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Soy Humana, No Una Luna: Reclamada Por El Alfa

Soy Humana, No Una Luna: Reclamada Por El Alfa

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Amor prohibido / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:70.4k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

El destino comete errores, y unir al Alfa de la manada con una simple humana es el más grande de todos. Mientras la manada exige una líder fuerte para la guerra y Alexander intenta marcarme como suya, yo me niego a ser el trofeo de un rey lobo. No tengo garras, no tengo instinto y no voy a pedir perdón por ser débil ante sus ojos. Soy humana, no una Luna. Pero para conservar mi libertad, primero tendré que sobrevivir a la pasión destructiva de un Alfa que no piensa dejarme ir.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo IX Acónito negro

Punto de vista de Amelia

Dormí profundamente en la casa de los omegas, sorprendentemente en paz. Sin embargo, al despertar, la realidad de mi encierro volvió a caer sobre mis hombros con el peso de una losa. Me lavé la cara, intenté arreglar mi cabello castaño y salí junto a Elena rumbo a la clínica antes de que el sol terminara de pintar colores en el horizonte.

No pensaba esperar a que Alexander viniera a buscarme con su ejército. Si quería mantenerme ocupada, lo haría bajo mis propias reglas y salvando vidas.

A mitad de la mañana, mientras organizaba el instrumental quirúrgico y revisaba los expedientes de los pacientes heridos en el enfrentamiento del sector norte, el estruendo de un vehículo frenando en seco afuera interrumpió la calma.

La puerta de urgencias se abrió de golpe. Dos guerreros corpulentos entraron cargando a un joven lobo que se retorcía de dolor. Detrás de ellos apareció Alexander. Portaba su chaqueta de cuero negro y una presencia que llenaba cada rincón del salón, pero en lugar de la frialdad habitual de un líder, sus ojos dorados me buscaron a mí con una mezcla de cautela y una intensidad abrasadora.

—Sufrió un corte con una hoja impregnada en acónito negro —explicó Alexander con voz severa, acercándose a la camilla—. La infección avanza hacia su torrente sanguíneo. Si no detenemos el veneno, no llegará a la noche.

—Pónganlo en la mesa tres, ¡ahora! —ordené sin vacilar, activando mi modo profesional. Aunque no sabía que diablos era ese acónito negro.

Olvidé por completo que estaba rodeada de hombres lobo. Para mí, el joven sobre la mesa era simplemente un paciente que se debatía entre la vida y la muerte. Preparé un antiséptico concentrado, guantes esterilizados y el bisturí.

Al retirar los vendajes improvisados, un hedor pútrido y un líquido negruzco brotaron del costado del muchacho. El chico soltó un alarido de agonía, temblando como si de una convulsión se tratara.

—¡Sosténganlo! —le pedí a los guerreros, pero el dolor del joven era tal que sus garras empezaron a brotar por puro instinto, descontroladas.

Sin pensarlo dos veces, me despojé de los guantes para tener mayor firmeza, tomé una compresa limpia y presioné directamente la periferia de la herida abierta mientras le sujetaba el rostro con la otra mano.

—Mírame —le dije con voz firme pero cargada de una extraña serenidad—. Vas a estar bien. Respiras conmigo, ¿de acuerdo? Concentra tu mente en mi voz.

Lo que ocurrió a continuación dejó la sala en un silencio absoluto.

En cuanto la piel al descubierto de mis dedos rozó el rostro del joven y mi mano rodeó la zona infectada, el muchacho dejó de convulsionar. El veneno negro, que segundos antes burbujeaba y destruía sus tejidos, pareció congelarse. Un leve matiz de luz plateada casi imperceptible, como el reflejo de la luna sobre el agua pareció destellar desde mis manos sobre su piel.

El tejido desgarrado comenzó a limpiar su coloración oscura y el sangrado se redujo drásticamente a un ritmo que desafiaba toda lógica médica y de la especie.

Elena ahogó un grito cubriéndose la boca. Los dos guerreros dieron un paso atrás con los ojos abiertos de par en par.

Giré la cabeza hacia Alexander. El Alfa estaba completamente inmóvil. Sus ojos dorados brillaban con una mezcla de desconcierto, fascinación y una sospecha profunda que no alcanzó a verbalizar.

—¿Qué... qué acabas de hacer? —murmuró Alexander, dando un paso lento hacia la mesa, mirando la piel del joven y luego mis manos desnudas.

—Solo... limpié la zona y mantuve la presión para evitar el choque neurogénico —respondí, sintiendo un cosquilleo extraño en las palmas de mis manos que me hizo cerrar los puños rápidamente—. Su cuerpo debe haber reaccionado a la compresión.

—Los humanos no neutralizan el acónito negro con el tacto, Amelia —intervino Alexander con voz baja y peligrosa, acercándose hasta quedar a centímetros de mí. La intensidad de su mirada me hizo dar un paso atrás hasta chocar contra la bandeja de instrumentos.

—No sé de qué hablas —insistí con frialdad, intentando ocultar el temblor involuntario de mis dedos—. Soy cirujana. Hago mi trabajo. Si tu gente se cura rápido o no, es cuestión de su biología, no de la mía.

Alexander me observó durante unos segundos eternos en silencio. Luego, para mi absoluta sorpresa, la tensión de sus hombros se relajó por completo.

Dibujó una leve sonrisa de lado, una expresión misteriosa que me erizó el vello de la nuca, y sacó una pequeña caja de terciopelo oscuro del bolsillo de su chaqueta, dejándola sobre la mesa metálica al lado de mis tijeras.

—Tienes razón, mi obstinada cirujana. Haces tu trabajo de forma extraordinaria —dijo con un tono de voz suave y seductor que hizo retumbar mi pecho—. Te traje esto. Un pequeño detalle para que recuerdes que cumplas o no tus turnos, sigo pensando en ti.

Abrí la caja con cautela. Dentro descansaba un delicado broche de plata con la forma de un esteto y una hoja de laurel, un símbolo médico hecho con una elegancia exquisita.

—No puedo aceptar esto, Alexander —dije de inmediato, mirando el dije.

—No es un trofeo, Amelia. Es un regalo de un hombre a la mujer que no sale de su cabeza —afirmó, inclinándose hacia mi oído para que solo yo pudiera escucharlo—. Y recuerda nuestro trato: te daré tu espacio, pero no voy a dejar de buscar la manera de ganar tu corazón.

Dio media vuelta y salió de la clínica a paso firme, dejándome allí, parada en medio de la sala, con las palmas de las manos aún hormigueando por una energía que no sabía explicar y un regalo de plata que no podía dejar de mirar.

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Lourdes Adriana Macias Agraz
Hermosa historia
gracias por compartir ♥️♥️♥️♥️♥️
Ysabel Correa: Gracias por apoyar 🫂
total 1 replies
Sandra Garnica
Me encantó la historia, aunque me hubiera gustado que Elena quedara con otro mate😏 y que hubieran sacado a Caelen del consejo 😤, pero del resto me gustó mucho, mil bendiciones y éxitos autor@ 😊😉😉
Cecilia Rodriguez
muy bonita, gracias por compartirla escritora🌷🌷🌷
Ysabel Correa: Gracia a ti por el apoyo 🥰
total 1 replies
Sandra Garnica
Menos mal que hay una solución definitiva sin que los demás lo sepan y cuando intenten hacer algo va hacer demasiado tarde 😏😈😈😈😈
Sandra Garnica
No entiendo porque no echan a Sabrina y su padre si son de otra manada y por más que los ancianos estén de su lado ellos no pertenecen ahi😤😡😡😡
Roxana C Añez
Tus novelas siempre me gustan, pero está vez hubieron cabos sueltos: La pareja elegida de Marcus, en un capítulo se habla sobre ella, y no fueron dos los hijos del alfa?? solo se nombra a Cassian...
Igual me gustó mucho 🤩
Roxana C Añez
Haber... sigo perdida acá, en capítulos anteriores leí que Marcus tomó y marco a una loba elegida. Y ahora dónde quedó esa pareja entonces ??? 🫣
Sandra Garnica
Ojalá que a Elena le llegue un mate que la ame como debe de ser y no con el imbecil del Beta que ya la rechazo 😡😡😡😡
Sandra Garnica
Será alguna bruja o hada o algo así y esta sellada para que no la encuentren los demás y solo sea su Alfa 🤔🤔🤔
Primi Mendez
ojalá no usé a Helena como intercambio 🙄
Primi Mendez
Marcos rata miserable animal rastrero 🐀🐀
Primi Mendez
ojalá ponga retrató de Alexander y personajes
Clara Fuentes
Excelente!!!
Primi Mendez
para mí el qué rechazo a Helena es el mano derecha de Alexander
Primi Mendez
Buenos es difícil hacerse cómo tú pareja a un hombre lobo si sos humana ni de un momento a otro dejar tú vida tus familias compañeros de trabajo y no poder comunicarse yo también le comenzaría la guerra 🤔
Primi Mendez
ojalá no se rinda tan rápido Amelia
Maria Rojas
felicidades autora excelente novela, un bello final me encantó que sigan los éxitos bendiciones. 🙏🤗
Primi Mendez
Que difícil para ella de un momento a otro terminar con los que ésta acostumbrado
Roxana C Añez
No pueden volver, en un anterior capítulo dice que él marco a otra loba como pareja elegida... no es un hombre libre, solo siente remordimiento, nada más.
Angela Santillan
espectacular tu novela !!!! me encantó!!!! felicitaciones y muchas BENDICIONES 🙏🙏
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