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DE EX NOVIA A MADRASTRA

DE EX NOVIA A MADRASTRA

Status: En proceso
Genre:Mafia / Amor prohibido / Casada Con Mi Ex's Familiar
Popularitas:749
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

sin espoiler

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA HIJA DEL LÍDER FRANCÉS

El avión aterrizó en Francia poco después del mediodía.

Kalel observó por la ventana mientras la aeronave comenzaba a disminuir la velocidad.

Había pasado varias horas pensando en lo que estaba haciendo.

Había firmado un contrato matrimonial.

Había decidido alejarse de Madrid.

Y ahora se encontraba a miles de kilómetros de su casa.

Todo había ocurrido demasiado rápido.

Cuando bajó del avión, encontró varios vehículos negros esperándolo.

Junto a ellos había varios hombres vestidos de traje.

Uno de ellos dio un paso al frente.

—¿Señor Kalel?

—Sí.

—Soy Laurent. El líder francés me envió para recibirlo.

Kalel asintió.

—Mucho gusto.

Laurent hizo un gesto hacia los vehículos.

—Su padre ya había informado de su llegada. Lo llevaremos a la residencia.

Kalel observó los automóviles.

—¿Él está allí?

—Sí, señor.

Kalel respiró profundamente.

—Entonces vamos.

---

El trayecto fue silencioso.

Kalel miraba por la ventana mientras la ciudad quedaba atrás.

Había imaginado muchas veces cómo sería Francia.

Pero nunca había pensado que llegaría allí en aquellas circunstancias.

No estaba viajando de vacaciones.

No estaba allí por negocios.

Había llegado porque su padre había recibido una propuesta matrimonial.

Y él mismo había firmado el contrato.

Kalel sacó el documento de su equipaje.

Lo miró durante unos segundos.

La firma seguía allí.

—¿Qué estoy haciendo...? —murmuró.

Laurent, sentado frente a él, lo escuchó.

—¿Se encuentra bien?

Kalel levantó la mirada.

—Sí.

Hizo una pausa.

—Solo estoy intentando acostumbrarme a todo esto.

Laurent entendió.

—Es mucho que procesar.

Kalel guardó el contrato.

—¿Cómo es ella?

Laurent pareció comprender inmediatamente a quién se refería.

—La señorita Amélie.

Kalel asintió.

—Sí.

—Es una joven tranquila.

—¿Y...?

Kalel dudó.

—¿Cómo es su relación con su padre?

Laurent sonrió ligeramente.

—Son muy unidos.

—Me alegra.

Después de unos segundos, Kalel preguntó:

—¿Ella sabe que voy a llegar?

—Sí.

—¿Sabe lo del contrato?

—Su padre habló con ella.

Kalel asintió.

—¿Y está de acuerdo?

Laurent guardó silencio durante un instante.

—Eso deberá preguntárselo usted mismo.

Kalel comprendió.

No insistió.

---

La residencia del líder francés apareció finalmente frente a ellos.

Era una enorme propiedad rodeada de jardines.

Los vehículos atravesaron las puertas y se detuvieron frente a la entrada principal.

Varios hombres esperaban allí.

Kalel bajó del automóvil.

Uno de ellos se acercó.

—Bienvenido a Francia, señor Kalel.

—Gracias.

El hombre hizo un gesto hacia la entrada.

—El señor Beaumont lo está esperando.

Kalel siguió a los hombres hacia el interior.

Todo era elegante.

Los pasillos estaban decorados con cuadros y grandes ventanales.

Pero a pesar de la belleza del lugar, Kalel no podía dejar de pensar en una cosa.

La joven con la que supuestamente debía casarse.

Finalmente llegaron a un salón.

Las puertas se abrieron.

Un hombre de aproximadamente cincuenta años se encontraba de pie junto a una gran ventana.

Era el líder francés.

—Kalel.

El joven se detuvo.

—Señor Beaumont.

El hombre se acercó.

—Me alegra que hayas venido.

Se estrecharon la mano.

—Gracias por recibirme.

Beaumont observó al joven durante unos segundos.

—Tu padre me habló de ti.

Kalel permaneció serio.

—Espero que bien.

El francés sonrió.

—Muy bien.

Después señaló el salón.

—Quiero que te sientas como en casa.

Kalel asintió.

—Gracias.

Beaumont parecía estar a punto de decir algo cuando se escuchó una voz detrás de ellos.

—Papá.

Los dos hombres se giraron.

Kalel levantó la mirada.

Y entonces la vio.

Era una joven elegante, de cabello oscuro y largo, vestida con un vestido negro.

Se encontraba sentada en una silla de ruedas.

Su presencia era tranquila.

No parecía intimidada por la cantidad de hombres que había alrededor.

Simplemente observaba.

Beaumont sonrió.

—Kalel, quiero presentarte a mi hija.

La joven se acercó ligeramente con su silla.

—Soy Amélie.

Kalel se quedó unos segundos en silencio.

Después sonrió educadamente.

—Kalel.

—Ya sé.

Amélie sonrió.

—Mi padre me habló de ti.

Kalel miró brevemente a Beaumont.

—Espero que también haya hablado bien de mí.

Amélie soltó una pequeña risa.

—Lo suficiente.

El ambiente se relajó un poco.

Kalel observó la silla de ruedas, pero inmediatamente volvió la mirada hacia el rostro de Amélie.

No quería que ella sintiera que la estaba tratando de manera diferente.

Amélie pareció darse cuenta.

—Puedes preguntarme lo que quieras.

Kalel parpadeó.

—¿Qué?

—Estás pensando muchas cosas.

Kalel soltó una pequeña risa.

—¿Se nota tanto?

—Un poco.

Amélie sonrió.

—No tienes que sentirte incómodo conmigo.

Kalel asintió.

—Entonces te preguntaré algo.

—Adelante.

—¿Tú querías este matrimonio?

La expresión de Amélie cambió ligeramente.

Miró a su padre.

Después volvió a mirar a Kalel.

—No fue idea mía.

Kalel suspiró.

—Tampoco fue la mía.

Amélie levantó una ceja.

—Entonces tenemos algo en común.

Kalel sonrió.

—Supongo que sí.

Beaumont observaba a ambos.

Finalmente intervino.

—El contrato fue una propuesta entre nuestras familias.

Kalel lo miró.

—Lo entiendo.

—Pero no quiero que mi hija sea obligada a nada.

Aquella frase sorprendió a Kalel.

Beaumont continuó:

—Ni tú tampoco.

Kalel asintió lentamente.

—Entonces, ¿por qué existe el contrato?

—Porque nuestras familias consideran que una unión podría fortalecer la relación entre ambas organizaciones.

Kalel permaneció pensativo.

Amélie intervino:

—Pero eso no significa que tengamos que fingir sentimientos que no existen.

Kalel la miró.

—Estoy de acuerdo.

Por primera vez desde que había llegado a Francia, sintió que podía respirar.

Al menos ella parecía comprender que aquello no era una historia de amor.

Era un acuerdo.

---

Después de la conversación, Amélie le mostró parte de la residencia.

Kalel caminaba a su lado.

Ella avanzaba con facilidad por los espacios amplios de la casa.

—Mi padre hizo adaptar toda la residencia hace años —explicó.

—¿Para ti?

—Sí.

Kalel asintió.

—Se nota que te quiere mucho.

Amélie sonrió.

—Es demasiado protector.

—Mi padre también.

Ella lo miró.

—¿Christopher?

—Sí.

—He escuchado bastante sobre él.

Kalel levantó una ceja.

—¿Y qué dicen?

Amélie sonrió.

—Que es un hombre al que nadie quiere tener como enemigo.

Kalel soltó una pequeña risa.

—Eso es bastante cierto.

Continuaron avanzando.

—¿Y tú? —preguntó Amélie—. ¿Cómo es tu relación con él?

Kalel se quedó pensativo.

—Somos muy unidos.

Hizo una pausa.

—Aunque últimamente todo ha sido complicado.

Amélie lo miró.

—¿Por el juicio?

Kalel asintió.

—Entre otras cosas.

Ella no hizo más preguntas.

Parecía entender que algunas heridas necesitaban tiempo.

Después de unos minutos llegaron a una terraza.

Amélie se detuvo.

—Este es mi lugar favorito.

Kalel observó el jardín.

—Es bonito.

—Aquí vengo cuando quiero estar tranquila.

Kalel miró hacia el horizonte.

—Creo que necesitaré un lugar así.

Amélie lo miró.

—¿Por qué?

Kalel respiró profundamente.

—Porque vine aquí para alejarme de todo.

—¿De Madrid?

—De todo.

Amélie permaneció en silencio.

Kalel continuó:

—Tuve problemas con mi exnovia.

Ella lo miró.

—¿Karla?

Kalel se sorprendió.

—¿También sabes su nombre?

—Mi padre recibe información sobre las personas con las que va a negociar.

Kalel suspiró.

—Ella me acusó de algo que nunca hice.

Amélie permaneció seria.

—Lo siento.

—Ya hay pruebas que demuestran mi versión.

—Me alegra.

Kalel bajó la mirada.

—Pero todo aquello me dejó agotado.

Amélie asintió.

—Entonces quizá Francia te haga bien.

Kalel la miró.

—Eso espero.

---

Más tarde, Beaumont recibió a Kalel nuevamente en su despacho.

—Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites.

Kalel asintió.

—Gracias.

—Tu habitación ya está preparada.

Kalel se levantó.

Antes de salir, Beaumont habló.

—Kalel.

El joven se giró.

—¿Sí?

—Quiero decirte algo.

Kalel esperó.

—No espero que quieras a mi hija inmediatamente.

Kalel permaneció atento.

—Ni siquiera espero que quieras casarte con ella ahora.

—Entonces...

—Quiero que la conozcas.

Kalel miró hacia la puerta.

—Eso puedo hacerlo.

Beaumont asintió.

—Y después decidirán.

Kalel sonrió ligeramente.

—Me parece justo.

---

Esa noche, Kalel se encontraba en la habitación que le habían preparado.

Abrió su maleta.

Sacó una fotografía familiar.

Era una imagen de Christopher y Mirelith.

Kalel sonrió.

Después recordó a su padre diciéndole:

"No tienes que casarte con nadie porque exista un contrato."

Kalel cerró los ojos.

Tal vez había cometido un error al firmar.

Pero ya estaba allí.

Y ahora quería descubrir quién era realmente Amélie.

No como la hija de un líder.

No como la mujer que aparecía en un contrato.

Sino como persona.

---

Al mismo tiempo, en otra habitación de la residencia, Amélie observaba por la ventana.

Su padre entró.

—¿Qué piensas?

Ella sonrió.

—Es diferente de lo que imaginaba.

—¿Kalel?

—Sí.

Beaumont se acercó.

—¿Te agrada?

Amélie permaneció pensativa.

—Todavía no lo conozco.

Después sonrió.

—Pero no parece tratarme como si necesitara que todos decidieran por mí.

Su padre la observó.

—Eso es importante.

Amélie miró hacia la puerta.

—Creo que él también está huyendo de algo.

Beaumont levantó una ceja.

—¿Por qué lo dices?

—Se nota en sus ojos.

Su padre permaneció en silencio.

Amélie continuó:

—No sé qué ocurrió en Madrid.

—Pero creo que necesita tiempo.

Beaumont asintió.

—Entonces dáselo.

Amélie sonrió.

—Lo haré.

---

Muy lejos de Francia, en Madrid, Christopher recibió una llamada.

Era el líder francés.

—Christopher.

—Beaumont.

—Tu hijo llegó.

Christopher respiró aliviado.

—¿Está bien?

—Sí.

—¿Y mi hija?

—También.

Christopher permaneció en silencio unos segundos.

—Quiero que quede claro algo.

—Te escucho.

—Mi hijo no será obligado a nada.

Beaumont respondió inmediatamente:

—Estamos de acuerdo.

Christopher asintió.

—Bien.

La llamada terminó.

Christopher dejó el teléfono sobre la mesa.

Mirelith, que se encontraba junto a él, preguntó:

—¿Cómo está Kalel?

—Bien.

—¿Y la joven?

Christopher sonrió ligeramente.

—Parece que ambos están intentando conocerse.

Mirelith tomó su mano.

—Quizá este viaje le haga bien.

Christopher miró hacia la ventana.

—Eso espero.

Pero ninguno de los dos sabía que aquella visita a Francia no solamente cambiaría la vida de Kalel.

Porque mientras él comenzaba a conocer a Amélie...

alguien más observaba desde las sombras.

Y aquella persona sabía perfectamente por qué Kalel había llegado a Francia.

Sabía del contrato.

Sabía del juicio.

Y también sabía que una unión entre las familias podía alterar el equilibrio de poder.

La llegada de Kalel no era el final de la historia.

Era el comienzo de algo mucho más grande.

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