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Dos Vida, Un Solo Corazón

Dos Vida, Un Solo Corazón

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:904
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Julián deja su vida humilde y su familia al reencontrarse con Valeria, su amor millonario de la infancia, que lo manipula para separarlo de Mara y sus hijos Luca y Elena. Tras mudarse a la mansión, los conflictos, los secretos y los acosos en la escuela rompen la armonía. Mara se va con los niños, y Julián queda atrapado entre dos vidas hasta que el dolor de perderlos lo obliga a elegir. Al final, se aleja de Valeria, reconstruye su familia con honestidad, y los hijos también sanan y construyen relaciones sanas y respetuosas.

NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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Bruno lo empujó contra los azulejos fríos, lo sujetó por las muñecas con fuerza suficiente para inmovilizarlo, acercando su cara a la de él hasta que sus narices casi se tocaban.

—¿Quién te dijo que podías hablarme así? —le susurró, con una mezcla de furia y deseo en la voz que no supo cómo interpretar—. Te dije que serías mi juguete. Y no me gusta que me desobedezcan.

—Suéltame, por favor —suplicó Luca, sintiendo el aliento caliente del otro en su cuello, en la piel que se le erizó de golpe.

—¿O qué? —Bruno le mordió el lóbulo de la oreja con fuerza, lo suficiente para doler y para dejarle una marca que sentiría horas después—. O le digo a todos lo que te gusta que te haga. ¿Quieres que se enteren?

Luca. Les diré que es mentira.

jajaja y quién te creerá muñeco —respondio Bruno —.

Luca se quedó mudo, sin palabras, sin saber qué responder. El miedo se mezclaba con algo que no quería admitir, algo que no debía estar ahí, algo que le daba vergüenza reconocer incluso para sí mismo.

—Bien —continuó Bruno, soltándolo de golpe como si de repente ya no le interesara—. Mañana me esperas después de clase. Y no llegues tarde.

le dió un beso y se fué.

Mientras tanto, Junior acorraló a Elena detrás de las gradas del gimnasio, en un rincón donde nadie solía pasar, entre sombras y el olor a madera vieja y polvo acumulado.

—Qué bonita te ves hoy —le dijo, rodeándola con sus brazos, cerrándole cualquier vía de escape—. Parece que te arreglaste para mí.

—No me arreglé para nadie —respondió ella, tratando de zafarse, empujándolo suavemente sin lograr moverlo ni un centímetro—. Déjame ir.

—¿Por qué? —se burló él, acercando sus labios a su cuello, rozando la piel con la punta de la lengua—. ¿Te da miedo que te guste?

—Me da asco —dijo ella, con voz temblorosa, pero sin apartar la mirada.

Junior la sujetó por la barbilla con brusquedad, obligándola a mirarlo a los ojos.

—Esa boca se te va a olvidar —le dijo, mirándola a los ojos con intensidad, como si quisiera grabar sus palabras en ella—. Vas a pedirme que no pare. Ya lo verás.

La volvió a besar rudamente mordiendo su labio.

En la mansión, las cosas no mejoraban. Doña Victoria buscaba cualquier excusa para humillar a Mara, cualquier detalle pequeño que pudiera señalar como falta, como error, como prueba de que no pertenecía ahí.

—¿Dejaste las llaves en la mesa? —le dijo una mañana, con tono cortante, señalando el objeto como si fuera algo sucio—. No dejes tus cosas por todos lados. Parece que nadie te enseñó modales.

—Solo las dejé un segundo, suegra —respondió Mara, tratando de mantener la calma, apretando las manos bajo la mesa para que no le temblaran.

—"Solo" —repitió ella con desprecio, arrastrando la palabra como si le supiera mal en la boca—. Todo es "solo" contigo. No sé qué vio mi hijo en ti.

Julián escuchaba, parado en el pasillo, fingiendo ocuparse en algo o simplemente no escuchando, pero no decía nada. Y cuando Mara le contaba después, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, él se ponía del lado de su madre.

—Tú eres muy sensible, Mara —le decía, con voz que no admitía réplica—. Ella solo te está enseñando cómo se vive aquí. Para que te adoptes mejor.

—No me está enseñando, Julián. Me está humillando —le respondía ella, con los ojos llenos de dolor que ya empezaba a cansarse de ocultar—. ¿ Acaso esto tampoco No lo ves?

—Veo que no puedes adaptarte —le contestaba él, seco, dándole la espalda o saliendo de la habitación para no seguir hablando—. Tal vez el problema eres tú.

Y Valeria siempre aparecía en esos momentos, como si supiera cuándo intervenir, como si estuviera escuchando detrás de la puerta esperando el momento justo.

—Pobrecita —decía, acariciando el brazo de Julián frente a ella, con un gesto que quería parecer consuelo pero que Mara sentía como una amenaza—. Es difícil cambiar de vida. Ya se acostumbrará. No la presiones. Dale su tiempo hay personas que son más lentas en adaptación.

—Siempre tan comprensiva, Valeria —le decía él, mirándola con una sonrisa que Mara no había visto en años, una sonrisa que ya no era para ella.

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