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Me Enamoré De Su Dolor

Me Enamoré De Su Dolor

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 21

Güner condujo hacia la mansión Kivilcim con las manos aferradas al volante.

Su mente era un caos.

Las palabras de Murat se repetían una y otra vez.

Denmet es hija de Cem.

Su sobrina.

La hija del hermano que había perdido cuando aún era joven.

Güner recordó a Cem.

Siempre había sido diferente a él.

Más alegre.

Más impulsivo.

El único miembro de la familia que se atrevía a desafiar a su padre.

Después de su muerte, la casa había cambiado.

Su padre se volvió más frío.

Güner se encerró en los negocios.

Y poco a poco, el nombre de Cem dejó de pronunciarse.

Como si nunca hubiera existido.

Pero ahora...

Su hijo.

No.

Su hija.

Había regresado a aquella familia sin saberlo.

Y era Denmet.

Güner cerró los ojos durante un instante.

Recordó su sonrisa.

Sus discusiones.

La manera en que había logrado entrar en un corazón que él creía muerto.

El abrazo en la cocina.

El momento en que estuvo a punto de besarla.

Una sensación de horror recorrió todo su cuerpo.

—No.

Golpeó el volante.

—No.

No podía pensar en aquello.

No podía.

Pero las imágenes no desaparecían.

 

Denmet estaba en el gran salón.

Había recibido un mensaje de Güner.

"No salgas de la casa. Voy hacia allí."

Nada más.

Sin explicaciones.

Sin respuestas.

Otra vez secretos.

Otra vez órdenes.

Denmet comenzó a caminar de un lado a otro.

—Estoy cansada.

Nermin apareció desde el comedor.

—Señorita Denmet, debería descansar.

Denmet la miró.

—¿Usted sabe algo?

Nermin se quedó inmóvil.

La reacción fue suficiente.

—Todos saben algo.

—Yo...

—¿Qué?

Nermin bajó la mirada.

—Hay secretos que pertenecen a otras personas.

Denmet soltó una amarga risa.

—Qué conveniente.

—No quiero hacerle daño.

—Pero todos dicen eso.

Nermin la observó con tristeza.

Denmet parecía desesperada.

Y ella comprendía por qué.

Durante años había visto cómo la familia Kivilcim enterraba aquello que le resultaba incómodo.

Pero quizá había llegado el momento de terminar con el silencio.

—Su padre...

Denmet levantó la mirada.

Nermin se quedó callada.

—¿Qué pasa con mi padre?

La mujer respiró profundamente.

—Yo conocí a un hombre llamado Cem.

Denmet dejó de respirar.

—¿Cem?

—Era una buena persona.

—¿Por qué me habla de él?

Nermin la miró.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Porque creo que mereces saber la verdad.

Antes de que pudiera continuar, la puerta principal se abrió violentamente.

Güner entró.

—¡Nermin!

La mujer se sobresaltó.

Denmet se giró hacia él.

—¿Qué está pasando?

Güner respiraba con dificultad.

Había llegado corriendo.

Sus ojos se encontraron con los de Denmet.

Y durante unos segundos no pudo hablar.

Ella se acercó.

—Güner.

Él retrocedió ligeramente.

El gesto fue pequeño.

Pero Denmet lo notó.

—¿Qué ocurre?

—Tenemos que hablar.

—Entonces habla.

Güner miró a Nermin.

—Déjanos solos.

Nermin permaneció inmóvil.

—Señor...

—Por favor.

La mujer comprendió.

Se alejó lentamente.

Denmet cruzó los brazos.

—Ahora sí.

Güner no sabía por dónde comenzar.

—Tu madre...

Denmet soltó una pequeña risa.

—Otra vez mi madre.

—Escúchame.

—No.

Denmet lo interrumpió.

—Esta vez no vas a decirme que espere.

Güner bajó la mirada.

—No voy a hacerlo.

Ella permaneció en silencio.

—Entonces dime.

Güner levantó los ojos.

—Murat tenía razón.

El corazón de Denmet comenzó a acelerarse.

—¿Sobre qué?

—Sobre tu padre.

Denmet se quedó inmóvil.

—¿Quién es?

Güner tragó saliva.

—Su nombre era Cem.

Denmet sintió que el mundo comenzaba a moverse.

—Cem.

El mismo nombre que Nermin había pronunciado.

—¿Quién era?

Güner cerró los ojos.

—Mi hermano.

El silencio fue absoluto.

Denmet lo observó.

Una vez.

Dos.

Como si esperara que él sonriera y dijera que era una broma.

Pero no lo hizo.

—No.

Güner abrió los ojos.

—Denmet.

—No.

Ella comenzó a caminar hacia atrás.

—No puede ser.

—Lo sé.

—¿Tú sabías?

La pregunta hizo que Güner se quedara inmóvil.

Denmet lo miró.

—¿Tú sabías?

—Lo descubrí hoy.

—¿Hoy?

—Sí.

—¿Y todos los demás?

Güner guardó silencio.

Denmet comprendió.

—Kerem.

—Sí.

—¿Emre?

—No estoy seguro.

—¿Nermin?

Güner miró hacia la puerta.

Denmet soltó una risa sin alegría.

—Todos.

—No todos.

—¡Todos menos yo!

Su voz resonó por el salón.

Güner se acercó.

—Denmet.

—¡No me toques!

Él se detuvo.

Denmet comenzó a llorar.

—Mi padre...

Se llevó una mano al pecho.

—Pasé toda mi vida sin saber quién era.

Güner permaneció en silencio.

—Y ahora resulta que...

Miró alrededor.

La mansión.

Las paredes.

Las fotografías.

—¿Esta casa?

Güner bajó la mirada.

—Sí.

—¿Mi padre vivió aquí?

—Sí.

—¿Y yo?

La pregunta lo sorprendió.

Denmet lo miró.

—¿Yo tenía derecho a estar aquí?

Güner levantó la mirada.

—Siempre.

Ella soltó una amarga risa.

—Pero llegué como empleada.

Aquellas palabras golpearon a Güner.

—No sabíamos quién eras.

—Eso no cambia nada.

—Para mí sí.

Denmet se acercó.

—¿Sabes qué es lo peor?

Güner no respondió.

—Que por primera vez pensé que alguien realmente me veía.

La mirada de Güner se quebró.

—Denmet...

—Pero tú también estabas rodeado de secretos.

Ella comenzó a alejarse.

—Tengo que irme.

—No.

Güner dio un paso hacia ella.

—No quiero que estés sola.

Denmet se giró.

—¿Ahora te preocupa que esté sola?

—Siempre me preocupó.

Ella lo miró.

Aquellas palabras hicieron que el dolor aumentara.

Porque sabía que eran sinceras.

Y eso era precisamente lo que más le dolía.

—¿Por qué?

Güner se quedó inmóvil.

—¿Por qué qué?

—¿Por qué te preocupaba tanto por mí?

El corazón de Güner comenzó a latir con fuerza.

No podía decirlo.

No podía recordar lo que había sentido.

Pero Denmet ya lo sabía.

Ella bajó la mirada.

—Porque yo sí sé por qué.

Güner cerró los ojos.

—Denmet.

—No.

Ella negó.

—No digas nada.

—No pasó nada.

La joven levantó la mirada.

—Casi pasó.

El silencio se volvió insoportable.

—Y ahora...

Denmet comenzó a llorar.

—Ahora tengo que preguntarme qué habría ocurrido si Emre no hubiera entrado en aquella cocina.

Güner sintió que el rostro perdía el color.

—No.

—¿Ves?

Denmet dio un paso hacia él.

—Eso es lo que los secretos hicieron.

Güner no podía mirarla.

—No sabíamos.

—Pero ahora sabemos.

Ella se apartó.

—Y necesito alejarme.

 

Horas después, Leyla regresó a la mansión acompañada por Kerem y Emre.

Había sido liberada después de que Murat abandonara el almacén al escuchar las sirenas.

La policía no había logrado encontrarlo.

Pero Leyla estaba a salvo.

Al menos físicamente.

Denmet esperaba en el salón.

Cuando vio entrar a su madre, corrió hacia ella.

—¡Mamá!

Se abrazaron.

Durante unos segundos, ninguna pudo hablar.

—Pensé que te había perdido —susurró Denmet.

Leyla acarició su cabello.

—Nunca.

Denmet se apartó lentamente.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—¿Por qué?

Leyla comprendió inmediatamente.

—Denmet...

—¿Por qué nunca me dijiste quién era mi padre?

El silencio cayó sobre la habitación.

Güner permanecía a cierta distancia.

Kerem y Emre intercambiaron una mirada.

Leyla tomó las manos de su hija.

—Porque tenía miedo.

—¿De quién?

—De la familia Kivilcim.

Güner levantó la mirada.

Leyla continuó.

—Cuando tu padre murió, yo estaba embarazada.

Denmet sintió que el corazón comenzaba a romperse.

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