NovelToon NovelToon
¡Suya!

¡Suya!

Status: Terminada
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:105.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.

Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.

Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".

Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.

Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El Abrazo en la Oscuridad

La noche cayó sobre la mansión Moretti como un manto de terciopelo. Los ventanales que durante el día dejaban entrar la luz del sol ahora reflejaban la oscuridad del jardín, solo iluminado por las tenues luces de la fuente y los faroles del camino.

Alessandra había caído rendida poco después de la cena. El cansancio del hospital, el viaje, la emoción de volver a casa... todo se acumuló y la venció sin piedad. Se había dormido vestida, con el teléfono aún en la mano, y Clara tuvo que entrar a arreglar las sábanas y cubrirla con una manta ligera.

La casa estaba en silencio.

Los empleados se habían retirado a sus habitaciones en la parte trasera de la mansión. Elisa se había ido a su casa horas atrás, después de asegurarse de que su nuera estuviera cómoda y de darle un sinfín de indicaciones a Clara. El chofer se había marchado después de dejar el auto en el garaje.

Todo estaba quieto. Todo en orden.

Alrededor de la medianoche, el motor de un coche rompió el silencio. Un Mercedes negro se deslizó por el camino de entrada y se detuvo frente a la puerta principal. Dante salió con pasos cansados, el traje aún impecable pero la corbata ligeramente aflojada.

Había estado en la oficina hasta tarde. Reuniones, llamadas, papeles que firmar. La misma rutina de siempre, pero esa noche sintió el peso de los días sin dormir bien. El hospital, la preocupación, la incertidumbre. Todo eso se acumulaba en sus hombros como una mochila invisible.

Entró en la casa en silencio. No encendió las luces. Conocía el camino de memoria: el vestíbulo, el pasillo, las escaleras. Sus pasos apenas hacían ruido sobre la madera y la alfombra.

Subió lentamente. Cada escalón era un paso hacia el descanso que tanto necesitaba.

Llegó al segundo piso. El pasillo estaba a oscuras, solo iluminado por la tenue luz de la luna que se filtraba a través de los ventanales. Caminó hasta el final, donde estaba la habitación de invitados.

Abrió la puerta con cuidado, sin hacer ruido.

Allí estaba ella. Dormida en el centro de la cama, con el cabello oscuro extendido sobre la almohada y la respiración profunda y tranquila. La manta se había desplazado ligeramente, dejando al descubierto su hombro.

Dante se quedó un momento en el umbral, observándola. Luego entró, cerró la puerta detrás de él y se dirigió al baño.

La ducha fue rápida. El agua caliente alivió la tensión de sus músculos, pero no pudo borrar el cansancio acumulado. Se puso una pijama oscura, sencilla, y salió del baño con el cabello aún húmedo.

La cama era grande, amplia. Ella ocupaba solo un lado, dejando espacio suficiente para él.

Dante se deslizó entre las sábanas con cuidado. Trató de no hacer ruido, de no mover el colchón demasiado. Se acomodó de lado, dándole la espalda, y cerró los ojos.

Pero entonces, ella se movió.

En su sueño, Alessandra se giró y extendió un brazo, abrazándolo por la cintura. Su rostro quedó presionado contra su espalda, su aliento cálido y regular contra la tela de su pijama.

Dante se quedó inmóvil.

El abrazo no era firme, no era posesivo. Era algo más. Un gesto instintivo, casi infantil. Como si en su sueño buscara algo a lo que aferrarse, algo que le diera seguridad.

Él no se movió. No se apartó. No dijo nada.

Solo se quedó allí, sintiendo su calor contra su espalda, su brazo rodeándolo, su respiración tranquila y profunda.

El cansancio, la tensión, el peso de los días de preocupación... todo comenzó a desvanecerse lentamente. Cerró los ojos y dejó que el silencio y la calidez de su abrazo lo envolvieran.

En pocos minutos, Dante también estaba dormido.

La noche era tranquila. La luna brillaba en el cielo, iluminando la fuente del jardín. El agua caía en un murmullo constante, rítmico, como una canción de cuna.

Y en la habitación, dos cuerpos descansaban juntos. Uno abrazando al otro. El otro dejándose abrazar.

...----------------...

La luz del sol se filtraba a través de las cortinas, pintando la habitación de un tono dorado y cálido. Alessandra seguía apegada a la almohada, medio dormida, con una sonrisa perezosa en los labios.

Había estado soñando. Un sueño vago, difuso, pero increíblemente placentero. No recordaba los detalles, solo la sensación de estar envuelta en calidez, de sentir algo firme y musculoso bajo sus dedos.

Sin abrir los ojos, su mano comenzó a moverse. Primero con timidez, luego con más confianza. Tocó un pecho. Firme. Definido. Como los de esos modelos coreanos o europeos que siempre veía en las revistas. Dios, qué paraíso.

No era el pecho de un hombre común. Era el tipo de pecho que te hace preguntarte si el universo está conspirando a tu favor.

Sonrió, todavía dormida, y acarició un poco más.

—Nicholas... —murmuró entre sueños, la voz pastosa y llena de satisfacción.

La mano siguió explorando, completamente ajena a la realidad. El pecho era perfecto. La piel, cálida. El ritmo del corazón bajo sus dedos, constante y profundo.

—Qué guapo eres, Nicholas...

Y entonces, algo cambió.

La mano se detuvo. Alessandra parpadeó lentamente, sintiendo que algo no encajaba. El aire alrededor se había vuelto... extraño. Densamente silencioso.

Abrió los ojos.

Y se encontró con la mirada de Dante.

Él estaba acostado a su lado, apoyado en un codo, mirándola fijamente. Su rostro era una máscara de serenidad, pero sus ojos verdes tenían un brillo que no supo interpretar. Como si estuviera esperando algo. Como si la estuviera observando desde hacía rato.

Alessandra parpadeó otra vez.

Entonces, su mente despertó por completo y cayó en cuenta de lo que había hecho.

Su mano seguía sobre su pecho.

—Buenos días —dijo Dante, y su voz era neutra, demasiado neutra.

Ella apartó la mano de inmediato, como si hubiera tocado una plancha caliente. Se incorporó rápidamente, apartándose unos centímetros.

—Buenos días —respondió, con la voz aún ronca por el sueño—. ¿Qué... qué haces aquí?

—Dormía —dijo él, con la misma serenidad—. Hasta que alguien comenzó a tocarme y a murmurar nombres.

Alessandra sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

Nombres. Había dicho nombres.

—¿Yo? —preguntó, fingiendo incredulidad—. ¿Yo dije algo?

—Sí —respondió Dante, y sus ojos verdes seguían fijos en ella, evaluándola sin prisas—. Dijiste "Nicholas".

—¿Nicholas?

—Nicholas —repitió él, como si saboreara la palabra—. ¿Quién es Nicholas?

Dios. Lo había dicho en voz alta. Había murmurado el nombre de un actor en medio de un sueño mientras manoseaba a su esposo como si fuera un pan caliente. Si existía un nivel más alto de humillación, ella no lo conocía.

—Ay, Nicholas... —dijo ella, alargando las palabras mientras buscaba una explicación que no la dejara en ridículo—. Nicholas es... bueno...

Dante arqueó una ceja.

—¿Bueno?

—Es un amigo.

—¿Un amigo.

—Sí. Un amigo. De la universidad. Bueno, no de la universidad. De... de un curso. Un curso de cocina. Hice un curso de cocina hace unos años y Nicholas era el chef. Chef Nicholas. Muy bueno. Muy profesional. Sus raviolis... uf, una maravilla.

Él no dijo nada. Solo la miraba.

—Bueno, en realidad ni siquiera es amigo —se corrigió ella, sintiendo que la mentira se le desmoronaba—. Es conocido. Un conocido. Apenas lo conozco. Casi nada. No sé por qué soñé con él. Los sueños son raros, ¿no?.

—Alessandra.

—¿Qué?

—Cállate.

Ella se calló.

Dante se incorporó del todo, sentándose en la cama. La sábana se deslizó hasta su cintura, dejando al descubierto un abdomen que parecía tallado por un escultor con muy malas intenciones. Se pasó una mano por el pelo, apartándose los mechones oscuros de la frente.

—Tienes un moretón —dijo.

Alessandra parpadeó.

—¿Qué?

—Ahí —señaló con la barbilla—. En el brazo derecho.

Ella bajó la mirada. Efectivamente, en su antebrazo se extendía una mancha violácea, fea, del tamaño de una ciruela pequeña. No se había fijado antes. Entre la bata del hospital y las sábanas, no había tenido mucho tiempo de inspeccionarse.

—Debe ser del golpe —dijo, tocándose el borde del moretón con la punta de los dedos.

—¿Te duele?

—No mucho. Solo si aprieto.

—Entonces no aprietes.

—No pienso apretar.

—Bien.

Se quedaron en silencio. Ella envuelta en su capullo de sábanas. Él medio desnudo, con el sol dibujándole líneas doradas en los hombros. El ambiente era raro. No tenso, pero raro. Como si los dos estuvieran tanteando un terreno que no terminaban de reconocer.

Dante se levantó de la cama. Se puso de pie sin prisas, ajeno a su propia desnudez parcial, y fue hasta el armario. Sacó una camiseta blanca y se la puso con movimientos tranquilos.

—Hoy viene el especialista —dijo, de espaldas a ella—. A las diez. Para revisar tu estado.

—Ah. Qué bien.

—No tienes que hacer nada. Solo responder sus preguntas.

—Entendido.

Él se giró. La miró desde el otro lado de la habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Y, Alessandra...

—¿Sí?

—No vuelvas a mencionar el nombre de otro hombre en esta cama.

Dicho esto, salió de la habitación.

Alessandra se quedó sentada entre las sábanas, con la boca abierta y las mejillas ardiendo.

—Solo era un actor... —murmuró para sí misma, dejándose caer de espaldas contra la almohada—. Porque se molesta tanto.

Ella se cubrió la cara con la sábana y soltó un gemido ahogado.

Qué manera de empezar el día.

1
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Mirna Lobo
me encantó ésta historia 😃 buenísima, felicidades escritora un 👏👏👏 para ti 😉
Esther Grace: muchas gracias bella dama ☺️☺️💗
total 1 replies
Mirna Lobo
a Fernanda se le está poniendo el mundo chiquitito 😜😜😜
Mirna Lobo
hay Dante!!!!! error tras error 😡😡😡
Mirna Lobo
Alexander no es tan estúpido como yo creía 😜😜
Mirna Lobo
quiero ver ahora como va a tratar a la arpía de la Fernanda 🤔🤔
Mirna Lobo
bueno pero los escogió por catálogo 😜😜 😉😍😍
Mirna Lobo
puros galanes éstos personajes 😍😍
Mirna Lobo
me van a perdonar pero yo creo que él no está enamorado de la zorra asesina 🤔 hay algo que quizás no sabemos /Grimace/
Mirna Lobo
eso sí es un biscocho 😍😍😍
Mirna Lobo
me cae muy bien Leonel 😍😍😍
Mirna Lobo
que emoción 👏👏👏😜😜
Mirna Lobo
todo gota a gota, y que pague con creces 😡😡😡
Mirna Lobo
debería de llegarle los recuerdos y así saber que hacer 🤔
Mirna Lobo
eso se llama mala suerte, renacer en el cuerpo de la esposa de Dante, y tener que volver a enfrentarse a Fernanda /Grimace/
Mirna Lobo
ésto está como complicado 🤔 veremos cómo se desarrolla
Alejandra Sanchez
excelente autora gracias 🙂
Elle :I
muy buena ,buena trama sin ser rebuscada
me encantó
Cecily~★
Ayyyyss están todos di-vi-nos! ✨❤️ No me puedo decidir por cuál babear primero 😅🤣❤️ jajaja será por edad entonces 🤷🏻‍♀️😜🤤🤤🤤❤️✨✨🤣🤣jajaja
Esther Grace: 😂😂😂😂sería lo más conveniente
total 1 replies
Ana Yusmary Salcedo Montilva
yo entiendo que la que tuvo fuera del matrimonio es Fernanda por eso la consiente y la trata como lo hace es la hija de la amante
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play