Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
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capitulo 13
El despertador sonó a las seis y media. Evolett lo apagó de un golpe y se quedó mirando el techo blanco del nuevo apartamento, sintiendo que su corazón latía con fuerza contra las costillas. Era su primer día en Cleim Couture. Su primer día como asistente de diseño. Su primer día en un mundo que todavía no terminaba de creer que era real.
Se levantó con lentitud, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper el hechizo. La ducha fue rápida, el desayuno consistió en un café y una tostada que apenas logró terminar. Cuando se vistió, eligió la ropa más profesional que tenía, una blusa blanca sencilla y unos pantalones negros que Lena le había prestado. No era lujo, pero era lo mejor que podía ofrecer.
Llegó al edificio de Cleim Couture, Evolett respiró hondo antes de entrar, recordando las palabras de Will.
—Mereces esta oportunidad.
No estaba segura de creerlo del todo, pero al menos podía intentar actuar como si fuera cierto.
La recepcionista de la planta baja, la misma mujer del día anterior, la recibió con una sonrisa genuina.
—Buenos días, señorita Lurent. El señor Cleim la espera en la planta treinta.
Evolett asintió y caminó hacia el ascensor con pasos firmes. En el trayecto, se encontró con la señorita Dupont, la secretaria de Will, que la miró con una sonrisa tensa y un saludo forzado.
—Buenos días, señorita Lurent. El señor Cleim llegó hace una hora. Está en su oficina.
—Gracias
respondió Evolett, sin detenerse.
Will estaba de pie junto a la ventana cuando ella entró, con una taza de café en la mano y el teléfono pegado al oído. Al verla, levantó una mano en señal de saludo y terminó la llamada en unos segundos.
—Buenos días
dijo, con una sonrisa que iluminó su rostro.
—¿Cómo dormiste?
—Bien Señor... Will
respondió Evolett, dejando su bolso sobre la silla.
—El apartamento es muy cómodo. Gracias.
—No tienes que agradecerme. Es parte del paquete recuerda.
Will se sentó detrás del escritorio y señaló la silla frente a él.
—y tambien te vamos a adelantar tus dos primeros sueldos. Ahora siéntate. Vamos a empezar con lo básico.
Evolett no dijo nada, pero estaba asombrada de todos los beneficios que poseía esa empresa, ahora al fin podría comprar unos conjuntos para ir a trabajar más presentable.
La mañana transcurrió entre explicaciones y planos. Will le mostró el esquema de la nueva colección, los bocetos preliminares, las telas que había seleccionado. Evolett tomaba notas con atención, haciendo preguntas cuando algo no le quedaba claro. Pronto descubrió que Will no era solo un CEO con buen ojo para los negocios, era un apasionado del diseño, alguien que entendía la moda como un lenguaje.
—Esta línea es diferente a todo lo que hemos hecho antes
explicó, señalando un boceto de un vestido fluido.
—Quiero que transmita vulnerabilidad, pero también fuerza. Como una mujer que ha sobrevivido a algo y ha salido más fuerte. Me comprende?
Evolett sintió que las palabras resonaban en su pecho. Vulnerabilidad y fuerza. Sobrevivir y salir más fuerte. Era exactamente lo que ella sentía, aunque nunca había tenido el valor de ponerlo en palabras.
—Entiendo Will
dijo, y su voz sonó más firme de lo que esperaba.
—¿Puedo hacer una sugerencia?
Will levantó una ceja, con curiosidad.
—Claro que si adelante.
Evolett se levantó y caminó hacia el tablero donde estaban los bocetos. Tomó un lápiz y trazó una línea en el dobladillo del vestido, alargándolo ligeramente y añadiendo un pliegue sutil en la cadera.
—Si le das más caída aquí
explicó, señalando el cambio
—el movimiento será más fluido. Y este pliegue añade una sensación de... protección. Como si la tela abrazara a quien la lleva.
Will la observó en silencio por un momento. Luego, una sonrisa lenta se formó en sus labios.
—Eso es exactamente lo que quería. No sabía cómo expresarlo, pero lo has capturado a la perfección.
Evolett sintió una oleada de calor en el pecho. No era solo el elogio, era la sensación de ser vista, de ser entendida.
—Gracias
dijo, con una sonrisa tímida.
—Eres talento puro Evolett. Y es por eso que estás aquí.
A media mañana, la señorita Dupont entró con una bandeja de café y galletas. Su sonrisa era profesional, pero Evolett notó que evitaba mirarla directamente.
—Aquí tienen su café, señor Cleim. Y para la señorita Lurent, un té de manzanilla, como solicitó.
Evolett parpadeó, sorprendida.
—No pedí té.
Will intervino, con una sonrisa.
—Lo pedí yo. Pensé que después del café de esta mañana, quizás preferirías algo más suave.
Evolett sintió que algo se deshacía dentro de ella. El gesto era pequeño, insignificante incluso, pero decía más que mil palabras. Will recordaba lo que le gustaba. Se preocupaba por los detalles.
—Si, gracias Will.
dijo, tomando la taza.
La señorita Dupont salió de la oficina sin decir una palabra más, pero Evolett notó que sus dedos temblaban ligeramente al cerrar la puerta.
—¿La señorita Dupont siempre es tan... cortés?
preguntó, con un tono que buscaba ser ligero.
Will soltó una risa corta.
—No. Normalmente es más fría que un iceberg. Pero ayer, después de lo que pasó en Recursos Humanos, llamé a su oficina y dejé claro que si volvía a tratarte con falta de respeto, su puesto estaría en peligro. Parece que el mensaje caló.
Evolett guardó silencio, procesando la información. No sabía si sentirse halagada o incómoda. Will estaba usando su poder para protegerla, y aunque era reconfortante, también era aterrador. ¿Qué pasaría si un día su protección desaparecía?
—No tienes que hacer esto por mí
dijo, con voz baja.
—No quiero ser una carga. Que dirán los demás empleados después.
Will la miró con una seriedad que la desarmó.
—No eres una carga. Eres mi asistente. Y como tal, mereces respeto. Todos aquí merecen respeto y es política de la empresa. Si alguien no te lo da, es mi responsabilidad asegurarme de que lo entienda.
Evolett asintió, sin saber qué responder. El gesto de Will era más que profesionalismo, era personal. Pero no quería leer demasiado en ello.
—Bueno
dijo, cambiando de tema
— ¿Qué sigue en la agenda?
Will sonrió, como si entendiera que necesitaba espacio.
—Ahora, te enseñaré el taller de prototipos. Quiero que veas cómo se construyen las prendas desde cero.
Will se levantó y salieron hacia el taller, estaba en la planta baja, un espacio amplio y luminoso lleno de maniquíes, telas y máquinas de coser. El olor a tela nueva y el sonido de las agujas perforando la tela creaban una atmósfera vibrante. Evolett sintió que su corazón latía con fuerza mientras observaba a los sastres trabajar.
—Esta es la parte más importante del proceso
explicó Will, mientras caminaban entre los puestos de trabajo.
—Aquí es donde los bocetos cobran vida. Donde las ideas se convierten en prendas reales.
Evolett se detuvo frente a un maniquí que vestía un prototipo de vestido de seda azul. Era hermoso, pero algo no encajaba.
—El drapeado aquí
dijo, señalando el hombro
—es demasiado rígido. Si lo suavizas, el movimiento será más natural.
Uno de los sastres la miró con sorpresa.
—¿Eres diseñadora?
—Y una de las mejores.
corrigió Will, con un tono de orgullo.
—Y tiene razón. Haz el cambio.
El sastre asintió y comenzó a trabajar, mientras Evolett sentía que el calor subía a sus mejillas. No estaba acostumbrada a que la escucharan, a que valoraran su opinión.
—¿Cómo sabías eso?
preguntó Will, cuando se alejaron del puesto.
—No sé
respondió Evolett, con honestidad.
—Simplemente lo vi. Como si la tela me hablara.
Will la miró con una mezcla de asombro y admiración.
—Eso es lo que te hace especial, Evolett. No todos pueden ver lo que tú ves.
Ella bajó la mirada, sintiendo que las palabras se le atascaban en la garganta. No sabía cómo responder a esos elogios. No sabía cómo aceptarlos sin sentirse una impostora. Pero por primera vez, creyó que Will tenía razón.