NovelToon NovelToon
La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

La medianoche había caído, y la casa volvía a sumergirse en un silencio cargado de secretos. Diego se escabulló de su habitación y caminó con sigilo hasta el cuarto de huéspedes. Su intención era negociar la petición que Tania había hecho de trabajar.

Dentro del cuarto, Farah lo recibió con el ceño fruncido, negándose al principio a dejarlo entrar.

—¡Siempre la defiendes a esa idiota delante de todos! —le reprochó.

Diego la envolvió en un abrazo, la fue ablandando con caricias, y llevó la conversación hacia lo que Tania había pedido durante la cena.

—Escúchame, mi amor. Esto puede ser una oportunidad para nosotros dos. Ya no vas a tener que preocuparte por Tania si ella anda ocupada fuera de casa —sonrió con malicia—. Y yo tendré la oportunidad perfecta para asegurar el acuerdo prenupcial mientras ella no está.

Farah lo escuchó con atención, sopesándolo. Lo que Diego decía tenía sentido. Ambos estarían libres si Tania no andaba por la casa. Pero Farah quería más.

—Tengo una condición —dijo, con un destello astuto en los ojos—. Acepto, pero cuando Tania empiece a trabajar, quiero que me lleves a su recámara... la recámara principal. Quiero que estemos juntos ahí.

Sin pensarlo dos veces, Diego accedió con una sonrisa cómplice. Lo que ninguno de los dos sospechaba era que, una vez más, Tania escuchaba cada palabra a través del micrófono oculto en el cuarto de huéspedes. En la oscuridad de la recámara principal, una sonrisa gélida se dibujó en sus labios.

* * *

A la mañana siguiente, el ambiente en la mesa del desayuno se sentía más distendido. Diego ya estaba listo para comunicarle a Tania la decisión que había tomado la noche anterior.

—Ya lo pensé, mi amor. Puedes trabajar —anunció con una sonrisa triunfal.

Farah exhibía una expresión de satisfacción desde su silla, convencida de que había atrapado una oportunidad de oro. Lo que ignoraba era que todo había sido dispuesto meticulosamente por Tania.

Tania esbozó una sonrisa tenue y agradeció que Diego le permitiera trabajar.

—Gracias, Diego. Solo quiero probar de qué soy capaz —creó la coartada perfecta, como si apenas fuera a empezar a buscar empleo—. Entonces, hoy mismo voy a ir a dejar mi solicitud a Hartadinata Internacional.

Diego se sobresaltó un instante; el corazón le dio un vuelco. Hartadinata Internacional era una empresa de joyería enormemente reconocida y poderosa. Después de tanto tiempo sin trabajar, ¿Tania apuntaba directamente a una compañía de ese calibre? La inquietud lo asaltó de nuevo: el temor de que ella terminara superándolo. Su ego masculino emergió; no quería que Tania fuera más exitosa que él, mucho menos si conseguía entrar a Hartadinata.

En ese mismo instante, bajo la mesa, Farah lo provocó. Un roce deliberado en el muslo de Diego le quebró la concentración y dispersó sus preocupaciones. Diego reaccionó y redirigió sus pensamientos hacia las ventajas que obtendría si Tania trabajaba y dejaba la casa libre.

Tania podía adivinar exactamente lo que cruzaba por la mente de Diego. Qué idiota. Caíste solito en mi trampa, pensó.

Diego terminó por asentir, desechando sus dudas.

—Está bien, mi amor. Que te vaya muy bien.

Continuaron el desayuno en un silencio cargado de estrategia, con Tania sosteniendo el control absoluto del escenario. Ahora tenía el permiso, la coartada y los aliados. El juego verdadero acababa de comenzar.

* * *

Terminaron de desayunar, pero la tensión persistía. Antes de levantarse, Diego, que sentía la obligación de mantener su farsa, le hizo una pregunta a Tania.

—¿Con quién vas a ir, mi amor? ¿No quieres que te lleve yo? —ofreció con un tono que sonaba sincero, aunque no pasaba de ser mera cortesía.

Al escucharlo, Farah le hundió el tacón en el pie por debajo de la mesa.

—¡Ay! —Diego soltó un quejido involuntario, el rostro crispado por el dolor.

Tania fingió preocuparse.

—Diego, ¿qué te pasa? ¿Por qué esa cara de repente?

—Nada, mi amor —respondió entrecortado, tratando de disimular—. Se me acalambró el pie, eso es todo.

Tania sonrió con dulzura, una dulzura cuyo verdadero significado solo ella conocía.

—Voy con Luna, no te preocupes.

Diego asintió, aliviado de que Tania no sospechara nada.

—Ah, Luna. ¿Y no me la vas a presentar algún día? Solo la conozco de nombre; nunca la he visto.

Tania sonrió apenas.

—Ya habrá tiempo. Te la presento después, ya se quedó a vivir aquí en el país. Ya no vive en París.

Doña Carmen, que por lo general se limitaba a guardar silencio, intervino. Su voz sonó cargada de intención.

—¿Por qué no vas con Diego, Tania? Es tu primer día buscando empleo; él debería apoyarte llevándote.

La irritación se reflejó de inmediato en el rostro de Farah. Doña Carmen estaba acorralando descaradamente a Diego y a ella. Tania respondió con amabilidad, suavizando la situación.

—No se preocupe, Doña Carmen, de verdad no es necesario. Diego también tiene que ir a su oficina, y además ya quedé con Luna desde anoche. Deséeme suerte para que me acepten.

Doña Carmen asintió con firmeza.

—Claro que sí, hija. Voy a pedir por ti para que todo salga bien.

Tania volvió a hablar, esta vez con un tono de calculada naturalidad.

—Ah, y otra cosa, Diego. Si me aceptan, ya no voy a poder hacer las tareas de la casa como antes. ¿Qué hacemos con eso?

Antes de que Diego alcanzara a responder, Doña Carmen se adelantó al ver la oportunidad de devolvérsela a Diego y a Farah.

—No te preocupes por eso, Tania. Aquí estoy yo, y aquí está Farah también. En lugar de andar sin hacer nada en esta casa, bien puede ayudar mientras tanto.

Tania sonrió victoriosa; eso era precisamente lo que esperaba. La mandíbula de Farah se tensó, cada vez más furiosa con la sugerencia de Doña Carmen. Diego le lanzó una mirada de reojo a Farah; sabía que estaba molesta y en desacuerdo. Intentó mediar.

—Eso lo vemos después, mi amor. Ni siquiera sabes si te van a aceptar o no —dijo Diego.

Tania dejó asomar una mueca triunfal que solo ella pudo percibir. Diego ignoraba que ella ya formaba parte de Hartadinata, que incluso ocupaba un puesto por encima del suyo. El juego apenas comenzaba, y Tania llevaba amplia ventaja en el marcador.

Terminado el desayuno, Tania recogió los platos con calma. Echó un último vistazo a la mesa, una mirada llena de significado, antes de dirigirse a la cocina y dejar atrás a Diego, Farah y Doña Carmen.

En cuanto la espalda de Tania desapareció detrás de la puerta de la cocina, el aire en el comedor cambió por completo. La tensión contenida estalló. Farah, incapaz de seguir tragándose la rabia, descargó su inconformidad; la furia le brotaba a borbotones, aunque mantenía la voz baja y cargada de énfasis.

—Yo no pienso hacer las tareas de Tania en esta casa, Diego. ¡Yo no soy ninguna sirvienta! —lo fulminó con la mirada.

Diego se quedó mudo, sin saber cómo reaccionar. Farah se volvió entonces contra Doña Carmen, exigente.

—¿Y usted por qué sale con esas ideas? ¡Yo no quiero! ¡Yo no soy la empleada de esta casa!

Doña Carmen, que se había contenido hasta ese momento, la miró con un asco apenas disimulado. Ya había callado suficiente.

—Si quieres seguir en esta casa, deberías conocer tu lugar, Farah —su voz era serena, pero afilada como una cuchilla—. Tú no eres la señora de esta casa. Tania, que sí lo es, jamás se quejó por hacer las labores del hogar. Sabe cuál es su deber como buena esposa, y así debe ser. ¿Y tú? Tú solo sabes abrir las piernas en una cama.

El insulto golpeó a Farah como una bofetada; el rostro se le encendió de rabia. Doña Carmen continuó, la mirada destilando desprecio.

—¿Ves, Diego? ¿Esa es la mujer que elegiste para reemplazar a Tania? —señaló a Farah—. No le llega ni a los talones en nada. Estás completamente cegado. Espero que no te arrepientas.

Doña Carmen se puso de pie y se marchó sin más, dejando a Diego y a Farah sumidos en un silencio tenso.

Farah, humillada, golpeó el suelo con los pies repetidamente.

—¡Diego! ¡Tienes que defenderme! ¿Cómo es posible que tu madre me insulte así? ¡Yo no voy a reemplazar a Tania en nada, yo no soy ninguna sirvienta!

Diego no hallaba qué responder, atrapado entre la furia de Farah y las palabras cortantes de su madre. Al final, recurrió una vez más a la seducción.

—¿Qué te parece si lo hablamos en la tarde? Salimos a comer fuera, de paso te llevo de compras. Ya tenías tiempo sin ir, ¿no?

Al escucharlo, Farah se iluminó al instante. Una sonrisa radiante le brotó en el rostro y asintió con un gesto mimoso.

* * *

En la cocina, Tania lavaba los platos, pero cada palabra de Doña Carmen y cada promesa de Diego le habían llegado con nitidez.

¿Escuchaste eso, Diego?, pensó, mientras una sonrisa helada le curvaba los labios. Tu propia madre ya está harta de tu jueguito. Y tú, Farah, tan fácil de comprar con una salida a comer y unas compras.

Tania cerró la llave del agua. Ahora tenía pruebas contundentes de la relación entre ellos y del punto débil de Farah.

Este juego se pone cada vez más interesante. Y la que va a ganar soy yo.

Continuará...

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play