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Las Enseñanzas Del Bambú

Las Enseñanzas Del Bambú

Status: Terminada
Genre:Época / Completas
Popularitas:537
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

Lady Genevieve es la joven rebelde que escandaliza a la alta sociedad londinense. Lordian, un duque frío, metódico y perfecto, viaja de incógnito por la campiña inglesa cuando sus caminos se cruzan.
Sin conocer su verdadera identidad, Genevieve decide enseñarle las antiguas lecciones orientales que aprendió de su tío: fluir como el agua, encontrar el equilibrio y aprender a soltar. Entre risas, barro, estrellas y una atracción imposible de ignorar, ella descubrirá que incluso el corazón más rígido puede aprender a amar.

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Capítulo 13: El principio del viento

La primera luz del alba no trajo consigo la bruma densa que solía cubrir los terrenos de Blackwood Manor. En su lugar, un cielo azul claro y limpio se desplegó sobre la campiña, mientras un viento fresco y constante soplaba desde el valle, haciendo bailar las copas de los sauces y crujir con fuerza el follaje de los bambúes junto al estanque.

​En la habitación principal del ala este, la calidez del hogar encendido la noche anterior persistía en el ambiente. Genevieve fue la primera en abrir los ojos. La sábana de lino blanco descansaba de forma perezosa sobre sus caderas, y la luz dorada del sol naciente perfilaba la silueta imponente de Lordian, quien aún dormía a su lado con un brazo envuelto firmemente alrededor de su talle.

​Genevieve permaneció inmóvil durante unos minutos, contemplando las facciones del duque. Sin la tensión de la corte, sin la corbata de seda ni las cejas fruncidas por el análisis de balances contables, el rostro de Lordian transmitía una paz profunda y serena. La muchacha extendió una mano y rozó con la yema de sus dedos la cicatriz leve que corría junto a su pómulo, sintiendo la firmeza de su piel y la calidez de su respiración pausada.

​Lordian se agitó despacio, entornando los ojos oscuros antes de esbozar una sonrisa lenta al encontrar la mirada avellana de la joven.

​—¿Otra vez calculando la dirección del viento antes de que amanezca del todo, señorita Genevieve? —murmuró con la voz tomada por la pereza del descanso, acortando la distancia para pegar su frente a la de ella.

​—Solo observaba a un duque que ha olvidado cómo se frunce el ceño —respondió ella con una risita baja, acariciándole la nuca—. Es un espectáculo bastante inusual en estos salones.

​Lordian la atrajo más hacia sí, sepultando el rostro en el hueco de su cuello para respirar su aroma a lavanda y piel tibia.

​—Esa costumbre se ha perdido para siempre —confesó él entre besos suaves que hicieron estremecer a la muchacha—. Tras lo ocurrido ayer con Richmond y los lores, me temo que mi reputación como aristócrata intratable ha quedado reducida a cenizas.

​—Una pérdida lamentable —bromeó Genevieve, enredando las piernas con las de él sobre el colchón—. Aunque dudo que la campiña extrañe a ese hombre de piedra.

​—La campiña tal vez no, pero la capital está a punto de enterarse de que el nuevo duque de Blackwood no piensa dar un solo paso atrás —sentenció Lordian, alzando la mirada para clavar sus ojos en los de ella con un ardor posesivo y absoluto—. Hoy no nos quedaremos encerrados revisando mapas, Genevieve. Hoy vas a acompañarme a Kent, a ver con tus propios ojos el lugar donde todo esto debe empezar.

​Dos horas más tarde, el carruaje ducal dejaba atrás los portones de hierro de Blackwood Manor y tomaba el camino del sur. Sin embargo, no se trataba de la comitiva rígida y escoltada que solía acompañar las visitas oficiales de Lordian. El duque vestía una camisa cómoda de lino sin corbata, botas de montar y una chaqueta de paño ligero, mientras que Genevieve llevaba un sencillo vestido de paseo color crema con una pañoleta sobre los hombros.

​El trayecto transcurrió entre risas, silencios compartidos y miradas que no necesitaban palabras para reafirmar la intensidad del vínculo sellado en la posada. Al llegar a las tierras bajas del distrito, donde los pequeños agricultores y arrendatarios cultivaban los campos, el carruaje se detuvo al borde de una colina que dominaba el valle.

​Thomas abrió la portezuela y Lordian ayudó a Genevieve a descender. Al ver al duque llegar sin comitiva y de la mano de una joven desconocida, varios campesinos y capataces que trabajaban en los cercados interrumpieron sus labores, observando la escena con cautela.

​Lordian caminó con Genevieve hasta la plaza del pequeño poblado de los arrendatarios. El juez de paz local y el antiguo administrador del distrito, un hombre acostumbrado a recibir las órdenes inflexibles de la casa ducal, se apresuraron a salir a su encuentro con documentos y registros bajo el brazo.

​—¡Su gracia! —exclamó el administrador con una reverencia nerviosa—. No esperábamos su visita tan pronto. Los informes sobre el rendimiento del trimestre están casi listos para su firma, aunque me temo que las lluvias de la semana pasada mermaron las proyecciones de...

​Lordian alzó la mano con serenidad, deteniendo el discurso atropellado del hombre.

​—Guarde los balances de la temporada anterior, señor Miller —dijo el duque con voz clara y firme que resonó en la plaza—. No he venido a exigir rendimientos ni a fiscalizar pérdidas. He venido a entregarles los nuevos contratos de arrendamiento.

​El administrador pestañeó, desconcertado.

​—¿Los... los nuevos contratos, su gracia?

​—A partir de hoy —continuó Lordian, mirando a los campesinos que comenzaban a acercarse al grupo—, las cuotas de cosecha se reducen en un veinte por ciento de forma permanente. Los fondos sobrantes del ducado se destinarán a la construcción de graneros de almacenamiento común y a la edificación de una escuela para los hijos de las familias que trabajan esta tierra.

​Un murmullo de incredulidad y asombro recorrió a la multitud. Los rostros curtidos por el trabajo duro se llenaron de una mezcla de esperanza y desconcierto.

​Genevieve miró a Lordian con el pecho henchido de orgullo. El hombre que la rodeaba con el brazo no solo había roto sus propias reglas personales; estaba rompiendo las cadenas de un sistema que durante generaciones había asfixiado a quienes trabajaban la tierra.

​—¿Hay alguna objeción a estas medidas, Miller? —preguntó Lordian al administrador, quien permanecía con la boca entreabierta.

​—N-ninguna, su gracia... —alcanzó a articular el hombre—. Es una decisión de una generosidad sin precedentes en la provincia.

​—No es generosidad —intervino Genevieve con voz dulce pero firme, dando un paso adelante—. Es justicia. El árbol no puede prosperar si se seca la raíz que lo alimenta.

​Los campesinos miraron a la joven con un profundo respeto. Aunque no vestía las joyas ni las sedas de las damas de la corte, su presencia transmitía una dignidad y una verdad que no requerían títulos para ser reconocidas.

​Al caer la tarde, tras recorrer las tierras y conversar directamente con las familias del poblado, Lordian y Genevieve regresaron a la mansión. La brisa de Kent soplaba con más fuerza, agitando los cañizales de bambú en el estanque mientras la luna llena comenzaba a elevarse sobre la silueta de los árboles.

​En el salón principal, el señor Harrison los aguardaba con una bandeja que contenía una sola carta con el sello de cera de la corona.

​—Llegó hace una hora por correo expreso desde la capital, excelencia —anunció el mayordomo.

​Lordian rompió el sello de cera y desplegó el pergamino. Sus ojos recorrieron las líneas escritas con caligrafía oficial antes de dejar escapar una risa breve y cargada de ironía.

​—¿Qué ocurre? —preguntó Genevieve, acercándose a su lado.

​—La Cámara de los Lores y el consejo real convocan una sesión extraordinaria para discutir las 'irregularidades administrativas' de Blackwood Manor —explicó el duque, guardando la carta en su bolsillo—. Richmond y mi primo Francis han movido todas sus piezas en la capital para intentar revocar mis decretos.

​Genevieve lo miró fijamente, buscando cualquier rastro de duda o temor en sus facciones.

​—¿Vas a ir a la capital?

​Lordian la tomó de la cintura, atrayéndola contra su cuerpo con un movimiento seguro y decidido. Sus ojos oscuros brillaban con una determinación inquebrantable.

​—Iremos juntos, Genevieve —respondió él, rozando sus labios con los de ella en un beso ardiente que encendió la penumbra del salón—. La corte quiere una sesión extraordinaria para juzgar la regla que rompimos. Les daremos una lección sobre la única regla que realmente importa: la de ser dueños de nuestra propia vida.

​Genevieve sonrió contra su boca, entrelazando sus dedos en su cabello y entregándose a la firmeza de su abrazo. El viento continuaba soplando con fuerza en los jardines de Kent, pero en el centro de aquel palacio de piedra, el roble y el bambú habían aprendido a doblarse juntos sin romper jamás su raíz.

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Isabel Sandoval
Eso se cuenta? /Slight//NosePick//Grin/
Isabel Sandoval
Ya está en la bolsa
Isabel Sandoval
jajaja
Isabel Sandoval
Hago eso y me rompo un hueso /Facepalm//Scare/
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja jajaja k chistosa y ya se enamoró ❤️
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