Él es el padre de su mejor amiga... Pero también el dueño de sus fantasías más prohibidas.
Cristóbal es un hombre maduro, exitoso y comprometido con su familia, alguien a quien todos ven como un ejemplo de responsabilidad. Pero desde el día que conoció a Julieta, la joven compañera de su hija, nada ha sido igual. Cada encuentro la hace más irresistible, cada mirada profundiza una conexión que no debería existir.
Ella es joven, dulce e "inocente" ... Y él lucha por no caer en la tentación.
Julieta siempre ha visto en Cristóbal algo más que el padre de su mejor amiga: un hombre que despierta en ella emociones que nunca imaginó sentir. A pesar de saber que está jugando con fuego, no puede evitar buscarlo, soñarlo, desearlo con una intensidad que la abruma.
Un amor que desafía los límites, un deseo que no sabe de reglas.
Entre secretos, mentiras por omisión y el miedo a destruir vidas enteras, Cristóbal y Julieta se ven envueltos en una pasión que amenaza con consumirlos...
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Capítulo 1
Julieta.🌷
—Oh, sí, sí... —gimo cuando sus dientes atraparon mi pezón izquierdo y dos de sus dedos traviesos juegan con mi humedad. Ese pulgar maltrata mi perla hinchada, provocando oleadas de placer que me consumen por completo.
—Así, Juli... vente para mí...
Siento que todo dentro de mí se contrae, preparándose para la máxima liberación.
—¡Aaah! —g¡mo más fuerte, empezando a ver estrellas y constelaciones completas.
Su boca se traslada a mi otro p3cho, succionando con una habilidad que me hace perder la razón. Aprieto con fuerza las sábanas, tratando de contener lo que está a punto de suceder. Su caricia es perfecta, y no pasa mucho tiempo antes de que explote en una explosión de sensaciones mágicas.
Pronto, su boca abandona mi p3cho para ubicarse entre mis pi3rnas. Pasa su ávida lengua por todo ese húmedo lugar, ch4pando, succionando y haciendo lo que le place en ese espacio donde jamás imaginé que se pudiera sentir tanto placer.
—¡Julieta! —mi nombre resuena a lo lejos—. ¡Julieta! —una sacudida me estremece el cuerpo—. ¡Despierta, se hace tarde para ir a la universidad!
¡Joder! ¡Es la voz de mi mejor amiga!
—¿Qué pasa, Jessica? —me siento de golpe en la cama. Ella me mira con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Son las siete de la mañana, señorita dormilona —me muestra el reloj.
La observo: ya se duchó y está envuelta en una toalla blanca. Me apuro para salir de la cama y me dirijo al baño. Al entrar, me miro al espejo: tengo las mejillas sonrojadas y siento la humedad entre mis piernas.
Por cosas como estas odio dormir en casa de mi mejor amiga.
Pero a Jessica es casi imposible decirle que no. Ayer por la tarde, cuando salí del trabajo, la encuentré parqueada frente a la tienda de ropa donde trabajo desde hace dos años. Nos saludamos efusivamente —hace dos días que no nos veíamos—. Se ofreció a llevarme a casa, y en el camino me pidió que me quedara con ella, ya que su padre se fue de viaje de negocios y se sentía muy sola. Al principio no estaba convencida, pero su labia me convenció.
Cada vez que duermo en casa de Jessica, pasa lo mismo: tengo sueños húmedos con Cristóbal, el padre de mi mejor amiga. Bueno, no es que cuando duermo en mi casa no sueñe con él, pero aquí lo tengo demasiado cerca. Me gusta, me encanta ese hombre. No lo voy a negar: estoy loca por Cristóbal Sandoval desde el instante en que lo veo por primera vez.
Lo conozco desde el primer día que entré a la universidad. Cuando lo vi, pensé: Dios mío, qué hombre. Al principio creí que era un profesor, pero días después supe que es el padre de una de mis compañeras: Jessica.
Con ella hice conexión desde el primer instante. Nos conocemos mientras buscamos el aula para nuestra primera clase. Siempre es amable conmigo. Con el paso de los días, nos unimos más, hasta volvernos mejores amigas.
Cuando descubro que el hombre que me había flechado con solo una mirada es su padre, me sentí mal. Pero por más que intento sacármelo de la mente, no puedo. Cada día me gusta más.
Me encanta verlo trabajar, verlo con su traje de etiqueta... y cuando se viste de forma casual, se ve espectacular. Aunque no niego que me encantaría verlo sin nada de ropa. Lo sé, soy una pervertida, pero ese hombre está buenísimo.
—Han pasado cinco minutos desde que entraste al baño y aún no escucho la regadera —la voz de mi amiga me hace espabilar.
Me desnudo rápidamente y entro a la ducha. Mientras masajeo mi cuerpo con el gel de baño, no puedo evitar imaginar las manos grandes de Cristóbal acariciando mi piel. Juro que casi puedo sentir su respiración en mi oído.
—¡Julieta, llegaremos tarde si sigues así! —me doy una cachetada mental para dejar de imaginar lo que no debo.
Al salir de la ducha, me encuentro con Jessica casi lista.
—Estás preciosa —le digo al ver lo bien que le queda el vestido rosa que resalta su figura.
—¡Gracias! —sonríe mientras peina su hermoso cabello castaño.
Jessica es muy bonita. Su cabello castaño claro cae en ondas hasta la mitad de su espalda. El maquillaje resalta sus ojos negros —idénticos a los de su atractivo padre—. Tiene labios delgados y una nariz respingada.
—¿Qué te pasa hoy? —pregunta mientras se coloca unos pendientes de oro rosa.
—Nada —me apuro para arreglarme.
—¿Segura?
—Sí... tal vez solo estoy un poco cansada.
Me visto frente al gran espejo: una falda de mezclilla por encima de la rodilla, una blusa azul de manga corta y botines negros. Dejo mi cabello suelto; me encanta que sea lacio, porque no da muchos problemas al peinarlo. Me hago un maquillaje suave.
—Quedaste divina —Jessica me nalguea y yo suelto una risa. Siempre es lo mismo con ella—. Me encanta tu trasero respingón. Es hora de irnos.
—¡Déjame arreglar un poco la cama!
—No, deja eso. La empleada lo hará más tarde.
Tomamos nuestros morrales y salimos, tomadas de la mano. Saludamos a Francia, la empleada, en el pasillo. Al abrir la puerta principal para salir, nos topamos con la perfección hecha hombre: Cristóbal. Viene vestido con un traje gris que le queda espectacular. Mira a su hija, luego a mí.
—¡Papá! —una emocionada Jessica se lanza a sus brazos.
—¡Vida mía! —él la recibe con fuerza, besando su cabeza.
—Pensé que llegarías por la noche.
—Ya ves, ya estoy aquí. Me fue muy bien y regresé temprano —su mirada oscura se posa en mí—. Hola, Julieta —me saluda con esa sonrisa suya que me deja débil.
—Hola, Cristóbal. ¿Cómo estás?
Se separa de Jessica y se acerca a mí. El aroma de su perfume me embriaga. Inhalo profundo cuando me da ese corto abrazo, dejando un beso delicado en mi mejilla. ¡Ah, qué rico!
—Muy bien. ¿Y tú?
Me mira a los ojos por unos segundos, y me invaden unas ganas enormes de besar esos labios carnosos. Me encantaría enredar mis dedos en su cabello oscuro para atraerlo hacia mí.
—Estoy bien, gracias —es lo único que logro decir.
—Es hora de irnos, creo que hoy perdemos la primera clase —Jessica me saca de mis pensamientos impuros.
—Tranquilas, yo las llevo —dice Cristóbal.
Y desde ya sé que no voy a parar de fantasear con él durante todo el día...
Que te mejores pronto te mando un abrazo de oso.