportar que ese maldito infeliz toque y bese a mi adorada niña...
Hizo una pausa.
—Todo para crear las ventanas que necesitas para sabotear las operaciones de ambas familias.
El hombre negó divertido.
—Ay, Samuel... Deja de quejarte.
Al final... Sophia no es tu hija.
Samuel se quedó completamente inmóvil.
—¿Cómo?
El hombre sonrió.
—Ah... Cierto.
Se me olvidó presentarte a alguien.
Las puertas del salón se abrieron. Un hombre alto entró lentamente. Su cabello oscuro comenzaba a mostrar pequeñas hebras de canas.
Los años habían cambiado su rostro.
Pero Samuel habría reconocido aquellos ojos en cualquier lugar.
El hombre se detuvo frente a él.
—Hola... Hermano.
Samuel dejó de respirar durante un instante.
—Tú...
Retrocedió un paso.
—Pero tú moriste el día de la masacre Moretti.
El hombre sonrió.
—Eso fue lo que te hice creer.
Samuel permaneció inmóvil.
—Mathias...
—Mathias Greco
asintió
—El mismo.
Samuel no podía apartar la mirada.
diez años. diez años creyendo que su hermano gemelo estaba muerto.
Y ahora estaba frente a él.
Vivo. Mathias caminó lentamente hacia Samuel.
—Por cierto...
Hizo una breve pausa.
—Gracias por criar a mi hija.
Samuel abrió ligeramente los ojos.
—¿Tu hija?
Mathias sonrió.
—Sophia.
El silencio fue absoluto.
—Después de todo...
Continuó Mathias.
—Es digna de ser una Greco.
Samuel apretó los puños.
Mathias lo observó durante unos segundos.
—Siempre has tenido una duda sobre ella.
Samuel frunció el ceño.
—Jamás dudaría de mi hija.
Mathias soltó una pequeña risa.
—Sí, sí lo haces, Samuel.
Dio un paso más hacia él.
—Y sabes perfectamente por qué.
Samuel permaneció en silencio.
—Sophia no es tu hija.
Mathias sostuvo su mirada.
—Es mi hija.
Samuel apretó la mandíbula.
—Cuando lo descubriste...
Continuó Mathias.
—Me disparaste a traición.
Samuel bajó ligeramente la mirada.
—Pero fallaste, hermano.
Mathias sonrió.
—Aquí sigo vivo.
Hizo una breve pausa.
—Aunque no tengo ningún interés en quitarte a mi adorada niña
Samuel levantó lentamente los ojos. La frase había sido deliberada. La misma que él había utilizado unos minutos antes.
Mi adorada niña.
—¿Crees que puedes venir aquí después de tantos años y reclamarla?
—No.
Mathias negó tranquilamente.
—No necesito reclamar nada. Sophia decidirá quién soy para ella cuando conozca la verdad.
Samuel dio un paso hacia él.
—Tú no sabes nada de ella.
—Sé suficiente.
Mathias lo miró fijamente.
—Sé que la criaste.
—Sé que la protegiste.
—Y sé que, a pesar de todo...
Hizo una breve pausa.
—La quieres.
Samuel permaneció callado.
—Por eso no pienso quitártela.
Mathias sonrió con frialdad.
—Pero algún día tendrá que saber quién es realmente.
Samuel apretó los puños.
—Tú y Elena eran unos malditos traidores.
Su voz se quebró de rabia.
—Merecían morir por mis propias manos.
El rostro de Mathias cambió.
Durante un instante... Toda la calma desapareció.
El silencio permaneció unos segundos después de aquellas palabras.
Samuel fue el primero en apartar la mirada.
Todavía estaba procesando la presencia de Mathias.
llevaba años creyendo que su hermano había muerto.
años creyendo que había sido él quien había acabado con su vida.
Y ahora...
Estaba frente a él.
Vivo.
Pero había algo que lo atormentaba todavía más.
Sophia.
Durante toda su vida había creído que era su hija.
La había visto crecer.
La había protegido.
La había amado.
Pero hubo un momento...
Muchos años atrás...
En el que esa certeza había desaparecido.
Samuel recordaba perfectamente aquella época.
Había descubierto que Elena le había sido infiel con Mathias, por venganza contra él cuando descubrió lo de eleonor.
La traición había sido suficiente para destruir cualquier sentimiento que todavía pudiera quedar entre ellos.
Pero había algo más.
Una duda que se instaló en su cabeza.
¿Y si Sophia no era realmente su hija?
Durante meses vivió con aquella pregunta.
Hasta que un día escuchó una conversación que no debía haber escuchado.
Elena estaba hablando con Mathias.
Y entonces... Samuel escuchó la verdad.
No necesitó escuchar más.
La duda desapareció.
Sophia era su hija. O al menos eso había creído durante todos estos años.
Ese mismo día...
Samuel ya estaba preparando el atentado contra los Moretti. Y cuando tuvo la oportunidad...
Decidió acabar también con los dos traidores.
Con Elena Y con Mathias.
Disparó. Y creyó haberlos matado a ambos.
Durante años... Vivió con aquella certeza.
Hasta ahora.
Samuel volvió lentamente la mirada hacia su hermano.
—Tú estabas muerto.
Mathias sonrió.
—Eso creías.
Samuel apretó la mandíbula.
—Yo te vi caer.
—Y aun así...
Mathias dio un paso hacia él.
—Aquí estoy.
Samuel permaneció inmóvil.
—Entonces todo este tiempo...
Su voz se quebró ligeramente.
—¿Sophia?
Mathias lo observó.
—Mi hija.
Samuel negó lentamente.
—No.
—Samuel...
—No.
Su voz se volvió más firme.
—Sophia es mi hija.
Mathias no respondió inmediatamente.
Solo lo miró.
—Eso es lo que has querido creer durante estos años.
Samuel sintió que algo dentro de él comenzaba a romperse.
—Yo escuché a Elena. Escuché lo que dijo.
No habría tenido ninguna razón para mentir en ese momento.
Mathias sostuvo su mirada.
—Quizá no escuchaste toda la conversación.
Samuel dio un paso hacia él.
—No intentes jugar conmigo.
—No estoy jugando.
Mathias respondió con absoluta calma.
—Te estoy diciendo que quizá llevas veintiocho años creyendo una verdad que nunca comprobaste.
Samuel apretó los puños.
—¡Basta!
El hombre que permanecía junto a la ventana observó la escena con interés.
No intervino. Todavía.
Samuel respiró profundamente.
—Tú y Elena eran unos malditos traidores.
Su voz estaba cargada de rabia.
—Merecían morir por mis propias manos, como lo hice.
Mathias endureció la mirada.
—Y aun así...
Hizo una breve pausa.
—Cuando hablaste de Sophia hace unos minutos la llamaste tu adorada niña.
Samuel guardó silencio.
—Porque la amas.
Continuó Mathias.
—Eso nunca estuvo en duda.
Samuel levantó la mirada.
—Ella es mi hija.
Mathias sonrió ligeramente.
—Entonces algún día tendrás que demostrarlo.
Samuel no respondió.
El hombre junto a la ventana finalmente intervino.
—Ya basta.
Ambos hombres dirigieron la mirada hacia él.
—No estamos aquí para resolver quién tiene razón sobre el pasado.
Hizo una pausa.
—Estamos aquí para destruir a la nueva generación de las familias Moretti y Greco.
Samuel permaneció en silencio.
Mathias también.
El hombre continuó:
—Y ahora tenemos algo que nuestros enemigos jamás imaginarían.
Una familia dividida desde dentro.
Una hija atrapada entre dos hermanos.
Y un amor que puede convertirse...
En la grieta que finalmente destruya el tratado.
Samuel bajó lentamente la mirada.
Por primera vez en treinta años...
La certeza que había llevado consigo comenzó a tambalearse.
Pero había algo que todavía tenía claro.
Fuera quien fuese realmente el padre de Sophia...
Él había sido quien la había criado.
Y nadie...
Absolutamente nadie...
Iba a quitársela.
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.