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Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:302
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

NovelToon tiene autorización de 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

24. No intentes escapar de nuevo

Alden se acercó a la cama.

Antes, siempre se esforzaba por mantener la distancia. Dormir en la misma habitación ya era suficiente para irritarlo, y mucho peor tener que compartir la cama con Belvina. Por eso el sofá en la esquina del cuarto siempre había sido su elección.

Pero esta noche, sus pensamientos eran diferentes.

Belvina estaba a punto de quedarse dormida cuando el lado del colchón junto a ella se hundió lentamente, señal de que alguien había subido a la cama.

Abrió los ojos de inmediato. Se giró de forma instintiva.

—¿Qué pretendes?

Alden ya estaba medio recostado sobre la cama.

—Dormir —respondió con naturalidad.

Belvina señaló el sofá.

—Tu lugar es allá.

—No quiero —en vez de alejarse, Alden se deslizó más cerca.

—Dijiste que no querías dormir conmigo —Belvina le empujó el pecho—. Vete para allá.

—Mañana voy a la oficina —el tono de Alden fue plano—. No quiero amanecer con el cuerpo adolorido por culpa del sofá.

Su mano alcanzó la cintura de Belvina y la jaló de vuelta a su posición anterior.

—¡Alden! ¡Suéltame!

Belvina empujó otra vez. Él no se movió ni un milímetro.

Alden inclinó ligeramente el rostro, lo bastante cerca como para que ella sintiera su aliento.

—Cállate —murmuró con voz grave—. O no me voy a detener en un beso como el de esta tarde.

Belvina tragó saliva. La mirada de ese hombre era exasperante... y perturbaba su valentía.

Pero solo por un instante. Al segundo siguiente, se lanzó hacia adelante y le mordió el hombro.

—¡Agh...! ¡Belvina! —Alden soltó el agarre por reflejo—. No pongas a prueba mi paciencia.

—Entonces aprende a tener límites —Belvina se bajó de la cama—. Si quieres dormir ahí, adelante. Yo me mudo.

Tomó una almohada y caminó hacia el sofá con pisadas claramente audibles. Tenía los labios fruncidos de irritación.

Poco después ya estaba acostada, cubriéndose con la manta de pies a cabeza.

Pasaron varios segundos sin ningún sonido en la habitación.

Belvina se sobresaltó cuando el sofá debajo de ella se movió por el peso de alguien más que subía.

Al instante descubrió la manta. Sus ojos se abrieron enormes.

Alden ya estaba sobre el sofá estrecho, una mano apoyada en el respaldo y la otra junto a su brazo, dejándole prácticamente cero espacio para moverse.

—Tú...

—Si te mudas —dijo con calma—, yo te sigo.

Belvina lo miró incrédula.

—¿Estás loco?

—Así es.

—¡Vete!

Le golpeó el pecho con sus dos manos pequeñas, aunque sabía que era prácticamente inútil.

—¡Haces que este sofá sea demasiado estrecho!

Alden se inclinó un poco, como si esa protesta no significara nada.

—Bien —dijo sin inflexión—. Así no puedes escapar de nuevo.

Belvina entrecerró los ojos. Estaba a punto de lanzarse a morderle el hombro otra vez.

Pero Alden fue más rápido.

Una mano le sostuvo la cabeza con suavidad, y entonces los labios de él se posaron un instante sobre los de ella.

Un roce breve.

—¡Alden!

Belvina estaba genuinamente furiosa.

—¡No me beses sin permiso!

Y la respuesta que obtuvo fue verdaderamente inesperada: Alden soltó una risa grave y baja.

Ese sonido dejó a Belvina en silencio por una fracción de segundo.

Nunca había escuchado a este hombre reír así. Ni siquiera en los recuerdos de la antigua Belvina existía un momento como ese.

Pero antes de que pudiera procesarlo, su cuerpo se elevó de repente.

—¡Alden!

Él la cargó sin más y la llevó hacia la cama.

—A partir de esta noche dormimos aquí.

—¡No quiero!

—No acepto negativas.

Belvina lo fulminó con la mirada.

—Yo tampoco acepto tu dominio.

—No me importa.

Alden la depositó sobre el colchón y la miró fijamente.

—Eres mi esposa. Legal ante la ley y ante Dios.

Hizo una pausa breve.

—Es natural que duermas conmigo.

Esa frase arrastró recuerdos ajenos a la cabeza de Belvina.

Una boda fastuosa. El destello de las cámaras. Poses románticas forzadas.

La forma en que la antigua Belvina se aferraba al brazo de este hombre frente al público, como si estuviera exhibiendo un trofeo.

Y la manera en que Alden contenía el asco detrás de su rostro gélido.

Belvina se estremeció cuando su espalda tocó el colchón. Intentó incorporarse de nuevo. Pero el brazo de Alden ya la rodeaba desde atrás, manteniéndola en su lugar.

Belvina se tensó.

—Suéltame.

—Duerme.

—Puedo morderte otra vez.

—Inténtalo.

El aliento cálido de él le rozó la nuca.

Por primera vez en su vida, Belvina no supo... qué era más exasperante.

Alden abrazándola. O su propio corazón latiendo demasiado fuerte.

Belvina contempló el brazo en su cintura durante un largo rato.

—Maldito —murmuró en voz baja.

Pero no lo apartó realmente.

En cuestión de minutos, la respiración de Alden se volvió regular. Se había dormido.

¿Y Belvina? No pudo pegar un ojo. Miraba el techo de la habitación con irritación.

El brazo de ese hombre seguía rodeándole la cintura como una esposa viviente.

Belvina esperó.

Tras varios minutos, se convenció de que Alden estaba profundamente dormido. Comenzó a moverse despacio. Con sumo cuidado.

Levantó la mano de Alden milímetro a milímetro, y luego se escabulló de ese abrazo como una ladrona en su propia casa.

Lo logró.

Los ojos de Belvina brillaron de satisfacción. Se alejó arrastrándose, conteniendo una pequeña sonrisa victoriosa. Por fin libre.

Su pie apenas tocó el suelo...

De pronto, la jalaron de la cintura con fuerza hacia atrás.

—¡Ah!

Su cuerpo cayó de vuelta sobre el colchón.

En un solo movimiento, el brazo de Alden ya la envolvía de nuevo, esta vez mucho más apretado que antes.

Belvina se quedó helada.

El hombre ni siquiera había abierto los ojos.

—Si intentas escapar otra vez —murmuró ronco, medio dormido—, me voy a asegurar de que mañana por la mañana no tengas fuerzas ni para levantarte de esta cama.

Belvina se tensó. Sabía exactamente a qué se refería esa amenaza.

—Maldito... —siseó en un hilo de voz.

Pero al final se rindió. No tenía sentido discutir con un hombre terco que controlaba a la gente incluso mientras dormía.

La mañana llegó acompañada del sonido de lluvia intensa al otro lado de la ventana.

El aire se tornó más frío. El aire acondicionado aún encendido hacía que la manta resultara insuficiente.

Mientras dormía, Belvina se movió de forma inconsciente. Su cuerpo buscó la fuente de calor más cercana.

Se acercó.

Apoyó el rostro en el pecho de Alden, su mano pequeña se aferró al costado de la camisa de él, y se quedó allí.

Alden despertó lentamente. Su mirada descendió hacia la mujer que ahora lo abrazaba sin saberlo.

El rostro de Belvina lucía mucho más sereno dormida. Su respiración era acompasada. Sin fiereza. Sin réplicas. Sin intentos de fuga.

La comisura de los labios de Alden se elevó apenas.

No me esperaba que... dormir así fuera tan agradable.

Ese pensamiento lo mantuvo inmóvil un momento. Porque ni él mismo había imaginado que podría sentir algo así.

En lugar de alejarse, subió la manta más arriba para cubrir los hombros de Belvina. Y dejó que la lluvia siguiera cayendo afuera.

La lluvia ya había cesado, pero el aire aún conservaba el frío.

Poco a poco, Belvina despertó. No por voluntad propia, sino porque algo la perturbaba.

Había una presión cálida y firme que palpitaba contra su muslo. Ajena.

Algo detrás de ella, demasiado real para ignorar.

Sus ojos se abrieron de par en par al instante.

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