Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Duque Laurent 3
Dentro del carruaje, Kayla seguía furiosa.
Tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido mientras miraba por la ventana.
Benjamin, sentado frente a ella, la observó unos segundos.
Ya había notado algo que durante la pelea no había podido revisar con atención.
Tenía algunos rasguños en los brazos.
Una pequeña marca cerca de la mejilla.
Y un par de moretones leves.
Nada grave, pero suficientes para demostrar que la pelea había sido bastante intensa.
Benjamin frunció el ceño.
—Está herida.
Kayla miró sus brazos.
—Son rasguños.
—Aun así.
—No es nada.
Benjamin suspiró.
—Lady Kayla, usted es hija de una familia ducal.
Kayla lo miró.
—¿Y?
—No puede comportarse de esa manera.
Kayla volvió a cruzar los brazos.
—No podía dejar pasar una injusticia.
—Podía haber intervenido de otra manera.
—¿Cómo?
—Usted tenía autoridad.
Benjamin hizo una pausa.
—Podía haber dado una orden.
Kayla no respondió.
—Así como ordenó a los guardias que no intervinieran en la pelea, podría haberles ordenado detener a esa mujer por agredir a la anciana y a usted.
Kayla se quedó pensando.
[Es verdad...]
Miró hacia la ventana.
[¡Tenía razón!]
Podía haberlo hecho.
Había actuado por impulso.
Y aunque no estaba arrepentida de haber defendido a la anciana, quizás no había sido la forma más inteligente de hacerlo.
Pero no pensaba reconocerlo tan fácilmente.
Así que puso un pequeño puchero.
—No me reprenda.
Benjamin la miró.
—Lady Kayla...
—Me duele el cuerpo.
Benjamin se quedó callado.
—¿Qué?
Kayla se llevó una mano al hombro.
—Aquí.
Hizo una pequeña mueca.
—Y aquí.
Se tocó el brazo.
—Y también aquí.
Benjamin la observó.
[Está exagerando.]
—Aun así, debería haber pensado antes de actuar.
Kayla cerró los ojos.
—Ay...
Benjamin se detuvo.
—¿Qué pasó?
—Me duele.
—¿Dónde?
—Todo.
Benjamin entrecerró los ojos.
—Hace un momento estaba gritando que quería volver a pelear.
—Eso era antes.
—Hace menos de cinco minutos.
Kayla volvió a hacer un pequeño puchero.
—Ahora me duele.
Benjamin suspiró.
Intentó nuevamente.
—Lady Kayla, su comportamiento...
—Ay... Me duele.
Benjamin la miró fijamente.
Kayla mantuvo una expresión inocente.
[¡No me va a regañar si estoy herida!]
Benjamin respiró profundamente.
—Está bien.
Kayla abrió un ojo.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿No me va a retar?
—No por ahora.
Kayla sonrió satisfecha.
Benjamin negó con la cabeza.
—Llamaré a un médico cuando lleguemos.
—¿Un médico?
—Sí.
—No hace falta.
—Sí hace falta.
—Pero...
—No discutiré esto.
Kayla hizo un pequeño puchero.
—Está bien.
Benjamin añadió..
—Y pediré una poción para esas heridas.
Kayla asintió.
[Es bueno.]
Lo miró de reojo.
[Es muy bueno.]
Y entonces volvió a pensar en la conclusión a la que había llegado la noche anterior.
[Es casi perfecto.]
Hizo una pequeña pausa.
[Claro...]
[Excepto por el pequeño detalle de que le gustan los hombres.]
Kayla suspiró mentalmente.
[Qué desperdicio.]
Benjamin la observó.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
Kayla sonrió.
—Estoy pensando que es usted una buena persona.
Benjamin pareció sorprendido.
—¿Eso piensa?
—Sí.
—Gracias.
Kayla volvió a mirar por la ventana.
[Definitivamente casi perfecto.]
Cuando llegaron a la mansión Laurent, Kayla bajó del carruaje todavía algo molesta.
Benjamin descendió detrás de ella.
—Mayordomo.
—Sí, mi lord.
—Llame al doctor.
—De inmediato.
Kayla entró en la mansión.
Benjamin la siguió.
—¿Qué le ocurre?
Kayla hizo un pequeño puchero.
—Perdí mis pastelitos.
Benjamin se quedó mirándola.
—¿Qué?
—Los pastelitos.
—¿Compro mas pasteles en el salón de té?
Kayla asintió tristemente.
—Con todo el problema de la pelea se perdieron.
Benjamin cerró los ojos.
Respiró profundamente.
Muy profundamente.
[Claro.]
—Pediré que compren más.
Kayla levantó inmediatamente la cabeza.
—¿En serio?
—Sí.
La tristeza desapareció de su rostro.
—¡Gracias!
Benjamin negó con la cabeza.
[¿Cómo puede cambiar de humor tan rápido?]
Kayla sonrió.
—Usted es muy bueno.
Benjamin no respondió.
Pero tampoco pudo evitar una pequeña sonrisa.
Más tarde llegó el doctor.
Examinó cuidadosamente los rasguños.
—No son heridas graves, mi lady.
Kayla levantó una ceja.
—¿Segura?
—Completamente.
El médico revisó el pequeño rasguño de su mejilla.
—Son superficiales. No deberían causarle problemas.
Sacó una pequeña botella.
—Le dejaré esta poción. Aplíquela sobre las heridas y ayudará a que sanen sin dejar marcas ni cicatrices.
Benjamin asintió.
—Perfecto.
—No necesita ningún tratamiento adicional.
El médico hizo una reverencia y se retiró.
Kayla miró la pequeña botella.
Luego miró al duque.
Benjamin estaba nuevamente serio, preocupado por que no quedaran marcas.
Kayla sonrió.
[Definitivamente...]
[El duque Laurent es casi perfecto.]
Pensó unos segundos.
[Es educado.]
[Es responsable.]
[Protege a las personas.]
[Es bueno con los niños.]
[Se preocupa por mis heridas.]
[Compra pastelitos.]
Kayla suspiró.
[Qué lástima.]
Miró al duque.
[De verdad es una pena que le gusten los hombres.]
Benjamin, completamente ajeno a la conclusión equivocada que ella había sacado sobre él, simplemente preguntó..
—¿Por qué me mira así?
Kayla sonrió inocentemente.
—Por nada.
Y guardó la poción.
Mientras Benjamin se alejaba para continuar con sus asuntos, Kayla lo observó unos segundos.
[Algún día tengo que encontrarle un buen hombre.]
Y siguió caminando tranquilamente, sin imaginar que acababa de tomar una decisión que, si el duque llegaba a descubrirla, probablemente sería mucho más peligrosa que cualquier pelea en el puerto.
Dos bombas sexuales🤭👏👏